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viernes, 31 de diciembre de 2010

CONTRA “GAZOLINAZOS” A DERRUMBAR EL NEOLIBERALISMO MASISTA

Crece el sentimiento general de desconfianza y rechazo a este castigo
navideño denominado como “gasolinazo”. Que a pesar de que funcionarios del
gobierno lo traten de justificar y tildar de necesario, desde donde se vea
atentará principalmente y brutalmente contra la economía del pueblo
trabajador que es constantemente atropellado por experimentos económicos
insensibles del Capitalismo de Estado reformista y su cada vez más
evidente y maquillada economía neoliberal.

Los tecnócratas del gobierno alientan a no perder la calma después de esta
nivelación local a precio internacional de precios de los combustibles..
Nos dicen que es tiempo de reaccionar con la cabeza y no con el hígado. El
gobierno desnuda su insensibilidad y desafía nuestra paciencia con
declaraciones al mejor estilo de la derecha de antaño que con cifras frías
justifican los medios perversos que efectivizan en busca de los fines
macroeconómicos, que aseguran la estabilización de la economía boliviana,
esa economía que en los papeles(oficialistas) es un país de bonanza
económica y país saludable en su economía, un país de las maravillas que
merece la envidia de nuestros vecinos, un país que defiende la cifras
macroeconómicas pero niega la creciente pobreza y desempleo que golpea
cada vez con más fuerza. Y esto no nos extraña pues quienes manejan las
estructuras económicas de este gobierno se camuflan de Masistas y
revolucionarios pero son los mismos que manejaron muchos años la economía
liberal, que por entonces defendía a las corporaciones en desmedro del
pueblo, ahora defiende al Estado en desmedro de los trabajadores. Los
capitalistas, las dirigencias Masistas y las elites fascistas regionales
conviven en su bonanza económica, manejan el poder y tiran migajas en
épocas de elecciones al pueblo hambriento y desesperado, para comprar su
apoyo y servilismo.

La lucha es contra el contrabando nos dicen, suponiendo que así sea, se le
corta la subvención a los contrabandistas, pero quien fiscaliza a quienes
ahora administraran el dinero sobrante? Los mismos que jugaron a ser
jueces y parte de una repartija vergonzosa del dinero del pueblo? Este
proceso liderado por Evo Morales que muestra cada vez más su verdadera
vocación autoritaria y demagoga con declaraciones y pronunciamientos en
los que nos dicen que no hay porque hacer huelgas, marchas o bloqueos como
antes, pues ahora vivimos en un proceso de transición democrática y no hay
porque protestar, pues eventualmente los sueldos subirán para palear la
subida generalizada de los precios de los artículos indispensables para
vivir así como el costo de vida en general. Nos preguntamos, esa eventual
subida de los sueldos cuando será? Realmente sucederá? Y que pasara con
quienes apenas sobreviven pues no consiguen trabajo, quien les subirá sus
pocas monedas que eventualmente consiguen? Podremos confiar en que los
patrones suban los sueldos, aun cuando en la actualidad ni siquiera
respetan los derechos básicos del código del trabajo? Quien defenderá al
pueblo de la inflación de costos y la especulación? Y quien nos garantiza
que esta medida económica ahora si impactara en mejorías para los
trabajadores y no en casas y vacaciones para los dirigentes Masistas como
paso y pasa hasta ahora?

Creemos que este gobierno no solo no responderá a ninguna de estas
preguntas con sinceridad sino que en decadencia por sus propios errores
desvelara finalmente su incapacidad y su verdadera cara neoliberal y nos
demostrará una vez más que solo sirve para garantizar la emergencia y
consolidación de una nueva clase parasitaria que vive y disfruta gracias a
todo cuanto a nosotros como trabajadores el Estado nos arrebata, con
medidas económicas como las de este “gasolinazo”. En otras palabras Evo
Morales y el MAS refuerzan la noción de revolución pacífica con la misión
de que no existan reacciones del pueblo indignado que ve pasivamente que
las medidas gubernamentales nunca llegan a impactar en la vida cotidiana y
bolsillo del pueblo, que ve como son pocos los privilegiados en la nueva
burocracia Masista junto a dirigentes sindicales comprados que en vez de
hacer respetar los derechos colectivos de los trabajadores ante la
soberbia de los gobernantes, disimulan la realidad de que cada vez la
población explotada y oprimida esta peor, sin dignidad y con más problemas
para llegar a fin de mes sin hambrear y que al mismo tiempo los
explotadores y políticos afines a la línea oficialista se encuentran cada
vez más volcados en contra de su pueblo y con mas privilegios. Esperamos
que las bases sociales rebasen a los dirigentes que muy comprometidos con
su coima mensual y cegados por la pasividad doctrinaria olvidan que se
deben a sus bases y a su pueblo, que cuando los trabajadores nos
organizamos aquí nadie nos para, ni con armas ni con mentiras ni con
dirigentes corruptos…Ya muchos vividores parásitos que lucraban con la
política de la dominación y la jerarquía institucionalizada vieron de los
que somos capaces.

A movilizarnos, a organizarnos a demostrarles a los corruptos gobernantes
que los guerreros de la “guerra del gas” estamos aquí para rebelarnos
contra su tiranía institucionalizada que de revolucionaria y comunitaria,
no tiene nada. Ahora nuestra lucha no será por bajar presidentes, sino
para cambiar finalmente las estructuras políticas, sociales y económicas
en busca de que el pueblo siente las bases del poder popular comunitario,
autogestionario y federativo. A reapropiarnos de lo que nos pertenece, los
medios de producción. A ejercer la autogestión mediante un control real y
efectivo de las organizaciones populares, autónomas e independientes, para
que no se repita su “nacionalización” o “estatización” que hoy tras muchos
años de implementación demuestra su fracaso económico producto de la
burocracia y corrupción de las dirigencias que controlan la producción y
su generante económico.

“Contra la institucionalización de la Revolución: ¡Pueblo consciente,
combativo y autoorganizado!”

O.A.R.S. Organización Anarquista por la Revolución Social

Organización Anarquista por la Revolución Social
"Contra la Institucionalización de la Revolución:
¡Pueblo Conciente, Combativo y Auto-organizado!"


En facebook: Oars Bolivia
oars_lp@hotmail.com
www.oarsbolivia.blogspot.com

viernes, 19 de noviembre de 2010

Tenemos mucho que aportar a los conflictos concretos contra el poder, donde quiera que se expresen


Entrevista al compañero RAFAEL UZCÁTEGUI.




Hace pocos días vio la luz el libro “Venezuela: La revolución como espectáculo”, editado en conjunto por cinco editoriales de España, Argentina y Venezuela, su autor es Rafael Uzcátegui, un compañero de la región venezolana principalmente conocido entre el medio internacional por su labor en el equipo editor de El Libertario, vocero ácrata con más de 15 años de vida. El 22 de noviembre tendremos el agrado de tener a Rafael en Santiago, en Casa Volnitza, y para preparar un poco nuestro encuentro El Surco quiso conocer un poco más las dimensiones del libro y su perspectiva sobre las posibilidades anarquistas en nuestros días.

Para la opinión pública internacional desde que el actual presidente Hugo Chávez tomó el poder en Venezuela, el país inició un camino de transformación social denominado “revolución bolivariana”. En estos once años de Gobierno ¿Cuáles han sido, de acuerdo a tu perspectiva, los principales alcances y limitaciones de tal proceso? ¿Podemos hablar efectivamente de una revolución, es decir de una transformación estructural del sistema en su conjunto?
Una de las hipótesis centrales de “Venezuela: La revolución…” es que el proceso político liderizado por el presidente Chávez es más una continuidad que una ruptura de la cultura y la tradición política venezolana. Para intentar explicar esto, en medio de tanta propaganda, mitificaciones y medias verdades, tanto de quienes lo apoyan como de quienes lo adversan, desarrollamos tres bloques temáticos. El primero, y sin el cual es imposible entender a este país, por el proyecto modernizador que orbita en torno al desarrollo de una economía extractivista basada en la venta de petróleo, y otros minerales, al mercado internacional. El petróleo ha generado unas maneras de pensar la sociedad, y el propio cambio, que han modelado la racionalidad inherente tanto al chavismo como a sus pretendidos contrarios. El segundo aspecto es la vida cotidiana dentro de la llamada revolución bolivariana, en un país que a pesar de ser autocalificado como vanguardia del “socialismo del siglo XXI” exhibe las cifras de violencia y anomia más grotescas de toda la región. En esta parte, basados en cifras oficiales, afirmamos que el bolivarianismo sólo puede mostrar datos positivos si se compara con la década anterior –un período atravesado por una fuerte crisis económica y convulsiones sociales-, pero que si se confronta con todo el período denominado democrático, a partir del año 1958, se evidencian con claridad un hilo conductor basado en el populismo rentista petrolero y la política caudillista. Por último describimos la situación de los movimientos sociales, desarrollando con ejemplos concretos como la cooptación e institucionalización del tejido beligerante de la década de los noventas, que precisamente llevó a Chávez al poder a través de los votos, recuperó un grado de gobernabilidad tal posterior al “Caracazo” que pudieron implementarse medidas, como la reversión de la nacionalización petrolera, que eran impensables quince años atrás. Un aspecto positivo, que sin embargo también encontramos en el pasado venezolano, es la reivindicación simbólica de lo popular. Sin embargo esto es, a todas luces, insuficiente para categorizar lo que pasa como una revolución. Lo que ha sucedido, e intentamos demostrar en 300 páginas, ha sido la profundización del rol asignado a Venezuela por la globalización y la acoplación de nuestro país a sus principales tendencias, maquillado con un discurso políticamente correcto.

Sin duda “La revolución como Espectáculo” es un enunciado provocativo. ¿Qué elementos del Espectáculo definido por Guy Debord te han llevado a homologarlo al “proceso bolivariano”?
Al contrario de lo que pasa en muchos ensayos similares, la dicotomía entre el discurso y los hechos, así como las continuas épicas gaseosas y pirotécnicas publicitadas desde Caracas hicieron que, ante la necesidad de contar con un concepto que explicara dicha proeza demagógica, utilizáramos el concepto situacionista, redescubierto en estos tiempos dominados por los flujos de información. La idea más poderosa, que por sí misma puede describir a Venezuela, es que nos encontramos en un momento en que la producción de imágenes ha sustituido la producción de cosas que eleven la calidad de vida de la gente.

Es ampliamente sabido que para muchos de los apologistas del “socialismo del siglo XXI” en todo opositor al régimen chavista hay un vendido al imperialismo Norteamericano. ¿Cómo se han enfrentado a este tipo de acusaciones?
Dicho descalificativo stalinista nos ha hecho, al equipo redactor de El Libertario, tener que argumentar impecablemente nuestras afirmaciones, ejemplificando más con hechos concretos que con recursos exclusivamente ideológicos. En el caso del libro se ha privilegiado la voz de decenas de activistas populares que participaron, activa y decididamente, en el movimiento chavista en sus primeros años, pero que en los actuales momentos y por diferentes circunstancias expresan su descontento y antagonismo al mismo. La estupidez es incorregible y estadísticamente necesaria, por ello los interlocutores e interlocutoras que nos interesan son aquellos alérgicos al chavismo en tanto religión y que desean tener una visión compleja, y por tanto más real, de lo que pasa en Venezuela.

¿Cómo ves el anarquismo en Venezuela? ¿Qué alteraciones ha creado la promesa revolucionaria de Chavez al interior del movimiento libertario?
El anarquismo en Venezuela le ha ocurrido lo mismo que al resto de movimientos sociales del país: ha sido fuertemente cooptado y estatizado por la nueva burocracia en el poder. Para nosotros/as, en El Libertario, ha sido de mucha ayuda comprender lo que pasó con el anarquismo y los anarquistas en la Cuba castrista y en la Argentina peronista. Ello nos ha ayudado a delinear una posición que se distancia tanto del chavismo en el poder como de sus pretendidos contrarios en la oposición, y apostar por la recuperación de la autonomía de los movimientos sociales locales como precondición para la expansión de los valores libertarios. Hoy, en tanto como movimiento con lazos orgánicos y acciones coordinadas por afinidad, no existe un movimiento anarquista en el país. Lo que sí hay es un puñado de compañeros y compañeras, dispersos por todo el país, intentando sobrevivir en esta difícil coyuntura, empezando su acción y reflexión desde casi cero.

A nivel latinoamericano ¿Te parece que crece y madura ese “Despertar anarquista” que hace algunos años describía el compañero Daniel Barret?
Creo que el diagnóstico realizado por el compañero uruguayo, infelizmente desaparecido hoy, es básicamente cierto. En medio de la crisis de las ideologías, y particularmente de las de izquierda –a pesar de los gobiernos autodenominados progresistas, que son precisamente expresión de esa implosión- los valores antiautoritarios del anarquismo son herramientas práctica poderosas para el porvenir. Sin embargo, la crisis de la izquierda no nos ha pasado por encima, y como muestra se encuentra ese oxymorón promovido por algunos y algunas de “poder popular libertario”, lo cual demuestra que 1) no hemos aprendido nada de la historia y 2) la crisis es de tal magnitud que estamos importando los conceptos y prácticas más rancias de la izquierda autoritaria. Por un lado tenemos la mitificación del pasado, en algunos círculos anarquistas autocomplacientes, y por otra una terrible flojera de pensar que hace que luzcamos como orgullosamente nuestras algunas consignas que nos son totalmente ajenas. Y en este punto es cuando más extrañamos a Daniel Barret, una de las cabezas más lúcidas del anarquismo latinoamericano contemporáneo, que nos abandonó cuando producía reflexiones que aterrizaban lo mejor de la tradición anarquista con las realidades del presente siglo.

Algunas palabras finales…
No soy de quienes jerarquizan que es más o menos importante en nuestra lucha por una vida que merezca ser vivida. Por ello hay que valorar la diversidad que parece expresarse en la expansión de todas y cada una de las prácticas anarquistas en la región. Por una misteriosa vocación rescato el espíritu autodidacta expresado en los quijotes editores de prensa ácrata en un continente tan áspero como el nuestro. En sintonía, nos agrada la vitalidad expresada en El Surco y creemos que es ejemplo de la potencia presente en la región chilena. Tenemos que seguir tejiendo amorosamente los lazos y afinidades por encima de las fronteras, generando conocimiento, complejizando lo simple y simplificando lo complejo, actuando y generando experiencias concretas con gente corriente. Este es uno de los retos que tenemos que abordar quienes, en América Latina, nos formamos en el anarquismo en su aspecto más contracultural: salir de nuestros guettos y construir libertad y justicia social con quienes no piensan, actúan –o incluso se visten- diferente de nosotros y nosotras. Tenemos mucho que aportar a los conflictos concretos contra el poder, donde quiera que se expresen, lo cual podemos hacer sin disimular nuestra propia identidad –como lo hacen los plataformistas- y dándole más valor a las actitudes concretas y los valores que a las etiquetas. Un abrazo a todos y todas.

Puedes descargar el libro en:
www.larevolucioncomoespectaculo.com

Publicado en: El Surco Nº 21, Santiago de Chile, noviembre de 2010.

La tierra se traga hombres. El sistema vomita injusticia

Nunca en la historia habíamos tenido tantos noticiarios. Nunca en la historia de esta región esos noticiarios habían estado, hora tras hora, exponiendo hechos. Nunca antes los medios de comunicación habían dado la posibilidad de acceder a la “realidad” de la forma y en el momento más inmediato. Probablemente nunca en Chile vayan a existir tantas universidades ofreciendo la carrera de periodismo.
Aún así y todo, pocas veces como hoy en día, hemos estado más desinformados.
El show (al parecer sin el beneplácito de los protagonistas) minero terminó, y contrario a lo que pensábamos, fue dejado de lado con bastante rapidez. Hemos de suponer que la búsqueda de responsables o la discusión en torno a las condiciones laborales de cientos de miles también quedará de lado. No hay perforadora ni cápsula que saque del encierro asfixiante al resto de los oprimidos; ellos mismos habrán de remover escombros, de cavar, de buscar la salida al aire fresco de la libertad. Todos en conjunto.
¿O no? ¿Si el gobierno pudo rescatar a los treinta y tres de la fama desde las entrañas de la tierra no podrá hacerlo con los de acá? Los ricos y poderosos no podrían, no quieren porque si lo hacen todo su reino se desmoronaría. La salida a la superficie no se realizará sin hacer saltar todo el edificio que sobre ésta se sustenta.
Y mientras tanto, todo quedó en suspenso. No hubo asaltos, choques, allanamientos ni decomisos, los mapuche dejaron de luchar. Los medios mostraron –extrañamente- a un Chile unido. Todos con los ojos puestos en las ingratas tierras de Copiapó (ingratas desde hace siglos) dejaron de hacer lo que hacían. A la fuerza pero con beneplácito, los medios -y sobre todo la televisión por sus ventajas técnicas- nos configuraron en un ejército de televidentes, uno de los más disciplinados que han enorgullecido a esta aguerrida raza. Un advenedizo Golborne, empresario anodino e intragable, lo comandó como si lo conociera desde hace tiempo. Lo hizo con la venia de su superior el presidente, que jamás puso más a prueba sus operaciones oculares como lo hizo ahora, con una sonrisa que deja entrever las orillas rojizas y brillantes de parpados que se cierran pero no descansan, y que parpadean al ritmo de Wall Street. Como el ejército del que formamos parte vimos una lógica nueva, la promocionada “nueva forma de gobernar”. No hubo funcionarios, ni burócratas, ningún medio pelo que la concertación hacía desfilar ante cada calamidad. El nuevo gobierno se compone sólo de cabecillas, para este caso dual, siendo a veces triunvirato con Lavín que en terreno enseña de manera solemne en escuelitas modulares de la zona afectada por el terremoto.
Los mineros fueron rescatados por Piñera y Golborne, nadie más. Nadie sabe cómo un ingeniero civil y otro comercial aprendieron a manipular de repente máquinas perforadoras, a planificar los primeros auxilios, etcétera. Ya se habla del advenedizo anodino como carta presidenciable. Sus cifras en encuestas se dispararon porque el ejército de espectadores aprecian su capacidad de manejo de la situación, ¿si pudo sacarlos, cómo no podrá hacerlos con nosotros, que estamos sumidos en la miseria, muy profundo?
Padecemos síndrome de Estocolmo, prematuro y alarmante, con la nueva forma de gobernar, que de nueva tiene sólo las cicatrices constantemente tensadas por las emociones en los ojos de Piñera.
A cavar hacia la superficie para hacerlos caer, entonces. En el presente número hemos dejado de lado el tema tan recurrente del rescate dando paso a otras noticias. Felizmente hemos de comunicar que el tiraje se nos hace cada día más escaso, y para contribuir codo a codo con la salida a la superficie de los oprimidos comunicamos también la pronta salida del primer suplemento de “El Surco”.

Grupo Anarquista “El Surco”

Publicado en: El Surco Nº 21, Santiago de Chile, noviembre de 2010.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Meterse en las luchas sociales concretas




Muchos de nosotros hemos empezado nuestro camino radical a partir de la lucha contra una injusticia en particular.
Luego, con experiencia y con lecturas, nos hemos dado cuenta de que el problema es más profundo. No es un policía, es toda la institución. No es un gobernante corrupto, es un sistema político que responde a la clase dominante. No es una empresa, es el capitalismo. Cuando tomamos conciencia de que la raíz de todos los problemas sociales se encuentra en la organización social basada en la explotación, y que para solucionar esto se necesita un cambio revolucionario de la misma, solemos perdernos en debates estériles contra otras visiones que se reclaman revolucionarias e incluso con gente de nuestra misma visión sobre cómo llevar a cabo esa revolución.
Dependiendo de cómo respondamos esa pregunta, la identidad de revolucionario que tendremos, desde la cual haremos nuestra propaganda y nuestras “intervenciones” en el presente. Pero luego de identificarnos con una determinada ideología revolucionaria pasa algo más grave. Una vez reconocida la diferencia entre el camino revolucionario y el reformismo, se suele adoptar un enfoque anti-reformista. Y de allí viene la abstención de las luchas reivindicativas y por reformas y por lo tanto el aislamiento del movimiento real de los explotados y oprimidos, al cual consideramos atrasado por sus ideas y sus métodos. ¿Pero atrasado respecto a qué? ¿Respecto a la situación histórica y los objetivos inmediatos? No, atrasado respecto a las ideas y métodos que reclamamos nuestros. Es un criterio egocéntrico. Y es que hacer política (aun si se la llama anti-política) desde una identidad, en vez de hacerla desde las necesidades y posibilidades reales del movimiento de los explotados, es egocentrismo.
Desde esta política identitaria todo lo que tenemos que hacer es machacar con nuestras ideas y buscar rendijas en las luchas actuales donde podamos “intervenir” sin comprometer nuestra identidad política (a la que llamaremos “principios” o “programa”). Desde esta política lo más prioritario es delimitarse, no integrarse. Es oponerse al status quo, no pugnar por superarlo. Algunos que buscan participar en las luchas sociales de su entorno sin imponer sus ideas habrán asentido con la cabeza al leer esto pensando que están exentos de esta crítica. Pero después en lo que escriben sobre esas luchas sociales se nota que lo que más les interesa no son los obstáculos que tienen enfrente y cómo superarlos, sino evaluar en qué medida estas luchas se acercan a sus ideas, en qué medida el movimiento avanza adonde ustedes creen se encuentran parados, esperándolo (por más retórica antivanguardista que utilicen).
El rol del revolucionario consciente no es esperar a que los frutos estén maduros para su “intervención”.
Tampoco es participar en las luchas sociales haciendo ultimátums (explícitos o implícitos) sobre el carácter que tendrán que tener para poder ser parte de ellas sin comprometer sus “principios”.
Tampoco es ser furgón de cola del reformismo. El rol del revolucionario consciente es participar del movimiento actual de los explotados -tal como es y no tal como se quisiera que fuera- para hacerlo avanzar en su desarrollo.
Pero el criterio para definir qué es un avance y qué un retroceso del movimiento de los explotados no debe ser una ideología revolucionaria. Debe ser la evaluación práctica de la lucha en cuestión y la historia de ese movimiento. Cosa es mucho más compleja de evaluar, porque significa abordar matices que para la ideología son irrelevantes.
Por culpa del enfoque ideológico y de la política identitaria muchos revolucionarios están ausentes de luchas tales como:
- Las luchas por la igualdad jurídica y los derechos específicos (como el derecho al aborto).
- La protección del medio ambiente y los bienes comunes.
- Las luchas vecinales (semaforización de las calles, asfalto y cordón cuneta, iluminación de los barrios, etc.).
¿En qué se justifica esa ausencia? En que esas luchas son reformistas, sólo buscan un cambio de legislación y de las instituciones y por lo tanto son un “remiendo del sistema” (lo cual, para la ideología del “cuanto peor, mejor”, es inaceptable).
De esta manera, los revolucionarios se aislan de muchísimos procesos sociales cooperativos en los cuales los explotados buscan resolver sus necesidades (necesidades que un movimiento parcial, como el movimiento obrero, no resuelve). O esos procesos adoptan formas organizativas e ideas compatibles con nuestra ideología revolucionaria, o nos abstenemos de ellos.
Una vez nos demos cuenta de cómo nos autolimitamos se abrirá ante nosotros un amplio abanico de posibilidades de participación autónoma en lugares tales como la cooperadora de la escuela, las reuniones de consorcio, el centro vecinal. Lugares que ni en pedo son revolucionarios ni están previstos en la ideología revolucionaria clásica (como sí lo están los sindicatos, por ejemplo). Se podrá objetar que en esos lugares hay mucha ideología reaccionaria y egoísmo. Pero es que nosotros no vamos a ir ahí a hacer proselitismo de nuestras ideas sobre la sociedad y cómo cambiarla, vamos a aportar teórica y prácticamente para resolver las necesidades comunes que dieron lugar a esos procesos cooperativos. No vamos a presentarnos como “revolucionarios”, sino como personas que tenemos intereses en común y quieren aportar.
A lo que tenemos que apuntar es a lograr una superación de las actuales formas de cooperación, y sólo podemos hacer la diferencia cuando participamos autónomamente en los procesos cooperativos tal como son. Imponer condiciones ideológicas a nuestra participación es lo mismo que abstenerse, y la abstención nunca es revolucionaria si no existe una opción superadora a la que elegir.

Publicado en: Parrhesia Nº 10, agosto, de 2010; Bahía Blanca.
Autor: Ricardo Fuego

Ecuador: contra todo golpe de estado (incluso los fingidos)


Como es del dominio público, el pasado 30 de septiembre, la policía ecuatoriana desencadenó una serie de hechos que tuvieron como punto álgido el secuestro del presidente Rafael Correa y sus declaraciones acerca de la promoción de un golpe de Estado en su contra. Hagamos aquí un paréntesis inicial para evitar malos entendidos y lecturas ligeras. Como anarquistas estamos en contra de todos y cada uno de los golpes de Estado realizados en la historia reciente de nuestro continente. Aquí no hacemos las distinciones que hacen otros. No hay golpes de Estado buenos y malos, ni militares progresistas y conservadores. Si bien existen las tendencias dentro de las Fuerzas Armadas, así como diferencias entre las dinámicas castrenses de país a país, los Ejércitos reaccionan por igual con “espíritu de cuerpo” y son un dispositivo que concentra todos los antivalores que rechazamos en tanto libertarias y libertarios. Por ello repudiamos con vehemencia, en cada una de las circunstancias, que los conflictos a resolver por la sociedad en su conjunto, y especialmente por las clases oprimidas, tengan la injerencia de quienes, estatalmente, monopolizan las armas y la violencia. Sin embargo este rechazo firme y contundente al golpe de Estado no es traducible, desde el anarquismo, con un apoyo tácito o estratégico al gobierno de turno. Y en este sentido Ecuador no es una excepción.
Todas las cronologías sobre los hechos colocan como desencadenante de la crisis ecuatoriana la rebelión de las fuerzas policiales, cuya motivación visible fue la pérdida de beneficios laborales como consecuencia de la aprobación, el día anterior, de la “ley de servicio público”, con la participación activa de la bancada parlamentaria correísta, la llamada “Alianza País”. La movilización policial y el caos, como era de esperarse, intentaron ser capitalizados políticamente por sectores del país desplazados del poder, como por ejemplo fuerzas alrededor del ex presidente Lucio Gutiérrez, los cuales –no dudamos un segundo-, si la espiral de hechos les hubiera favorecido habrían intentado un derrocamiento abierto de Rafael Correa de la presidencia. No sería ni la primera ni la última vez que políticos “demócratas” de la región azuzaran los vientos del golpismo si los aires les fueran favorables.
Si bien los hechos no son únicamente expresión de un cándido descontento popular, como lo quiere hacer ver un sector de los medios, no deja de ser cierto que a pesar de la popularidad de Correa hay razones para el malestar social. El comunicado de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indigenas del Ecuador) los resume en: 1) Ataque y deslegitimación sistemática de sectores populares organizados, 2) Carácter autoritario del gobierno en la promulgación de leyes y 3) Represión en contra de las movilizaciones críticas del modelo extractivista petrolero. Un segundo acierto del pronunciamiento indígena es que caracterizó el enfrentamiento como una pugna entre la vieja derecha –la desplazada por el poder- y la nueva derecha –la burguesía que florece amparada por el correísmo-. Este elemento es clave para el análisis.
Otra versión asegura al mundo que los hechos de Quito son el clásico golpe de Estado promovido por “la derecha” – con lo que Correa se encontraría ubicado “a la izquierda”- con el apoyo del imperialismo. Sin embargo esta explicación fácil, además de la retórica se sustenta en pocas evidencias. Como lo escribió Pablo Stefanoni: “Resulta difícil organizar un golpe sin apoyo de los militares, de al menos parte de la burguesía y de grupos de poder, entre ellos al menos algunos medios, y de sectores de la sociedad civil. Finalmente, no menos importante para un país pequeño, algún apoyo externo. Nada de esto hubo este jueves en Ecuador”.
Como bien nos recordó Stefanoni las rela¬ciones entre Ecuador y Estados Unidos son cordiales. El 8 de junio, -Hillary- Clinton fue recibida con gestos amistosos en Quito. El embajador de Ecuador en Washington, Luis Gallegos, resumió el evento a la agencia IPS. “Creo que esta visita es una muy mala noticia para la recalcitrante derecha ecuatoriana, que ahora no sabe lo que pasa, pero también para los ‘talibanes’ que desearían que el gobierno ecuatoriano no converse con Estados Unidos”. Correa y Clinton se tiraron varias flores. El ecuatoriano puntualizó que no abriga “ninguna animadversión” hacia el gigante del Norte. “Al contrario, es un país muy querido, en el que pasé cuatro de los más felices años de mi vida”, dijo, refiriéndose a sus estudios de doctorado en la Universidad de Illinois. “Estamos forjando un nuevo marco de relaciones. Estamos en el siglo XXI. Esto es el 2010. No vamos a poner el reloj para atrás”, respondió la estadounidense. Por último, el pasado 5 de julio en Caracas el presidente Rafael Correa afirmó que los principales enemigos de su “Revolución Ciudadana” no era ni la “oligarquía” ni el “imperialismo”: “El mayor peligro para los socialistas no son los escuálidos ni los pitiyanquis (...) son los que toman nuestras banderas y con infantilismo ridículo toman nuestros discursos y le hacen daño. Hay que estar atentos con el izquierdismo infantil del todo o nada que es el mejor aliado del estatus quo”. Aquello era una clara alusión al movimiento indígena y ambientalista del centro del mundo, que ha venido cuestionando la fidelidad de Rafael Correa a las políticas extractivistas de recursos energéticos con destino el mercado global.
Al cierre de la presente edición de El Surco, el único pronunciamiento libertario conocido proveniente del propio Ecuador, es el de la organización “Hijos del Pueblo”. A pesar del uso de un lenguaje más leninista que anarquista (“-necesitamos-la conformación de un Partido de clase, una vanguardia revolucionaria, el fogueo entre las masas con un Programa Revolucionario…”) complejizaba la versión oficialista, amplificado por la izquierda autoritaria mundial, al deslizar que los hechos eran un golpe “bajo sospecha” o un “autogolpe, según las últimas reflexiones”. Asimismo concluía, como la CONAIE, que lo sucedido había sido una confrontación de naturaleza interburguesa y “luego de esto, es inevitable que el proceso ciudadano vuelva con más fuerza; a la vez que la cooptación, el fraccionamiento y desarticulación del movimiento popular, sería la combinación perfecta para generar control directo sobre las masas explotadas faltas de un referente partidario”. La promoción de una falsa polarización, mientras se cumple el rol asignado al país por el capitalismo globalizado, ha sido el núcleo del disciplinamiento y dominación de los países de América Latina que hoy son gobernadas por coaliciones autodenominadas “progresistas”.
Mientras esperamos otros aportes que iluminen e interpreten el 30 de septiembre ecuatoriano reiteramos el rechazo anarquista a todos los golpes de Estado (aunque sean simulados) y nuestro compromiso con la autonomía y beligerancia con las organizaciones sociales de base en conflictos con el poder.

Publicado en: El Surco, Nº 20, Octubre de 2010, Chile.
Autor: Rafael Uzcategui

miércoles, 20 de octubre de 2010

La tragedia minera, el Bicentenario y el alma NAZI-ONAL


Viva Chile Mierda!” Espetó eufórico el empresario -y gerente del Estado chileno- Sebastián Piñera luego de comunicar públicamente que los 33 mineros atrapados en las profundidades de la mina San José (700 mts.) estaban aún con vida, después de 17 días sin que se tuviese noticia de ellos. Mediante un mensaje escrito en un ajado papel, con letras rojas y emotivas (que fue guardado en La Moneda para la celebración del Bicentenario, según señaló el mismo Piñera), en el que se leía escueta­mente “Estamos bien, en el refugio, los 33”, el día domingo 22 de agosto del 2010, se tuvo por primera vez noticia de los malogrados mineros, lo que causó gran conmoción en la sociedad “chilena”, que ya se mostraba alicaída y desesperanzada de encontrarlos con vida, en cuanto los pronósticos no eran los mejores. De la desesperanza se transitó a la alegría incontenible. Ese día, tras el aviso presidencial no sólo los familiares de los mineros y los rescatistas cantaron alegremente, entre sollozos y lágrimas de emoción, el himno nacional, sino también las personas que salieron a las calles a manifestarles su apoyo y solidaridad en el centro de Santiago, a varios kilómetros de distancia del lugar de la tragedia. En la Plaza Italia (centro neurálgico de la capital) se congregaron alrededor de un centenar de personas, sin previo aviso ni convocatoria alguna, para celebrar el acontecimiento, con sus respectivas vuvuzelas (sobrantes del mundial sin duda), banderas chilenas, escudos nacionales, y una que otra pancarta (“Viva Chile y sus mineros” decía una de las más publicitadas), mientras los automovi­listas que por allí transitaban les tocaban las bocinas azuzándolas y gritando, junto a ellas, “Viva Chile” o “Ce, Hache, I…” por las ventanas, o entonando estrofas del himno nacional. Es más, Piñera en su declaración, antes mencionada, señaló que se sentía “más orgulloso que nunca de ser chileno” (nótese: “de ser chileno”) y que no se podía dar inicio de mejor forma al “mes de la pa­tria” (Septiembre) de este año, que por lo demás tiene una connotación festiva para el poder y la clase dominante: La celebración de la creación forzosa del Estado-nación chileno (el Bicentenario). Banquete al cual no están todos invitados, por más que nos hagan creer lo contrario en sus spots publici­tarios democráticos e inclusivos y sus seudo políticas sociales.

El patrioterismo si bien no es nuevo, y se puede rastrear tristemente desde el punto de vista histórico, no ha dejado de sorprendernos estas últimas semanas a propósito de la tragedia minera y del dolor de las familias afectadas. ¿Cómo se explica lo anterior? Para intentar dar una respuesta a esta interrogante es necesario señalar que el gobierno de Sebastián Piñera ha apostado en todo momento de crisis (socio-política) por potenciar la abstracta e inexistente idea de “unidad nacional”, a través de un discurso fuertemente nacionalista, que linda en mu­chos casos con los planteamientos fascistas. Idea populista contraria, por cierto, a las ideologías que tienden a la fractura social burguesa (y por ende a la guerra social, a la lucha de clases, etc.) y a quienes las pregonan férreamente (especialmente los anarquistas y antiautoritarios), en tanto asume a la nación como una “comunidad indivisa” y enemigos irreconciliables, a quienes atentan contra ella o la cuestionan discursiva y prácticamente.

Desde su campaña presidencial Piñera ha hecho alusión, en más de una oportunidad, al concepto de “alma nacional”, entroncado con el de “unidad nacional”, el cual no sólo debe ser visto como un mero e inofensivo recurso literario por parte del magnate-presidente, sino que deber ser considerado como un término de larga data que carga con una connotación ultranacionalista innegable y que desde el punto de vista histórico ha tenido horrorosas manifestaciones socio-políticas tras la implementación de gobiernos de corte totalitario de extrema derecha en Europa. Dicho concepto fue utilizado por Piñera en diversas oportunidades tras el terremoto del 27 de febrero y hoy día, en que los medios han potenciado el nacionalismo-popular a punta de sensacionalismo y morbo por la tragedia de los obreros mineros, nuevamente lo ha traído a colación insistentemente, sobre todo si consideramos que ya se escuchan las populares y tradicionales cuecas en las radioemisoras y se vislumbra uno que otro volantín en los contaminados cielos de Santiago.

El concepto de “alma nacional” fue asido, por la derecha latinoamericana, incluida la de la región chilena, de los paradigmas teóricos del nacionalismo europeo (alemán, francés y español), especialmente del romanticismo. Dichos paradigmas asocian a las naciones, a organismos con espíritu, con almas, a seres ontológicos, y se expresaría en manifesta­ciones culturales concretas, tales como el folklore, símbolos patrios (himnos, banderas, escudos, bailes, etc.), tradiciones, etc. (eng­lobados en el concepto de cultura nacional). Asimismo, la nación y su esencia se expresa­rían en individuos escogidos (personalidades providenciales), que acogen el sentir nacional, y que combaten por extensión, a través de todos los medios represivos a su alcance, a los infiltradores de la nación -destructores del alma nacional- y de sus ideas (liberalismo, marxismo, anarquismo, etc.). De esta forma se hace urgente, perseguirlos y combatirlos, ya que la salvación de la nación supone la exclusión de los “elementos disolventes”, y si es necesaria su destrucción física. En el caso chileno, los elementos nocivos han ido cambiando con el paso del tiempo. Hacia fines del XIX y comienzos del XX fueron los liberales, socialistas y anarquistas (incluidos los demócratas), para dar paso luego a los comunistas y marxistas de todos los tintes (VOP, MIR, MJL, etc.), en el contexto de la Guerra Fría (1945-1989), mientras que hoy en día, nuevamente lo son los anarquistas -desde su irrupción a comienzos de los años noventa- y los mapuche, “terroristas por excelencia” y enemigos de la nación chilena y de la civilización occidental. De la misma forma, el nacionalismo en la actualidad se ha potenciado gracias al accionar de los medios de comunicación de la burguesía (especialmente de la TV) y las campañas de solidaridad del empresariado, que apuntan al asistencialismo y a la caridad, más que a la mejora real de las condiciones de vida y laborales de los oprimidos. Se constituyen como medidas de contención social, para aplacar, el enfrentamiento social.

A partir de lo anterior, queremos concluir que no es accidental, que ante contextos de anomia y/o fractura social (o ante tragedias socio-laborales, que causan gran conmoción en la sociedad) el gobierno de Piñera (y la derecha política en general), invoque los conceptos nacionalistas de “alma y unidad nacional”, para potenciar ideológicamente la idea de “nación chilena”, apostando por la homogeneización artificial patriotera, contraria al conflicto social, mientras sus medios de comunicación los reproducen insistentemente y le hacen publicidad gratis al empresariado avaro que se jacta de solidario, en tanto, se preocupa sólo discursivamente de “Chile y los chilenos” y no prácticamente. De esta forma, y sa­cándole provecho a la conmemoración del Bicentenario (2010) se ha potenciado, por los opresores la supuesta chilenidad construida artificialmente a sangre y fuego1, desde el punto de vista histórico, con una finalidad eminentemente demagógica y oportunista (la popularidad de Piñera tras la tragedia minera ha crecido exponencialmente), mientras que el silencio informativo respecto la huelga de hambre de los presos políticos mapuche, que mueren día a día de inanición, antes los ojos insensibles de los mismos chilenos que solidarizan fervientemente con los mineros; o sobre los montajes judiciales de los presos anarquistas y antiautoritarios (y la razzia comunicacional), no es más que una treta construida intencionalmente, por ellos mismos, para combatir y perseguir a los que atentan contra sus valores, institu­ciones y su opresor Estado-Nación; ya que les permite desviar la atención de la opinión pública, pauteada por su prensa, de las cuestiones de fondo, los problemas de los desposeídos, derivados del régimen social actual, a 200 años de vida republicana. La finalidad es simple y cae por su propio peso, al igual como lo hicieron para 1910, en el Centenario, en que la clase dominante se auto-celebró, hoy nuevamente apuesta por una celebración, ahora bicentenaria, limpia, de cartón, sin miseria, sin conflicto, sin opresión, pero también sin manifestaciones socio-populares, ni de individualidades que les agüen la fiesta a la que, por lo demás, están invitados sólo los sumisos ciudadanos chilenos, que se emborracharán con alcohol y con los discursos (ultra) nacionalistas (y xenófobos), que benefician a la minoría opresora de siempre.

*Citas:

[1]. Véase, El Adversario, “Independencia de algunos de Chile: La nación forzada y el origen de la mentiras tricolores”, Parte I y II, El Surco, N° 7 y 8 respectiva­mente. Disponibles en www.elsurco.net

Autor: Lumpen apátrida sin orgánica

Publicado en: El Surco, Nº 19, Septiembre 2010, Santiago; Chile.

viernes, 1 de octubre de 2010

Editorial de EL SURCO: ¡Libertad a los compañeros detenidos!

Los sentimientos con los que nos dirigimos a ustedes el día de hoy son de rabia y de acusación.
En los últimos años se han venido diversificando las formas de protesta ante el descontento, acumulado durante cerca de cuarenta años repartidos entre una dictadura brutal y un régimen democrático burgués que vistos en perspectiva histórica se han esforzado -como todo gobierno- a reprimir los cuerpos y las ideas de quienes piensan e intentan vivir en sociedades que consideran antagónicos a los principios de la ganancia y la competencia bajo un Estado tutelar de la desigualdad.
En múltiples puntos se hacen profusas las formas de descontento. En el sur, los mapuche recuerdan que el conflicto no desapareció, que crece con fuerza. En las escuelas, los jóvenes se resisten a seguir recibiendo una educación que los preparará para obedecer y producir. Los anarquistas y antiautoritarios, por nuestra parte, seguimos intentando construir una sociedad nueva a pesar de todo.
Como sabrán, desde hace un par de años, la sociedad chilena ha sido artificialmente infundida de un miedo insano hacia el mundo antiautoritario en general gracias al amplificado “caso bombas”.Tal como ocurrió hace ya un siglo (entre 1911-1913), aparecieron expertos de menor cuantía y periodistas con incontinencia que han esgrimido las teorías más desaforadas para explicar a estos sujetos de “ideas disolventes” tras los atentados. ¿Recuerdan el rumor esparcido en los medios de una supuesta “cumbre anarquista mundial” en Chile el 2009? ¿Estaban frente al televisor cuando se señaló que las bombas eran proveídas a los anarquistas por un sujeto vinculado a grupos neonazis? ¿Por qué, de repente, todos esos inventos quedaron en el olvido?
Podríamos seguir con el derroche creativo que hemos visto desfilar durante el último período...
Todo demostró que las ideas anárquicas jamás fueron, son o serán comprendidas por el sistema actual, pues siendo diametralmente opuestas producen la hidrofobia inmediata de quienes parasitan y defienden la propiedad y la opresión.
El clima de hostilidad que se ha generado como corolario ha preparado conciencias y adormecido cualquier intento de contestación por parte de la sociedad. Este era un paso necesario para que la derecha, haciendo uso de las herramientas represivas que la Concertación no supo utilizar eficientemente por su blandura socialistoide neoliberalizante, llevara la razzia un paso más allá. En este contexto el tristemente célebre fiscal Alejandro Peña, un sujeto oscuro que carece de altura moral (ha sido acusado –entre otras cosas- de prácticas antisindicales), ha entrado en acción inventando lo que no existe y omitiendo lo que le contradice. Así, el día 14 de agosto cayeron presos 14 compañe@s por integrar una supuesta asociación ilícita terrorista responsable de cierta parte de las más de cien bombas que al parecer han amenazado “la paz y la democracia” de la sociedad chilena; bastaba trastocar las figuras legales para que de un día a otro aparecieran líderes, roles claramente establecidos y supuestos financiamientos para los explosivos.
Pareciera ser que se recrea un nuevo pacto por parte del Estado empresarial y la sociedad, aparentemente bastante conforme con toda la farsa. Naturalmente, nosotros los proscritos no fuimos considerados en el banquete de consumo, de docilidad y de patrioterismo del próximo bicentenario; hemos de desaparecer -dicen ellos- antes de que todos se sienten en la mesa prestos al exceso obsceno de este sistema. Pero no será así.
Hacemos un gesto de solidaridad con todos los que hoy se hallan en conflicto contra el Estado y el Capital. Fuerza, les decimos, pues el camino es largo y está lleno de sinuosas inflexiones. Libertad a los presos de este oprobioso teatro mediático-judicial. Que cada uno (junto a los suyos) halle su propio método de resistencia y creación con miras a una nueva sociedad.

Periódico Anarquista “El Surco”
Santiago, 26 de agosto del 2010.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Futuro Minado


“La fe en el crecimiento económico ilimitado como solución a los males sociales ha sido inherente al régimen capitalista, pero no fue hasta los años cincuenta del siglo pasado cuando dicha fe, bajo el nombre de desarrollismo, se convirtió en una política de Estado. A partir de entonces, la Razón de Estado fue principalmente Razón de Mercado (…) Pronto, el desarrollismo se ha convertido en una amenaza no sólo para el medio ambiente y el territorio, sino para la vida de las personas, reducida ya a los imperativos laborales y consumistas.
La alteración de los ciclos geoquímicos, el envenenamiento del entorno, la disolución de los ecosistemas, ponen literalmente en peligro la continuidad de la especie humana. La relación entre la sociedad urbana y el entorno suburbializado ha sido cada vez más crítica, pues la urbanización generalizada del mundo conlleva su canalización destructiva no menos generalizada: uniformización del territorio mediante su fácil accesibilidad; destrucción territorial por la contaminación y el ladrillo; ruina de sus habitantes por inmersión en un nuevo medio artificializado, sucio y hostil. El desarrollismo, al valorizar el territorio y la vida, era inherente a la degradación del medio natural y la descomposición social, pero, a partir del momento en que cualquier forma de crecer devino fundamentalmente una forma de destruir,
la destrucción misma llegó a ser un factor económico nuevo y se convirtió en condición sine qua non (…)”

Las líneas que preceden son el hilo argumental de la crítica que Miguel Amorós en el texto “Nosotros, los antidesarrollistas” lleva a cabo de las nuevas formas que tomó el capitalismo como tal desde la década de 1950 en adelante. Básicamente, la idea de este autor puede incluirse dentro de lo que comúnmente se denomina como “antiindustrialismo” o “antiprogresismo”. Dicho compendio de ideas descansa en argumentos que hacen hincapié en: un rechazo radical de la idea de progreso a cualquier costo, una crítica a los conceptos de modernidad/modernismo, un posicionamiento en contra de la fetichización de la tecnología como acción liberadora y, por ende, una crítica a la posibilidad de una técnica totalmente neutral. Éstos son los lineamientos generales sobre los que se estructura la crítica del autor respecto a lo que considera como “desarrollismo”, y a partir de ellos intentaré darle forma a las intenciones de este escrito.
La política de privatizaciones iniciada en la década de 1990 en Argentina habilitó un nuevo marco jurídico a las empresas, sobretodo a aquellas vinculadas al sector minero de capitales trasnacionales al permitir que éstas coparticipen junto al estado argentino en las directrices del sistema productivo. No sólo se abrió el juego a las inversiones, también se habilitó y legalizó la investigación y explotación de los recursos naturales. De esta manera, al clásico modelo agro exportador que caracterizó durante décadas a la economía Argentina se le agregó el modelo vinculado a la exploración y extracción minera. En el período que va desde 1990 hasta el 2000 la inversión en el sector minero fue de un aumento del 90% a nivel mundial, mientras que en Sudamérica alcanzó el 400%.(1) Crecimiento exponencial al servicio del capital, otorgado, ratificado y fortalecido por el estado argentino, sus instituciones y leyes con el fin de permitir la rapiña y acumulación de las trasnacionales mineras.
Ahora bien, cuando hablamos de minería no nos referimos a las formas tradicionales de extracción excavando galerías subterráneas, sino que hacemos mención a la conocida como “minería a cielo abierto”, modalidad utilizada a lo largo de los 5 mil kilómetros de pre cordillera y cordillera, desde Jujuy a Santa Cruz. Esta nueva forma de extracción de minerales por sus consecuencias inmediatas sobre los ecosistemas, encaja perfectamente en la crítica antidesarrollista de Amorós, sobre todo en lo concerniente al fetichismo de la tecnología y la técnica al servicio del progreso capitalista.

Una breve descripción

La minería a cielo abierto se diferencia de la minería tradicional no sólo por la forma en que extrae los minerales de la montaña, sino porque ésta implica niveles mayores de destrucción del medio ambiente y un uso desmedido de recursos, entre ellos el agua. La relación asimétrica e invasiva que establece con los ecosistemas se debe a que esta forma de extracción se lleva a cabo dinamitando la roca superficial, hasta reducir la montaña a pequeñas dimensiones, agotando el suelo hasta dejarlo inutilizable. La minería a cielo abierto utiliza de manera intensiva, importantes cantidades de cianuro afectando y contaminando las aguas freáticas o subterráneas. De esta forma, este tipo de extracción repercute directamente sobre las formas de desarrollo autóctono (agricultura, pastoreo, cría de animales), no sólo por la contaminación del agua sino también por su uso excesivo.
De esta manera, la mega minería se contrapone negativamente a las formas tradicionales de relación hombre/ naturaleza basados en el respeto de los ciclos naturales. Por el contrario, este nuevo modelo minero altera y agota los recursos persiguiendo el fin único del mayor beneficio al menor costo posible y las consecuencias de la implantación de esta metodología depredadora ya pueden verse a lo largo de la cordillera.

Radiografía Minera

La constitución de este modelo productivo es relativamente nuevo en Argentina ya que data desde principios de la década de 1990 cuando los grupos trasnacionales comienzan a ganar terreno en el andamiaje económico. Como quedó explicitado en líneas precedentes esta situación fue causa directa de las privatizaciones compulsivas durante el menemismo, al permitirle a los grupos económicos ir monopolizando poco a poco sectores claves de la economía como por ejemplo, el sector ganadero, pesquero, petrolero y por último, el minero.
A diferencia de países mineros por excelencia como Chile, Bolivia o Perú, la Argentina no tiene un pasado caracterizado por la preponderancia de este sector. Sin embargo, en la actualidad ocupa el sexto puesto en el mundo en cuanto a su potencial minero, y los informes consignan que el 75% de las áreas atractivas para la minería todavía no han sido sometidas a prospección.(2)
La minería a cielo abierto en fase de exploración o de extracción confirmada está presente en 12 provincias y es por ello que el suelo argentino es la cenicienta de empresas de Estados Unidos, Canadá, Japón y Australia por dos motivos claves. El primero por el potencial recurso virgen, y segundo, por que las empresas en sus países de origen encuentran trabas por el marco jurídico que protege a la naturaleza y sus recursos. Protección que no encuentran en Argentina lo que posibilita que puedan instalarse, presentar proyectos y coparticipar con las provincias en la exploración y extracción de metales.
La mega minería, en fase de exploración o ya en instancias de extracción, se encuentra presente en, por ejemplo, Andalgalá (Catamarca) con el nombre de Minera La Alumbrera y en Antofagasta de La Sierra (Salar del hombre muerto); En San Juan (Veladero, Pascua Lama
y Pachón); Chubut (Navidad, El Desquite); Río Negro (Calcatreu); Neuquén (Andacollo); Jujuy (Pirquitas, Minera Aguilar); Mendoza (San Jorge), Santa Cruz (Cerro Vanguardia, Manantial Espejo y San José Huevos Verdes) y La Rioja (Famatina), por nombrar algunas donde la controversia y el rechazo social comienza a visualizarse.

Resistencias: “el oro es un lujo inútil. Y sin agua no hay vida”

“La minería es una actividad meramente extractiva con múltiples consecuencias, tanto a escala económica como ecológica, social y cultural. Es un hecho comprobado que las regiones mineras del mundo son publicitadas inicialmente como regiones ricas y llenas
de oportunidades, pero terminan siendo las más pobres”,
afirma un comunicado de la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Río Negro”.(3)
A medida que se iban instalando estos mega proyectos mineros fueron apareciendo, primero tímida y aisladamente uno de otros, pequeños focos de resistencia con el objetivo de concienciar al resto de la población afectada directamente, pero ajena a la lucha en sí. Estos grupos básicamente de vecinos autoconvocados, fueron ganando terreno y experiencia, y pese a que los medios de información, por desidia o complicidad no hablaban de lo que estaba sucediendo, poco a poco empezaron a conectarse hasta nuclearse muchos de ellos en la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), creada en 2006 y posicionada hoy día como territorios de fuerte resistencia a la mega minería.
Uno de los casos pioneros de lucha contra la minería a cielo abierto fue el protagonizado por la población de Esquel en Chubut contra la minera canadiense Meridian Gold en marzo de 2003, y que culminó en un plebiscito donde el 80% de la población le dijo no a la mina. Este caso emblemático, conocido como “efecto Esquel”, tuvo un arrastre multiplicador sobre otras poblaciones con los mismos problemas socioambientales. A diferencia de otros países donde las resistencias provienen de los pueblos campesinos y originarios, en Argentina la particularidad está dada en la situación de que son asambleas de contenido multisectorial localizadas en pequeñas ciudades las que levantan la bandera de la lucha, y pese a que cada vez es más notoria la presencia de militantes ambientalistas y ecologistas, la resistencia al proyecto minero lo componen los pobladores que ven amenazado sus formas de vida.
Como bien destaca Maristella Svampa en el libro Minería transnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales, “los nuevos movimientos contra la minería a cielo abierto son conscientes de que han sido arrojados a un campo de difícil disputa y de posiciones claramente asimétricas, en el cual los adversarios van consolidando cada vez más una densa trama articulada, con efectos multiplicadores y complejos, en pos de la legitimación del modelo minero. Así, el correlato del dispositivo hegemónico, puesto al servicio de un modelo de desarrollo, va desde el avasallamiento del territorio, la destrucción de patrimonios arqueológicos, la instalación de explotaciones en zonas protegidas, hasta las más diversas estrategias de disciplinamiento y negación de consultas populares”.
Cualquier artimaña es válida para el Poder al momento de buscar los justificativos para legitimar sus acciones, y si no lo puede lograr por el camino de la persuasión tiene el sustento de la estructura jurídico-legal. Sino pensemos la “cacería de brujas” como consecuencia de la crisis de 2001 cuando la judicialización y criminalización de la protesta social encerró y procesó a más de cuatro mil personas, en su mayoría provenientes del “movimiento piquetero” y militantes sociales (sindicalistas de base, maestros, empleados, etc).
Respecto a la problemática ambientalista desde las esferas del poder la receta parece ser la misma ya que a excepción del problema ambiental de Gualeguaychu contra la pastera Botnia sobre el río Uruguay con fuerte presencia mediática, la norma suele ser el silenciamiento de las resistencias en primer lugar, y el aislamiento, persecución y ahogo en una segunda instancia. De esta manera, podemos trazar un paralelismo entre la explosión social de 2001 con la actual situación de rechazo a la mega minería.
Paralelismo basado no en las causas, sino en las consecuencias que ambas situaciones originaron sobre quienes decidieron luchar contra el poder avasallador de turno: persecución y hostigamiento sobre los más activos en las luchas en una primera instancia para dar paso después al aislamiento y criminalización de la protesta social. Esta es y será siempre la posición del Poder, buscar romper la lógica de la atomización estatal- empresarial debe ser el horizonte a seguir.


Notas

1 “Hacia una discusión sobre la mega minería a cielo abierto”. Maristella Svampa
y Mirta Antonelli
2 Hacia una discusión sobre la mega minería a cielo abierto. Maristella Svampa
y Mirta Antonelli
3 “Las minas de la polémica: breve recorrido por los 17 emprendimientos más
controvertidos de Argentina”
. http://www.lavaca.org/

Publicado en: Libertad! Nº 56, Septiembre –octubre 2010, Buenos Aires.
Autor: Gastón

viernes, 10 de septiembre de 2010

La caja ¿boba?


En “Crecer con la televisión: perspectiva de aculturación”, sus autores (George Gerbner, Larry Cross, Michel Morgan y Nancy Signorielli), dan una definición sobre la televisión al caracterizarla como “un sistema centralizado para contar historias. Sus dramatizaciones, noticiarios, publicidad y otros programas conforman un sistema relativamente coherente de imágenes y mensajes y los llevan a cada hogar. Este sistema fomenta desde la infancia las predisposiciones y preferencias que antaño se adquirían a partir de otras fuentes primarias”. Ahora bien, esta frase por sí sola no agrega nada nuevo a la idea de la televisión como soporte tecnológico de información, y menos aún nos permite indagar sobre las implicancias sociales de este fenómeno cultural. Sin embargo, da una idea vaga, esquemática y técnica para a partir de allí intentar desgranar su preponderancia, incidencia y efectos sociales. Ese es el propósito del texto: hacer una aportación al análisis sobre los mass media.
La televisión es el medio de masas con mayor penetración y protagonismo social, y la principal fuente de entretenimiento y ocio en los hogares. Por ejemplo, Nancy Signorielli afirma, en el trabajo citado al inicio, que en los EEUU el televisor permanece prendido una media de siete horas al día, y que las personas de más de dos años de edad ven con atención al menos tres horas de programación diarias. No es un hecho aislado, por el contrario, en mayor o menor medida esta particularidad es norma corriente en cualquier contexto social sin importar la idiosincrasia, los hábitos y costumbres propios de cada lugar. Sino pensemos mínimamente el nacionalismo futbolero que se respiró en la Argentina por el “síndrome mundial”, y que se destiló en cualquier emisión de la televisión sin importar que sea un noticiero, un programa deportivo, de chimentos o una publicidad. Hasta la presidente y su plana de ministros estuvieron, calculadoras en mano, imaginando un escenario político favorable si la selección argentina de fútbol lograba coronarse campeón mundial.
A los medios de información desde hace aproximadamente tres décadas se los ha dejado de ver como meros canales por donde el flujo comunicativo llega a la gente de manera limpia, directa y sin interferencias. Por el contrario, los estudios centrados en la comunicación hoy más que nunca hacen hincapié en el protagonismo en la construcción simbólica de los mass media. Esto se puede indagar en los trabajos de, por ejemplo, Eliseo Verón, Pierre Bourdieu o Aníbal Ford por citar solo alguno de ellos. Es tal la importancia de los media que Nancy Signorielli hace una analogía entre la televisión y la religión ya que ambas se materializan en un ritual diario, así como en las similitudes en relación a las funciones sociales que ponen en juego, y que para esta autora son las continuas repeticiones de formas (mitos, ideologías, datos, relaciones) al momento de adjetivar el mundo, legitimando un orden social particular.
Pero el análisis no debe quedarse en la superficie, sino que debe inmiscuirse en las causas de la mediatización social e indagar el porqué de la preponderancia de la televisión. Y para ello es necesario entender mínimamente su estructura y funcionamiento. Ese será el horizonte argumental a seguir a partir de esto momento.
La primera diferencia sustancial que la televisión establece con, por ejemplo, la radio y la prensa escrita es que requiere de nosotros una atención privilegiada a su embrujo. Cualquier otra actividad ajena a la contemplación exclusiva de sus mensajes queda anulada como posibilidad ya que la televisión no apela al pensamiento crítico, se contenta con que prioricemos aspectos emocionales de nuestra conducta al momento de sentarnos y mirar la pantalla. Básicamente esto es así porque la propuesta comunicacional televisiva se centra sobre dos ejes: la producción y circulación simbólica en función de una grilla preestablecida de estereotipos.
La televisión hace de la inmediatez, del “ahora mismo”, del discurso directo, la razón de ser de su propuesta. Y en este artilugio del instante presente como única posibilidad de relación es que las instancias de raciocinio y crítica quedan caducas y solamente necesita de la contemplación emocional. El pensamiento crítico queda anulado porque la televisión nos induce, a través del poder de la imagen, a vivir un mundo virtual de preconceptos arbitrarios y preestablecidos por la propuesta televisiva, fomentando en los ocasionales espectadores, una pasmosa pasividad mental.
Negar la influencia de los medios masivos de información en el quehacer diario es no ver la preponderancia que tienen en la construcción social. Hoy día lo que no es visualizado por ellos no tiene entidad, no existe. Es una exigencia pasar previamente por el filtro selectivo de los mass media para facilitar que un suceso cualquiera deje de ser una posibilidad enunciativa y se convierta en una noticia. Y para ello no importa que sea verdad o mentira lo que enuncia, sino que alcanza con que sea espectacular e inclusivo, inmediato y fugaz.
La televisión construye su discurso a través de una batería infinita de imágenes inconexas ordenadas coherentemente para dar la idea de homogeneidad. Pero como lo inmediato es lo que marca su curso, este rompecabezas de imágenes disímiles, pero presentadas ordenadamente, pasan desapercibidas para el espectador. Es así que nada sorprende cuando desde un noticiero se pasa de una secuencia de imágenes sobre represión a otra sobre las nuevas tendencias en la moda de los famosos, para volver luego a las corridas de una persecución policial y terminar con una publicidad sobre la elegancia de los autos de alta gama.
De esta manera, la imagen actúa de tal forma que no permite discernir sobre la función ideológica que oculta la presentación de su discurso. Nada es inocente en su propuesta, por el contrario, el collage de imágenes fragmentadas que presenta como un todo homogéneo sólo persigue un fin: confundir transformación con reproducción, o lo que es lo mismo, construcción mediática con reflejo social.
El tiempo en la televisión no se detiene un instante, todo está marcado por la fugacidad y velocidad con que se muestran las imágenes. El tiempo que cuenta es el presente, el cual se transforma en pasado en cuestión de segundos. Todo es vértigo, y la relación que establece la televisión con su espectador está dada por lo instantáneo. Teniendo en cuenta esta peculiaridad, y aunque parezca una obviedad, no está demás resaltar el carácter lineal, unidireccional y simplificado del mensaje televisivo. Y más que de instancias de comunicación (donde prima la bidireccionalidad) debemos hablar de instancias de información.
Comparada con otros soportes tecnológicos, la televisión posibilita una grilla relativamente restringida para una pluralidad de intereses y públicos por demás heterogéneos. Básicamente los programas televisivos son comerciales por necesidad, pensados para audiencias amplias, heterogéneas y acríticas. Como bien resalta Nancy Signorielli: “La audiencia está constituida siempre por un grupo de personas disponibles en un momento concreto del día, semana o estación. La elección de programas depende mucho más del reloj que del programa en sí. La cantidad y variedad de elección al alcance del espectador cuando éste está en disposición de ver un programa, también está limitada por el hecho de que muchos programas dirigidos a la misma audiencia general son similares tanto en apariencia como por su atractivo” (“La Televisión en la Sociedad”. 1986)
Hasta acá un pantallazo general de la estructura televisiva y de cómo ella incide en las relaciones sociales determinadas cada vez más por las mediatizaciones producto de la preponderancia de los medios de información. A esta característica propia de fines del siglo XX el filósofo francés Guy Ernest Debord ya la definía en 1967 bajo el concepto de “sociedad del espectáculo”, intelectual para quien las relaciones sociales dejan de ser mediatizadas por cosas y sustituidas cada vez más por las imágenes: “todo lo que una vez fue vivido directamente se ha convertido en una mera representación”. Esta condición, en que la vida real es suplantada por la imagen es para Debord “el momento histórico en el cual la mercancía completa su colonización de la vida social”.

Autor: Gastón
Publicado en: Libertad Nº 56, septiembre 2010 (Buenos Aires).

miércoles, 4 de agosto de 2010

¿Qué ha pasado con la fe en la revolución?


Nos guste o no, la Fe en la Revolución ha reculado enormemente en el mundo en relación a lo que ella fue en el pasado siglo. Particularmente entre las masas laboriosas que más sufren de la brutal explotación capitalista. Hasta el punto que los que continúan proclamándose hoy Revolucionarios lo hacen con un convencimiento tal que es difícil saber si lo hacen por fidelidad a un pasado nostálgico o por aparentar un determinado radicalismo. Y se puede decir aparentar porque, en ningún caso, sus conductas son la prueba de una praxis, de una acción real de demolición del orden capitalista imperante; pues, en el mejor de los casos, cuando tales proclamaciones no son demagógicas, de pura fachada, ellas expresan sólo los deseos de transmutar en realidades la retórica revolucionaria. Aunque en general se hacen para dejar constancia de que no se ha renunciado al ideal manumisor, de que no se ha sucumbido al encantamiento reformista.
La pérdida de la Fe en la Revolución es pues incontestable, y más que al espejismo del bienestar material alcanzado a través de las luchas reformistas o de la integración mayoritaria del proletariado a la ideología del consumismo capitalista, esa desafección parece provenir más bien del desencuentro de esa Fe con la realidad de la Revolución. O, por lo menos, de la realidad de la Revolución tal como, hasta hace poco, ésta había sido pensada e intentado realizar. Pues, querámoslo o no, tanto marxistas como anarquistas habíamos pensado y creído que la Revolución era, debía ser, una forma social igualitaria impuesta irremediablemente por la fuerza. De ahí la diferencia entre Revolución y Reformismo, entre los que se proclamaban “revolucionarios” y aquellos a los que se consideraba “reformistas” por querer avanzar más lentamente, ¡el viejo dilema entre el ahora y el mañana!, con el trasfondo de la necesaria violencia revolucionaria para vencer a la violencia del Capital y el Estado. La Fe en que la Revolución sólo sería posible con la victoria del Proletariado sobre el Capitalismo en esa guerra social, política y a veces militar, que la inconciliable disparidad de intereses mantiene abierta entre estas dos clases.
Es en tal disyuntiva histórica que marxistas y anarquistas coincidíamos en la misma Fe en y por la Revolución, sin darnos cuenta de que, en la denuncia del Reformismo, del posibilismo político y social, unos y otros nos contradecíamos: los marxistas por participar en el parlamentarismo y los anarquistas en el sindicalismo. Claro que tanto unos como otros creíamos resuelta tal contradicción con simplemente proclamarse revolucionarios. O con intentar, en determinadas situaciones, hechos insurrecciónales, y, cuando estos hechos les fueron favorables, con proclamar la Revolución: en Rusia en 1917 y en España en 1936.

Las causas

Pero hoy sabemos lo que nos deparó la historia después. Cómo y en qué han acabado las Revoluciones triunfantes, las que se impusieron por la fuerza y se erigieron luego en sistemas dictatoriales, cuando no descaradamente totalitarias. Y esto es así porque esas praxis, esas acciones que se pretendieron o que, en algunos pocos casos, se siguen pretendiendo ser una Revolución, no sólo no cambiaron la relación de sometimiento y explotación, en el seno de esas sociedades, sino que, además, se demostraron incapaces de autocrítica y, en consecuencia, incapaces de poder evitar el volverse ancien régime. Un siglo de Revoluciones triunfantes, habiendo pretendido todas, sin ninguna excepción, haber instaurado el socialismo, cuando no el comunismo, y acabado restaurando el capitalismo en beneficio de la burocracia transformada en nueva oligarquía. Y muchas de ellas, por no decir todas, tras haber impuesto el terror como forma de gobernar y controlar la población, una población convertida en asalariada del capitalismo de Estado.
Ante tal fracaso del ideal revolucionario confrontado con su praxis histórica, ¿cómo seguir teniendo Fe en la Revolución? Claro que se puede argüir, como explicación, el hecho que todas esas experiencias partían ya contaminadas con el virus del autoritarismo y el exclusivismo ideológico, de que todas ellas fueron comenzadas o acabaron protagonizadas por un Partido único, cuando no por un Caudillo. Y que, en tales condiciones, era inevitable que se acabara confiscando y sometiendo el impulso revolucionario de las masas a las ansias de poder del Caudillo o de la élite que pretendía y pretende encarnar la Revolución. Claro que es legítimo argüir esto, pues es evidente que esta orientación autoritaria, jerárquica, fue determinante para que todas esas experiencias revolucionarias no pudieran pasar del capitalismo de Estado al verdadero socialismo o comunismo con libertad. Como es igualmente evidente que, al considerar como única propiedad sagrada la del Estado, es el derecho de propiedad que se hace de nuevo central y la propiedad estatal se convierte en el paradigma de todos los derechos fundamentales. Y que en tales condiciones sea la clase que detenta el poder y gestiona el Estado la única en aprovecharse del valor que el trabajo del pueblo produce.
¿Cómo pensar pues que esta clase pueda tener interés alguno en renunciar a los privilegios adquiridos? Al contrario, ella hará todo lo que esté en su poder para evitar que el pueblo pueda conseguir la socialización de los medios de producción; pues es evidente que preferirá, como así ha sido, la reconstitución del orden burgués históricamente hegemónico. Y aquí está el principal fallo de la profecía marxista.
Ahora bien, que esto haya sido así porque el “modelo” revolucionario seguido fue el marxista, es sin duda cierto; pero eso no quiere decir que si se hubiera seguido el “modelo” anarquista, tanto en la etapa insurreccional como en la post insurreccional, los resultados habrían sido fundamentalmente diferentes. No sólo porque no es legítimo suponerlo y aún menos afirmarlo, sin experiencias históricas probatorias, sino porque, impuesta la Revolución anarquista también por la fuerza, se habrían creado inevitablemente las condiciones de la jerarquización de la lucha y de la gestión del triunfo revolucionario, como ya comenzó a verse en la incipiente y malograda “Revolución Española”.

Necesidad de reconsiderar

El problema es pues la Revolución concebida como un parto con fórceps, como el resultado de una lucha armada y un triunfo militar. La conquista de los Palacios de Invierno o la derrota del capitalismo por una huelga general revolucionaria, con el pueblo armado desarmando a la policía y al ejército.
Esos proyectos elaborados para construir el devenir de la historia, sueños de otro tiempo, que se han ido a dormir en los cajones de los que escriben la Historia, y de los que nadie o casi nadie se atreve hoy a mencionarlos siquiera. Y ello a pesar de que el capitalismo vuelve, cómo antes, a mostrar cínicamente sus entrañas, a presentarse como lo que realmente es: un sistema de explotación y dominación injusto, brutalmente injusto y absurdo, además de destructor del planeta. ¿Cómo pues no tomar en consideración esta inédita situación?
Por primera vez, en la historia de las luchas contra la explotación y la dominación, la alternativa no ha sido tan brutalmente evidente, tan clara y urgente: o salimos del capitalismo o seguiremos en la barbarie y avanzando hacia el abismo pues, con este sistema, además de la continuidad de la explotación y dominación capitalistas hay ahora el peligro de nuestra propia desaparición como especie. Y, sin embargo, es este modelo productivista y consumista el que siguen aplicando, en complicidad con las transnacionales capitalistas, hasta los que pretenden gobernar hoy en nombre del “socialismo”.
De ahí pues la necesidad y la urgencia de reaccionar antes que sea demasiado tarde para impedir que se realice tan terrible perspectiva, y, para ello, es necesario y urgente reconsiderar la idea misma de Revolución. No sólo para evitar nuevos fracasos sino también para hacer posible la multiplicidad de las resistencias y la creación de espacios comunes de libertad y creatividad. Algo que ya está a la obra, pues en estos espacios de resistencia y creatividad se encuentran ya anarquistas y marxistas denunciando los fracasos de esas Revoluciones que no quisieron o no supieron socializar los medios de producción y la fuerza de trabajo, que se quedaron en la sacralización del Estado y con ello contribuyeron a consolidar la ilusión, generadora de impotencia, de una supuesta efectividad global del poder capitalista.
Marxistas y anarquistas cuestionando la idea de la excepcionalidad del Estado como trascendencia de la sociedad, tanto en la base del poder actual del capital como en la del futuro poder revolucionario. No sólo por su inoperatividad probada sino también porque es una fórmula segura de generar sometimiento, derrotismo y pasividad. Y porque, además, el Estado y lo público son también formas de expropiación de la libertad y lo común; pues, sea privada o pública, la propiedad es y será enemiga de la libertad y lo común.

Transformar la obediencia en desobediencia

Ha costado comprenderlo y admitirlo; pero es obvio que, en tales condiciones, es mejor no tener Fe que tenerla. Y tanto más si ella es ciega e incondicional; sobre todo, tratándose de la Revolución. Esa Fe, obligatoriamente religiosa, que nos empuja a considerar como enemigos, y a oprimirles y hasta matarles, a todos aquellos que no piensan como nosotros. Esa Fe que se expresa en frases aparentemente inocuas y bellas, como “la magnificencia y sublimidad del compromiso revolucionario”; pero que pueden acabar traduciéndose en actos terribles. Y de ello hemos tenido demasiados ejemplos a lo largo de este siglo de Revoluciones triunfantes, y todas, absolutamente todas, finalmente desvirtuadas, fracasadas. Además, la revolución no debe ser un acto de Fe, ni siquiera para construir un paraíso terrenal. Y mucho menos si este paraíso debe surgir de un cataclismo.
Howard Zinn nos advertía: “¡Cuidado con tales momentos!” Y lo traigo a colación porque yo también considero que el cambio revolucionario, que la revolución debemos comenzarla ahora mismo, empezando por deshacernos de las relaciones autoritarias en cada instante y lugar de la vida cotidiana, rompiendo la lógica de la obediencia que el poder, toda forma de poder, tratará de imponernos.
Resistiéndole, practicando la desobediencia y dando el ejemplo de cómo deseamos vivir; pues son estas acciones, inclusive “las más pequeñas acciones de protesta en que participamos”, las que se convierten “en las raíces del cambio social”.
Es pues este desafío, radical y permanente al estado de cosas impuestas por el sistema dominante, el que prepara desde hoy el cambio revolucionario de mañana. Un cambio que no se anuncia con fanfarrias ni proclamas, y mucho menos con movilizaciones encuadradas por líderes y lemas. Un proceso que no es una creación ex nihilo sino de metamorfosis de la sociedad, que se hace presente en todas partes y en ninguna, impulsado por gentes con dignidad y coraje que defienden conscientemente sus formas propias de vida. Es la insurrección de las conciencias que afirman su voluntad de existir libremente, sin relaciones de obediencia o de mando, en la igualdad y la autonomía, y sin la cual la revolución no sería más que una
Utopía mesiánica y el revolucionario un acólito rezando incansablemente en las brumas teológicas de la Fe en la magia decisoria del Poder.

Autor: Octavio Alberola

Publicado en: El Libertario, Nº 59, junio-julio 2010, Caracas.

domingo, 25 de julio de 2010

El Error de junio: La comedia mediocre del leninismo cubano

A propósito de un artículo de Pedro Campos

(A Rafael Spósito, in memoriam)

“Libertad sin Socialismo es privilegio e injusticia; Socialismo sin Libertad es esclavitud y brutalidad.”
M. Bakunin

En el transcurso del presente mes (junio, 2010) han proliferado de manera significativa los artículos de «colaboración-crítica» desde el «dentro-contradictorio» y los llamados a la «cohesión revolucionaria» y al «diálogo sin sectarismos», así como las invitaciones en busca de consensos -entre las filas revolucionarias- hacia la impostergable transición al Socialismo en Cuba, en el contexto de un innegable ambiente tibiamente crítico que ha venido cobrando fuerzas al interior de ciertos sectores que aún mantienen una devoción confesa al gobierno de los hermanos Castro y a su partido único y excluyente.

Añejas acusaciones desde nuevas formulaciones

Llama extremadamente la atención que en estos momentos cruciales afloren viejos señalamientos recargados y reelaborados en nuevas enunciaciones para rotular, desde la crítica tímida y de reciente factura, los mismos puntos que, con cincuenta años de antelación y de manera mucho más contundente expusieron los libertarios desde la Asociación Libertaria de Cuba (ACL)1, a través de un manifiesto2 donde se denunció, a comienzos del año 1959, con autonomía de criterio e incuestionable lucidez, el creciente «centralismo estatal» camino de un «ordenamiento autoritario»; no sin antes recordar el papel protagónico de los anarquistas cubanos en la lucha contra la dictadura del presidente-General Fulgencio Batista. En el mismo documento, se acusa la estrategia obscena desarrollada por el Partido Comunista de Cuba (PCC), con miras a «recabar la hegemonía que […] durante la era de dominación batistiana […] gozaron». En igual tesitura, el Solidaridad Gastronómica del 15 de febrero de 1959, mediante otro Manifiesto a los Trabajadores y al Pueblo en general, advierte, ante las imposiciones verticales a favor de mantener en sus puestos dirigentes a toda la jauría de cuadros del PCC al servicio de la dictadura batistiana y de remover de las filas del proletariado a los orientadores anarcosindicalistas, que « […] Es imprescindible que sean los propios trabajadores quienes decidan la inhabilitación sindical de sus pasados dirigentes, pues de hacerlo de otra forma, sería caer en los mismos procedimientos que ayer […] combatiéramos»3. El editorial del 15 de marzo de 1959 de la misma publicación libertaria, condena sin tapujos «los procedimientos dictatoriales […] acuerdos y mandatos desde arriba que imponen medidas, quitan y ponen dirigentes.»
Asimismo, incrimina a los «elementos incondicionales […] en las asambleas, que sin ser miembros del organismo sindical, levantan el brazo a favor de una orden de los dirigentes.». Y, acto seguido, se describen algunas de las técnicas de intimidación puestas en práctica para alcanzar la hegemonía: « […] se llenan las salas asamblearias de milicianos armados que constituyen una flagrante coacción, no se respetan los preceptos reglamentarios […] se llega a cualquier tipo de procedimiento para mantener el control de los sindicatos.»4
Desde luego, como bien reza el refrán «nunca es tarde si la crítica (dicha) es buena» pero lo cierto es que no sólo llegan tarde sino son poco “dichosos” los planteamientos desde donde parte esta corriente de críticos timoratos que lanza llamados de auxilio en clave Morse digitalizada. Es curioso que ahora se repitan las críticas de antaño y que además se acepte a plena luz que «Esta nociva práctica sectaria continúa hasta nuestros días» y se afirme que «En Cuba, hoy, se aprecia con total nitidez el carácter reaccionario del sectarismo en esas acciones que crean divisiones, resentimientos y obstaculizan el avance socialista. », sin embargo, se elude reconocer que estos mismos señalamientos fueron expuestos en los propios albores del proceso revolucionario desde una crítica decididamente comprometida con el Socialismo y la Libertad. También se evita examinar a profundidad el meollo del conflicto.
Como acertadamente señala el compañero Ramón García Guerra «La cuestión exige problematizar a fondo las consecuencias de las políticas. Exigiría, además, definir a quiénes éstas benefician y a quiénes perjudican […] La crítica actual especula con el malestar popular mientras apela al sentido común. Saben que los estados de incertidumbre hacen infelices a las gentes. Como una solución al dilema, ahora nos ofrecen una vuelta a los momentos en que todo parecía funcionar bien en la sociedad (curiosamente la solución llega de aquellos que imaginan obtener ciertas ventajas con el retorno al pasado). La reacción opuesta sería fomentar el inmovilismo ante las exigencias de cambio en la sociedad. Significa esta política otra manera de especular con el sentido común. Entonces se apela a los miedos. Somos al final rehenes de sueños y miedos colectivos que impiden imaginar otras realidades sociales posibles. Entonces, la crítica que hacemos busca convertir el malestar en conciencia que facilite el cambio […]»5
Del mismo modo se plantea la defensa de una alternativa que esbozan a manera de «visión», misma que no pretenden imponer a nadie «sino divulgarla, debatirla y buscar la manera de que forme parte de las soluciones; pero sectariamente se rechazan su discusión y difusión en los medios masivos oficiales»6, ignorando que desde los primeros pasos de la Revolución fue puesto a consideración de la sociedad cubana un entramado de cuestionamientos y alternativas de calado mucho más profundo y no sólo fue rechazado sino aplastado con lujo de violencia y ensañamiento.
Quizá, esta “ignorancia” responda a esos “miedos colectivos que impiden imaginar otras realidades sociales posibles” que nos imprime García Guerra.
Claro que no es necesario tener conocimiento previo de cuántas iniciativas se intentaron en el pasado para emprender nuevas alternativas socialistas frente a la barbarie reaccionaria del sectarismo que aún perdura después de cincuenta y un años de absoluta hegemonía. Sin embargo, sí consideramos requisito de vital importancia el estudio escrupuloso de la historia del movimiento social-revolucionario, no sólo cubano sino del movimiento socialrevolucionario internacional, para no repetir errores o sucumbir ante los mismos peligros y/o desviaciones.
Sería muy lamentable que esta preocupación genuina de los libertarios cubanos, se transfigure de nueva cuenta en etéreos recursos polémicos y se nos vuelva a diagnosticar «ansias de protagonismo escénico », «comportamientos políticos arribistas » e «inclinación a la rentabilización política»7, haciendo gala de cierta perversidad congénita y/o de un analfabetismo ideológico crónico.

Identificando a los emisarios y ubicando el domicilio remitente

Al comienzo de este texto llamaba la atención sobre la proliferación –acrecentada de forma particular durante el presente mes de junio (2009)- de artículos, propuestas, ataques y respuestas, confeccionadas desde la “colaboración-crítica” y el “dentro-contradictorio”, de la mano de reiterados llamados a la “cohesión revolucionaria” y al “diálogo sin sectarismos” hacia la impostergable transición al Socialismo en Cuba.8
Cabe señalar que en este sinnúmero de “mensajes” (más allá de las firmas y/o el anonimato) se localizan de manera puntual dos emisarios, con agendas políticas contrapuestas pese a ciertas analogías del discurso y la similitud de objetivos.
Se detecta, a primera vista, la presencia de dos fracciones en pugna con idéntico domicilio remitente:
1.- La vanguardia histórica del Partido Comunista Cubano, de claro corte stalinista, mayoritaria y octogenaria; en funciones públicas de alto nivel y/o en reserva bajo el “plan pijama” y, 2.- El impulso reformista de una nueva generación de militantes del Partido Comunista Cubano y de cuadros cercanos a esta institución, de inspiración trotskista, minoritaria, que oscila entre los 40 y 60 años de edad, miembros de nivel medio o medio-bajo de la élite gobernante cubana9.
También hay que ubicar en las proximidades de esta tendencia a un grupo de intelectuales mucho más heterodoxo que comulga con un amplio abanico de doctrinas políticas, en los límites de la socialdemocracia sueca y el “comunismo” italiano de Refundación, pasando por la Izquierda Unida española y aterrizando en el “socialismo” bolivariano del Siglo XXI de manufactura chavista.
Si bien es cierto, como señala el compañero Armando Chaguaceda, que esta primera fuerza prefiere la opción, actualmente en curso, de «la hibridación de comunismo cuartelario y políticas capitalistas (en sus versiones estatal y neoliberal)10», más en la tónica de las reformas “C o c a”11 implementadas por el presidente-General.
El segundo grupo, opta por la Quinta Internacional Socialista Participativa y propone como “solución” las Propuestas Programáticas para un Socialismo Participativo y Democrático (SPD), «presentadas desde dentro de la revolución y el Partido Comunista»12.
Desde luego, si fuéramos a optar por el mal menor, sin el más mínimo cuestionamiento, nos adheriríamos a esta fracción.
Pero ese no es el caso. Aunque sabemos de antemano que es factible entablar un debate (y hasta un diálogo) con los representantes de esta corriente reformista -de hecho desde hace algunos años mantenemos una polémica abierta que, además, me atrevería a calificar de fraterna, dependiendo más de la personalidad del interlocutor que de las ideas que profesa-, reconocemos gruesas contradicciones en sus planteamientos que, inevitablemente, generan reticencias.
Aún así -insisto- registramos una abismal diferencia entre estos portavoces del SPD, cargados de buenas intenciones, sin lugar dudas y, los abueletes cuartelarios. A esta corriente reformista no se les puede imputar un solo asesinato, una delación, una condena, una golpiza, una traición; en cambio, los stalinistas cuartelarios han sido los protagonistas directos de cuanta infamia se ha cometido en Cuba durante los últimos 77 años. Sin embargo, vemos con asombro cómo se alistan -tal vez de manera involuntaria, por inercia o por miedo- a repetir los mismos “errores” que en el pasado cometiera su casa matriz.

Descifrando los mensajes

Tan sólo reparemos en esta frase de Campos13, para ahondar someramente en estas reticencias que comentaba con anterioridad: « […] más que nunca es necesaria la cohesión entre las filas revolucionarias, sin que por ello cese la lucha de ideas en su seno por hacer avanzar el socialismo» (el subrayado es nuestro). E inmediatamente, dos párrafos más abajo, afirma: « […]Los enemigos del diálogo, del intercambio y el entendimiento; los partidarios de agudizar las contradicciones, siempre se opondrán a este tipo de movimientos y buscarán torpedearlos para más encono y agravamiento de las tensiones», equiparando a “los partidarios de agudizar las contradicciones” -es decir, a los revolucionarios sociales conscientes de su rol- con “enemigos del diálogo, del intercambio y el entendimiento”.
Cualquier análisis medianamente racional nos lleva a concluir que estamos frente a una gigantesca incongruencia y nos exige cuestionarle a Campos semejante maroma dialéctica, por lo menos mediante la formulación de un par de interrogantes: a.- ¿Cómo pretende “la cohesión entre las filas revolucionarias, sin que por ello cese la lucha de ideas en su seno por hacer avanzar el socialismo” sin agudizar las contradicciones ni agravar las tensiones propias de la lucha entre excluidos e incluidos? b.- ¿Con quién procura dialogar y alcanzar un entendimiento sin agudizar las contradicciones ni agravar las tensiones?
En el mismo texto señala, a modo de punteo preciso, que: «Hace tiempo se viene insistiendo en la necesidad de acabar de establecer el nuevo consenso sobre la sociedad en que el pueblo cubano desea vivir, la cual no puede ser impuesta, sino resultante del intercambio entre todos los revolucionarios y con todos los cubanos honestamente interesados en el bienestar de la nación […] Cuba debe cambiar en muchos aspectos y muchas modificaciones habrán de hacerse para perfeccionar el sistema político a fin de lograr una verdadera democracia participativa y decisoria, como demanda una sociedad que pretenda construir el paradigma socialista nunca alcanzado […] El pueblo cubano vive decenios de inseguridad, sometido a infinidad de indefiniciones y multitud de regulaciones de todo tipo impuestas por los distintos niveles de la burocracia, que obstaculizan la vida del cubano común, sin saber cuál va a ser el rumbo que seguirá el gobierno, sin poder hacer planes a mediano y largo plazo, dependiendo de cambiantes coyunturas y decisiones de las que no participa […] Si no se asume, con todas sus consecuencias que el sistema burocrático de propiedad estatal, trabajo asalariado y centralización de las decisiones y el excedente, heredado del estalinismo ya fracasó y por tanto debe ser cambiado, no simplemente actualizado, el único avance garantizado es… hacia el hundimiento. Lo demás, como postergar indefinidamente el VI Congreso, no informar públicamente los planteamientos del pueblo, no realizar una discusión en el seno revolucionario y otros movimientos, sólo pueden ser interpretados como la intención de ganar “tiempo”, a la espera de que un milagro reviva el “modelo”...de desastre. Se socializa y democratiza el sistema o se derrumba.
Ya muchos revolucionarios cubanos han expuesto ideas al respecto. Y no culpen luego al imperialismo. El burocratismo, y muy especialmente el sectarismo dogmático predominante en las esferas de la dirección del partido y el gobierno, están impidiendo el diálogo sincero y comprometido en el seno revolucionario […] En Cuba, hoy, se aprecia con total nitidez el carácter reaccionario del sectarismo en esas acciones que crean divisiones, resentimientos y obstaculizan el avance socialista. […]». Y, sin embargo, concluye: «[…] Algunos quieren que abandonemos la política de colaboración-crítica con el gobierno-partido y asumamos el enfrentamiento. No voy a calificar sus intenciones y métodos gastados, cada cual sabrá sus razones, pero no vamos a prestarnos a campañitas que puedan siquiera parecer fuera de la Revolución o contra ella. Todo cuanto hagamos será siempre desde el dentro-contradictorio. En lo personal, con ella y a partir de ella, moriré o viviré […]».
De más está aclarar que no tengo motivos para dudar que Campos en realidad desea que el cubano de a pié se apropie enteramente de su destino y participe democráticamente del debate para “establecer el nuevo consenso sobre la sociedad en que el pueblo cubano desea vivir”, mismo que no puede ser impuesto “sino resultante del intercambio entre todos los revolucionarios y con todos los cubanos honestamente interesados” en un cambio de forma y de fondo.
Lo que despierta mis suspicacias es que, no obstante (después de haber llegado hasta aquí), Campos termina sumido en una proposición insostenible; porque toda posibilidad de que la gente cubana haga suyos los conflictos en curso y decida, libre y autónomamente, la sociedad en la que quieren vivir, transcurre inexorablemente por el abandono de la política de colaboración con el régimen y la superación del gobierno-partido. Acciones que presuponen la necesidad de emancipación socio-humana para el pleno disfrute de la Libertad. Esa Libertad que no se agota en las libertades burguesas que donairosamente reconoce la Declaración Universal de Derechos Humanos ni cabe en las estrechas urnas de ningún circo electoral sino que solamente se concreta con la capacidad individual y colectiva de decidir la propia vida, libre y autónomamente, sin relación de dominación alguna que la coopte. Y ello, obviamente, nada tiene que ver con prestarnos a “campañitas” contrarrevolucionarias como insinúa Campos.14
Esto, sin que me quepa un ápice de duda, lo sabe perfectamente la corriente que integra Campos. Tal vez, al final del camino, todo pueda reducirse al inconveniente de las disparidades en los tiempos de maduración ideológica. Pero lo definitorio al respecto aún está por decirse.

Localizando el (o los) destinatario(s)

En términos genéricos, pueden identificarse dos destinatarios a quienes van dirigidos estos mensajes, sin que importe demasiado reparar en distinciones sobre el “color” de la fracción que los emite.
Ambas caras del Partido dirigen sus SOS en dos sentidos, unos hacia el exterior y otros de carácter endógeno: En el exterior, los destinatarios son sus pares en busca de apoyo estratégico.
Necesitan armas y parque (aunque sean teórico-ideológicas) que les auxilie para librar esta guerra fratricida en que se enfrentan. Alzarse con el Poder del partido, depende de ello. Lo que no distinguen estos contrincantes es la inutilidad de semejante lucha. El Partido Comunista Cubano es un inmenso elefante blanco varado en una piscina. Por mucho que chapotee está destinado a ahogarse, ya sea si se aferra a continuar nadando hacia ningún lugar o si decide beberse toda el agua que le oprime. La fuerza y la utilidad del Partido radicaban en la enorme (y desaparecida) potencia imperialista que les avalaba.
El oro de Moscú les permitió mantener todos los puestos que ostentaban con Batista y comprar cuantos ministerios, direcciones y grados militares, consideraran necesarios para asegurarse la supervivencia y el control hegemónico. Las toneladas de armas y los millones de barriles de petróleo a cambio de azúcar y carne de cañón en operaciones militares, aseguraban la prosperidad del confortable virreinato
“socialista” en plena “guerra fría”.
No es por casualidad que Abraham Grobart (Fabio), uno de los más fieles servidores del Komintern en la Isla, le ofreciera el Secretariado General del Partido (Primer Secretario) al “compañero” Fidel en 1975, durante el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. De no haber tenido tanto que ofrecer jamás hubiesen sobrevivido a una revolución burguesa de claro carácter nacionalista, mucho más próxima (ideológicamente hablando) a los postulados nacionalsocialistas italianos y al populismo revolucionario de Perón, que a los legados marxistas. Desde luego, el pragmatismo leninista les llevaría a bucear en la historia y justificar la paternidad común (Georges Sorel) de ambas ideologías (fascistas y leninistas).
En el interior, los mensajes tienen un único destinatario: el presidente-General.
Ambas fracciones coinciden en la búsqueda de reconocimiento y se ofrecen como “gestores” proponiéndose como vehículo de salvación ante la inminente implosión.
Unos pretenden venderle “lo bueno por conocer” y los otros -desde sus roídas pijamas o en los puestos de confianza- procuran continuar brindándole “lo malo conocido”; producto probado y calado que le ha permitido la perpetuidad en el Poder a los provectos hermanitos por más de medio siglo. En resumen, lo único que parece unificar a las fracciones del Partido es la búsqueda de reconocimiento y la continuidad en Poder, para ello se prestan a auxiliar al presidente-General. Tanto los representantes del SPD como los defensores a ultranza del stalinismo cuartelario se aprestan a tender la mano con la mascarilla de oxígeno que reanime el régimen: El oportunismo es inherente al leninismo.
El viejo Marx tenía razón cuando sostuvo que la historia, en caso de repetirse, regresaba en forma de comedia aquello que alguna vez fuese tragedia.
Indudablemente, los leninistas cubanos ya tienen lista para escena una comedia mediocre y aspiran ha realizar su segunda representación. Una vez más se disponen a traicionar al movimiento social revolucionario, al conjunto de los trabajadores y al pueblo en general, sólo que en esta ocasión el calendario se adelantó dos meses.

El panorama pese a todo alienta

Estas fueron las palabras, cargadas de ánimo y optimismo, con que concluía aquel editorial de Solidaridad Gastronómica de enero de 1959, que mencioné al comienzo de este texto, donde se acusaba el «centralismo estatal» y el evidente «ordenamiento autoritario» que empezaba a tomar cuerpo bajo la dirección de los hermanos Castro con el auspicio de los stalinistas cuartelarios. Cincuenta y un años más tarde estas palabras pueden volver a cobrar significado, si y sólo si, se alcanza la “cohesión”15 de todas las filas revolucionarias más heterodoxas y se concreta el “diálogo sin sectarismos” no con los jerarcas del régimen sino entre los socialistas anti-autoritarios en busca de alternativas al capitalismo; si y sólo si, se logra el consenso entre TODOS los luchadores incansables por la impostergable transición al Socialismo en Cuba.
Bakunin, estuvo tempranamente en condiciones de otear los desvíos y deformaciones que sobrevendrían si no compaginábamos adecuadamente las porciones de Socialismo y Libertad. Aquella sentencia lúcida que enunciaba que “Libertad sin Socialismo es privilegio e injusticia; Socialismo sin Libertad es esclavitud y brutalidad”, adquiere gran pertinencia después de conocer en carne propia los estragos del leninismo bajo el capitalismo de Estado de los regímenes cínicamente bautizados bajo el eufemismo de “socialismo realmente existente”.
Jamás lograremos “el paradigma socialista nunca alcanzado”, con abstracciones y malabares dialécticos o, acomodos semánticos y declaraciones bien intencionadas.
Si realmente deseamos construir una verdadera democracia directa, autogestionaria, participativa y decisoria, fundada en el Socialismo y la Libertad, debemos atender a exigencias políticas bien delimitadas, que no pueden conducirnos a otro derrotero que no sea el cese de la amenaza represiva institucionalizada.
Dicho de otra forma: si realmente queremos extender la democracia directa e incitar a la participación popular, no hay otra alternativa que la instauración de un amplio régimen de libertades edificado sobre el consenso popular y la cohesión de las fuerzas motrices del socialismo antiautoritario.
Esto está en nuestras manos y no en las del presidente-General o cualquier otro jerarca reaccionario. Y sólo será posible mediante la abolición de las prohibiciones sociales y la derogación de las leyes y decretos represivos; a través del reconocimiento y respeto de las libertades individuales y colectivas (libertad de reunión, de expresión y movimiento); suscitando la autogestión de las colectividades obreras y campesinas; promoviendo la libertad sindical y la autonomía de los sindicatos, federaciones y confederaciones obreras y campesinas; rechazando toda exclusión -queremos una Cuba, diversa y múltiple, donde quepan muchas Cubas- y, construyendo una nueva sociedad sin oprimido s ni explotados, basada en la Libertad, la Igualdad, la Solidaridad, el Apoyo Mutuo y el respeto a la ecología, a la biodiversidad y el amor a la Tierra.
Como propone el Movimiento Libertario Cubano (MLC), en los “Seis Puntos Básicos de Consenso para un Cambio Social”, sugeridos a modo de “agenda mínima de convergencia” tendiente a un cambio social hacia el Socialismo en Cuba y “con el objetivo de consolidar discernimientos y estrechar la coordinación antiautoritaria, dentro y fuera de Cuba”, en aras del fortalecimiento del creciente movimiento socialista participativo y libertario.
Como afirmara, con esa sagacidad que le caracterizaba, nuestro entrañable Spósito: «No hay ni puede haber en esto operaciones fantásticas y una vez más habrá que repetir lo tantas veces dicho: una creación social libertaria y socialista no puede concebirse como el resultado espontáneo de una nebulosa legalidad histórica ni como un designio caudillista ni como una operación de ingeniería bajo la forma de la planificación central ni como la automática derivación del desarrollo tecnológico ni como una casualidad ni como un advenimiento mágico; una sociedad libertaria y socialista, en Cuba como en cualquier otra parte, ahora tanto como en cualquier otro momento, sólo puede ser el fruto de una profunda decisión autonómica y de una interminable sucesión de luchas y de gestos que se forman en los pliegues de la conciencia colectiva. O también, para decirlo en forma más sencilla, en Cuba habrá autogestión y por ende socialismo, sólo si lo quiere y lo decide la gente y no porque así lo disponga generosamente alguna resolución desde las alturas […]».16
Mientras tanto, no habrá participación popular ni democracia directa, mucho menos arribaremos al paradigma social nunca alcanzado, porque éste no ha de consumarse por obra y gracia de las buenas voluntades de la corriente de intenciones que integra Campos. En su defecto, tendremos “más de lo mismo” y continuaremos anclados en la patética espera de los designios de Cronos. En el transcurso habrá que soportar los dictados desde la cámara hiperbárica de las “reflexiones del Coma Andante” per saecula saeculorum y las especulaciones cotidianas en torno a las tan anunciadas reformas del presidente- General. Ojala mañana no tengan que arrepentirse los portavoces del “error de junio”.

Por el Socialismo y la Libertad.

San Luís Potosí, México,
25 de junio de 2010.
Autor: Gustavo Rodríguez
Publicado en: Cuba libertaria
Notas:

1. revolucionario de 1920 a 1940, agrupados dentro de la Federación de Grupos Anarquistas de Cuba
(FGAC) y Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), acordaron celebrar una asamblea a comienzos de la década de los 40 con el propósito de reagrupar en una sola organización el esfuerzo libertario, disolviéndose ambos organismos (FGAC y SIA), con el fin de constituir un nuevo agrupamiento denominado Asociación Libertaria de Cuba. (ALC). Cfr. Fernández, Frank, El anarquismo en Cuba, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid 2000, Pág. 73. A mediados del año 1960 los militantes de la ALC fueron encarcelados o exilados. Ex miembros de esta asociación constituirían en el exilio, en el año de 1961, en la ciudad de Nueva York, el actual
Movimiento Libertario Cubano (MLC).
2. Vid. Solidaridad Gastronómica, Año X. Número 1, La Habana, Enero 15, 1959, pp. 6-7.
3. Firmado por el Secretariado de Asuntos Sindicales de la ALC, con fecha 18 de enero de 1959 y, publicado en Solidaridad Gastronómica del 15 de febrero de 1959. Cfr. Solidaridad Gastronómica, Año X. Número 2, La Habana,
Febrero 15, 1959, pp. 7 y 11.
4. Vid. “Hacia dónde va el movimiento obrero”, Solidaridad Gastronómica, Año X. Número 3, La Habana, Marzo 15, 1959, Pág. 2.
5. Ramón García Guerra en ”Contra el silencio de la flecha”, disponible en http://www.kaosenlared.net/ noticia/por-verdadero-socialismo-cuba
6. Pedro Campos en “Cuba. Diálogo sin sectarismos: necesario para la cohesión revolucinaria”, disponible en http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-dialogo-sin-sectarismos-necesario-para-cohesion-revolucionaria
7. Roberto Cobas en “Cuba y el compromiso con su proyecto socialista más allá del anarquismo de la polémica” en http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=39087
8. Vale aclarar que, con el objetivo de facilitar su estudio, he integrado en un mismo paquete artículos de análisis y virulentos ataques anónimos, bajo orden cronológico como único criterio de unidad, con la finalidad de resaltar el incremento de estos “intercambios” en el transcurso de este mes.
9. Para corroborar esta afirmación sólo hay que reparar en los puestos ocupados por algunos de sus más destacados exponentes (más allá de que hayan o no “caído en desgracia” en algún momento de sus carreras) : Pedro Campos ocupó cargos diplomáticos y también fue Investigador Jefe de Proyecto en el Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana; Roberto Cobas fue especialista del Instituto de Investigaciones del Transporte; Soledad Cruz fue embajadora cubana ante la UNESCO; la difunta Celia Hart fue directora del Museo “Abel Santamaría”, entre otros.
10. Chaguaceda Armando, La Campana vibrante. Intelectuales, esfera pública y poder en Cuba: balance y perspectivas de un trienio (2007-2010), Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, Universidad Veracruzana,
Xalapa, Veracruz, Abril 2010, Pág.41.
11. Co:Cosméticas hacia dentro y Ca: Capitalistas hacia fuera.
12. Campos Pedro, Op cit.
13. Ibíd.
14. Id.
15. No la “unidad” aparente que esconde la subordinación a un pensamiento único y hegemonizador,
como atinadamente subraya Pedro Campos.
16. Spósito Rafael (Daniel Barret), De Fidel a Raúl: La Cuba de los Politi-Castros, Montevideo, 2009, Pág.170. De su libro en preparación “Cuba: El dolor de ya no ser.