Se ha producido un error en este gadget.

Total de páginas visitadas

jueves, 15 de diciembre de 2011

Anarcocapitalismo



Hace unos cuántos días, el 4 de noviembre, la presidente de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se dio el gusto de chucear desde las alturas del G20 al anarcocapitalismo, diciendo que la crisis global de la actualidad se debe a un mercado financiero sin control de los Estados. Dijo: "Lo que estoy proponiendo es volver al capitalismo en serio, porque esto que estamos viviendo, señores, no es capitalismo. Esto es un anarco-capitalismo financiero total, donde nadie controla a nadie"[1].

En una sola movida, le mojó la oreja a distintos sectores del liberalismo actual y, de paso, al anarquismo. Hay que decir que la operación pudo haber sido efectiva. Muchos se ofendieron, y muchos, posiblemente, se hayan sentido protegidos por el afianzamiento de la figura social del Estado protector que la presidente vocea por derecha y por izquierda. Por otra parte, logró promocionar su discurso con el impacto que garantiza hablar de anarquía en tiempos de crisis. Pero lo que me resulta muy interesante es que una manipulación como la que ella despliega implica dos cosas: la presencia de un liberalismo antagónico al que ella defiende y la creciente aceptación que cierta simbología anarquista está teniendo en las sociedades occidentales. Para que un pez muerda el anzuelo es necesario que haya un pez.

El juego a varias bandas que tiene una frase como esta desde el punto de vista discursivo es, en mi opinión, brillante. Perverso, sí, pero brillante. Porque habilita un mar de contradicciones ajenas a su posición, algo así como una bomba de humo que distrae, a un tiempo, a más de un opositor a su política estatista. Uno de los puntos más interesantes es darle entidad a esa ridícula figura que es el anarcocapitalismo. En tiempos en los que tanto el Estado como el capitalismo están siendo cuestionados por mucha gente, arteramente identifica a quienes luchan en contra del Estado con quienes defienden el sistema financiero. En otras palabras, afila la tenaza que dice que oponerse a una estructura política implica defender otra peor, eterno reduccionismo a dos con el que se polariza lo posible para fortalecer una elección menosmalista.

Pero, en cualquier caso, es cierto que hay un interlocutor para la estupidez que dijo. Un interlocutor que no lo es por ser tan estúpido como su frase, sino por confundir los fines con los medios. En otras palabras, ¿qué es lo que habilita a que se hable de anarcocapitalismo y por qué puede asociarse a la situación actual? ¿Por qué hay un pez para su anzuelo?

La economía como disciplina pretendidamente científica, nace de la mano (huevo o gallina) de los discursos liberales de fines del siglo XVIII. De su matriz fundacional surge la oposición proudhoniana y luego la marxista. En términos económicos, las diferencias entre aquellas corrientes son muchas. Sin embargo, las diferencias que se han vuelto más significativas en los siglos XIX y XX, no son estrictamente económicas, al menos no en el sentido de la descripción de los fenómenos económicos. Lo más importante ha sido la afirmación de posiciones antagónicas en la fundación del sentido mismo de la economía. Son, en su basamento, diferencias sociales. La discusión consiste en quién se beneficia con un modelo u otro y, lo más importante, cuáles son las causas, las consecuencias y la legitimidad de la propiedad privada en la organización social.

Para ponernos en contexto, hagamos un brevísimo repaso. Los economistas liberales sostenían que la intervención del Estado en la economía era la principal fuente de los desarreglos que la economía pudiera tener. Proudhon[2] vino a decir que el problema no se reducía a la intervención estatal, que de por sí era dañina, sino que estaba en la estructura misma del sistema de producción y distribución de la riqueza social. Marx, de la mano de Proudhon, dijo también que el problema estaba en la estructura del sistema de producción, pero que era necesario un Estado que representara los intereses del proletariado para transformarlo. El eje de la proposición de Marx era político, no económico. Tanto él como Proudhon partían de la base de que era la economía la que determinaba no solamente a la política, sino a toda la organización social. Y ambos coincidían en indagar las posibilidades de la organización social y política en contra de las que regulaban aquél mundo para transformar las condiciones económicas. En otras palabras, nacía la búsqueda de formas colectivas de confrontación contra los poderes constituidos en función de un sistema económico socialmente injusto.

Proudhon advirtió que el Estado era garante de las injustas condiciones económicas basadas en la propiedad privada de la tierra, y que esta condición determinaba la desposesión de los trabajadores de los medios de producción. La propiedad de la tierra y de sus productos a través de la renta, constituía el núcleo fundacional del robo que los propietarios ejercían en contra de la sociedad en su conjunto (especialmente en detrimento del proletariado), y el Estado era la pieza clave que garantizaba semejante abuso. Así es como nace, de su cuño, la anarquía como figura política, aún cuando no fue Proudhon quien llevara esta figura al grado de intensidad, complejidad y desarrollo que ha llegado a tener.

Lo que se vuelve fundamental de todo esto es que la idea de la abolición del Estado, idea que constituye el suelo común a todas las distintas formas del pensamiento anarquista, nace de la convicción acerca de que el Estado es garante de un orden social injusto, siendo ese orden, y no el Estado en sí, lo que estaba en cuestión. El anarquismo nace y se desarrolla como una corriente polítco-social en contra de un orden social injusto que, a través de la apropiación privada de la riqueza social, y del Estado en tanto gendarme de tal apropiación, condena a una parte de la población a condiciones de vida precarias frente a otra parte de la población que hace uso de esas condiciones para enriquecerse.

Sin embargo, hay quienes, confundiendo los fines con los medios, han querido creer que la búsqueda del anarquismo es únicamente destruir al Estado, a tal punto que basta con proponer la abolición del Estado para que la palabra anarquismo aparezca inmediatamente. Lo que se pasa de largo en esta cuestión es que el liberalismo también ha criticado desde sus comienzos (y antes de que existiera el anarquismo) la figura del Estado. Precisamente, la oposición que sostuvo Proudhon frente a los economistas liberales no tenía tanto que ver con el rechazo a las instituciones del Estado, sino con el régimen de la propiedad.

Claro que la idea liberal nunca fue la abolición del Estado, sino su reducción a un mínimo capaz de garantizar el “orden social”. Este orden social liberal puede reducirse a una sola gran piedra filosofal: la garantía de la propiedad privada. En este punto, Proudhon sentó las bases de una posición claramente radical que propone una organización social sin la existencia de un Estado regulador, por mínimo que sea.

En el esquema reducido que planteo aquí, bastará con mencionar la aparición de nuevas corrientes del pensamiento liberal que, hacia fines del siglo XIX y principalmente en el siglo XX, logran producir transformaciones ideológicas y metodológicas en la “ciencia” económica. Estas corrientes habrán de abastecer de ideas y figuras relevantes para el desarrollo del capitalismo tal como lo conocemos. No obstante, y más allá del mar de diferencias que distinguen a unas de otras, se mantiene invariante la aprobación de dos instituciones sociales fundamentales para el capitalismo contemporáneo: la propiedad privada y el libre mercado. Claro que no son menores los matices. Lo que hoy observamos como antagonismos casi radicales en el seno de las confrontaciones económicas mundiales emergen, precisamente, de esos matices. Las tensiones resultan, principalmente, del modo y el grado en que se admite, según los distintos sectores del mainstream económico mundial, la intervención del Estado.

Así es como hay quienes promueven un régimen de intervención estatal que impulse y active ciertas condiciones económicas, mientras que hay otros sectores que promueven una intervención mucho más moderada. A nadie se le ocurre, en este contexto, que pueda subsistir el capitalismo sin algún grado de intervención estatal.

A quienes sí se les ocurre que puede subsistir el capitalismo sin la existencia del Estado, también se les ha ocurrido que podían nombrar su propia construcción como “anarcocapitalismo”. ¿Por qué? Sencillamente porque consideran que la abolición del Estado es toda la significación que el anarquismo puede tener. Es una suerte de arrogancia rebeldona frente a un sistema aún fuertemente estatizado de organización social.

La base de su proposición es la radicalización de un sistema de libre mercado capaz de regular por sí mismo la actividad económica. Se parte de la base de que el interés individual y la propiedad privada pueden lograr en sí mismos una coordinación económica óptima, si es que se respetan las más absolutas condiciones de un mercado libre. Claro que alguna clase de desorden intelectual hace que se olvide el detalle no menor de que la abolición del guardián estaba destinada a la abolición del crimen.

En estos términos, desaparece la idea misma de explotación, no existe el plusvalor, ni existen las condicionantes sociales que anulan cualquier concepción posible de contrato en igualdad de condiciones entre un desposeído y un propietario (lo cual implica que eso que nombran mercado libre es inexistente). El eje de la actividad económica, según esta corriente, está ubicado en la empresa. No en el trabajador, no en el consumidor, ni mucho menos en la doble función de productor-consumidor, sino, lisa y llanamente, en el empresario, que se convierte en una especie de aventurero cuya creatividad, ambición y esfuerzo movilizan a la economía. Es el beneficio personal motorizado por la propiedad, y no el apoyo mutuo, quien habrá de garantizar la justicia económica. ¿Por qué? Porque la idea de justicia no está ligada a la idea de igualdad, sino a la correspondencia entre la capacidad y el esfuerzo, por un lado, y el beneficio en forma de riqueza, por el otro (suponiendo, claro está, que todos partimos en igualdad de condiciones, lo cual es una fantasía rayana en la locura). El empobrecimiento mundial, siguiendo estos criterios, no está relacionado con el sistema económico, sino con las deficiencias intrínsecas del Estado a la hora de intervenir en el Mercado.

Claro que todas estas ideas no las formuló ningún “anarcocapitalista”. Antes bien, son ideas elaboradas en el corazón mismo del liberalismo más radical (algunos dirían rabioso) que existió quizás alguna vez. Metodológica e ideológicamente se referencian en autores como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek (por nombrar dos referencias destacables) que, a las claras, no hubieran aceptado ser nombrados anarquistas si eso pudiera tener algo que ver con Proudhon, Bakunin o Kropotkin, ni siquiera con Stirner.

El punto aquí es que la economía no es simplemente la descripción de los fenómenos económicos, sino también la prescripción de funciones económicas ligadas a distintas formas de concebir la sociedad. En ambas cosas el anarquismo se opone de forma radical al capitalismo, y, al menos en términos prescriptivos, a cualquier sistema económico que establezca la desigualdad por norma. Por otra parte, el capitalismo es, muy precisamente, no solamente uno de los sistemas económicos que legitiman, admiten y reproducen las desigualdades sociales, sino el que más importa hoy porque estamos aquí, habitando este infierno capitalista que se nos ofrece, desde la academia y la gubernamentalidad liberal, como la única alternativa a la planificación central del Estado.

Es notorio que la planificación central y la economía estatal, concebidas a la usanza del socialismo marxista, establecen no un régimen igualitario, sino igualizante. La diferencia es abismal. Desde el punto de vista comunista anárquico, no se trata de promover una sociedad donde todo el mundo reciba lo mismo, sino de promover una sociedad en la que todo el mundo acceda a lo que necesita. Y, claro está, esa necesidad no puede estar determinada por una estructura burocrática a distancia de toda subjetividad, sino por la organización colectiva de la población a través de unidades de producción, distribución y consumo.

De modo que la oposición entre el individualismo liberal capitalista y el socialismo dictatorial colectivista, es una falacia que solamente resulta útil para la conservación de los regímenes gubernamentales de expoliación y de explotación social. Sirvió en la unión Soviética para justificarse a sí misma, como posiblemente sirva todavía en Cuba o en Corea del Norte, y sirve también en todo el mundo capitalista que solemos nombrar occidente, aunque este occidente llegue hasta Japón y, en cierta medida, hasta la mismísima China. El propósito es siempre el mismo: la negación de la negación afirma la tesis.

Suponiendo alguna clase de buena voluntad en sus promotores, defensores y adherentes, el anarcocapitalismo es, cuanto menos, la incromprensión más abstrusa de lo que es el anarquismo.

Ahora bien. Hemos visto, muy a vuelo de pájaro quizás, pero de forma suficiente (es que no hace falta mucho), que el anarquismo no puede conciliarse con el capitalismo. ¿Cuál es la utilidad que depara, para quienes manipulan, hablar de anarcocapitalismo? Mi opinión es que echan mano de una confusión muy extendida, y que consiste en creer que toda acción contraria a las formas hegemónicas de control social son formas de anarquismo. Esto, evidentemente, no es así.

El anarquismo es un movimiento político-social específico, aún cuando tenga múltiples variantes. Muchas cosas hay para discutir al respecto, y, de hecho, no seré yo quien defienda muchas posiciones doctrinarias que habitan el anarquismo pretendiendo esconder detrás de una retórica sobreideologizada, más o menos deliberadamente, cierta necedad decimonónica. Pero eso es asunto de otra discusión. El punto aquí es que esta confusión no deja de ser estimulante: vivimos tiempos en los que la población rechaza, desde muy distintas posiciones, algunas más argumentadas que otras, algunas más espontáneas que otras, algunas más consistentes que otras, etc., las formas actuales de control social.

Esto último es muy estimulante para nosotros, para ese nosotros que se constituye en acto como colección de quienes enfrentamos el desafío de mejorar nuestras sociedades. En lo único en lo que podría estar de acuerdo con Milton Friedman, quizás el más destacado mentor y militante de los desastres económicos y sociales del neoliberalismo, es que cuando las crisis ocurren, como decía este señor, las acciones que se toman dependen de las ideas que hay alrededor. Quizás por eso Friedman formó parte de los principales creadores de crisis sociales, de los pescadores en río revuelto, y quizás sea por eso que hoy hay más documentales que noticias. No es mi caso. Lo que yo pienso que importa ahora es afianzar las ideas emancipativas que nos habiliten a actuar en tiempos de crisis para cambiar nuestro mundo por uno mejor, y no por el menos malo que las ideas hegemónicas nos dan como señuelo.

SI seguimos las corrientes que arremolinan lo que está ocurriendo, nos encontraremos pronto pidiendo a gritos la caída de los bancos centrales, la creación de monedas complementarias o el reforzamiento de los controles estatales sobre el mercado financiero; todas alternativas del liberalismo que se han puesto en juego alternadamente, según quién tuviera la manija ocasionalmente, y según las condiciones económicas que se hubieran generado. Estaremos pidiendo a gritos que vuelvan a hacer lo mismo que están haciendo, pero que nos dejen dormir un ratito más. En otras palabras, estaremos canalizando una potencia colectiva felizmente intensa en la restauración de los factores que decimos padecer.

Pocas veces tenemos momentos de agitación como el que se está viviendo en distintas partes del mundo. Tenemos la oportunidad de comunicarnos y de organizarnos de forma genuinamente horizontal para producir ideas y mecanismos organizativos y de acción que ahora mismo nos resultan necesarios. Quedarnos en la superficie de un pensamiento liberal capitalista no resolverá ningún problema que no sea los problemas que hoy enfrentan los gobiernos del mundo y que confluyen en recuperar la cada vez más perdida legitimidad social. El problema no es el anarcocapitalismo que, en definitiva, es un mecanismo insustancial y traído de los pelos con el único objetivo de relanzar ciertas teorías liberales. El problema es que desde abajo confundamos emancipación con reproductivismo y que las construcciones colectivas queden siempre postergadas frente a las estrategias promovidas por las estructuras dominantes.



Notas:

[1] http://www.youtube.com/watch?v=mghnG6vfxTI.

[2] Como siempre, nombrar apellidos para hablar de estas cosas es siempre sesgar el relato. Muchos autores habían ya sostenido que la estructura económica era la responsable de las desigualdades sociales. Incluso ha de encontrarse huellas antes de Rousseau. El punto es que en ciertas ocasiones aparecen trabajos especialmente específicos e influyentes que habilitan consecuencias por demás relevantes. Me permito, pues, esta simplificación


Autor: Hernún
Fuente: http://entornoalaanarquia.com.ar/blog/2011/11/30/anarcocapitalismo/

Aquellos días

Hace solo una década y parecen muy lejanos aquellos días de diciembre de 2001, en los que el plomo de las fuerzas represivas acabó con la vida de luchadores sociales y vecinos desesperados con salarios erosionados por el saqueo de los de arriba o simplemente desempleados.
Aquellos días los precios estaban en escalada y estampida, los docentes universitarios sin cobrar salarios llegando a fines de Diciembre y los estudiantes en las calles manifestando su protesta, junto a los trabajadores y a punto de tomar las facultades. El modelo del 1 a 1 multiplicó el desempleo lanzó al abismo a miles de mujeres y hombres.
En tanto una funcionaria, con total desparpajo socializaba las culpas y decía “no sigamos echando leña al fuego”, mientras era de las que atizaba la hoguera de la corruptela política.
En medio del caos que generaron las políticas del neoliberalismo capitalista, el entonces Presidente dictó el Estado de Sitio, y no solo Rosario fue escenario de la persecución y la muerte en las calles, también Buenos Aires ardió de furia. Multitudes repudiando el accionar estatal. Los organismos de defensa de los derechos humanos enfrentado al poder artillado como en la dictadura.
“Que se vayan todos y no quede ni uno solo”, era el clamor del pueblo, los de abajo hartos de la impunidad y la expoliación de los de arriba.
Entre otras víctimas de la represión estatal recordamos a Pocho Lepratti y Graciela Acosta, en nuestra región y en plena Avenida de Mayo al caído trabajador Gastón Riva.
Sangre de los hijos del pueblo derramada.
Las asambleas de vecinos fueron surgiendo espontáneas como respuesta autoorganizativa que se autoconvocó, deliberó, decidió y ejecutó una serie de iniciativas autogestivas que aun persisten, huertas comunitarias, imprentas, comedores populares, etc.
Como señala el sociólogo René Loureau, luego el efecto Mulman se apoderó de estas experiencias, los políticos profesionales lograron neutralizarlas y el inconciente estatal se impuso anulando ese potencial transformador.
Otra vez los vasallos quebraron su cerviz ante los poderosos., vuelta a la delegación de voluntades, pero no todos lo hicieron.
Por eso consideramos que a una década las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, no deben ser evocadas como meras efemérides de calendario, sino como lo que fueron dramáticas jornadas en las que por unos meses empuñamos nuestro destino en nuestras propias manos.


Rosario. Argentina, diciembre de 2011

Carlos Solero

viernes, 28 de octubre de 2011

¿Una Federación Anarquista que apoya un Gobierno?

Acabo de leer, en la web Alasbarricadas, que se ha constituido la "Federación Anarquista Revolucionaria de Venezuela". La noticia va precedida de una nota introductiva al Manifiesto, enviado a la web y que ésta reproduce, con el que esta "organización" comunica su constitución.
Lo primero que me ha sorprendido es que en esta nota de la web, tras decir que reproducen el manifiesto, se precise esto sobre su contenido: "en el cual nos dicen que el anarquismo que profesan «es el de los Bakuninistas de la primera internacional, el de los Revolucionarios Makhnovistas, el de los Anarco Sindicalistas de la Revolución Española, el de los proletarios de la FORA, de los guerrilleros de la Federación Anarquista Uruguaya, el de los mártires de Chicago, el de Flores Magon y su Partido Liberal Mexicano..."
Me sorprendió porque después de enfatizar la profesión de fe anarquista de tan extraña "Federación Anarquista Revolucionaria de Venezuela", no se dice nada (en la nota introductiva) de otra profesión de fe que está en contradicción con la anterior y que aparece expuesta en los puntos 5 y 6 del citado Manifiesto: "Apoyamos críticamente el proceso bolivariano como militantes radicales de la revolución Social. Esto es, que estamos a favor de que se abran espacios políticos, sociales, económicos y culturales dentro del proceso (...)"
Es pues normal que me haya sorprendido tal omisión, porque esta otra profesión de fe es absolutamente antinómica con el anarquismo por ser partidista y estatista, además de ser descalificadora y calumniosa para los anarquistas venezolanos que denuncian el populismo pretendidamente revolucionario de Chávez y su gobierno "bolivariano": "No somos antibolivarianos ni antichavistas. Siendo estas conductas dignas de la oposición burguesa del país, como organización comunista libertaria nos oponemos a cualquier sector que caiga en el juego de los factores imperiales; inclusive de un bando supuestamente anarquista que niega la lucha de clases y cuyo “anarquismo” le sirve para ocultar sus intenciones neoliberales."
¿Cómo se puede ser anarquista y apoyar (aunque se adorne con el "críticamente") un Jefe de Estado y un Gobierno?
En una primera tentativa de explicación, se podría pensar en "compañeros" ingenuos, despistados por la demagogia seudo revolucionaria y socialista de ese militar Jefe de Estado y de su Partido "bolivarista". Pero leyendo detenidamente su Manifiesto se ve enseguida, por todas las manipulaciones retóricas empleadas para camuflar su apoyo a un Jefe de Estado y a un Gobierno, su falso anarquismo y el objetivo perseguido.
Si de verdad fueran anarquistas los redactores de ese Manifiesto y su "apoyo crítico" al Presidente Chávez estuviese motivado por considerarle ser un auténtico defensor de la revolución social, lo lógico sería que trataran de convencer a los demás anarquistas para apoyar tal proceso en vez de inventar y propalar descalificaciones y calumnias.
Pero no es así, y el contenido del Manifiesto lo muestra. El objetivo es sembrar la confusión en los medios anarquistas, para tratar de reducir el impacto de la actuación y la propaganda anarquista de nuestros compañeros de EL Libertario" de Venezuela: tanto en la difusión de nuestras ideas como en la denuncia del falso socialismo (el "socialismo del siglo XXI") del autócrata Hugo Chávez.
No es de extrañar tal maniobra, pues en Venezuela se esta en pleno periodo electoral y estos "anarquistas-estatistas" han entrado en campaña.

Autor: Octavio Alberola

Publicado en: Alasbarricadas.com

Venezuela: del desengaño a la indignación






¡ INDIGNADOS DEL MUNDO, UNÍOS !

Desde el Norte del África musulmana hasta Chile y Grecia se ha extendido la protesta contra el sistema capitalista por toda Europa conmovida por la crisis mundial y las acampadas que hoy llegan al corazón de los EEUU reclamando democracia lo muestran con lujo de detalle sin que los medios privados lo globalicen. Esto nos revela que más allá de la religión y de las banderas políticas no sólo se lucha contra un sistema excluyente que privilegia a una ínfima minoría, sino que esta minoría puede también pertenecer a una casta política identificada en la teoría con postulados revolucionarios, y en la práctica, tener los mismos privilegios que la minoría capitalista y burguesa de las seudodemocracias neoliberales. ¡A poner las barbas en remojo!¿Quién dijo que los indignados viven sólo en países capitalistas? Sin aupar a la derecha de los países sudamericanos, ni fortalecer sus más profundas necesidades de disolver los movimientos revolucionarios que hacen vida en nuestros países, estamos completamente convencidos que dentro de las naciones progresistas existen contradicciones tan profundas y dolorosas que hacen temer una revuelta insólita frente a populares líderes emblemáticos del continente. Esto quiere decir que no hay fronteras para reclamar contra la impunidad, la corrupción, la burocratización, el nepotismo, el clientelismo y demás patologías de los partidos políticos (de izquierdas o derechas) que elevan las banderas de la justicia social y ejercen una “dictadura política” aguas abajo. 

Teóricamente elaboran sendos estatutos y líneas estratégicas que hablan, señalan y critican esto mismo que decimos aquí arriba, pero en la práctica fortalecen viejas conductas partidocráticas estableciendo una dinámica de “cerco” interno y desarrollan impunemente el “secuestro” del partido revolucionario con miembros en sus burós nacionales, regionales y municipales que son exactamente lo contrario de lo que proponen los estatutos y principios mismos del partido.

¿Qué hacer? Indignarse y rebelarse ante esta falsa democracia que elige por cooptación “bates quebrados” como líderes políticos, y excluye de los cuadros medios y altos a los verdaderos revolucionarios campesinos, obreros, estudiantiles. Militantes que han dejado su vida en pos de un ideal quedan rezagados, a la intemperie, marginados, execrados por una cúpula partidista roja rojita (por fuera) pero que en el fondo es más puntofijista que los mismos adecos del pasado. ¿Cómo lo comprobamos? Basta conocer la nómina de los cargos del ejecutivo y el legislativo a nivel nacional. Contradicciones como esta son las que están dejando crecer en el seno de nuestros partidos “revolucionarios” la indignación que va a estallar y será capitalizada por el enemigo y todo ello frente a nuestras narices.

¿Quién duda en Venezuela que en cada Municipio existen y persisten estas y otras contradicciones que hacen de la vida cotidiana un infierno? ¿Chávez ignora este cáncer que hace rato viene haciendo metástasis en el seno del partido que él mismo dirige y preside? ¿Ignoran nuestros más insignes líderes políticos esta terrible realidad interna? ¿Quiénes han asimilado las líneas estratégicas (5) que señalan estas y otras contradicciones ético-políticas? ¿Hasta cuándo vamos a cerrar los ojos o mantener la cabeza enterrada como el avestruz?

Sistemáticamente los “privilegiados” recogen en su entorno a una corte de aduladores en puestos claves del ejecutivo, legislativo, y los demás poderes del Estado. Exhaustivamente organizan su “poder popular” que va a llenar las sillas de los eventos, todos comiendo del gobierno, todos amarrados por las necesidades que tienen para poder vivir.

El Estado se convierte en el Gerente de los Recursos Humanos, y entonces los disidentes, los que critican los que se oponen a las mortales enfermedades morales del sistema ya mencionadas anteriormente quedan sin empleo, sin conexión política, sin poder expresarse y sin poder. Excluidos y desarticulados, ven disolverse ante sus propias narices una oportunidad de cambios profundos. Ven imponerse categóricamente reformas que simulan ir “construyendo” el socialismo de todos los días, pero en verdad ¿qué se está construyendo?

El modelo que debe morir y no termina de hacerlo está matando al modelo que tiene que vivir y no termina de nacer. El cadáver insepulto (de la partidocracia puntofijista) cada día goza de mas buena salud (en la partidocracia “socialista”) de la 5ta república.Lo decimos hoy a un día de la megamanifestación mundial de mañana 15 de Octubre y no creemos haber descubierto el agua tibia. También en Venezuela Bolivariana y Revolucionaria estamos indignados y no tememos defender nuestros derechos y nuestras ideas, como tampoco tememos ser identificados por estos “adecos de rojo” que gobiernan detrás de Chávez, porque nadie nos quita lo bailado. 

Sabemos muy bien que no estamos solos sino DESARTICULADOS , que nos imponen un silencio porque“le entregamos al enemigos armas y recursos”,“no camarada, no es el momento de criticar, estamos en plena campaña electoral”, “esperemos que gane Chávez y después vamos contra los corruptos”, y un rosario de premisas como estas han GASIFICADO al movimiento dentro del partido y viceversa. ¿Dónde están los líderes del partido capaces de aceptar las críticas que desenmascaran las conductas contrarrevolucionarias de los mismos líderes y su entorno?

Indignados también hay dentro de nuestro proceso revolucionario y es tan sonoro su silencio que aturde. Desde lo más profundo de las entrañas del pueblo va creciendo como un terremoto social una fuerza que va a romper las cadenas del despotismo. 

El que tenga oídos que oiga la indignación de los revolucionarios anónimos que pululan en los 335 municipios del país. El que tenga ojos que vea cómo lenta pero ineludiblemente van a acampar en las plazas Bolívar reclamando contra ese 1% de privilegiados convertidos en una casta social controlando todos los tentáculos del Estado, del poder, de los poderes.

Va a llegar el momento en que la realidad va a poner en la misma balanza oficialismo y oposición y sin medir en las aparentes diferencias “ideológicas” romperá el dique de la tolerancia y no habrá enfermedad de Chávez que frene, y no habrá elecciones presidenciales que pare, y no habrá “momentos históricos” que posterguen más la protesta de una comunidad organizada de indignados socialistas contra los vicios capitalistas dentro del partido, de las instituciones, gobiernos y Estado y funcionarios que en la práctica siguen fortaleciendo la CONTRARREVOLUCION.

La rebelión que hoy vemos en la tele en Chile, España, Bélgica, EEUU, Canadá, Grecia, Bolivia, y otras ciudades del planeta no deben ser “criminalizadas” por el Estado y su gobierno de turno y los medios. Estas rebeliones pueden degenerar en guerra civil como en Palestina, Libia, Siria, Yemen, y lo que ocurre solapadamente en México y Colombia con el “narcotráfico”, guerras civiles administradas por los gobiernos neoliberales para sostener la impunidad y toda clase de injusticia social.

Aquí en Venezuela ya vivimos un “27 de Febrero de 1989” contra la impunidad dentro de un gobierno neoliberal liderado por los corruptos de la 4ta República, bueno que no nos extrañe ver en un futuro no lejano otro levantamiento contra la impunidad y el nepotismo, la corrupción y el despotismo, el burocratismo y el reformismo de nuestro propio gobierno caminando (o cojeando) hacia el socialismo.

La indignación es una rabia interna que va cobrando fuerza y que no nos vengan a decir que todo es producto de la CIA, el Pentágono y el FBI, que desde luego capitalizan, infiltran y aprovechan y sacan el mejor partido de toda revuelta mundial, también es cierta la INDIGNACIÓN global frente a la realidad que dolorosamente tenemos que soportar a diario en nuestra vida cotidiana más allá de las banderas ideológicas, políticas religiosas económicas y sociales. Nada. Hay descontento hay frustración, hay indignación y repetimos que no hay fronteras para este sentimiento que se vuelve cada día más global y planetario. Sabemos que muchos tomarán esta y otras reflexiones como argumento para confundirnos con “cruzatalanqueras”, “escualidismos”, y demásnombres con la intensión de ESTIGMATIZAR nuestra critica. Que no nos extrañe que sean los mismos “camaradas”, “compatriotas” y “compañeros” de lucha los que sientan en el fondo que le están tocando la yaga que duele, los perros que ladren…Nosotros repetiremos las palabras de Don Quijote: “…ladran los perros Sancho, señal que cabalgamos!”. Finalmente los proletarios del mundo hoy son los indignados y por eso convocamos a la unión global contra los privilegios de una minoría (de izquierda y de derecha). Y que los escuálidos no vayan a confundirnos nosotros sabemos muy bien que ellos fueron durante más de medio siglo la casta privilegiada del neoliberalismo venezolano. Que hoy se hayan infiltrado dentro del proceso es un problema interno a resolver antes de que sea ya demasiado tarde. 


¡Indignados del mundo: uníos!
¡Venceremos!

Autor: Mario Forti

viernes, 7 de octubre de 2011

GLOBALIZACIÓN CAPITAL


Por “burbuja económica” debe entenderse a una subida desmedida y fuera de lo normal del precio de algún producto por un tiempo prolongado a causa de la especulación financiera. El proceso por el cual se forma una burbuja se debe a que los especuladores acumulan un bien o una acción, y al aumentar la demanda, el precio comienza a subir. Otros especuladores observan que el precio sube, por lo que ellos también desean comprar, incrementando la demanda y el precio. Este proceso sigue, aumentando cada vez más el precio. Los que compraron primero venden para tomar sus utilidades. El precio sigue subiendo, unos entran y otros salen. El precio llega a un nivel tan alto que ya es absurdo, pero algunos especuladores siguen comprando. Llega un momento en que muchos quieren tomar utilidades, pero ya no hay compradores. Comienzan a vender a cualquier precio. Explota la burbuja, y el precio regresa de manera abrupta a la normalidad.(1) Básicamente las “burbujas económicas” se rigen por dos leyes: Se inflan más tiempo de lo esperado, e inevitablemente en algún momento estallan.
La crisis originada en Estados Unidos a causa de la burbuja inmobiliaria, producto de la especulación crediticia e hipotecaria, estalla a mediados de 2008 cuando los bancos centrales de los diferentes estados norteamericanos intervienen para darle liquidez al sistema bancario. Las entidades crediticias que especulan en el ámbito inmobiliario fueron las más afectadas, produciéndose la bancarrota de muchas de ellas, un aumento desmedido del precio de las hipotecas, acompañado por el desempleo y la depreciación de la moneda.
Rápidamente se expandió por todas las economías mundiales, ocasionando que la crisis adquiera características globales. Después de Estados Unidos vino Irlanda, Dinamarca e Islandia. Siguió por la península ibérica donde aún hoy la recesión y la pérdida del empleo es la norma vigente, siendo el sector de la construcción uno de los más afectados. La crisis también se manifestó en Australia, Nueva Zelanda y Japón, sin obviar a economías sudamericanas como la chilena, argentina y brasileña. La realidad es que no hay economía que no esté en recesión, ya que en mayor o menor grado todas se encuentran atravesadas por esta crisis de envergadura global.
Hoy es el turno de Grecia, región donde están puestos los ojos no sólo del sector financiero mundial, sino también de aquellos que ven en las revueltas callejeras griegas una luz de esperanza que logre expandirse para hacer que la resistencia y la lucha contra el capital sea también, como la crisis, de carácter global. Y para ello es necesario conocer la fisonomía social griega, aunque más no sea esquemáticamente, para entender la dinámica de la crisis, sus alcances y las resistencias populares que se vienen desarrollando desde hace meses sobretodo en Atenas, ciudad neurálgica de la región helénica.

El primer dato que puede dar un panorama del desenvolvimiento de la crisis y sus alcances, está relacionado con la estadística poblacional. Viven, en la actualidad, 11.3000.000 habitantes en la región griega, siendo Atenas con 5 millones de personas y Salónica con algo más de 1 millón las ciudades más importantes de Grecia. Entre ambas albergan un poco más del 50% de la población total configurando de manera particular no sólo la fisonomía territorial, sino también la actual crisis, ya que las movilizaciones, resistencias y luchas callejeras contra el ajuste estatal suceden prácticamente en su totalidad en estas dos regiones. Pese a que hoy día el 20% de la población griega trabaja directa o indirectamente en el sector agrícola, posicionando a Grecia entre los estados europeos de mayor preponderancia en ese sector económico; o de que la quinta parte de la población activa trabaje en cualquiera de las vertientes del sector industrial (alimenticia, textil o construcción), la realidad económica griega se define por la casi total dependencia del sector público y el turismo.
Todo va de la mano ya que no es fortuita la distribución poblacional en las dos grandes ciudades (Atenas y Salónica), sino que ello se debe a la planificación estatal que desde 1970 vienen llevando adelante los partidos políticos que se alternaron, y aún se alternan, en el poder. Como en otros países europeos la política griega esta caracterizada en el bipartidismo que ubica a los socialdemócratas y a los conservadores como los actores principales del circo político. La alternancia se viene produciendo desde hace décadas, y pese a diferencias de matices, ambas posiciones políticas comparten la idea del papel protagónico que el estado griego, como actor social, debe tener no sólo en lo político, sino también en lo económico. De ahí la gran concentración poblacional en Atenas y Salónica, ya que es inevitable para mantener la maquinaria contar con un gran número de funcionarios y trabajadores. Hoy en Grecia la mayoría de los asalariados dependen del Estado o de las industrias de servicios, como el turismo.
Sin embargo, esta fuerte presencia estatal en la vida económica griega comienza a tener ciertas restricciones a partir de la entrada de Grecia en la Comunidad Económica Europea, allá por 1981. Esta situación, junto a la ola privatizadora que caracterizó a la década de 1990 no sólo en el país helénico, sino pensemos en el caso del estado argentino, posibilitó cierto desmembramiento del aparato estatal en detrimento del sector privado en cuestiones que antaño sólo tenía incidencia de manera exclusiva el estado. Uno de esos sectores es el de la enseñanza, donde a partir de las privatizaciones comenzaron a aparecer los primeros focos de resistencia ante la flexibilización laboral y los despidos. Lo que comenzó en el sector de la educación poco a poco fue ganando otros terrenos, como los servicios. Las consecuencias, a la vista de todos.

En la actualidad Grecia está atravesando la peor recesión desde la década de 1970, con un desempleo que ronda el 40% entre los jóvenes, principales impulsores de las revueltas. Desde hace semanas la región se encuentra paralizada producto de las más de 15 huelgas generales que se vienen declarando desde que estalló la gran crisis. La última de ellas, de fines de junio, tuvo un objetivo claro, la de impedir una serie de recortes sociales propuestas por el FMI y el Banco Central Europeo para salvaguardar los intereses de las bancas de Francia y Alemania, principales acreedores del estado griego y, vaya paradoja, impulsores de los créditos para que Grecia “honre” sus deudas. O sea, que los mismos acreedores que reclaman son quienes están dispuestos a otorgar créditos para que el estado griego pague. Se habla de 50000 millones de euros, así como de un ahorro de 28000 millones que harán mella sobre las conquistas económicas y sociales de los últimos 40 años.
Ante este panorama económico social convulsionado por donde se lo mire, la población griega no se ha quedado inmóvil, por el contrario, ha tomado una posición de resistencia ante el embate de los organismos financieros mundiales. Y en este despertar de lucha, el accionar del movimiento anarquista griego tiene un rol de importancia considerable en la rebelión callejera, en las ocupaciones de fábricas, oficinas y universidades. Y pese a ser un movimiento relativamente pequeño en comparación a otras posiciones pretendidamente revolucionarias, como el partido comunista griego, los anarquistas han sabido ganarse el respeto social.
A diferencia de otras regiones europeas, el anarcosindicalismo no es la corriente anarquista mayoritaria en tierras helenas, por el contrario, el descontento sobrepasa los márgenes sindicales y el “mundo del trabajo”. El capitalismo, como sistema relacional, no es entendido exclusivamente desde la oposición capital/trabajo ya que pensar la lucha desde un aspecto meramente económico es quedarse a mitad del camino. La posibilidad de ruptura no debe quedarse en el recorte del “mundo laboral”, por el contrario, debe ir más allá de la antinomia capital/trabajo. La lucha debe ser una búsqueda constante de emancipación integral que sobrepase la instancia del trabajo asalariado y ataque la sociedad de consumo y la vida convertida en mercancía.

La explosión social en Grecia es sólo el comienzo. La crisis sobrevuela otros estados donde las economías tienen “más peso” a nivel continental europeo, como pueden ser Portugal, España o Italia. La suerte de Grecia es crucial no sólo para el establisment económico mundial y sus conocidas recetas financieras de endeudamiento público, recorte social y privatizaciones, sino también para aquellos que ven en las revueltas griegas la manera de enfrentar al poder político y económico. La importancia de lo que sucede en las calles de Grecia reside en la posibilidad de convertirse en catalizador de la resistencia al capital en otras regiones próximas a caer en la crisis económica. Para ello la revuelta y resistencia debe sobrepasar las propias fronteras de la región helénica, entendiendo que el problema no es de carácter griego, sino global. Que el problema es el capitalismo, en cualquiera de sus manifestaciones.

(1) www.economia.com

Publicado en: Libertad! Nº 59, octubre-noviembre 2011, Buenos Aires
Autor: Gastón

Megaminería: La consolidación del despojo



No es nuevo el tema en cuestión, ya que en las páginas de ¡Libertad! ha sido tratado en números anteriores. Y por más que se haya abordado desde diferentes perspectivas, todas ellas confluyen en la misma idea: en la de entender la importancia crucial del medio ambiente y sus ecosistemas en el presente y el futuro de cualquier proyecto de emancipación integral que procure poner en tensión las relaciones sociales capitalistas. Tomando como faro esta premisa, intentaré ahondar en la problemática minera desde una posición que en las notas anteriores toqué superficialmente: el marco regulatorio que permitió a las trasnacionales instalarse en puntos estratégicos geográficos y económicos del estado argentino.

Explotación minera: marco regulatorio y transnacionales

Hasta no hace muchos años hablar de “mega minería” o “minería a cielo abierto” era una rareza para economías caracterizadas históricamente por ser agro-exportadoras, como es el caso argentino. Sin embargo, desde la apertura y profundización neoliberal de la década de los 90, la fisonomía económica y los actores involucrados cambiaron con la ola privatizadora que caracterizaron el comienzo de la década. Como sostienen Maristella Svampa y Mirta Antonelli en el libro “Minería transnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales”: “Son tres los modelos de desarrollo que caracterizan la Argentina contemporánea: el modelo agrario, el industrial y el extractivo-exportador. Los dos primeros han sufrido drásticas transformaciones en las últimas décadas, y continúan operando de manera explícita o implícita como narrativa social fundamental y horizonte de expectativas de nuestras sociedades, el perfil del tercero, ligado a la explotación de los recursos naturales, pese a su expansión exponencial, aparece desdibujado y apenas está presente en el imaginario cultural de los argentinos.” Vale aclarar que aunque no es una temática con arraigo en el imaginario colectivo, en diferentes puntos de la región argentina han aparecido y logrado perdurar en el tiempo grupos de personas que se ven afectadas directamente por los perjuicios de la instalación de estos mega emprendimientos mineros. Y pese a que aún hoy la conflictividad social contra la minería y la profundización de las luchas deben ser leídas dentro de parámetros geográficos específicos, como pueden ser el ámbito local o provincial, antes que desde una visión más inclusiva a nivel nacional, de a poco se van visualizando propuestas que intentan ir más allá buscando romper el cerco local, como puede ser la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC). Sin embargo, como sostienen las autoras del libro citado, es real que aún hoy el “tema minero” no está instalado definitivamente como un problema que afecta el presente, y sobretodo el futuro, de millones de personas. Sino que se sigue viendo como un problema específico de áreas geográficas determinadas.
Esta situación, junto a la complicidad de la clase política, posibilitó que el lobby de las transnacionales del modelo extractivo-exportador minero lograra profundos cambios en el marco regulatorio del sistema productivo. Citando nuevamente a las autoras del libro: “La expansión de este modelo, como también la del relativo al del agro-negocio, no puede comprenderse sin involucrar también la perspectiva histórica, y muy especialmente, la política de privatizaciones, ya que fue precisamente esta política, la que estuvo orientada no sólo hacia los servicios públicos, sino también hacia los hidrocarburos, y de manera más amplia, hacia la totalidad de los recursos naturales. En este sentido, con las reformas constitucionales y legislativas las nuevas normas jurídicas institucionalizaron la auto-exclusión del estado como agente productivo y la consecuente exclusividad del sector privado como único autorizado a explotar los recursos naturales.” Si trazamos una imaginaria línea temporal para fortalecer la cita precedente podemos nombrar la reforma del Código Minero, la ley de inversión minera, el Pacto de Olivos y la provincialización de los recursos naturales durante el menemismo, políticas que encontraron continuidad en los gobiernos kirchneristas con el Plan Minero Nacional y el veto a la Ley de Glaciares. La receta fue, y sigue siendo, la misma: preparar el terreno político, endeudarse públicamente, promover discursivamente la necesidad de las reformas legislativas, abrir el juego al lobby empresarial y, por último, definir la “seguridad jurídica” que posibilite el cambio regulatorio. El punto cúlmine es la conformación, en agosto de 2000, de la llamada Iniciativa para la integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), protocolo firmado por 12 estados, y definido por sus integrantes como un “foro de diálogo” para “promover el desarrollo de la infraestructura bajo una visión regional, procurando la integración física de los países sudamericanos y el logro de un patrón de desarrollo territorial y sustentable.” En la práctica no es más que la confirmación de la alianza del binomio estado/empresas, o sea, poder político/poder económico en lo concerniente al marco regulatorio del modelo minero-extractivo que permite a las transnacionales tomar posesión de los recursos naturales y minerales.

Geografía Minera

En la actualidad, existen en la Argentina, más de 150 proyectos a gran escala en etapa exploratoria, distribuidos en 12 estados diferentes, desde la Puna a la Patagonia a través del sistema geográfico cordillerano. A estos hay que sumarle 6 proyectos en plena actividad extractiva, y un proyecto binacional entre los gobiernos de Chile y Argentina, Pascual Lama, en proceso de construcción, posicionándose, este último, entre los de mayor envergadura a nivel mundial.
Este proceso extractivo se define como de “acumulación por desposesión” ya que, como argumenta Marivella Svampa “las características de este modelo minero son la multiescalaridad y la multiterritorialidad. El problema es que esta minería, analizada como un proceso, abarca desde que entran los insumos que se requieren y se desplazan por distintos tramos de la geografía, hasta el traslado del barro que se saca del país como exportación primaria, a su mínimo valor, hay más de 12 provincias involucradas y todas están afectadas de alguna manera, aunque el yacimiento esté en la cordillera.” De esta manera, y por más que resulte obvio, no está demás resaltar, como ya hicimos en números anteriores, las consecuencias negativas de su implantación: devastación y agotamiento de la tierra; depredación de los ecosistemas específicos, ruptura de la relación hombre-naturaleza y desplazamiento de poblaciones rurales hacia los márgenes de las grandes urbes acentuando el despojo, la explotación, el olvido y la precarización de la vida.
A fines de marzo tuvo lugar en Colón, Entre Ríos, el XV Encuentro de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), “espacio de reflexión, articulación y acción” según propias definiciones. Desde hace aproximadamente una década este espacio viene interactuando e intentando ser una alternativa de socialización ante el modelo minero que se viene consolidando e imponiendo.
En sus últimas reuniones las diferentes asambleas y movimientos sociales que componen la UAC se han definido como: de carácter anticapitalista, con vocación de aportar a la construcción desde debajo de un modelo de producción, desarrollo y consumo alternativo que sea respetuoso de la naturaleza y de la autodeterminación de los pueblos que con ella conviven históricamente a partir de vínculos de reciprocidad y armonía. Para ello, apuesta a visualizar, denunciar y difundir las consecuencias del despojo; consolidar y extender lazos solidarios entre las distintas luchas, construir un espacio comunitario entre sus miembros que permita ir prefigurando la sociedad futura, y profundizar la movilización colectiva, como formas complementarias de ir transformando la realidad social.
Si bien es notorio que con el paso de los años, pero sobretodo, con la experiencia ganada en la lucha contra la megaminería en la última década, se han originado lazos más sólidos entre quienes han decidido dejar la pasividad de lado. Y, pese a que aún hoy la conflictividad social contra la minería y la profundización de las luchas deben ser leídas dentro de parámetros geográficos específicos y particulares, es una realidad que poco a poco éstas se extienden a lo largo y ancho de la región argentina; vinculándose unas a otras, radicalizándose, buscando nuevas formas de sociabilidad, nuevos caminos que transitar. Y esta búsqueda debe ser constante y decidida para seguir profundizando los interrogantes propios de todo movimiento que pretenda extenderse, radicalizarse, hacerse inclusivo: ¿Cómo conformar una alternativa real de sociabilidad? ¿Cómo romper el cerco exclusivamente ambiental para poder vincularse con otras luchas sociales? ¿De que manera profundizar y radicalizar las propuestas? ¿Cómo originar una alternativa autónoma y realista de desarrollo? ¿Sobre que parámetros?
Contestar, superar y mejorar estos y otros interrogantes es el desafío en la búsqueda real de alternativas al modelo extractivo minero.

Publicado en: Libertad! Nº 59, octubre-noviembre 2011, Buenos Aires

Autor: Gastón

FEUDOS

Grupos económicos y poder político: la familia Blaquier


Las ocupaciones de tierras en Libertador General San Martín y Ledesma, en la provincia de Jujuy, y la posterior represión estatal con la ayuda logística de la familia Blaquier, accionista mayoritaria del grupo económico Ledesma, debe entenderse desde un trasfondo político, económico y social que se viene configurando desde hace décadas. Las ocupaciones no se dan porque sí, sino que responden, organizada o espontáneamente, a un contexto caracterizado por la concentración económica en manos de pocas familias, que al mejor estilo feudal deciden sobre el presente y el futuro de miles de personas, bajo la tutela y el beneplácito del estado provincial y nacional. Poder económico y poder político en plena armonía.
Ledesma es uno de los grupos económicos concentrados más tradicionales y poderosos de la Argentina, ya que es uno de los pocos que se puede vanagloriar de pertenecer en su totalidad a capitales nacionales. Produce caña de azúcar, alcohol etílico, azúcar para consumo, celulosa, papel, frutas cítricas, jugos y paltas, derivados del maíz, papel, agricultura, ganadería, gas natural y petróleo. Posee el 31% del mercado del papel y el 22% del de azúcar. Concentra bajo su órbita empresarial alrededor de 155000 hectáreas, o sea, el 80% de las tierras del departamento jujeño de Ledesma. 37000 de esas hectáreas están dedicadas a las plantaciones de caña de azúcar. A su vez, y desde 1982, incursiona en San Luis, a través de su subsidiaria Glocovil en la molienda de maíz y elaboración de jarabes de fructuosa y glucosa. Para ello destina 5000 hectáreas.
Pero no todo termina allí, sino que también dedica 2000 hectáreas a la plantación y empaque de cítricos y a la comercialización de jugos concentrados y administra 52000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires y el litoral destinadas a la producción ganadera. Y como no podía ser de otra manera, incursiona también en el negocio de la soja, a la que dedica 2000 hectáreas. Participa de la producción de petróleo y gas natural por medio de la UTE Aguaragüe, en la que es socia de Repsol, Tecpetrol, Petrobrás, Mobil Argentina y CGC. El oligopolio Ledesma tiene una facturación anual de 1500 millones de pesos y emplea a 7000 personas, decidiendo, de esa manera, sobre el devenir de la mayoría de las familias que viven y subsisten en el departamento de Ledesma y poblaciones aledañas.

Esta obscena realidad económica y social posiciona al grupo Ledesma, y a la familia Blaquier como los dueños no sólo de las tierras en el norte argentino, sino de la vida de miles de personas que por una cuestión de dependencia se ven obligados a vender su tiempo y fuerza a este monstruo económico que configura la fisonomía social del norte argentino. Nada escapa a su órbita, ni ninguna decisión estatal no pasa primero por los escritorios del oligopolio. Rara paradoja, ya que mientras el kircherismo continúa con su cruzada cuasi religiosa contra el grupo Clarín, más aún después de los resultados de las primarias del 14 de agosto, la presidenta Cristina Fernández sumó a la comitiva que la acompañó a Brasil a Federico Nicholson, uno de los principales ejecutivos del emporio Ledesma. Ambivalencias políticas que no hacen más que confirmar el rol de los grupos económicos, y sus convivencias con el poder de turno.
Como es de esperar, el poderío económico del grupo Ledesma se traduce inevitablemente en poder político. Y es tal la incidencia de la familia Blaquier que un recordado suceso histórico la muestra tal cual es:
El 27 de julio de 1976, la ciudad de Libertador General San Martín y la localidad de Calilegua fueron sitiadas por la policía de Jujuy, la policía federal, el ejército y la gendarmería. A las 22hs se produjo, simultáneamente en las dos localidades, un apagón total, salvo en la fábrica de la empresa Ledesma.
Amparados en la oscuridad, en vehículos de la propia empresa manejados por sus empleados, las fuerzas represivas secuestraron a 400 personas: obreros, estudiantes, amas de casa. Todos fueron llevados a lugares clandestinos de detención, en los galpones de mantenimiento del ingenio Ledesma, donde permanecieron días y meses atados y encapuchados, para finalmente ser trasladados en grupos a la sede de la gendarmería o bien a la central de la policía en Jujuy. Los detenidos eran recibidos por el comisario E. Haig. La historia reciente de Jujuy lo recuerda como a uno de los asesinos más grandes del noroeste argentino. Él era quien decidía quien viviría y quien moriría. Los que sobrevivían a las torturas eran destinados al penal de Gorriti y de ahí al campo de concentración en la localidad de Guerrero, actual escuela de policía.
Este campo de concentración era habitualmente visitado por el obispo José Miguel Medina, quien en días de la “democracia” fue elevado a vicario castrense de las Fuerzas Armadas.

Ocupación, represión y muerte

El problema habitacional que sufre Jujuy se ha agudizado a partir de los cambios económicos que se vienen produciendo desde la década de 1990 en toda la Argentina. El avance de las plantaciones de monocultivos, sobretodo por la preponderancia dada a la soja transgénica, ha ocasionado la concentración de tierras en pooles empresariales agrícolas, en detrimento de las economías regionales, empobreciendo a grandes sectores poblacionales. En las localidades de El Libertador y Ledesma es alarmante la situación social: alrededor de 3000 familias (una de cada tres familias que componen la población de El Libertador) tienen serios problemas habitacionales.
Esta situación de desigualdad territorial, crisis habitacional y total dependencia del ingenio azucarero para la subsistencia diaria, a llevado a centenares de personas a ocupar tierras sin esperar nada a cambio por parte de los políticos de turno, ni de organizaciones sociales como la Tupac Amaru de Milagros Sala afín al gobierno kirchnerista, y menos aún de la familia Blaquier. La respuesta fue la de siempre ya que el 28 de julio los ocupantes fueron reprimidos por efectivos de la policía provincial jujeña ante la orden del estado provincial y nacional de desocupar los terrenos de la empresa. La represión se cobró la vida de tres ocupantes: Félix Reyes Pérez, Víctor Heredia y Ariel Farfán, pertenecientes los tres a la Corriente Clasista y Combativa (CCC). Hubo más de treinta heridos de bala de plomo, incluidos niños y se realizaron infinidad de detenciones para amedrentar y desalentar las ocupaciones que aún persisten.

El Indoamericano en Capital Federal; La Primavera en Formosa, Ledesma y El Libertador en Jujuy.
El Poder y sus camaleónicas formas: el capitalismo en estado puro.

Publicado en: Libertad! Nº 59, octubre-noviembre de 2011, Buenos Aires
Autor: Gastón

Reflexiones breves acerca de la rebelión en el mundo árabe


Una inédita ola de protestas sacude al mundo árabe, que se extiende desde Marruecos hasta los países del Oriente Medio. Los rebeldes libios en armas, los jóvenes egipcios o las mujeres tunecinas son los protagonistas, que sorprenden al mundo posmoderno, liberal y democrático que había decretado el fin de la Historia y condenado al ámbito de las leyendas a los “grandes relatos” de liberación y al “sujeto” protagonista de la Historia, o mejor aún, de la Revolución.
Los analistas de toda laya suelen remontar los antecedentes a estas rebeliones -y las recientes acampadas de “indignados” españoles o las insurrecciones de la juventud griega- a lo que denominan “Argentinazo del 2001”, aunque tal vez pueda rastrearse hasta los movimientos previos a la caída de la Cortina de Hierro y el “socialismo real” en Europa Oriental en 1989, el derrumbe del Muro de Berlín y la ocupación estudiantil de la plaza de Tianamen en China, que fue ahogada en sangre por las autoridades comunistas. Estos movimientos que se han producido durante las dos últimas décadas, pero con una frecuencia inusitada en los años recientes, tienen algunas características en común que vale la pena destacar: la participación juvenil, la escasa o nula identificación de clase de los protagonistas, la ocupación del espacio público para manifestarse (plazas y espacios de importante valor simbólico social), el rechazo o indiferencia frente a los partidos políticos tradicionales, la ausencia de una ideología definida aunque con una fuerte crítica a las formas de representación política (tanto democráticas como dictatoriales) y la utilización de los nuevos medios de comunicación y las redes sociales virtuales para autoconvocarse (Twitter, Facebook, páginas web, blogs, mensajes sms, cadenas de correos electrónicos, etc.).
Lo que resulta difícil de comprender tanto desde la izquierda como de la derecha, es que el conflicto de clase con el que estaban acostumbrados a pensar la realidad aparece diluido, o no se manifiesta incuestionablemente. Algunas interpretaciones marxistas, e incluso anarquistas, tienden a forzar los análisis tradicionales e incorporan los resabidos actores de siempre: el imperialismo o la clase proletaria. Pero no dejan de presentar algunas contrariedades cuando se deben explicar las consecuencias negativas de las políticas imperialistas y neoliberales dentro del propio Primer Mundo; o cuando se hacen análisis de clases y se habla de un movimiento obrero que nunca se manifiesta o -cuando lo hace- generalmente está a la zaga de reclamos que lejos están de tener un contenido económico o entrar dentro de la lógica del enfrentamiento entre el capital y el trabajo. No queremos decir aquí que los conflictos de clase son una quimera o firmar el acta de defunción del movimiento obrero, sino que existe una realidad social nueva de la que los viejos análisis socialistas tradicionales ya no pueden dar cuenta.
En el presente artículo trataremos de aproximarnos al conflicto del mundo árabe, no para proporcionar una receta o una hipótesis acerca de cómo interpretar estos nuevos movimientos sociales, sino con la aspiración de obtener elementos para discutir la realidad reflexionando desde un punto de vista anarquista.

Una particularidad muy interesante de las revueltas de Egipto y Túnez -que se dieron en menor medida en Jordania, Yemen, Siria Argelia y Libia- es el carácter espontáneo de las manifestaciones. Contra lo que siempre dictaron tanto el sentido común marxista como el burgués, la espontaneidad de la revuelta, la ausencia de una organización o una dirección, incluso de un programa común, no condena al fracaso a un movimiento popular, ni tampoco le impide alcanzar objetivos impensables desde un inicio, como la renuncia del gobierno de turno (tal como ocurrió con Mubarak en Egipto y Ben Alí en Túnez). Solamente en el caso de Libia la espontaneidad de las masas fue aprovechada por las fuerzas de la ONU, a fin de imponer sus políticas intervencionistas, que aniquilaron el espíritu liberador del movimiento. La intervención de los partidos políticos tradicionales en el movimiento, con los partidos musulmanes e islamistas incluidos, fue prácticamente inexistente y más bien se centró en llamados al orden y a la paz general. Incluso el Partido Comunista de Túnez participó de la coalición de gobierno junto al partido oficial, luego de la expulsión de Ben Alí del gobierno. Los llamados de la izquierda tunecina a conformar un nuevo parlamento y gobierno, encontraron su reflejo en los pedidos reformistas de la izquierda egipcia. Lo que resulta sorprendente es que las masas sin dirección política y de forma espontánea, se movilizaron y derrocaron a unos gobiernos dictatoriales que durante años los partidos políticos autoritarios, burgueses, reformistas, de izquierda o de derecha quisieron deponer infructuosamente.
El papel de los sindicatos fue más bien colateral y algo marginal al movimiento, siendo más notoria su participación en las últimas fases de la rebelión. En Túnez, la central sindical UGTT está muy burocratizada y no deja de estar fuertemente vinculada con las estructuras del sistema, impidiendo la conformación de sindicatos independientes. La participación sindical se redujo a una serie de huelgas declaradas poco antes de la caída de Ben Alí, cuando ya los días de su gobierno estaban contados.
Un aspecto interesante fue la creación de comités locales por los manifestantes, con un carácter igualitario y libre, para mantener el orden y el funcionamiento de la vida social en los barrios a los que no podían entrar las autoridades ni la policía. La autogestión y la ayuda mutua surgieron en los barrios que estaban bajo control popular. Cuando Mubarak retiró los diez mil policías que mantenían el orden en las calles, intentó con esa jugada “crear la anarquía” en un sentido hobbesiano, es decir, que la ciudadanía descontrolada se volcara al pillaje, el abuso, los robos y se aterrara frente al caos social. El resultado fue precisamente lo opuesto: la gente se autoorganizó en los barrios, y recorría con armas, palos y cuchillos las calles para prevenir los saqueos, logrando que la criminalidad disminuyera sensiblemente. Se recogía la basura de las calles, se realizaba el mantenimiento del orden público y unos ayudaban a otros: la cooperación y la autoorganización surgieron ni bien desaparecieron las fuerzas policiales. (1)
También es interesante como los jóvenes rebeldes se transformaron en los propios cronistas de la rebelión cuando las autoridades gubernamentales controlaban los medios masivos de comunicación. Las cámaras de los teléfonos celulares, la difusión a través de redes sociales de las imágenes de la represión, los relatos vía twitter de lo que ocurría en las calles rompieron con el cerco de censura gubernamental. Sin embargo el bloqueo de internet y la telefonía móvil que perpetró el gobierno no surtieron efecto. La difusión boca a boca tuvo un importante papel, demostrando que el movimiento no era tano solo un simple efecto emergente de las nuevas tecnologías.
La ocupación del espacio público también es muy significativa. La Qasba tunecina o la plaza de Tahrir egipcia se convirtieron en símbolos a ocupar por el pueblo, para debatir, conformar asambleas, manifestarse, protestar y combatir contra las fuerzas policiales. Las plazas ocupadas de las ciudades lejos de convertir a la gente en “masa”, aproximan los cuerpos y las voluntades, generan empatía y sentimientos de emoción indescriptibles, una realidad eufórica donde todos los objetivos empiezan a delinearse como posibles. Los manifestantes tunecinos se reunieron durante varios días en la plaza durante día y noche, y ni siquiera la fría lluvia invernal logró desalojarlos. En febrero, más de un millón de egipcios se movilizaron en las calles reclamando la renuncia de Mubarak.
Los reclamos no tienen una significativa motivación económica, sino que están centrados en reivindicaciones de un fuerte contenido moral: una ampliación de derechos, mayor libertad, fin de la corrupción, democracia, elecciones libres, libertad de expresión, derechos femeninos y otras reivindicaciones reformistas. En este aspecto, la participación juvenil y femenina es la más comprometida, debido a que los jóvenes y las mujeres son dos de los grupos sociales más postergados y sometidos, y cuyos derechos virtualmente no existen. Pero este carácter reformista de las protestas no ha sido comprendido por la mayor parte de la izquierda marxista y ciertos sectores anarquistas con estos mimetizados: según aducen unos y otros, tanto la ausencia de un partido revolucionario como la carencia de un programa pergeñado por las masas, llevará a malograr la posibilidad de un cambio revolucionario. Pero este pensamiento presupone que los objetivos de los manifestantes son coincidentes con los suyos, y que si el pueblo tuviera los medios a su alcance, haría una revolución sin lugar a dudas. Esto es pura ciencia ficción, simple especulación política. El rechazo a las formas tradicionales de representación política no excluye a la izquierda o los programas impuestos desde afuera. Peor aún resulta en el caso de los anarquistas neoplataformistas, que hacen lo posible por brindar un discurso lleno de lugares comunes con la izquierda: poder popular, inserción social, unidad con la izquierda para luchar contra el imperialismo, programa único (bendecido por las masas), anarquismo organizado (en torno a un partido anarquista), etc.
Los poderes de turno han reaccionado de diferentes formas frente a la protesta: de forma más benigna en Túnez y en Egipto -tal vez temiendo que las propias fuerzas encargadas de la represión se negaran a cumplir la cadena de mandos, como ocurrió en cierta medida en Egipto-, o masacrando a los manifestantes como en Libia primero y más recientemente en Siria, donde los muertos y desaparecidos se cuentan por millares. Las caídas de Ben Alí y Mubarak hicieron que el resto de los gobernantes del mundo árabe descartara las políticas de medias tintas, y se volcara a la carnicería indiscriminada a fin de no ser los próximos dictadores en ser depuestos. El resultado de estas políticas aún es incierto, y nada hace pensar que las protestas se debilitarán.

Si alguna conclusión podemos sacar de lo antedicho es que ni la radicalización de las consignas, ni la calidad revolucionaria o reformista de los objetivos de los manifestantes tiene relación con la violencia con que los diferentes gobiernos reprimen las protestas. Protestas relativamente pacíficas pueden desatar una masacre indiscriminada por parte de las autoridades como en Siria o Libia, y otras de un tenor parecido ser toleradas o reprimidas con un bajo nivel de violencia. Este contraste se evidencia más aún si comparamos las revueltas árabes con las acampadas de indignados en España, donde el pacifismo es prácticamente equiparable al civismo de los manifestantes. El poder policial suele responder con la violencia en la medida en que considere que la subversión que promueven los revoltosos atenta contra su estabilidad, lo cual depende en gran medida de la subjetividad de las autoridades políticas. Evidentemente la tolerancia a la manifestación de la “indignación” popular en España no se basa en su carácter no-violento, sino precisamente en que sus propuestas y prácticas no estuvieron ni siquiera cerca de desestabilizar al gobierno.
En un reciente artículo (2) que recomendamos su lectura, el autor expone algunas coincidencias entre los casos de Argentina en 2001 y los recientes acontecimientos en Europa; creemos que estas también son aplicables a las revueltas del mundo árabe:
1- prácticas horizontales descomponiendo patrones de representación política (“ni sindicatos ni partidos”),
2- aspectos ciertamente igualitarios (todos hablando en nombre propio y cualquiera pudiendo hablar),
3- dinámicas solidarias y autogestionarias, administrando colectivamente los esfuerzos y la satisfacción de las necesidades,
4- apelación a la construcción de espacios colectivos a partir de las diferencias existentes, esto es, rechazo de las hegemonías igualizantes en la búsqueda de una igualdad a partir de las diferencias,
5- ocupación concreta y efectiva de espacios públicos, es decir, de los espacios que simbolizan la existencia de un sujeto colectivo presente y no representado (“uso público del espacio público”, se decía no hace tanto en Tigre, cerca de Buenos Aires, o “la calle es nuestra”, como marca de la intervención comunicacional, mayoritariamente artística, en las calles).

Lo que resulta paradójico es que si bien las prácticas -el formato de las protestas, podríamos decir- tiene características notoriamente libertarias o directamente anarquistas, los objetivos pueden ser por completo discordantes o incluso hasta reaccionarios (como las propuestas nucleadas en torno a la organización española Democracia Real Ya, centradas en la crítica al bipartidismo). Como bien sostiene Hernún: “Se trata de movimientos habitados por inconsistencias, por contradicciones y por una multiplicidad de motivos diferentes, de estímulos diferentes, de prospectivas diferentes, que confluyen en acciones comunes. Por eso es que de nada sirve analizar los motivos o los anhelos, sino que el enfoque debe centrarse en los fenómenos y en lo que tengan de potentes frente al actual orden de las cosas.”
Frente a este panorama, es esperable una reacción gubernamental que restituya la situación, probablemente con algunos cambios, pero sin cambiar la esencia de una sociedad entre dominadores y dominados. Los pueblos de los países árabes que reclaman la misma democracia que los españoles consideran anquilosada pronto se hallarán en un punto no muy diferente del comienzo si no logran romper con estos vaivenes pendulares de la política en que se encuentran atrapadas casi todas las sociedades: democracia-dictadura, neoliberalismo-estado de bienestar o desarrollo-subdesarrollo.
Tal vez toda rebelión conlleve estos dispositivos y componentes anarquistas que mencionaba Hernún. El desafío consiste en lograr que las formas libertarias de la protesta generen contenidos anarquistas, logrando terminar con el panorama esquizoide donde se practica la autogestión, la ayuda mutua, el debate asambleario, la no-representación política y el igualitarismo, a fin de obtener una mezquina reforma electoral, elecciones libres, políticas más inclusivas por parte del Estado, devolución de ahorros incautados, y un interminable –pero muy cívico y reformista- etcétera.

Notas:
(1) Hobbes vs Kropotkin on the streets of Cairo, por Tom Streithorst, 31 de enero de 2011
(2) Por qué 2001 no fue un fracaso, por Hernún, publicado en: http://entornoalaanarquia.com.ar/blog/2011/05/26/por-que-2001-no-fue-un-fracaso/

Publicado en: Libertad!, Nº 59, Octubre-noviembre 2011, Buenos Aires.

Autor: Patrick Rossineri

Anexo:

Un relato sobre la rebelión egipcia.

Lo que está ocurriendo ahora en Egipto es crucial. Todo comenzó con una convocatoria a un “día de furia” en contra de Mubarak, el 25 de Enero. Nadie esperaba una convocatoria como ésta, hecha desde un grupo de Facebook, algo para nada organizado, que se hacían llamar “Todos somos Khalid Said” (el nombre de un joven egipcio asesinado por la policía de Mubarak en Alejandría el verano pasado). Pero ese martes comenzó todo, fue la chispa que encendió la hoguera. Ese martes hubo grandes manifestaciones en las calles de todas las ciudades egipcias, y el miércoles comenzó la masacre. Comenzó cuando intentaron sofocar la manifestación pacífica de la Plaza Tahrir el martes por la noche, y continuó el día siguiente, especialmente en Suez. Suez tiene un valor especial en el corazón de todos los egipcios. Fue el centro de la resistencia en contra de los sionistas en 1956 y en 1967. Allí se combatió a las tropas de Sharon en las guerras egipcio-israelíes. La policía de Mubarak llevó a cabo una masacre, asesinando al menos a 4 personas e hiriendo a 100, con bombas lacrimógenas, balines de goma, lanzallamas, y una substancia amarilla muy extraña que se arrojó por encima de la gente, la cual era quizás gas mostaza. El viernes se llamó el “Jumu’ah de la Furia” –Jumu’ah es viernes en árabe, en el fin de semana oficial en Egipto y en otros países musulmanes. Es un día sagrado para el Islam porque las oraciones más importantes son ese día, las cuales se llaman Jumu’ah. Las manifestaciones fueron programadas para después de las oraciones, al mediodía, pero la policía intentó evitar las movilizaciones con toda su fuerza y violencia. Hubo muchos enfrentamientos en El Cairo (en el centro, en Mattareyah, al este del Cairo), y en todo Egipto, particularmente en Suez, Alejandría, Mahalla (en el Delta, uno de los centros obreros más importantes). Desde el mediodía hasta el anochecer, la gente marchó en El Cairo hacia el centro, para ocupar pacíficamente la plaza Tahrir, hasta que el régimen de Mubarak cayera… todo el mundo gritaba una sola consigna: “El pueblo quiere tumbar al régimen”. Al anochecer, a las 5:00 pm, Mubarak declaró estado de sitio y sacó al ejército a las calles. Este estado de sitio fue seguido por desórdenes planificados por la policía, quienes soltaron a toda clase de matones y criminales, los llamados Baltagayyah. La policía planeó soltar a todos estos criminales de las prisiones egipcias para aterrorizar al pueblo egipcio. Ni la policía ni las tropas podrían controlar las calles, aterrorizando al pueblo. Luego siguió un bombardeo en las noticias egipcias de televisión, prensa y radio, sobre saqueadores en las ciudades, rateros disparando al pueblo. Pero el pueblo organizó “comités populares” para garantizar la seguridad en sus vecindarios. Lo cual fue bien visto por el régimen, ya que les interesaba generar un sentimiento de inestabilidad en el país. Pero también representaron un punto de inflexión, ya que desde ellos podemos construir comités obreros.

Nidal Tahrir, militante del grupo anarco-comunista egipcio Bandera Negra.

Lo que se va y lo que se queda (Coyunturas y experiencias)

Las constantes y masivas manifestaciones estudiantiles del último tiempo destacan por diversas razones.
Desde nuestro punto de vista, éstas sobresalen puesto que en ellas miles de jóvenes han adquirido experiencias de lucha y creatividad que, esperamos, trascenderán en sus posteriores desarrollos personales y colectivos. Después de todo, las identidades afines a la lucha antisistema se forjan en base a las experiencias personales. En otras palabras, nos hacemos subversivos no necesariamente a partir de nuestro lugar en la estructura económica, sino que en base a la bella e incontrolable realidad de haber conocido a ciertas personas, compartir ciertos hechos, observar ciertos fenómenos, experimentar ciertas afinidades, entre otros. Y si hoy las marchas estudiantiles y las luchas contra el lucro son más numerosas y masivas que en décadas anteriores, debemos estar contentos porque las posibilidades de sociabilizar experiencias de confrontación, con todo lo que ellas involucran (conocer y disfrutar de ciertos amigos e instancias de lucha) ha de aumentar.
Y quién sabe si mañana llegarán a compartir nuestras pequeñas batallas chicos y chicas a quienes este escenario les influenció en algún grado para elegir rutas de sedición. Apelamos a las experiencias porque dado el carácter reformista de las protestas actuales, éstas se diluirán luego de un par de semanas en un preparado de acuerdos y mucha prensa.
Pero las experiencias, como conjunto de sensaciones vividas e interiorizadas, siguen en cada participante, independiente de lo que suceda tras puertas cerradas en tal o cual edificio altisonante. El público que supo acudir a cada convocatoria es ahora un testigo de las posibilidades del colectivo, como también del individuo, su cuerpo expuesto a gases nocivos, pancartas multicolores y el cansancio de las continuas caminatas incorpora a través de la piel el conocimiento de realidades, quizás, ajenas.
Lo notable de esta forma de aprender es que cada individualidad razona las experiencias desde su punto de vista (olfato, tacto, acústica o gusto), adhiriendo a los principios que le sean más afines. Gocemos de un sano optimismo y actuemos -si acaso nos interesa- como más nos parezca. Pero estemos pendientes y no temamos a las críticas. Que no hay peor cosa que sacralizar a nuestras organizaciones y nuestras perspectivas de enfrentamiento.
Desde luego, existen muchos postulados que simplemente no nos parecen adecuados. El Estado-fanatismo es uno de ellas. Pero ni las burocracias estudiantiles, ni la traición de las mismas a las bases, que se desbordan por abajo, ni los más viles mecanismos de represión, impedirán que cientos de miles de muchachos y muchachas hayan ganado experiencias de lucha.
Evidentemente nadie se ha movilizado para ganar experiencias, sino para exigir sentidas demandas que tal vez se logren. Pero, cuando llegue la inevitable hora fatal de todo movimiento ciudadano, esto es, la hora del acuerdo, de la mesa de diálogo y del arreglo, las vivencias serán las únicas que quedarán en pie, nos guste o no. De cada uno dependerá si aquellas acabarán siendo simples anécdotas o herramientas útiles para enfrentar las luchas del mañana y por sobre todo, para los combates de hoy.

Grupo Anarquista El Surco, Santiago, Agosto 2011

Publicado en: El Surco, Nº 28, agosto de 2011, Santiago, Chile

Los disturbios nos invitan



Jueves 6 de Agosto. En el popular barrio londinense Tottenham, por enésima vez muere un hombre por bala policial. Un asesinato estatal que en muchas circunstancias no causaría mayor reacción.
Un hecho como diariamente hay tantos en las columnas de los periódicos en todas partes del mundo, y que generalmente, son leídas con total indiferencia. No así esta vez en Londres. Una marcha de protesta dos días después, termina en disturbios en el barrio. Pobladores lanzan piedras y bombas molotov a la policía, levantan barricadas y saquean y queman negocios. Un supermercado es consumido por las llamas y los insurrectos destruyen una camioneta de la BBC.
La muerte de Mark Duggan fue la chispa que hizo explotar una bomba llena de odio acumulado contra el sistema. En los días siguientes los disturbios se extendieron a varios barrios populares de Londres y luego a otras ciudades inglesas.
Los principales blancos de los amotinados fueron la policía (186 agentes heridos, decenas de vehículos policiales y comisarias atacadas con piedras y fuego), la prensa (varias camionetas de los canales de televisión fueron destruidas), los bancos y negocios (miles fueron saqueados, atacados y/o quemados). Como siempre, la represión no se hizo esperar. 16.000 policías fueron necesarios para calmar la situación.
Todas las vacaciones de los uniformados fueron anuladas y en algún momento el régimen amenazó con sacar a los milicos a la calle. Más de 2000 personas fueron arrestadas, los tribunales trabajaron día y noche y las cárceles se colmaron.
Un pequeño ejército de sociólogos, 'analistas', politiqueros de izquierda y otros progres se apuraron en opinar sobre los disturbios. Al unísono condenaron su aspecto violento aunque algunos de ellos justificaron los motivos de los insurrectos en un intento de politizar la rebelión.
Sin embargo, si hay algo que los amotinados de Londres NO usaron, son los instrumentos de la política: ninguna declaración a la prensa, ningún pedido al Estado, ninguna negociación con el gobierno, ningún tratado de paz o compromiso.
Los disturbios en Londres fueron un ataque frontal a un sistema inhumano que condena a millones de personas a una vida de miseria. Un sistema que ofrece trabajo humillante sin sentido, alquileres impagables, falta de dinero, policía y cámaras por todos lados, aburrimiento en colegios, consumismo, etc.
Los rebeldes simplemente decidieron destruir lo que les destruye. El alto grado de violencia de los disturbios solamente es el reflejo de la violencia que se vive diariamente en una sociedad capitalista y autoritaria.
Los disturbios en Londres fueron una negación de lo existente. Si bien tal vez no sabían exactamente qué querían, los que salieron a la calle tenían una certeza muy grande sobre lo que NO querían: aceptar esta sociedad y sus opresiones. En vez de pedir reformas decidieron enfrentar la mierda existente.
Nosotros, anarquistas, también creemos que hay que demoler los fundamentos de este sistema. Pero también tenemos un «después» en nuestros corazones. Sobre las ruinas de este sistema de opresión queremos construir un mundo con otras relaciones sociales, libres de autoridad y explotación, donde podemos desarrollarnos como individuos en solidaridad con otros, donde podemos vivir en libertad.
Para nosotros los disturbios en Londres, tanto como las revueltas en el mundo árabe o la rebelión estudiantil en Chile, nunca fueron algo lejano. Nos sentimos conectados con ellos porque nosotros también queremos romper con la pasividad y la resignación. Nos inspira la valentía y el goce del vivir de los miles de personas que toman sus vidas en sus propias manos. Nos dan coraje para seguir con nuestras luchas, pequeñas y grandes, individuales y colectivas.
En el mundo árabe el fuego de la revuelta destronó a varios dictadores que parecían intocables. En Londres se demostró que a pesar de miles de cámaras y policías, es posible afrontar el sistema. ¿Por qué no sería posible acá?
Los disturbios de Londres, Chile y el mundo árabe nos invitan a prender la mecha de la revuelta en nuestras propias vidas.

Publicado en: Sin Permiso, Nº 3, septiembre/octubre 2011, Asunción, Paraguay.

sábado, 13 de agosto de 2011

Anarchy in UK: La explosión de la rabia

“Las explosiones insurreccionales suelen tener pocas consideraciones para con los revolucionarios, acontecen como sucesos imprescindibles y desbaratan repentinamente, casi sin quererlo, como por arte de magia, urdidas estrategias en la contemplación de lo cotidiano.”

Al final de la calle

Una vez más, el asesinato de un joven Negro (Mark Duggan) a manos de la policía desata la ira en el legendario barrio londinense de Tottenham. Las manifestaciones incendiarias que sacuden nuevamente a Gran Bretaña y ocupan los titulares de los principales medios de comunicación masiva, gozan de larga data en el Reino Unido. Sin embargo, pese al “miedo ciudadano” que exige al Estado “seguridad” a sangre y fuego, de la mano del alarmismo mediático y de la imposición de la ideología ciudadanista –propia del izquierdismo posmoderno–, el actual nivel de conflictividad es incomparable con la violencia radicalizada que ha caracterizado los estallidos de furia colectiva registrados con anterioridad en Inglaterra.
En la penúltima década del siglo pasado también cundió la revuelta. Hace 30 años, las ciudades de Londres, Liverpool, Manchester, Birmingham y Leeds, fueron protagonistas de la cólera colectiva de los oprimidos. Todo comenzó el 2 de marzo de 1981 con una multitudinaria manifestación antirracista en protesta por la masacre de New Cross[1], perpetrada por supremacistas blancos. Ese mismo año, en el mes de abril, estallaría en Brixton una de las revuelas más aguerridas de la década. El detonante de estos disturbios fue el asesinato a puñaladas de un joven afrodescendiente. Miles de personas enfrentaron enfurecidas a la policía, resultando 300 agentes heridos y más de cien vehículos destrozados por el fuego contestatario. En julio, las revueltas resurgirían en Toxteth, Liverpool, suscitando dos semanas de enfrentamientos con un saldo de 500 uniformados heridos y medio millar de jóvenes detenidos. Las violentas manifestaciones del verano de 1981 eran la respuesta a la impunidad del terrorismo neofascista, al racismo institucional y a la indiferencia cómplice de la sociedad inglesa. Tres años más tarde, en 1984, ciento cincuenta mil mineros reanimarían las luchas sociales de la década anterior[2] y pasarían a lo ofensiva en Escocia, Yorkshire, Kent y Durham, declarando la huelga general indefinida. Casi tres mil detenidos, medio centenar de heridos y un muerto, sería el saldo de los enfrentamientos violentos con la policía. En septiembre de 1985, regresaría la violencia a Handsworth; Birmingham, registrándose nuevos enfrentamientos entre la policía y jóvenes Negros. Al siguiente mes, el barrio de Tottenham, al norte de Londres, sería tomado por una multitud enardecida que se dedicó a expropiar comercios, incinerar automóviles, quemar supermercados y a confrontar a la policía con escopetas de caza y cocteles molotov, en protesta por la muerte de Cynthia Jarrett a consecuencia de un infarto provocado por el maltrato de la policía durante el registro de su casa. El resultado de los cruentos enfrentamientos entre las fuerzas represivas y los jóvenes refractarios, dejaba como resultado un policía ejecutado a machetazos y 200 uniformados y 13 periodistas heridos. Kenneth Newman, quien fuera jefe de Scotland Yard por esas fechas, declararía a la prensa “No toleraremos que la anarquía se adueñe de las calles de Londres", mientras denunciaba la presencia de “agitadores” anarquistas y trotskistas “detectados en diferentes zonas de concentración étnica".
Durante los primeros años de la década de los ochenta, el auge de la combatividad obrera de los trabajadores metalúrgicos dotaba de radicalidad a las luchas en Francia[3]. De manera paralela, se hicieron sentir las revueltas urbanas, marcando el comienzo de una nueva forma de contestación juvenil de carácter colectivo. El incendio y la destrucción de edificios, la quema de vehículos, las barricadas incendiarias y los violentos enfrentamientos con la policía, se consolidaban como estrategia a seguir por los jóvenes refractarios franceses, en su mayoría descendientes de la inmigración colonial, excluidos del mercado laboral, marginados y discriminados. En 1981, los jóvenes del barrio de Les Minguettes, en Marsella, destruirían el centro social de su localidad, darían fuego a los automóviles y levantarían barricadas, enfrentando a la policía con cocteles molotov y piedras. En 1983 volverían a tomar las calles de Marsella echando mano del fuego vindicador, acaparando la atención de los medios que a la sazón les bautizaban con el eufemismo de “jóvenes de los suburbios” y les señalaban como "clases peligrosas": el nuevo terror de los ciudadanos de clase media residentes en los barrios céntricos y opulentos de Francia[4]. El antagonismo también atesoraba bríos en Italia con la autonomía obrera, mientras que en el Estado español el movimiento asambleario plantaba cara a la opresión y las distintas trayectorias de los movimientos autónomo y libertario confluían en los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CCAA).El viejo topo no se quedaba atrás en la Polonia “socialista” y socavaba los cimientos del capitalismo de Estado. La agitación obrera de los primeros meses de 1980, cristalizaba en el mes de julio en una huelga general sin precedentes desde la implantación del “socialismo realmente existente” paralizando la ciudad de Lublin En diciembre de 1983, hacía su aparición pública Ruch Spoleczenstwa Alternatywnego –RSA (Movimiento por una Sociedad Alternativa), agrupación anarquista que inmediatamente editaría la publicación Revuelta en Varsovia y Homek en la ciudad portuaria de Gdansk, confrontando al deshilachado burocratismo leninista y al naciente engendro católico-nacionalista conocido como “Solidaridad”, de claro signo protocapitalista. En octubre de 1988, los anarquistas polacos coordinarían acciones conjuntas con anarquistas norteamericanos contra la criminal intervención del gobierno de Ronald Reagan en El Salvador y en marzo de 1989 concretarían una multitudinaria manifestación en conmemoración de la represión de Kronstadt –y el fin del Comunismo de los soviets. En la extinta URSS, las huelgas obreras también comenzaban a manifestarse, los conductores de autobuses paralizaban Togliattigrado, con el apoyo solidario de los obreros de las fábricas de automóviles De este lado del Atlántico, en pleno corazón de los Estados Unidos, se registraban motines incendiarios en los guetos afroamericanos de la mano de movilizaciones obreras de las ramas automotriz y siderúrgica reclamando reformas sustanciales. A lo largo y ancho de Latinoamérica, cobraba vida la otrora furia proletaria. En México, la protesta obrera lograría amplios espacios de autoorganización de las luchas confrontando al Estado y a la patronal. Sólo en 1982 se registrarían 3 mil huelgas en el sector industrial y de servicios, destacando la emplazada en la empresa Cobre de México y la huelga coordinada en 197 empresas del ramo textil. El 24 de mayo de 1983 iniciaría la legendaria huelga de los trabajadores de Refrescos Pascual, quienes se adjudicarían los activos y se constituirían en sociedad cooperativa.
Parecía que la vieja lucha de clases resucitaba por doquier. Sin embargo, lo que presenciábamos eran los últimos estertores del movimiento obrero. El proletariado se negaba a sucumbir en medio de la transición capitalista hacia un nuevo entramado tecnológico de dominación mundial, implementado a través de novedosos modelos de control. Gracias a la colaboración de los sindicatos, los movimientos sociales de “acción cívica” (Bürgerinitiativen) y los partidos izquierdistas, la ofensiva neoliberal resultaba victoriosa. Reformas cosméticas, represión, “participación ciudadana” y droga, serían los componentes de la pócima mágica que terminaría la tarea domesticadora mientras se concretaba la transición económica. La “clase obrera” quedaba diluida junto a las denominadas subclases transmutándose en un impreciso amasijo: las masas. Su acta de defunción se expedía en los últimos días de la década del ochenta del pasado siglo.
Los años noventa experimentarían la explosión de la rabia que alcanza su punto culminante en la conflictividad permanente de los jóvenes habitantes de las superpobladas urbes del siglo XXI. Atrapados en la arquitectura del encierro –bajo la dictadura del concreto–, vigilados por miles de cámaras insomnes, acosados por el racismo y la exclusión social y sometidos por el imperio del consumo, los jóvenes incendiarios alimentan sus sueños en efímeros instantes de Libertad irrestricta, en fulminantes momentos de destrucción absoluta, en la gozosa danza del fuego emancipador. Estos neonihilistas –los nuevos sujetos refractarios, capaces de actuar y autodefinirse como actores–, protagonistas de las actuales revueltas que expresan su rabia y contagian con ella a amplios sectores de los oprimidos en Gran Bretaña, nada tienen en común con la violencia política de 1990, desatada durante las revueltas contra el “poll tax”. Aquello fue un torrente de furia politizada que, rebasando los límites de las protestas impulsadas por la All Britain Anti-Poll Tax Federation (ABF), enfrentó a los vehículos antidisturbios y a la policía montada. La multitud enfurecida de 1990 también destrozó vidrieras, expropió tiendas, volcó e incendió automóviles y arrasó con bancos, supermercados, McDonalds y todo lo que encontró a su paso pero tenía demandas concretas y exigía respuesta de las autoridades británicas.
En1991, la cólera colectiva de los jóvenes de los suburbios volvería a incendiar los barrios en las ciudades de Lyon y París y regresarían, con muchísima más furia y determinación, el 27 de octubre de 2005 para vengar la muerte de dos jóvenes africanos calcinados por la descarga eléctrica de un transformador mientras intentaban huir de la persecución policiaca. Los ánimos se exacerbaron con las declaraciones racistas de Nicolas Sarkozy, que calificó de “escoria” a los primeros manifestantes. Las protestas incendiarias harían arder a Francia, expandiéndose el fuego desde París a Sena, Val-d'Oise, Lille, Ruan, Dijón, Marsella y otras ciudades, prolongándose la revuelta. Durante la noche del 5 de noviembre y la madrugada del día 6, se registraron mil 295 vehículos incendiados y barricadas en diferentes ciudades de Francia. Los jóvenes iracundos de los suburbios franceses no tenían demandas ni exigían respuesta de las autoridades. Mientras, los buenos ciudadanos entraban en pánico y permanecían aterrorizados en sus casas –como ahora sus homólogos ingleses– reclamando el brutal concurso de la ley y el orden contra los excluidos.
Sin que quepan dos opiniones al respecto, las manifestaciones incendiarias que hoy se multiplican por el Reino Unido, están cargadas de espontaneidad, aunque cuenten con el auxilio de los sistemas digitales de comunicación y con la solidaridad del núcleo de guerrilla cibernética (TeamPoison) que ha conseguido hackear la web de Blackberry en represalia con esta empresa que facilita el trabajo a las fuerzas represoras. Así mismo, es incuestionable el carácter diverso y colectivo de la revuelta, donde comparten rabia y cocteles molotov, jóvenes ingleses afro-descendientes, afro-caribeños, latinoamericanos, paquistaníes, hindús, ingleses blancos, etc., más allá de diferencias religiosas o raciales. No obstante, es indiscutible que la revuelta carece de ideología. Va más allá de la negación intrapolítica. ¡Es más radical! Los jóvenes iracundos se centran en la expropiación multitudinaria de tiendas y comercios; en el frontal enfrentamiento con la ley y el orden y, en hacer arder los barrios. No pretenden derrocar al gobierno, quieren arrasar con todo lo existente. No piden reformas ni mejoras ni transformaciones, sólo liberan la ira, la frustración, el delirio y las pasiones contenidas. Es la Verwerfung que enfrenta al encanto de la normalidad, al pacifismo cómplice, a la vacuidad ciudadana y a la miseria militante, mostrándonos la verdadera violencia: la violencia sistémica, oculta en el desarrollo del progreso, en el perfeccionamiento armónico del civismo, en el desierto de la muerte cotidiana. Por eso, esta catarsis colectiva de rabia nihilista, da cuenta a priori, del repudio y la condena de todos los recuperadores históricos de las luchas.
¡Qué se extienda el fuego que ilumina!
¡Qué se propague la rabia!

Posdata alentadora: Simultáneamente a las revueltas incendiarias del Reino Unido, se ha verificado una verdadera batalla campal entre estudiantes y policías en diferentes ciudades de Chile; subrepticiamente, en medio de la ola de protestas, fue devorado por las llamas un supermercado en la ciudad de Santiago, dejando impregnado tras los despojos humeantes de la mercancía devastada el aroma del contagio de la rabia planetaria, anunciando el despertar de la Anarquía.

Gustavo Rodríguez
San Luis Potosí
A 12 de agosto de 2011

NOTAS:
[1] En las primeras horas del domingo 18 de enero de 1981, murieron asfixiados y/o calcinados 13 jóvenes afrodescendientes a consecuencia de un ataque incendiario durante la fiesta por el cumpleaños 16 de Yvonne Ruddock, en el barrio londinense de New Cross. De las casi 200 personas que se encontraban festejando, 27 resultaron heridas –una de las víctimas se suicidó dos años después de la agresión. Aquel ataque provocó el estallido de las protestas raciales hartos de la impunidad del Frente Nacional y sus constantes agresiones en nombre de la supremacía blanca.
[2]. La década del setenta en el Reino Unido, estuvo marcada por las luchas sociales. En los años 1972-74 las huelgas de los mineros y portuarios ingleses provocaron la caída del gobierno conservador. Cuatro años más tarde, durante el invierno de 1978-79 las huelgas condujeron nuevamente a la caída del gobierno, en esta ocasión, en manos del Partido Laborista.
[3] En febrero de 1979, los trabajadores siderúrgicos tomarían por asalto la prefectura de policía de Longwy , un mes después protagonizarían la marcha a París del 23 de marzo haciendo historia.
[4] Champagne, Patrick, "La vision médiatique", en Pierre Bourdieu, “La misère du monde”, París, Seuil, 1993, pp. 95–123.

Publicado en: http://www.kaosenlared.net/noticia/anarchy-in-uk-explosion-rabia