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viernes, 7 de octubre de 2011

GLOBALIZACIÓN CAPITAL


Por “burbuja económica” debe entenderse a una subida desmedida y fuera de lo normal del precio de algún producto por un tiempo prolongado a causa de la especulación financiera. El proceso por el cual se forma una burbuja se debe a que los especuladores acumulan un bien o una acción, y al aumentar la demanda, el precio comienza a subir. Otros especuladores observan que el precio sube, por lo que ellos también desean comprar, incrementando la demanda y el precio. Este proceso sigue, aumentando cada vez más el precio. Los que compraron primero venden para tomar sus utilidades. El precio sigue subiendo, unos entran y otros salen. El precio llega a un nivel tan alto que ya es absurdo, pero algunos especuladores siguen comprando. Llega un momento en que muchos quieren tomar utilidades, pero ya no hay compradores. Comienzan a vender a cualquier precio. Explota la burbuja, y el precio regresa de manera abrupta a la normalidad.(1) Básicamente las “burbujas económicas” se rigen por dos leyes: Se inflan más tiempo de lo esperado, e inevitablemente en algún momento estallan.
La crisis originada en Estados Unidos a causa de la burbuja inmobiliaria, producto de la especulación crediticia e hipotecaria, estalla a mediados de 2008 cuando los bancos centrales de los diferentes estados norteamericanos intervienen para darle liquidez al sistema bancario. Las entidades crediticias que especulan en el ámbito inmobiliario fueron las más afectadas, produciéndose la bancarrota de muchas de ellas, un aumento desmedido del precio de las hipotecas, acompañado por el desempleo y la depreciación de la moneda.
Rápidamente se expandió por todas las economías mundiales, ocasionando que la crisis adquiera características globales. Después de Estados Unidos vino Irlanda, Dinamarca e Islandia. Siguió por la península ibérica donde aún hoy la recesión y la pérdida del empleo es la norma vigente, siendo el sector de la construcción uno de los más afectados. La crisis también se manifestó en Australia, Nueva Zelanda y Japón, sin obviar a economías sudamericanas como la chilena, argentina y brasileña. La realidad es que no hay economía que no esté en recesión, ya que en mayor o menor grado todas se encuentran atravesadas por esta crisis de envergadura global.
Hoy es el turno de Grecia, región donde están puestos los ojos no sólo del sector financiero mundial, sino también de aquellos que ven en las revueltas callejeras griegas una luz de esperanza que logre expandirse para hacer que la resistencia y la lucha contra el capital sea también, como la crisis, de carácter global. Y para ello es necesario conocer la fisonomía social griega, aunque más no sea esquemáticamente, para entender la dinámica de la crisis, sus alcances y las resistencias populares que se vienen desarrollando desde hace meses sobretodo en Atenas, ciudad neurálgica de la región helénica.

El primer dato que puede dar un panorama del desenvolvimiento de la crisis y sus alcances, está relacionado con la estadística poblacional. Viven, en la actualidad, 11.3000.000 habitantes en la región griega, siendo Atenas con 5 millones de personas y Salónica con algo más de 1 millón las ciudades más importantes de Grecia. Entre ambas albergan un poco más del 50% de la población total configurando de manera particular no sólo la fisonomía territorial, sino también la actual crisis, ya que las movilizaciones, resistencias y luchas callejeras contra el ajuste estatal suceden prácticamente en su totalidad en estas dos regiones. Pese a que hoy día el 20% de la población griega trabaja directa o indirectamente en el sector agrícola, posicionando a Grecia entre los estados europeos de mayor preponderancia en ese sector económico; o de que la quinta parte de la población activa trabaje en cualquiera de las vertientes del sector industrial (alimenticia, textil o construcción), la realidad económica griega se define por la casi total dependencia del sector público y el turismo.
Todo va de la mano ya que no es fortuita la distribución poblacional en las dos grandes ciudades (Atenas y Salónica), sino que ello se debe a la planificación estatal que desde 1970 vienen llevando adelante los partidos políticos que se alternaron, y aún se alternan, en el poder. Como en otros países europeos la política griega esta caracterizada en el bipartidismo que ubica a los socialdemócratas y a los conservadores como los actores principales del circo político. La alternancia se viene produciendo desde hace décadas, y pese a diferencias de matices, ambas posiciones políticas comparten la idea del papel protagónico que el estado griego, como actor social, debe tener no sólo en lo político, sino también en lo económico. De ahí la gran concentración poblacional en Atenas y Salónica, ya que es inevitable para mantener la maquinaria contar con un gran número de funcionarios y trabajadores. Hoy en Grecia la mayoría de los asalariados dependen del Estado o de las industrias de servicios, como el turismo.
Sin embargo, esta fuerte presencia estatal en la vida económica griega comienza a tener ciertas restricciones a partir de la entrada de Grecia en la Comunidad Económica Europea, allá por 1981. Esta situación, junto a la ola privatizadora que caracterizó a la década de 1990 no sólo en el país helénico, sino pensemos en el caso del estado argentino, posibilitó cierto desmembramiento del aparato estatal en detrimento del sector privado en cuestiones que antaño sólo tenía incidencia de manera exclusiva el estado. Uno de esos sectores es el de la enseñanza, donde a partir de las privatizaciones comenzaron a aparecer los primeros focos de resistencia ante la flexibilización laboral y los despidos. Lo que comenzó en el sector de la educación poco a poco fue ganando otros terrenos, como los servicios. Las consecuencias, a la vista de todos.

En la actualidad Grecia está atravesando la peor recesión desde la década de 1970, con un desempleo que ronda el 40% entre los jóvenes, principales impulsores de las revueltas. Desde hace semanas la región se encuentra paralizada producto de las más de 15 huelgas generales que se vienen declarando desde que estalló la gran crisis. La última de ellas, de fines de junio, tuvo un objetivo claro, la de impedir una serie de recortes sociales propuestas por el FMI y el Banco Central Europeo para salvaguardar los intereses de las bancas de Francia y Alemania, principales acreedores del estado griego y, vaya paradoja, impulsores de los créditos para que Grecia “honre” sus deudas. O sea, que los mismos acreedores que reclaman son quienes están dispuestos a otorgar créditos para que el estado griego pague. Se habla de 50000 millones de euros, así como de un ahorro de 28000 millones que harán mella sobre las conquistas económicas y sociales de los últimos 40 años.
Ante este panorama económico social convulsionado por donde se lo mire, la población griega no se ha quedado inmóvil, por el contrario, ha tomado una posición de resistencia ante el embate de los organismos financieros mundiales. Y en este despertar de lucha, el accionar del movimiento anarquista griego tiene un rol de importancia considerable en la rebelión callejera, en las ocupaciones de fábricas, oficinas y universidades. Y pese a ser un movimiento relativamente pequeño en comparación a otras posiciones pretendidamente revolucionarias, como el partido comunista griego, los anarquistas han sabido ganarse el respeto social.
A diferencia de otras regiones europeas, el anarcosindicalismo no es la corriente anarquista mayoritaria en tierras helenas, por el contrario, el descontento sobrepasa los márgenes sindicales y el “mundo del trabajo”. El capitalismo, como sistema relacional, no es entendido exclusivamente desde la oposición capital/trabajo ya que pensar la lucha desde un aspecto meramente económico es quedarse a mitad del camino. La posibilidad de ruptura no debe quedarse en el recorte del “mundo laboral”, por el contrario, debe ir más allá de la antinomia capital/trabajo. La lucha debe ser una búsqueda constante de emancipación integral que sobrepase la instancia del trabajo asalariado y ataque la sociedad de consumo y la vida convertida en mercancía.

La explosión social en Grecia es sólo el comienzo. La crisis sobrevuela otros estados donde las economías tienen “más peso” a nivel continental europeo, como pueden ser Portugal, España o Italia. La suerte de Grecia es crucial no sólo para el establisment económico mundial y sus conocidas recetas financieras de endeudamiento público, recorte social y privatizaciones, sino también para aquellos que ven en las revueltas griegas la manera de enfrentar al poder político y económico. La importancia de lo que sucede en las calles de Grecia reside en la posibilidad de convertirse en catalizador de la resistencia al capital en otras regiones próximas a caer en la crisis económica. Para ello la revuelta y resistencia debe sobrepasar las propias fronteras de la región helénica, entendiendo que el problema no es de carácter griego, sino global. Que el problema es el capitalismo, en cualquiera de sus manifestaciones.

(1) www.economia.com

Publicado en: Libertad! Nº 59, octubre-noviembre 2011, Buenos Aires
Autor: Gastón

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