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lunes, 8 de noviembre de 2010

Meterse en las luchas sociales concretas




Muchos de nosotros hemos empezado nuestro camino radical a partir de la lucha contra una injusticia en particular.
Luego, con experiencia y con lecturas, nos hemos dado cuenta de que el problema es más profundo. No es un policía, es toda la institución. No es un gobernante corrupto, es un sistema político que responde a la clase dominante. No es una empresa, es el capitalismo. Cuando tomamos conciencia de que la raíz de todos los problemas sociales se encuentra en la organización social basada en la explotación, y que para solucionar esto se necesita un cambio revolucionario de la misma, solemos perdernos en debates estériles contra otras visiones que se reclaman revolucionarias e incluso con gente de nuestra misma visión sobre cómo llevar a cabo esa revolución.
Dependiendo de cómo respondamos esa pregunta, la identidad de revolucionario que tendremos, desde la cual haremos nuestra propaganda y nuestras “intervenciones” en el presente. Pero luego de identificarnos con una determinada ideología revolucionaria pasa algo más grave. Una vez reconocida la diferencia entre el camino revolucionario y el reformismo, se suele adoptar un enfoque anti-reformista. Y de allí viene la abstención de las luchas reivindicativas y por reformas y por lo tanto el aislamiento del movimiento real de los explotados y oprimidos, al cual consideramos atrasado por sus ideas y sus métodos. ¿Pero atrasado respecto a qué? ¿Respecto a la situación histórica y los objetivos inmediatos? No, atrasado respecto a las ideas y métodos que reclamamos nuestros. Es un criterio egocéntrico. Y es que hacer política (aun si se la llama anti-política) desde una identidad, en vez de hacerla desde las necesidades y posibilidades reales del movimiento de los explotados, es egocentrismo.
Desde esta política identitaria todo lo que tenemos que hacer es machacar con nuestras ideas y buscar rendijas en las luchas actuales donde podamos “intervenir” sin comprometer nuestra identidad política (a la que llamaremos “principios” o “programa”). Desde esta política lo más prioritario es delimitarse, no integrarse. Es oponerse al status quo, no pugnar por superarlo. Algunos que buscan participar en las luchas sociales de su entorno sin imponer sus ideas habrán asentido con la cabeza al leer esto pensando que están exentos de esta crítica. Pero después en lo que escriben sobre esas luchas sociales se nota que lo que más les interesa no son los obstáculos que tienen enfrente y cómo superarlos, sino evaluar en qué medida estas luchas se acercan a sus ideas, en qué medida el movimiento avanza adonde ustedes creen se encuentran parados, esperándolo (por más retórica antivanguardista que utilicen).
El rol del revolucionario consciente no es esperar a que los frutos estén maduros para su “intervención”.
Tampoco es participar en las luchas sociales haciendo ultimátums (explícitos o implícitos) sobre el carácter que tendrán que tener para poder ser parte de ellas sin comprometer sus “principios”.
Tampoco es ser furgón de cola del reformismo. El rol del revolucionario consciente es participar del movimiento actual de los explotados -tal como es y no tal como se quisiera que fuera- para hacerlo avanzar en su desarrollo.
Pero el criterio para definir qué es un avance y qué un retroceso del movimiento de los explotados no debe ser una ideología revolucionaria. Debe ser la evaluación práctica de la lucha en cuestión y la historia de ese movimiento. Cosa es mucho más compleja de evaluar, porque significa abordar matices que para la ideología son irrelevantes.
Por culpa del enfoque ideológico y de la política identitaria muchos revolucionarios están ausentes de luchas tales como:
- Las luchas por la igualdad jurídica y los derechos específicos (como el derecho al aborto).
- La protección del medio ambiente y los bienes comunes.
- Las luchas vecinales (semaforización de las calles, asfalto y cordón cuneta, iluminación de los barrios, etc.).
¿En qué se justifica esa ausencia? En que esas luchas son reformistas, sólo buscan un cambio de legislación y de las instituciones y por lo tanto son un “remiendo del sistema” (lo cual, para la ideología del “cuanto peor, mejor”, es inaceptable).
De esta manera, los revolucionarios se aislan de muchísimos procesos sociales cooperativos en los cuales los explotados buscan resolver sus necesidades (necesidades que un movimiento parcial, como el movimiento obrero, no resuelve). O esos procesos adoptan formas organizativas e ideas compatibles con nuestra ideología revolucionaria, o nos abstenemos de ellos.
Una vez nos demos cuenta de cómo nos autolimitamos se abrirá ante nosotros un amplio abanico de posibilidades de participación autónoma en lugares tales como la cooperadora de la escuela, las reuniones de consorcio, el centro vecinal. Lugares que ni en pedo son revolucionarios ni están previstos en la ideología revolucionaria clásica (como sí lo están los sindicatos, por ejemplo). Se podrá objetar que en esos lugares hay mucha ideología reaccionaria y egoísmo. Pero es que nosotros no vamos a ir ahí a hacer proselitismo de nuestras ideas sobre la sociedad y cómo cambiarla, vamos a aportar teórica y prácticamente para resolver las necesidades comunes que dieron lugar a esos procesos cooperativos. No vamos a presentarnos como “revolucionarios”, sino como personas que tenemos intereses en común y quieren aportar.
A lo que tenemos que apuntar es a lograr una superación de las actuales formas de cooperación, y sólo podemos hacer la diferencia cuando participamos autónomamente en los procesos cooperativos tal como son. Imponer condiciones ideológicas a nuestra participación es lo mismo que abstenerse, y la abstención nunca es revolucionaria si no existe una opción superadora a la que elegir.

Publicado en: Parrhesia Nº 10, agosto, de 2010; Bahía Blanca.
Autor: Ricardo Fuego

1 comentario:

  1. No puedo estar más de acuerdo con lo que apuntas; tanto es así que comentar más el artículo sería redundante.

    Es en nuestro día a día, en nuestras relaciones con vecinos y compañeros, donde debemos dar la batalla; a ellos es a quienes debemos apoyar, demostrando así que la solidaridad es más que una palabra.

    Los dogmatismos para cuando acabemos el trabajo; ahora hay mucho que hacer ;)

    Salud compas.

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