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sábado, 28 de noviembre de 2009

Salud y Anarquía

El sistema social basado en la existencia del Estado nos plantea siempre la disyuntiva entre lo público y lo privado, refiriendo lo público a la intervención estatal en todo cuanto concierne a la organización social de servicios para satisfacer las necesidades de la población: alimentación, energía, educación, salud, etc...
No pocas veces los anarquistas hemos adoptado una defensa de lo público como POSIBLE garantía del acceso igualitario de la población a los servicios. La opción de defensa de lo público implica la petición de intervención estatal con lo cual contradictoriamente terminamos avalando la existencia del Estado. Pedimos al Estado que mejore los servicios públicos aunque bien podríamos arreglárnosla sin este poder centralizado.
Lejos de ser garante de igualdad el Estado promueve la desigualdad por su misma esencia, sin entrar en el detalle de la libertad de elegir.
La salud como bien social, centrada en la soberanía personal solo puede ser desarrollada a partir de la solidaridad comunitaria, autogestionadamente. La salud como bien de mercado, ya sea pública o privada, esta al servicio del sistema de explotación.
Se acepta una sola forma de hacer medicina avalada por el negocio de la ciencia y los laboratorios y certificada por el Estado. Es la medicina del modelo médico hegemónico, donde la prevención si tiene lugar no es para beneficio de la sociedad, sino que, sostenida en la epidemiología se convierte en herramienta de control social. Las instituciones todas concurren en la efectivización de los objetivos de sanitarización y control de la mano de obra actual o proyectiva.
En los centros barriales de salud no se entrega la caja de alimentos o leche a las madres que no aceptan vacunar a sus hijos...
En las escuelas obligan también a la vacunación (colocación en el mercado de productos de laboratorio cuestionables desde otros enfoques de salud), aunque no haya riesgo de epidemia ni déficit inmunológico.
Por otra parte si se detecta déficit inmunológico producto de la desnutrición o de los productos insalubres que pone en el mercado la industria “alimentaria”, además de no resolverse la causa del problema se la encubre como se encubren las muertes por desnutrición o por enfermedades producidas por el “progreso”.
En este contexto la salud no es ni más ni menos que manipulación de cuerpos y mentes al servicio de la eficacia productiva. Los sectores sociales más afectados suelen depender de los planes asistenciales y no tener más opción que la salud pública, con lo cual quedan doblemente sometidos a las “pruebas de laboratorio” y negociados entre la industria farmacéutica y el Estado.
Encubierto en el acceso a la salud pública se vulneran sus derechos a la autonomía y soberanía sobre sus cuerpos/mentes y los de sus hijos. Las políticas sanitaristas públicas sujetan a la población esclava del modelo médico hegemónico en beneficio de mantener la mano de obra en condiciones medianamente productivas.
El saber médico hace sobre los demás, sin consultar, exige obediencia e infantiliza, dando sentido al término paciente en tanto sujeto pasivo frente al poder/saber del profesional. Al paciente se lo subestima y objetaliza quitándole todo margen de decisión. Lejos se esta del diálogo de saberes diversos, del respeto por las heterodoxias, del reconocimiento de la alteridad en las cosmovisiones múltiples que nos atraviesan, ya sea silenciadamente o como otro producto de mercado maquilladas en “terapias alternativas”.
Al aspirante a médico se lo forma en la omnipotente creencia de tener que dar respuesta a TODO y en la soberbia de suponerse poseedor/a del saber frente al paciente. Asimetría que se reproduce en todos los ámbitos e instituciones replicas del verticalismo del Estado.
Pero es un engaño, no hay respuesta para todo, la mayoría de las respuestas las tiene el propio consultante y se le descalifica o no se permite la conexión necesaria consigo mismo/a. Permitirse dudar, estar y pensar junto al otro/a, en un vinculo de horizontalidad y respeto mutuo, donde se crea algún saber posible, no es algo que se considere pertinente en el campo de la medicina oficial.
Revisar paradigmas sociales, el discurso que nos habita, es un acto de desobediencia vital y de urgencia para la supervivencia. Sin temor a equivocarnos, embarquémonos en el ejercicio de pensar por nosotros mismos, sin miedo al ridículo, ni a la duda, perdiendo para siempre la ilusión de la certeza que en lugar de sanar enceguece. La servidumbre del esclavo compromete no solo su propia libertad sino la de sus hijos.
La medicina se esta ocupando de encubrir las injusticias sociales, disfrazar de patología y acallar con medicamentos, las estadísticas epidemiológicas tapan el hambre y el abandono.
No es saludable todo aquello que no se atenga a la norma, al orden establecido; taxonomías, nosologías y diagnósticos aceleradamente crecen y mutan a la par de los desastres socio ambiéntales provocados por políticas depredatorias. También, en su sesgo “positivo” se multiplican y “actualizan” a medida que los laboratorios quieren colocar en el mercado nuevos fármacos.

Lucrecia

Publicación: Parrhesia.
AÑO II Nº4, Bahía Blanca, marzo de 2009.

2 comentarios:

  1. Hola soy Miguel de Chile, estudiante de odontología y miembro de una organización en pro de a salud pública a nivel universitario. Hace rato que vengo cuestionandome muchas cosas respecto a al visión aranquista de la salud, más profundamente cómo debiera funcionar los servicios de salud en la ojalá pronta sociedad anarquista. Te describo mis puntos respecto al texto:

    1. Concuerdo totalmente en la visión prevencionista que deberiamos tomar tanto como sociedad anarquista asi como en la actual, comprovado está que un sistema de salud basado en la prevención, promoción e integración de los diferentes entes sociales es un sistema que consigue muchos mejores resultaos epidemiologicos asi como económicos (aspecto del cual no se puede escapar la salud).

    2. La vision mercandilista que se le da a la slaud hoy en día es el principal enemigo de la salubridad social, atacando principalmente a la ética medica, los servicios privados que buscan competir con los públicos y también el negociado epidemiológico creado por las mismas empresas que nos brindan a solución a esos problemas.

    3. Un punto en el que no concuerdo es en ataque a las farmaceuticas, hoy un grave problema para el mundo, considerandolas "privadas" en un supuesto sistema de salud pública estatal. Hoy en día los estados abalan las practicas de las farmaceuticas, pero considerar que en supuesto sistema controlado principalmente por las personas civiles en conjunto con los profecionales de la salud no existiría tal intromisión de esta industria. Son muchos los profesionales, y futuros también, que no estamos de acuerdo en su funcionar. En tonces separar a las farmaceuticas de un supuesto sistema de salud pública o anarquista es un error, son necesarias pero no con el poder que ohy tienen, son complementarias. Y basados en un sistema que sepa integrar la salud con la educación no habrían problemas del tipo farmacológico como los que se presentan hoy.

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  2. 4. Tampoco concuerdo en visión de omnipotencia que se crea sobre los medicos. La generaciones medicas van cambiando y atrás van quedando esos paradigmas que muy internalizados han estado principlmente en paises latinoamericanos, caracteriazados por un deficit en la calidad educacional y la elitización de las carreras profecionales de salud. Hoy en día en Chile, por darte un ejemplo cercano, a los estudiantes se nos está inculcando una visión de "coexistencia" en salud pública de la ciencia y la cultura propia de cada pueblo. Los casos más claros son las atenciones optativas o compemetarias reaizadas en los hospitales de a Región de la Araucania entre medicos oocidentalistas y Machis (curanderas mapuches), región caracterizada por la aún presente cultura mapuche. Si bien aún hay mucho por hacer en las comunidades mapuches y todas las demás de nuestro largo país, en la clase universitaria se ve como uno de los objetivos principales en las futuras tareas que tendremos como profesionales.

    Por otro lado y agregando al punto anterior, cada vez vemos más casos de automedicación, autotratamientos y desmedro de los conocimeintos clínicos, todo esto basado en la fácil adquisición de información clínica llevando, más que a un complemento sinergista en la solución de problemas, a un problema de salud pública grave. Esto hace que en cierto sentido no se le pueda quitar todo tipo de autoridad a los profecionales de la salud.

    5. Como cierre quisiera tocar el punto de la economía. Si bien como anarquistas tenemos el concepto de "autogestión" pegado en la lengua hay que tener cierto cuidado en utilizarlo en cada una de nuestras ideas. En salud el gasto público es gigantesco, y ya concordamos en que en un sistema basado en la prevención, promoción e integración los costos se abaratan. Pero aún así los gastos seguirían siendo gigantescos, si buscaramos una cobertura total obviamente. Y es aqui donde encuentro mi disyuntiva personal y la cual me gustaría llevar al debate mas profundamente. La autogestión, segun yo, no es la total salida a la tarea de cobertura en salud, suena bonito pero los costos son grandes si consideramos la imlementación clínica, la infraestructura, el desarrollo ceintifico y la preparación y capacitación del personal medico. Dejo afuera el costo en recurso humano por que creo que confluimos en que es demaciada la brecha entre un medico y un obrero de contrucción, por ejemplo (materia para otro debate). De alguna u otra manera llegariamos a la administración de recursos publicos conseguidos por "autogestión" los cuales estarían a disposición de los servicios sanitarios, pareceindose mucho a los actuales sistemas de salud, pero claramente mucho mas mejrado y libre de los vicios de capitalismo.

    Espero haber contribuido al debate anarquista de la salud y no haber sido un paso atrás en la construcción de la sociedad anarquista que atnto anelamos. Agradeciendo tu texto y deseandote la mejor salud me despido.

    Miguel Almuna
    Estudiante de Odontología
    Universidad de Valparaíso, Chile.

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