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viernes, 4 de febrero de 2011

Abuso y brutalidad policial


A lo largo de la historia de la región chilena son numerosos los episodios relacionados con el abuso policial (civil y uniformado), especialmente, contra todos aquellos individuos que transgreden la ley (y moral) burguesa sobre la cual se sustenta la propiedad privada y el sistema de dominación en su conjunto. A comienzos del siglo XX los anarquistas, de estas tierras, arremetieron ácidamente -en su prensa- denunciando las bárbaras prácticas, no sólo de la Sección de Seguridad (policía civil antecesora de la PDI, Policía de Investigaciones de Chile), sino también, años más tarde, del Cuerpo de Carabineros de Chile (policía uniformada). En las páginas de sus periódicos fueron recurrentes las denuncias de tortura, vejámenes, humillaciones, allanamientos y aprehensiones arbitrarias (entre otras prácticas), contra luchadores sociales y revolucionarios perpetrados por la policía. Asimismo, los ácratas denunciaron sin titubear las arbitrariedades de los esbirros del poder contra los sectores obreros y populares, en el marco de conflictos socio-laborales y en la vida cotidiana. Abusos, abusos y más abusos. Individuos, provenientes en su mayoría de los sectores populares, que dotados de una autoridad ínfima hostigaban, incluso a sus padres y hermanos, resguardando la propiedad y el orden de los ricos, constituyéndose en mercenarios de éstos. A comienzos del siglo XX, fueron tantos los abusos de la policía, que incluso el poder no pudo hacer vista gorda, teniendo que re-disciplinar y castigar (¿violentamente?) a los uniformados y civiles por su falta de “patriotismo”. Así lo demuestran los archivos ministeriales del Estado. Violaciones (y agresiones sexuales), robos, saqueos, asesinatos, conatos en estado de ebriedad o ligados al comercio sexual, etc. situaciones en las cuales la policía se vio comprometida. Y no precisamente atentaban o robaban a los ricos, sino contra los que nada tenían, de forma prepotente y autoritaria. Hoy en día la situación no ha cambiado en demasía. Numerosos son los casos –y no sólo los más bullados- en que la policía ha arremetido violentamente contra los sectores populares. De hecho, entre el 1990 y el 2004 se presentaron más de 6.400 denuncias por “violencia innecesaria” en los tribunales militares, lugar donde son procesados los pacos represores.
Es más, en las poblaciones periféricas los pacos hacen y deshacen ante la mirada atónita (y de rabia contenida) de los pobladores. Secreto a voces son sus nexos con los narcotraficantes, que no tienen escrúpulos a la hora de venderles papelillos de mierda a niños y jóvenes pobres, coludidos y protegidos por ellos mismos. A fin de cuentas, es más funcional al sistema un drogadicto (y alcohólico) que un luchador social o un revolucionario que ha declarado abiertamente la guerra al sistema de dominación. Y para que hablar de las fechas conmemorativas en las poblaciones (11 de septiembre, 29 de marzo, etc.), en las cuales los pacos dan rienda suelta a su violencia sin medir consecuencias, mediante el uso de bombas lacrimógenas, balazos, golpizas y maltratos. No obstante, es necesario señalar, que los abusos no sólo son perpetrados para días conmemorativos o se constituyen como hechos aislados como nos quieren hacer creer los medios de comunicación de los ricos (véase a propósito: http://www.hommodolars.org/web/spip.php?article3738). En la población La Legua, de la Comuna de San Joaquín, los abusos de la policía son de larga data, a propósito de los pacos enfermos que jalaban “napolitano” (propelente de gas lacrimógeno) en las radio-patrullas o que carreteaban en la misma comisaría (la 50ª Comisaría de San Joaquín), para después torturar y vejar a quien se les cruzara en el camino. Dichas prácticas son pan de cada día a pesar del lavado de imagen que los altos mandos de la policía civil y uniformada, realizan cuando salen a la luz pública o son denunciados por los agredidos. Lavado de imagen en los cuales los medios de comunicación de los ricos juegan un importante rol, a la par con la criminalización de la protesta social. De hecho, al día siguiente de que los seis pacos de la Comisaría de La Legua, fueran dados de baja y procesados por la Justicia Militar (y no civil), por las torturas perpetradas contra Juan Alejandro Berríos, poblador de La Legua, los medios repetían insistentemente las “buenas obras” realizadas por carabineros -los días anteriores- y trasmitían las declaraciones del Prefecto de Carabineros que atribuía los excesos de los “funcionarios” a “pecados de juventud” señalando que eran “hechos aislados” o “puntuales” que empañaban la esforzada labor del cuerpo policial completo. Es más, programas como “Policías en Acción”, de Chilevisión, en formato docu-reality, editados (entiéndase recortados) con anterioridad a ser mostrados por la TV abierta, pretenden mostrar el “trabajo digno” y sacrificado de los pacos que arriesgan su vida “protegiendo a la ciudadanía”, generando además, paranoia social, en tanto nos muestran una sociedad regida por la ley de la selva, en donde se justifica el accionar de estas instituciones represoras por excelencia. Se avala y legitima su accionar. Demás está decir, que desde el fin de la Dictadura Militar la policía civil y uniformada sigue cumpliendo su rol de control social y resguardando el poder y orden de los ricos.

Autor: Pacoylaconchetumare
Publicado en: El Surco, Nº 23, enero 2011, Santiago, Chile.

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