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sábado, 21 de mayo de 2011

Contra el chauvinismo clasista.














Una respuesta al periódico plataformista Hombre y Sociedad

En un artículo publicado por la revista plataformista chilena Hombre y Sociedad, se procuró dar una respuesta al artículo “Contra el fetichismo del obrero. Apuntes para superar la terminología marxista entre los anarquistas”, escrito por Manuel de la Tierra y que había editado la revista anarquista chilena El Surco. Lamentablemente en la respuesta del grupo plataformista se denotan ciertas expresiones de dudosa intencionalidad, si bien la pretensión de descalificar y desacreditar no solo se restringió a los compañeros de El Surco, sino también al periódico Libertad!, al que innecesariamente hacen referencia. (1)

Más allá de la lectura sesgada y odiosa del artículo por parte de sus críticos plataformistas, hay una propensión manifiesta o inconsciente a dar una versión corrompida del pensamiento anarquista, atribuyéndose la prerrogativa de representar ideológicamente a la tendencia anarcocomunista, de la que en realidad los seguidores de Arshinov son apenas una ínfima minoría. Sin enfocarnos en contestar algunas de estas expresiones fuera de lugar, procuraremos responder a algunos de sus argumentos, a fin de invitar a quienes estén implicados a profundizar un debate que hasta ahora han sido remisos a conceder.

El materialismo histórico, como negación del anarquismo

El grupo Hombre y Sociedad advierte en su respuesta que su intención es brindar elementos que señalen las consecuencias políticas que acarrearía afirmar posturas como las expresadas por El Surco: rechazo al determinismo económico marxista, impugnación del materialismo histórico, críticas al concepto de “lucha de clases” y a la categoría de “clase”, al menos como es entendida desde la ortodoxia marxista.

Desde aquí se articula el siguiente argumento: “Para comenzar, se debe señalar que todos los anarquistas somos, por definición, materialistas en la medida en que concebimos la realidad como el resultado de las relaciones materiales entre los individuos (es decir, las relaciones que ellos entablan originalmente para satisfacer sus necesidades básicas). Esto significa mucho más que tener una concepción “economicista” del mundo. En efecto, significa asumir que las sociedades, con sus virtudes y defectos no son el resultado de la acción de entidades abstractas como Dios y el Estado (tal como lo concibe el idealismo), ni de fenómenos derivados de las condiciones sociales como las “estructuras mentales” (afirmadas idealistamente en “Contra el fetichismo…”). Más bien, las sociedades son el resultado de la manera en como la humanidad se organiza para satisfacer sus intereses materiales, esto es, para dar solución a las necesidades que el entorno le impone (alimentos, techo, abrigo, etc.).” A continuación, los autores reconocen la deuda que esta conceptualización debe a Karl Marx, y asumen que aceptar los postulados del “materialismo histórico” no significa dejar de ser anarquista, citando una frase de Bakunin que, obviando la complejidad a veces contradictoria del gran anarquista ruso, lo haría parecer más marxista que Marx. (2)

En este punto, el grupo plataformista despliega la defensa del materialismo histórico, aclarando, ilustrando y explicando a los compañeros de El Surco los “errores garrafales” en su interpretación de la realidad social y del materialismo histórico. Con todo, no parece ser un “acierto garrafal” de los redactores de Hombre y Sociedad, el afirmar que el capitalismo no ha cambiado en su esencia en los últimos 150 años y las relaciones de explotación se mantienen inmutables. Semejante afirmación está en una abierta contradicción con la premisa del materialismo histórico que supone que el desarrollo de los medios de producción (herramientas, tecnología, capacidad productiva) entrarían en contradicción con las relaciones sociales de producción (las relaciones entre capitalistas y proletarios): Si hay algo que ha evolucionado extraordinariamente durante los últimos 150 años han sido precisamente los medios de producción. Y pretender que porque aún existe el trabajo asalariado podemos seguir analizando la sociedad actual con las herramientas teóricas de hace un siglo y medio, es de una ingenuidad pasmosa o de un dogmatismo empedernido. La lucha de clases era una realidad tangible hace un siglo, en una sociedad dividida claramente en clases; hoy esas barreras se tornaron difusas: la clase obrera industrial se ha reducido en número en todo el mundo, el campesinado prácticamente ha desaparecido en algunos países, el sindicalismo ha sido absorbido por el Estado, la clase media es una forma social mucho más compleja que lo que alguna vez imaginaron Bakunin o Marx, las condiciones de explotación se han diversificado sobrepasando las formas de trabajo asalariado, etc. No se trata de negar la lucha de clases en la actualidad, sino de no caer en la idolatría y en la divinización de un hecho social que claramente no tiene la misma preponderancia que en el pasado. Y reconocerlo no implica creer que en la sociedad actual existe menos conflictividad que en el pasado; tan solo cambia la naturaleza del conflicto entre los sectores dominantes y los sometidos.

El primer traspié del argumento plataformista consiste en reducir toda la filosofía materialista al materialismo histórico marxista. En verdad el materialismo es el nombre con el que se conoce a las doctrinas que explican al mundo social y físico apelando a la realidad material, desarrollándose como oposición al pensamiento de Platón. Hubo muchas doctrinas materialistas, siendo el materialismo histórico tan solo una. Por supuesto, no todos los anarquistas han sido materialistas, como fue el caso de Gustav Landauer. Y si bien la mayoría de los anarquistas clásicos se apoyaron en el materialismo, prácticamente ninguno reivindicó el materialismo marxista, siendo el ejemplo más notable el de Kropotkin, cuyo materialismo era tan exacerbado que consideraba a la dialéctica marxista como una forma más de metafísica anticientífica. Por otro lado, en su desprecio a todo idealismo los autores olvidan que la ciencia actual –no la de la época de Marx y Bakunin- ha abandonado tales estrecheces y reconoce la pertinencia de aportes que podrían calificarse como idealistas, de lo contrario no se habrían desarrollado ni la genética, ni la física cuántica, ni la lingüística. Lo que parece no darse cuenta el grupo Hombre y Sociedad, es que la filosofía y epistemología de la época de Marx o Bakunin eran acordes al contexto histórico en que se formularon, y expresar hoy en día algunas de esas ideas como dogmas invariables, se da de bruces contra los avances en ciencias sociales, biológicas y físicas que se hicieron desde un siglo y medio hasta el presente. Entonces, la cita a Bakunin termina obrando como una apelación a la autoridad ideológica del patriarca fundador de la Idea, que encierra un acendrado dogmatismo que no da posibilidades de ningún debate crítico, ni discusión o renovación teórica. Los anarquistas y socialistas de hace un siglo y medio elaboraron sus ideas a partir de observar y analizar la realidad de la época en que vivían; es de esperarse que los anarquistas del siglo XXI elaboren sus ideas y su praxis analizando su propia realidad e incorporando el conocimiento científico, la metodología de análisis y la experiencia histórica acumuladas a lo largo del siglo XX, en lugar de defender con fervor religioso ideas anquilosadas y superadas, que ni siquiera se ajustan a la realidad de la cual pretenden dar cuenta.

No vamos aquí a contestar cuantas de las afirmaciones del artículo publicado por El Surco han sido sacadas de contexto y adulteradas a fin de satisfacer las necesidades retóricas de los redactores de Hombre y Sociedad. Preferimos ir directamente al hueso del asunto, es decir, argumentar por qué no es posible tener una postura anarquista coherente, cuando se defiende el materialismo histórico. Nos basaremos en dos artículos sobre el tema mucho más extensos, publicados en Libertad!: “Dialéctica, materialismo y cientificismo”, y “Límites y espejismos del materialismo histórico”. Allí se expresan con más claridad y extensión las materias que desarrollaremos a continuación.

Primeramente se hace necesario aclarar que el término “materialismo histórico” nunca fue utilizado ni por Marx ni por Engels, y fue acuñado en Rusia por el teórico marxista Georgi Plejanov, autor de un panfleto titulado “Contra el anarquismo”. Esta versión fue reflexionada por Lenin en su texto “Materialismo y empiriocriticismo”. No solo históricamente los anarquistas nunca reivindicaron el materialismo histórico, sino que se dedicaron a refutar la argumentación y el método marxista, como lo hicieron Rudolf Rocker, Piotr Kropotkin y Luigi Fabbri. Ni siquiera en el documento de la Plataforma de Makhno y el relapso bolchevique Arshinov se hace una defensa del materialismo histórico como método de análisis. Nos resultaría extremadamente enriquecedor que el grupo Hombre y Sociedad nos refiera cuales han sido los anarquistas que adoptaron la síntesis ideada por Plejanov y se reivindicaron “materialistas históricos”. Más aún cuando el materialismo histórico y el materialismo dialéctico fueron la doctrina oficial de la URSS del genocida Stalin, que paralizó la ciencia y la investigación soviéticas durante décadas. No deja de sonar como una irónica burla, que en la actualidad algunos denominados anarquistas asuman como propias buena parte de las ideas de los verdugos leninistas que masacraron a los anarquistas rusos hace casi un siglo atrás.
El materialismo histórico deriva de la aplicación de la dialéctica hegeliana a la evolución e historia del género humano por Marx. Primordialmente consiste en que cada manifestación del Espíritu (tesis) engendra su propia contradicción, que entraña una negación de lo afirmado (antitesis). Ambas se resuelven en un tercer momento que supera a lo afirmado y lo negado (síntesis) tornándose en una nueva afirmación o tesis. Esta concepción idealista es aplicada por Marx a la filosofía materialista, siendo las relaciones de producción (económicas) las que determinan la evolución histórica. Según esta concepción, la historia se desenvuelve dialécticamente a causa de sus afirmaciones y contradicciones, que se resuelven en nuevos momentos o síntesis superadoras, desde donde recomienza un proceso nuevo (pero en continuidad con el anterior).
El desarrollo dialéctico de la infraestructura socio económica es el motor de la historia humana, según afirma Marx. Esta estructura económica determina a una superestructura que comprende las manifestaciones ideológica, religiosa, cultural y jurídica de una sociedad. Marx sostiene que la clase dominante es aquella que se apropia de los medios de producción imponiendo su ideología al cuerpo social. La estructura económica y la superestructura ideológica se enmarcan dentro de lo que se denomina “modo de producción”. Los modos de producción son formaciones económico-sociales de carácter histórico que comprenden determinado tipo de relaciones sociales de producción. Estos modos de producción se suceden a lo largo de la historia y se han sucedido dialécticamente, en una escala ascendente y superadora. Todo comienza con el comunismo primitivo (sociedad sin estado), al que sucederán el esclavismo, la sociedad feudal, el capitalismo y finalmente el comunismo (donde se resuelven todas las contradicciones). Dentro de un modo de producción las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción (explotación salarial, servidumbre); el desarrollo de este conflicto -que en la sociedad feudal se da entre la nobleza rural y la burguesía naciente o en el capitalismo entre burgueses industriales y proletarios- inicia una época de revolución social que resquebraja la superestructura ideológica y hace que los sujetos revolucionarios “adquieran conciencia” del antagonismo. El triunfo de los revolucionarios generará una superación de las relaciones sociales de producción anteriores, inaugurando una nueva etapa de características propias (que generará con el tiempo su propia contradicción, reproduciendo el proceso). El comunismo al acabar con las contradicciones de clase con relaciones de producción basadas en la propiedad colectiva se constituiría en la síntesis de la totalidad del proceso histórico.
Según esta interpretación de la historia los factores económicos (las técnicas de producción y las relaciones de producción) tienen un peso preponderante en la determinación de los sucesos históricos, tal como lo afirma el propio Marx: “El modo de producción de la vida material determina, por lo tanto, en general, el proceso de la vida social, política y espiritual”. Conclusión: la existencia social determina la conciencia de los hombres.
Ahora que hemos expuesto sintéticamente la concepción materialista histórica, pasaremos a enumerar algunas críticas a dicha filosofía, la que rechazamos de plano:

1- El materialismo histórico y el materialismo dialéctico, fundamentan su carácter científico en las leyes de la dialéctica de Hegel, que en realidad nada tienen de científicas. La dialéctica hegeliana es por completo inservible a la hora de hacer ciencia, y jamás en la historia de la ciencia se ha logrado un avance en el conocimiento aplicándola como método. Los papelones intelectuales más palmarios de Engels se encuentran en su obstinación en demostrar como la dialéctica tiene un valor científico, en sus obras el Antidühring y la Dialéctica de la Naturaleza.
2- No existe evidencia de que la Historia humana responda a ningún tipo de evolución dialéctica. Los intentos de presentarla así de Marx demuestran ciertas lagunas producidas por la información a veces errónea y a veces escasa de la que se disponía en su época. La pregunta fundamental es ¿por qué la naturaleza y la historia deberían responder a estas leyes dialécticas cuando nunca hubo una confirmación experimental de semejantes hechos? Que la ciencia en pañales del siglo XIX así lo creyese es aceptable para los cánones de la época, pero esto es insostenible en la actualidad, puesto que no deja de ser pura metafísica.
3- El método de Marx y Engels es claramente evolucionista, y es equiparable con el evolucionismo de Henry Morgan, que divide la historia en estadios progresivos, hasta llegar al presente desarrollado. Solo se diferencian en que Marx creyó descubrir las leyes dialécticas de la evolución social e histórica, y Morgan no tenía tal pretensión. Pero el evolucionismo de Morgan fue refutado a pocos años de su formulación, y sus aportes etnográficos desestimados. Por esta razón las caracterizaciones del “comunismo primitivo”, estadio inicial de la humanidad según Marx y Engels, son totalmente falaces. Toda la antropología acerca de las sociedades sin estado practicada durante los últimos 100 años, refuta las supuestas contradicciones que Engels imaginó en El origen de la familia, la propiedad y el Estado, que se resolverían en una nueva síntesis en el modo de producción del esclavismo. Tampoco son felices las “contradicciones” esbozadas del esclavismo que supuestamente se resolvieron en el modo de producción feudal. Tan solo leer la anacrónica interpretación de Engels de las guerras de campesinos en Alemania posteriores a la Reforma, para comprender que sobre unas bases empíricas tan erróneas jamás podría haberse generado una teoría consistente.
4- El determinismo económico de la infraestructura sobre la superestructura ideológica es una grave limitación de la teoría marxista, aunque sus adeptos consideren esta afirmación como una verdad innegable. Pero así se cae en explicaciones monocausales, cuando en general los hechos sociales son generados y producidos por múltiples causas, y es prácticamente imposible discernir cual es la causa que “determina” a las otras, si es que esto ocurre. ¿Por qué considerar a la economía determinante sobre otros aspectos de la evolución social humana, al punto de afirmar que las relaciones de producción (estructura) determinan las producciones culturales, simbólicas, morales o ideológicas (superestructura), y no a la inversa? ¿Es la economía una materia o una disciplina aislable de otros aspectos sociales y culturales, es decir, existen aspectos de la historia humana en los cuales la economía opere como una variable pura e incontaminada? ¿Existe “lo económico” en la realidad o es una forma que hemos ideado para entender mejor ciertos aspectos del comportamiento humano y de la producción y reproducción cultural?
5- No existe un motor de la Historia. Dentro de la obra de Marx existe una flagrante incoherencia teórica: se afirma en el Manifiesto Comunista que “la historia de toda sociedad es la historia de la lucha de clases”; mientras que en sus trabajos posteriores el motor de la Historia es dialéctico: la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. Reducir la historia del mundo a la historia de la lucha de clases, demuestra tal anacronismo, un eurocentrismo y un reduccionismo pseudocientífico que debería alertarnos. Se pretende así explicar la historia del mundo desde los albores de la humanidad hasta el presente, en todo el globo gracias a la ubicua lucha de clases. No es que no exista o no haya existido la lucha entre clases, sino que con seguridad no es el “motor de la historia”.
6- Según creía Marx los procesos materiales se basan en hechos independientes de la voluntad humana: desde sus postulados éstos adquieren vida en una especie de animismo económico autodirigido. La realidad es al revés, los procesos materiales se encuentran ordenados por la cultura simbólicamente. Marshall Sahlins lo ejemplifica de esta forma: “Las fuerzas materiales tomadas en sí mismas carecen de vida... Descompónganse las fuerzas productivas solo en sus especificaciones materiales, supóngase una tecnología industrial, una población humana y un ambiente. Con todo esto no se dice nada acerca de las propiedades específicas de los bienes que se producirán, o acerca de la tasa de producción, o de las relaciones con arreglo a las cuales avanzará el proceso. Por sí, misma una tecnología industrial no dictamina si será manejada por hombres o por mujeres, de día o de noche, mediante salarios o por la distribución de las ganancias, en días jueves o domingos, para enriquecerse o ganarse la vida, o si estará al servicio de la seguridad nacional o la glotonería privada...” (Marshall Sahlins. Cultura y razón práctica; Gedisa, 205). Podemos decir entonces que el modo de producción de la vida material no determina el proceso de la vida social, política y espiritual, a diferencia de lo que Marx suponía.
7- Los modos de producción son una abstracción teórica, no una realidad concreta. Esto es y debe ser así para que tengan algún valor científico. Pero lamentablemente suelen ser vistos como “reales”, cayendo en el positivismo más burdo, cuando en verdad son mapas o herramientas teóricas para abordar el estudio de la sociedad. De todos modos, analizar la evolución de la historia humana en etapas basándose únicamente en las relaciones de producción es un análisis limitado y que deja por fuera a la mayoría de los otros aspectos. El problema se encuentra al inicio de la cadena: si los modos de producción generan su propia contradicción, cuáles son las que se encontraban en el comunismo primitivo. Las teorizaciones y conjeturas de Marx y Engels ya han sido refutadas, por lo que los antropólogos e historiadores marxistas contemporáneos se esfuerzan tendiendo puentes sobre el precipicio. El problema que se plantea a los marxistas de hoy es cómo encontrar una contradicción que permita pasar de una sociedad sin clases ni Estado a una sociedad de clases: encontrar la causalidad estructural y sus efectos sobre la sociedad de cazadores-recolectores. Si existen sociedades sin una división entre estructura y superestructura, si no hay contradicción entre medios de producción y fuerzas productivas, no hay explicación dialéctica y arde todo el edificio teórica marxista. Los esfuerzos teóricos de Godelier, Terray y Worsley, no han podido salvar al viejo Marx. Pero lo cierto es que no existe una estructura económica que determine una superestructura política.
8- Pero el problema también se encuentra al final de la cadena de sucesiones de modos de producción, según nos lo presenta la concepción materialista dialéctica de la Historia. Supuestamente las contradicciones del capitalismo al ser resueltas en el comunismo, darán paso a un estadio sin contradicciones porque se disolverán las distinciones de clase. Si según el materialismo histórico la historia humana ha respondido siempre a las leyes de la dialéctica; difícil nos resulta creernos por qué milagro deberían dejar de hacerlo bajo el comunismo que fantasearon Marx y Engels. Las leyes inmutables y eternas de repente se resuelven en una síntesis que no da paso a un nuevo momento dialéctico. Un nuevo modo de producción eterno, incapaz de superarse a sí mismo, donde las relaciones sociales de producción progresarán sin contradicción. En verdad el materialismo histórico parece tener tanto de científico como de caprichosa metafísica.
9- El cientificismo económico marxista subsume todos los aspectos humanos simbólicos, culturales, ideológicos, éticos o ecológicos a su causalidad inexorable. El resultado de aplicar semejantes métodos de análisis no puede ser menos que limitado. Se confunde la consistencia epistemológica con esquematismo teórico. La supuesta robustez teórica del marxismo -que se fundamenta en una metafísica que nada tiene de científica- apela a la autoridad de la ciencia para imponerse como verdadera y única, cuando verdaderamente es una explicación unilineal, fatalista, reaccionaria y autoritaria. La gran debilidad del materialismo histórico y el materialismo dialéctico radica en aquello que para sus creyentes consiste en su fortaleza: como toda interpretación universalista pretende explicar la Historia humana y el universo físico mediante un método válido para toda época y lugar. Cada caso particular que no se ajuste, destruye inevitablemente a toda la teoría.
10- El método dialéctico de Marx y Engels supone un progreso, un avance, un devenir de lo inferior a lo superior, una superación de la sociedad cuyo resultado sería el comunismo. ¿Se puede hablar de progreso o superación en el pasaje de una sociedad primitiva, sin divisiones de clase a una sociedad con clases sociales, con opresores y oprimidos? ¿Cuál es la ética que subyace a un pensamiento cuya única medida de progreso se basa en factores económicos y tecnológicos? ¿En qué valor moral se fundamenta una ideología que considera un progreso la dominación imperialista y la expansión del capitalismo, como lo hizo Marx al aplaudir la colonización británica en la India? Si tenemos en cuenta que los análisis marxistas se cimientan en la historia del occidente europeo y desde ese punto explican la evolución de toda la humanidad, se hace comprensible porqué el materialismo dialéctico fracasó a la hora de explicar las culturas no occidentales.

El materialismo histórico tiene como corolario la Dictadura del Proletariado. Tal vez los anarquistas cometamos muchos “errores garrafales”, como nos enrostra Hombre y Sociedad, pero al menos estaremos a salvo de pasarnos a las filas del enemigo por adherir a su filosofía y metodología de análisis. La única diferencia entre anarquistas y comunistas autoritarios no consiste en cómo resolver el problema del Estado. Hay una diferente concepción ética, ideológica y práctica que los integrantes de Hombre y Sociedad parecen no percibir. Nuestro anarquismo es esencialmente distinto al que Hombre y Sociedad profesa, al igual que otros grupos plataformistas. Proyectos distintos, caminos distintos y seguramente fines distintos, como el agua y el aceite, aunque bajo el anchuroso paraguas del anarquismo parezca no haber diferencias.


Notas

(1) Libertad! no es una publicación anti-plataformista aunque el artículo de Hombre y Sociedad declare: Se debe señalar que en este artículo sólo se intentará defender la llamada postura “plataformista” criticada en el texto (nombre que nosotros preferimos remplazar por “anarco-comunista”). Respecto de la otra postura analizada, denominada “anti-plataformista” de la publicación Libertad!, de Buenos Aires no nos pronunciaremos, ya que ni siquiera creemos que deba ser defendida.
(2) En Dios y el Estado Bakunin afirma: “Toda la historia intelectual, moral, política y social de la humanidad es un reflejo de su historia económica”. Una idea discutible a la luz de la Sociología y Antropología moderna, pero que hace 150 años, cuando fue pronunciada, era de carácter por completo innovador.








Publicado en: Libertad! Nº58, Buenos Aires, mayo 2011; El Surco Nº 24 y 26, Santiago (Chile).




Autor: Patrick Rossineri

3 comentarios:

  1. aunque tal parece que tienen una buena intención,muchachos;y señalan lo que son innegables problemas teóricos del marxismo en sí tanto como de los intérpretes-quizá guardianes, tal vez sumo sacerdotes- de un marxismo anquilosado. Lo cierto es que luego desbarrancan estrepitosamente en su crítica; que, para empezar, se ejecuta contra aspectos parciales y posturas superadas ya desde el marxismo. Es que uds se ensañan contra esos viejos chotos del marxismo como si ellos en verdad fuesen los únicos exponentes de una rica, variada y viva corriente del pensamiento.
    Contra esas concepciones es fácil obtener pueriles triunfos comoel que uds ostentan.
    En fin,para terminar, que no han entendido nada nosólo de las corrientes/opiniones/posturas del marxismo actual; tan en convergencia con otras corrientes libertarias del pensamiento; sino que se nota que han efectuado una lectura "por arribita" del mismo Marx.
    Lean.

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  2. El propósito de estos artículos no es discutir con los marxistas, ni con sus quichicentas variantes. Sino con los anarquistas que reivindican estos modelos que como bien dices han sido abandonados por los propios marxistas, y estos pseudo anarquistas toman como un gran aporte ideológico. Y por favor, basta de exigir una lectura marxista profunda, cuando hablan los anarquistas. No conozco marxistas que se hayan tomado el trabajo de leer lo más mínimo del anarquismo y sin duda, cualquier anarquista ha leído más de marxismo que a la inversa.

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  3. Buen texto, recién leo el debate en su extensión y repercusion… Comparto mucho las criticas que se le hacen a posiciones anarquistas que abusan ingenuamente del clasismo o de interpretaciones marxistas de la sociedad… Salud!

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