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domingo, 29 de mayo de 2011

Venezuela y las elecciones en Perú







Desde hace una década, una polarización tramposa y estéril ha protagonizado el panorama político venezolano: Por un lado quienes sostienen que el llamado "proceso bolivariana" es la vanguardia de la revolución mundial en la actualidad, y del otro, aquellos que acusan al gobierno liderizado por el presidente Chávez de "castro-comunista" y miembro de un gaseoso "eje del mal". Si bien entre estos dos extremos existe una amplia cantidad de matices, es a través de este maniqueísmo -convenientemente amplificado por los medios- que desde la cuna de Simón Bolívar interpretamos no sólo nuestro devenir sociopolítico, sino también cualquier acontecimiento ocurrido más allá de nuestras fronteras. Esto es valido, especialmente para entender cómo desde las faldas del Mar Caribe seguimos las elecciones presidenciales en Perú. Los sesudos analistas venezolanos, de bando y bando, especulan sobre cuál victoria de las dos candidaturas en liza, Keiko Fujimori y Ollanta Humala, fortalecerá o debilitará el proyecto bolivariano. Las conclusiones orbitan entre lo risible y lo patético. Por un lado, los opinadores antichavistas han enmudecido desde que su referente, el escritor Mario Vargas Llosa, ha anunciado su apoyo crítico a Humala, a quien consideraban franquicia del vocero único de la "revolución" chavista. Por otra parte, desde las agencias estatales y televisoras bolivarianas se cuestiona la candidatura de Keiko única y exclusivamente "por neoliberal", obviando los temas relacionados a los derechos humanos de la época fujimorista-montesinista.

Ni olvido ni perdón

Lo que parece más claro en los últimos días es que ninguna de las versiones anteriores será cierta, y que independientemente del nombre del próximo presidente o presidenta en Perú, las relaciones entre este y su homólogo venezolano estarán modeladas por la "real politik" y el pragmatismo. Porque si el análisis se circunscribe únicamente atenido a los hechos del pasado, hay tantas posibles afinidades con ambas fórmulas.

Pocos recuerdan, o muchos olvidan, las relaciones fraternas entre los gobiernos de Alberto Fujimori y Hugo Chávez. En 1992, después del autogolpe en Lima, el presidente venezolano en aquel entonces, Carlos Andrés Pérez, liderizó la condena regional contra "el chino". Muchos han señalado que esta fue la razón principal por la que el gobierno autocrático peruano acogió posteriormente a los golpistas venezolanos contra Pérez, incluyendo al propio Hugo Rafael.
Después de 1998, con Chávez en el poder, elogios iban y venían entre ambos mandatarios, y, en plena crisis política por la disolución del congreso en tierras de Vallejo, Fujimori recibe de su par caraqueño una "visa de cortesía", lo cual era una clara señal de apoyo. El padre de Keiko respondió con frases memorables "Hugo Chávez es mi amigo personal y en algún momento voy a visitarlo un fin de semana". Si aún hay que demostrar que amor con amor se paga, rememoremos que Vladimiro Montesinos no fue a cualquier parte a refugiarse, sino a la República bolivariana, con conocimiento y protección de altos funcionarios venezolanos. Tanto así que hasta antiguos periodistas izquierdistas y "defensores de derechos humanos" ligados al gobierno, como José Vicente Rangel, negaron hasta último momento que el padrino del Grupo Colina se encontrara en el país. Por otra parte, todo un tratado pudiera escribirse con las semejanzas entre el populismo autoritario de ambos gobernantes. El historiador peruano Antonio Zapata tiene razón al afirmar que "Humala no es el aliado principal de Hugo Chávez en nuestra historia política, sino Fujimori".


De egos y mitomanías

Para explicar las relaciones del presidente Chávez con Ollanta Humala habría que escribir varias cuartillas relatando como la necesidad de proyectarse como "líderes continentales" y aglutinadores de polos de poder multinacionales forma parte de la cultura política venezolana durante todo el siglo XX. Para no remontarnos muy lejos Carlos Andrés Pérez, presidente durante dos períodos, motorizó tanto el llamado movimiento de los "No alineados" como el Grupo Contadora, el cual promovió acuerdos de paz en Centroamérica. En la actualidad, el presidente venezolano, supuestamente, promueve el "multilateralismo" conformando un bloque regional de poder llamado "Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América" (ALBA), que en la práctica intenta servir de contrapeso al liderazgo económico y político del Brasil. Es en estos dos ejes que se entiende el apoyo, moral y material, a las dos candidaturas presidenciales de Ollanta Humala, con quien se intentaron establecer paralelismos debido a su origen militar y su levantamiento armado en el ocaso del fujimorismo. Similar al caso del chino, la red trasnacional de televisión Telesur omitía convenientemente que el ex capitán del Ejército había sido señalado de violaciones a los derechos humanos durante su pasantía en Huánuco, asesinando y torturando civiles en nombre de la guerra contra Sendero Luminoso.

Tanto Keiko como Humala han intentado ganarse el centro político en los últimos días, entre otras cosas, desvinculándose públicamente del caudillo venezolano. Pero ambos saben que, a pesar de todos los adjetivos y mea culpas (como lo demuestran las actuales relaciones colombo-venezolanas tras un período de turbulencias y acusaciones mutuas), en el futuro las vinculaciones perfectamente pueden recomponerse. Por otra parte, Perú no es Venezuela, para bien y para mal. Con la ausencia de un recurso atesorado en el mercado mundial como el petróleo y el gas, la delicada dependencia de exportaciones de rubros textiles y pesqueros impide al Perú los exóticos e improvisados experimentos políticos de su hermano bolivariano. Es por ello que la receta económica fujimorista, continuada sin grandes variaciones por los sucesivos gobernantes, será a grandes rasgos el norte del ganador o ganadora en la segunda vuelta electoral. Como bien demuestra que gobierno venezolano, con una incendiada retórica antiimperialista subsidiada por las ventas de recursos energéticos al mercado mundial, por intermedio de transnacionales como Chevron y BP. Quien coloca las reglas y asigna los roles es el flujo sin barreras de capitales diseñado por la globalización económica.

Con mucha humildad, a la distancia, opinamos que no hay que decantarse por la escogencia del "menos malo" o del "mal menor". Keiko y Humala representan la necesidad de gobernabilidad en un país, como todos los de la región, de grandes desigualdades y exclusiones. En estos casos, la única alternativa plausible es la abstención activa como táctica inmediata, y la participación en movimientos sociales autónomos y beligerantes como estrategia de largo aliento. Nuestro cariñoso saludo a todos los compañeros, compañeras, hermanos y hermanas peruanas en la continuación de su larga noche.


Autor: Rafael Uzcátegui
Publicado en: El Libertario, Caracas.

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