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sábado, 12 de enero de 2013

La anarquía, ¿poder o antipoder?

- Una “curiosa” tesis…
 
En la sección “Análisis“, de la web alasbarricadas, colgué un comentario al artículo “El poder en la anarquía” preguntando cómo su autor, Adrián Tarín, podía llegar a la conclusión de que la anarquía “es también un poder -y no un antipoder”. Luego leí un comentario-nota, firmado por los responsables de la web regeneraciónlibertaria, invitándome “a escribir una respuesta (al texto de Adrián) para ser publicada en el portal” de Regeneración Libertaria. Como prometí, aquí va mi respuesta:
 
Como se puede comprobar leyendo su texto, para Adrián los anarquistas abordan “las cuestiones acerca del poder… desde la oposición al concepto” y no lo hacen “desde la comprensión científica del término”. De ahí que él defienda, desde su personal aproximación “a la teoría del poder” (?), “la compatibilidad del mismo con la anarquía” y que concluya tal aproximación, tal análisis, afirmando que la anarquía “es también un poder -y no un antipoder”.

Por supuesto, Adrián no pretende que la anarquía sea un “macropoder”, un “poder negativo” como el de Estado, ni que debamos renunciar a combatir el poder “negativo” de éste. No, no pretende -como Foucault- “disminuir la importancia y eficacia del poder de Estado”; pero también cree “que al insistir demasiado en su papel exclusivo, se corre el riesgo de no tener en cuenta todos los mecanismos y efectos de poder que no pasan directamente por él”.
 
Lo curioso es que, por el hecho de constatar que “existe poder fuera del Estado”, Adrián se plantee esta pregunta: “¿puede la anarquía ser un poder?” Y digo “curioso” porque él debería saber que la anarquía es la negación de toda forma de poder, no sólo el que pasa por el Estado. Además, es “curioso” porque él ha puesto un poco antes esta otra cita de Foucault: “Asimismo, sería preciso saber hasta dónde se ejerce el poder, mediante qué relevos y hasta qué instancias, a menudo ínfimas, de jerarquía, control, vigilancia, prohibiciones, coacciones. En todo lugar donde hay poder, el poder se ejerce (…) no sabemos quién lo tiene exactamente, pero sabemos quién no lo tiene”. Efectivamente, los anarquistas sabemos quién tiene el Poder y quién no lo tiene; además de saber quién no lo quiere… Es pues sorprendente que Adrián olvide esto y quiera atribuir poder a quienes, en principio, no sólo no lo tienen sino que, además, no lo quieren. ¿Por qué tal empeño?
 
- La confusión…
 
Sí, ¿por qué tal empeño en equiparar lo que es antinómico? ¿No será porque, al definir el “macropoder” como “negativo” y el “micropoder” como “positivo”, Adrián aborda “las cuestiones acerca del poder… desde la oposición” entre los conceptos de “negativo” y “positivo” sin hacerlo “desde la comprensión científica” de estos términos? Tal parece ser el origen de la “confusión” de Adrián y la explicación a sostener una tal aporía. Y ello a pesar de atribuir -muy curiosamente- tal confusión a los anarquistas: “reconocer el poder como algo positivo o negativo”, “liberador o represor”, “destructivo o productivo”. Salvo si Adrián piensa en los “anarquistas” que, para participar en el ejercicio del poder, defienden esa hipócrita falacia que llaman “poder popular”.
 
Es sorprendente que Adrián crea a los anarquistas (los que no han renunciado a luchar contra el poder) incapaces de integrar el macropoder y el micropoder en sus análisis, y, en consecuencia, de ver que el poder se sostiene y es aceptado porque, como dice Foucault, “no pesa sólo como potencia que dice no, sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos”. Es decir, porque es también “una red productiva”.
 
Sí, es sorprendente, porque Adrián debería saber que los anarquistas, además de tomar en cuenta que el poder funciona como “red productiva”, saben, con Foucault, que “si el poder no tuviese por función más que reprimir, si no trabajase más que según el modo de la censura, de la exclusión, de los obstáculos, de la represión, a la manera de un gran superego, si no se ejerciese más que de una forma negativa, sería muy frágil”.
 
Pero lo más sorprendente es que Adrián no se dé cuenta del por qué el poder es, además de censura-exclusión-represión, también una “red productiva”. Y eso pese a que él mismo reconoce que, “de hecho, si el poder descansase sólo en la figura de la represión más palpable, la de las balas y las porras, éste sería un poder fácilmente subvertible”.
 
Así pues, si el poder se traviste en “red productiva” sólo para mantenerse como lo que es realmente, censura-exclusión-represión, ¿qué sentido puede tener considerarle como algo “constructivo”, “positivo” y “creador”? ¿Se puede disociar lo que es consustancial?
 
- La anarquía, ¿un poder o un “micropoder” ?
 
El problema con Adrián es que, tras reconocer que el poder sólo es “constructivo”, “positivo” y “creador” para no ser “frágil” y “subvertible”, persista en que la anarquía “es también un poder -y no un antipoder”. Pues tampoco aclara si es un “micropoder” o también un “macropoder”. No, no hay nada claro, sólo afirmaciones perentorias. Ni siquiera cuando trata de argumentar su tesis con reflexiones contradictorias sobre la “construcción del consenso”; pues también -para él- el “consenso” buscado por los anarquistas, a través de su propaganda, es “para ejercer su dominio sobre los (discursos) de los demás”. O cuando habla del poder como “consenso hegemónico” ejercido “de manera colectiva”; pues es evidente que este “consenso” no tiene nada que ver con el que buscan los anarquistas: un consenso no impuesto (física o culturalmente) sino basado en la libertad de disenso y de experimentación.
 
¿En qué consiste pues ese “poder libertador, positivo y creador manifestado en la propia dinámica libertaria y en cada pequeño paso que sirva para edificar la anarquía” del que habla Adrián? ¿Qué clase de poder es ése? Todas las citas aportadas por Adrián confirman que el poder político, el Poder es dominación: ya sea impuesta por la fuerza o a través del “consenso” obtenido gracias a las múltiples formas de la sumisión voluntaria de los dominados propiciada por el “micropoder”. ¿A cuento de qué persistir en afirmar que “la anarquía es poder”?
 
Finalmente, Adrián ha dado la respuesta al contestar a uno de mis comentarios en alasbarricadas. No sólo confesando que para él “la manera de ejercer el poder de manera colectiva y no como una dominación autoritaria es a través del poder popular”, sino afirmando compartir lo que piensan y dicen los defensores del llamado “poder popular” en un artículo, Anarquismo y poder popular, en el que se pretende que con tal denominación se consigue “socializar el poder y evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos”.
 
- ¿Socializar el poder?
 
Que Adrián quiera ejercer el poder es su problema No es el primero ni será el último en desearlo; pese a creerse anarquista… Pero, ¿por qué no decirlo claramente? Hay muchos socialistas y comunistas que también dicen ser anarquistas en el fondo de ellos mismos; pero que, a pesar de lo que enseña la historia, creen que a través del Poder se puede ir hacia una sociedad más justa y libre… De ahí que militen en partidos que aspiran a “conquistar” el Poder. Lo que es coherente; pues no se esconden detrás de una denominación tan vaga como esa de un “poder popular” que se pretende “horizontal” y “anarquista”; pero que aspira a ser reconocido por el Poder (ver a los “anarquistas” del “poder popular” llamando a votar por Chávez en Venezuela) y a ser parte de él si las circunstancias lo permiten.
 
Por eso, más allá de la retórica hay los hechos de la vida cotidiana y lo que la lengua dice a cada uno desde que la usamos. Deberíamos pues evitar toda clase de confusionismo y utilizar la palabra Poder (con mayúscula) para significar imposición… y poder (con minúscula) para dar a entender la capacidad de hacer… por ser las acepciones más comunes y las que todos sabemos reconocer y diferenciar.
 
Pero, más allá de la semántica, deberíamos saber si Adrián se reconoce en el “Poder Popular” que hay en Cuba. Pues, si “socializar los medios de producción” es dejarlos en manos de los que los utilizan sin que haya nadie por encima de ellos para decidir lo que deben hacer, eso no se ha hecho en Cuba. Como tampoco se ha intentado “socializar el poder”, para “evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos”. Al contrario, el “Poder Popular” es el mecanismo institucional que ha permitido a los hermanos Castro de tener el privilegio del Poder en exclusiva durante ya más de cincuenta años.
 
Así pues, si “ejercer el poder de manera colectiva” significa para Adrián que nadie -ni dentro del colectivo ni fuera de él- tenga el privilegio de decidir por los demás, ¿por qué no reconoce que tal es el consenso al que aspiran llegar los anarquista y no el consenso “hegemónico” que impera en donde el Poder se camufla detrás de esa institución hipócrita llamada “Poder Popular”? Y en ese caso, ¿por qué no decirlo claramente?
 
- Sobre las “pequeñas manifestaciones de poder”…
 
Adrián nos dice que incluso diría “que la asamblea puede ser considerada una manifestación de poder en según qué circunstancias” y que también ve “pequeñas manifestaciones de poder” en “todos esos procesos de actividad anarquista cotidiana (consensos, asambleas, propaganda)”.
 
Sí, claro que los hay con la pretensión de ser “anarquistas” pese a ser autoritarios en sus praxis privadas o públicas, en comportarse en las asambleas autoritariamente y tratar de manipularlas para imponer sus propuestas o sus intereses, como en cualquier partido político. Sí, claro que sí, e incluso los hay creyendo sinceramente que la anarquía deberá imponerse… Pero, ¿tiene algún sentido creerse anarquista y ser autoritario? ¿Son esos casos los que sirven de ejemplo para definir lo que es ser anarquista, lo que es o debe ser el anarquismo?
 
Adrián nos dice que la suya “es una postura difícil de defender, compleja, sujeta a críticas” y que, “posiblemente”, le “cueste una etiqueta de autoritario difícil de salvar”; pero que cree “que las ciencias sociales en este caso” le “proporcionan más argumentos para pensar así que para pensar que el anarquismo lo que busca es que no haya poderes”.
 
Efectivamente, no sólo es indefendible una tal postura desde un punto de vista ideológico y político sino que tampoco las ciencias sociales le proporcionarán “más argumentos” para seguir pensando que el anarquismo busca que haya poder y no “que no haya poderes”; pues también en las ciencias sociales las palabras tienen un sentido y no se puede caprichosamente atribuirles otro que el que ellas tienen: ya sea por razones etimológicas o por el uso que se hace de ellas. Sí, Adrián, también en las ciencias sociales el sentido de la palabra poder (con minúscula o con mayúscula), como concepto político, es el de “dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo”. De ahí que los anarquistas luchen contra el poder, como Poder político o como autoridad para mandar; pues aspiraran a la libertad: para ellos y para los demás.
 
Claro que se pueden tener dudas sobre cómo conseguir un consenso que permita llegar a la anarquía sin tener que imponerla por la fuerza. Claro que es más simple pensar y actuar como lo hacen los adeptos a las ideologías autoritarias, aunque tampoco esa simplicidad les haya permitido alcanzar los objetivos manumisores que esas ideologías presuponen. Lo lógico es pues dejar de pensar la anarquía como “ismo”, como ideología, y comenzar a pensarla como actitud de convivencia sin autoridad, como conducta basada en el ejercicio de la libertad sin más límite que el de respetar la libertad de los (y las) demás. No sólo porque es más consecuente defender la libertad cotidianamente sino también porque es más eficaz para que la sociedad pueda avanzar hacia la libertad y la igualdad en todos los campos de la actividad humana. Un avance amenazado de más en más por el Poder hegemónico del Capitalismo y por las diatribas entre los diferentes “ismos” que pretenden combatirlo; pese a que, al día de hoy, ninguno puede pretender haber conseguido su objetivo.

Autor: Octavio Alberola

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