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lunes, 3 de enero de 2011

Futuro Minado II

En el número anterior de ¡Libertad! trataba la temática minera partiendo de la crítica de Miguel Amorós a la sociedad tecnoindustrial. Teniendo como faro esas premisas, intentaré ahondar en la problemática socio ambiental de la implantación de la minería a cielo abierto, pero desde una óptica diferente, ya que el porque de esta nota surge como consecuencia de una solicitada aparecida en el diario Perfil firmada por la Cámara Argentina de Empresarios Mineros.

Nada es lo que parece

Bajo el pomposo título de “Un futuro sustentable para las próximas generaciones”, la cámara minera argentina desarrolla una sugestiva solicitada donde de manera general se mencionan las bondades de esta actividad.
Entre ellas define que: en Argentina, la minería aplica tecnología de avanzada; o que la minería trabaja en cooperación con las más diversas actividades económicas, protegiendo y conservando las cuencas hídricas a través de un trabajo especializado y competitivo a nivel internacional.
Durante varios domingos apareció a página completa con el objetivo de instalar la idea de los atributos de la minería y sus consecuencias sociales en la generación de empleo, polarizando su discusión entre aquellos que están a favor (gobiernos y grupos económicos) y aquellos que están en contra (asambleas ciudadanas, grupos ecologistas); o sea, entre buenos y malos; entre quienes tienen miras de progreso sostenido con proyección de futuro y grandeza nacional y quienes siempre encuentran algo para protestar, quejarse, patalear y cortar rutas.
Según los lobbistas mineros, la minería es la única actividad económica que tiene una norma ambiental propia ya que en todas las provincias, los proyectos mineros están sometidos a estrictas evaluaciones ambientales multidisciplinarias y a rigurosos controles. Sin embargo, y pese a esta situación que pretenden pasar como realidad, desde diferentes sectores se alzan voces cada vez más enérgicas contra esta actividad económica. Desde ¡Libertad! ya hemos dado constancia de como la industria minera expulsa habitantes y producciones locales, contamina con metales pesados el agua, el aire y la tierra y de cómo establece una relación desigual y nociva entre las empresas mineras y la naturaleza.
El capitalismo, como sistema relacional, es dañino por propia esencia ya que entiende como fin último de su razón de ser la idea de beneficio sin importar las formas.
Es inmoral por definición porque sólo entiende de relaciones entre consumidores/productores, y no entre personas. No existe la naturaleza o los ecosistemas, sino que para sus defensores alcanza con hablar de recursos naturales o materias primas. Todo progreso fruto de la acción del hombre es utilizado para aumentar el dominio y la vigilancia sobre las personas y los pueblos, por un lado, y para perfeccionar y aumentar su capacidad de control, rentabilidad y destrucción de la naturaleza y sus ecosistemas particulares.
El boom de la minería no es un hecho aislado sino, por el contrario, es un tema candente, presente desde la década de 1990 en la agenda política de cualquier gobierno provincial o nacional sin importar el matiz ideológico.
Sin embargo, es a partir de estos últimos años donde comienza a vislumbrarse la preponderancia del sector por iniciativa no sólo de provincias netamente mineras como San Juan o Santa Cruz, sino también por el lobby de multinacionales impedidas en sus países de origen pero no así en Argentina, donde han encontrado endebles marcos jurídicos y políticos de ambiciones personales importantes.
Es innegable que las innovaciones técnicas que se han originado en el sector minero desde hace algunas décadas han modificado radicalmente la actividad, y por lo tanto, también han sufrido cambios significativos las relaciones entre el hombre y su entorno más próximo, ya que se ha pasado de una minería de vetas subterráneas a emprendimientos a cielo abierto. Esta nueva manera de extraer el mineral utiliza, como bien resaltamos en el número anterior, grandes cantidades de cianuro.
De esta manera, y siguiendo los lineamientos de estudiosos de la materia como Vaughan, podemos afirmar junto a él que “en términos ambientales y sociales, ninguna actividad industrial es más devastadora que la minería superficial.”
¿Por qué este autor considera, junto a otros colegas, que la minería a cielo abierto implica un impacto importante sobre el medio circundante? Básicamente porque su implantación genera afectación directa sobre la superficie y el entorno. Porque origina contaminación del aire y de las aguas superficiales y freáticas. Repercute en la flora, fauna, poblaciones y microclimas, y, por último, porque modifica los suelos inutilizándolos.

La patria minera

La solicitada de la Cámara Minera no es un hecho aislado o fortuito, sino que forma parte de una política de seducción por parte de las empresas vinculadas al sector minero que han conformado, junto al estado nacional, el “Foro Argentina Oro” para promocionar la minería a cielo abierto ante el rechazo cada vez más visible de las asambleas contra la minería contaminante, que hoy son más de 300 interrelacionadas la mayoría de ellas a través de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC).
El Foro es promovido y defendido por la Barrica Gold, multinacional por excelencia en el tema minero, y por otras empresas tales como Skanska, Standard Bank, Osde, Air Canadá. A las que hay que sumarles las embajadas de Suecia, Corea, Canadá, Chile, Uruguay, México, Perú y Bolivia. De los gobiernos provinciales, cuentan con el aval y patrocinio de Santa Cruz, ESalta y San Juan, donde está instalada la Barrick Gold.
Nada es casual en el mundillo de las negocios ya que los principales accionistas de la Barrick Gold son también parte importante de las acciones de Anglo Gold Ashanti y de Goldcorp las dos empresas mineras multinacionales con asiento en las provincias de Santa Cruz y Catamarca en los yacimientos de Cerro Vanguardia, Cerro Negro y Bajo de la Alumbrera. A su vez, son los principales socios de las compañías petroleras instaladas en Malvinas y de la pastera Botnia, sobre el río Uruguay.
Una lectura superficial de estos datos pone de manifiesto la influencia decisiva de un puñado de inversores ingleses, norteamericanos y canadienses sobre los territorios y ecosistemas a lo largo de los 5000 kilómetros de pre-cordillera y cordillera. Y esta situación se magnifica si se tiene en cuenta que estos inversores, dueños del oro, el petróleo y el agua son a su vez parte de los directorios de multinacionales tales como JP Morgan, Exxon-Mobil, Microsoft, Walt Mark, Appel y el Grupo Rockefeller

Resistencias

Según propias definiciones, la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) “es un espacio de intercambio, discusión y acción conformado por asambleas, grupos de vecinos y organizaciones autónomas no partidarias ni vinculadas al aparato estatal. Nace con el propósito de articular y potenciar las diferentes luchas que han emergido en los últimos años contra el avance de los proyectos contaminantes y destructivos de la naturaleza, sus ecosistemas y poblaciones. Es, a la vez un espacio que asambleas y grupos se han dado a sí mismos, con la simple y básica convicción que la unión hace la fuerza. No tiene una existencia autónoma por encima de quienes la conforman. No existe un comité directivo ni de gestión, ni autoridades, ni voceros.
La complejidad del planteo “crecer o desaparecer” se mantiene y depende de quienes la conforman. La diversidad de individualidades es vital, de lo contrario el crecimiento se detiene. Se construye a sí misma en su encuentro, en su accionar, en su producción dinámica y colectiva de un mensaje que propone detener la destrucción de seres y ambientes considerados como un todo), revisar el modo hegemónico actual de producción y consumo, pensar nuevas formas de existencia y relaciones en el planeta.”
La UAC es la consecuencia, la “necesidad” que han encontrado diferentes grupos de personas en, por ejemplo, Andalgalá, Esquel, San Juan, Mendoza o La Rioja para resistir contra el avasallamiento de los proyectos empresariales de usurpación de territorio y contaminación de ecosistemas, avalados por el estado argentino. Es la manera más elemental y directa que han hallado para intercambiar pareceres, experiencias, errores y aciertos. Es la forma para resistir el hostigamiento, la persecución y la criminalización de la protesta social que el poder de turno despliega contra quienes deciden luchar.
En ella confluyen infinidad de pequeñas asambleas e individualidades ante la necesidad de profundizar la resistencia contra el modelo extractivo y contaminante superando la lucha ambiental, porque lo que está en peligro son los territorios, las poblaciones, los ecosistemas y las relaciones recíprocas entre el hombre y la naturaleza.
Perder el miedo al poder y sus formas es el primer escollo que han logrado superar, inmiscuirse en los problemas que afectan directamente la vida es lo que los cohesiona. Buscar alternativas, profundizar las luchas, extenderlas en el tiempo y radicalizarlas es el norte que muchos se han planteado al intentar romper la lógica de atomización y criminalización por parte de la clase política y las empresas mineras.
Este escrito intenta ser un aporte en esa dirección. En la idea de visualizar y difundir la lucha que cada vez con más fuerza toma cuerpo.

Autor: Gastón

Publicado en: Libertad! Nº 57, Enero 2011, Buenos Aires.

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