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lunes, 14 de junio de 2010

Arquitectos mediáticos


“La neutralidad frente al mundo, frente a lo histórico, frente a los valores, refleja simplemente el miedo que tiene uno de revelar su compromiso. Este miedo, casi siempre, resulta del hecho de los que se dicen neutros están “comprometidos” contra los hombres, contra su humanización.”
(Paulo Freire)

“El problema principal de la comunicación consiste en saber si se han cumplido las condiciones de recepción. ¿Tiene quien escucha el código para decodificar lo que estoy diciendo? Cuando se emite una “idea preconcebida”, el problema está resuelto. La comunicación es instantánea porque, en un sentido, no existe. Es solo aparente.”
(Pierre Boudieu)

No es la primera vez que desde las páginas de ¡Libertad! se aborda el tema de lo mediático y su incidencia en la construcción social, pero considero oportuno insistir en la problemática de pensar y reflexionar el rol de la comunicación/información, tomando como punto de partida el papel protagónico que los medios tienen en el día a día. Y para hacerlo, parto de las frases de Paulo Freire y Pierre Bourdieu, que sin ser estudiosos de las teorías de la comunicación, sí han sabido resumir en esas dos frases algunas cuestiones básicas que encierran los conceptos en cuestión.
La repetición mecánica de ideas genera, entre otras cosas, que se las adopte como verdades infranqueables, naturalizándolas acríticamente como capital simbólico. Esta naturalidad no hace más que vaciar de contenido los conceptos que puedan servir al momento de explicar temáticas de incidencia social. ¿A qué viene todo esto?
Es común leer en diferentes análisis de la relación medios de información/sociedad, utilizar el concepto de “desinformación” en oposición al de “información”.
Este abordaje ha sido palpable en lecturas de diferente tinte social, sin pretender por ello priorizar unos en detrimento de otros ya que cada uno de ellos incide particularmente según los intereses que genere o modifique. La idea preconcebida de que los medios masivos “desinforman” corre del eje dos aspectos fundamentales de la estructura informativa: 1- que los medios son constructores de realidades, y no meros reflejos sociales; y 2- que son grupos económicos (o parte de ellos) que mercantilizan la información según sus propios intereses.
De esta manera, partir del concepto de “desinformación” para entender el funcionamiento de los medios es un error teórico ya que permite que éstos se escuden en la posibilidad del error, suavizando su incidencia en lo mediático y vaciando de carga simbólica su discurso. Resumiendo: los medios no desinforman, por el contrario, construyen realidad, poniendo en el tapete aquellos temas que mejor les sirvan para su beneficio.
El recurrente tema de la violencia en la sociedad y sus análisis ciudadanos despojados de sus causas sociales es uno, entre muchos ejemplos, que sirven para poder entender el funcionamiento de los medios. Primero se estigmatiza y polariza el problema: por un lado se habla de “pibes chorros”, “lacras”, “malvivientes”, “insensibles” o “pacos”; por otro, de “honrado ciudadano”, “buen trabajador”, “padre de familia”, “buen amigo”. Se establecen como normas dos instancias separadas e inconexas entre sí, como si ambas no formaran parte de la misma situación. Las causas del problema se ocultan, las particularidades se generalizan y se bombardea mediáticamente hasta instalar el hecho como un problema de índole inmediata y determinante. Y ya sabemos qué sucede cuando los medios instalan un tema como “el tema” (sino pensemos rápidamente en titulares como: “secuestros Express”, “los problemas del campo y el artículo 125”, “creciente inseguridad”, “ola delictiva”, “la maldita policía” “countries e inseguridad”, etc).
Es indudable que hoy no se puede negar la influencia que los medios de información tienen en la cotidianeidad social. Esta incidencia es producto, entre otras cosas, de la capacidad de creación simbólica que poseen. Desde esta óptica es que el argumento de “desinformación” como un opuesto a la relación de información pierde sustento. De esta manera, los medios en tanto discurso práctico fomentan y facilitan modelos de construcción simbólica, recepción, opinión y (pseudo) participación. “A partir de que en los medios se viven como en la realidad, la vida llega a ser ficción. La contemplación pasiva de imágenes, elegidas por otros, sustituye el vivir y el determinar los acontecimientos en primera persona. El espectáculo de los medios consiste en la recomposición de los aspectos separados en el plano de la imagen. Todo aquello de lo cual la vida carece se reencuentra en ese conjunto de representaciones. El espectáculo reúne lo separado, en tanto y en cuanto está separado. En la sociedad del espectáculo hasta las experiencias más íntimas – el amor, la pasión, la sexualidad, el odio, el juego, la aventura – se viven a través de la vida de otros: deportistas, actores, héroes, galanes y personajes mediáticos. Esa separación – entre la capacidad de experimentar y comunicar de los sujetos y las experiencias mediatizadas – es el contenido ideológico de los medios de comunicación. Para la mayoría de los consumidores mediáticos, buena parte de las experiencias vitales se viven mediadamente; son lo otro de sí, el amor es vivido como el amor de otro, el juego es contemplar el juego de otros y así sucesivamente. (Fernández y Zarowsky)


Publicado en: Libertad! Nº 55, mayo-junio 2010, Buenos Aires.
Autor: Gastón