Total de páginas visitadas

miércoles, 16 de febrero de 2011

Ni hechos aislados, ni falta de formación, ni resabios de la dictadura…


Cuando en el 2008, llamamos la atención de los medios y la población, junto con los internos del pabellón 3 de la cárcel de Boulogne Sur Mer y sus familias, en reclamo por las condiciones de vida de los presos, las sanciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos ya llevaban dos años de vigencia y la cárcel ya se encontraba bajo intervención federal. Pese a que, mediante la organización y la lucha, se consiguieron todas las mejoras que exigíamos, a poco más de dos años de aquella pequeña victoria la situación de los presos ha vuelto a ser igual de lamentable.

Protestábamos entonces por la falta total de cuidado de la salud de los presos, de posibilidad de acceso a educación y trabajo, por el hacinamiento y las golpizas y vejaciones permanentes, por el castigo y el aislamiento al que no se sumara por las buenas a los negociados y manejos criminales de la oficialidad penitenciaria. Un par de meses pudieron los presos ver aplicados algunos de los derechos que les otorga la ley que regula su encierro (24.660), hasta que los más agitadores fueron separados del pabellón por las autoridades, que prohibieron algunas visitas y corrompieron el pabellón llenándolo de presos cómplices de los penitenciarios (“ratas”) y cambiando de pabellón a los que quedaban organizados.

A fines de enero las imágenes en video de torturas y vejaciones explícitas en la Unidad Penitenciaria de San Felipe (de procesados y faz de confianza) inundaron las tapas y pantallas de los medios provinciales y nacionales. Ante la evidencia obtenida por los presos (a través del robo del celular de un guardiacárcel), los gobiernos provincial y nacional, junto a una organización de abogados afines, salieron a “ocuparse” del caso definiéndolo como “hecho aislado”, a tan sólo meses de que se levantaran las sanciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el penal. Las “soluciones” del poder consistieron en la detención de 7 de los guardiacárceles involucrados con ambos gobiernos como querellantes, “capacitación en derechos humanos” para la mafia penitenciaria y la entrega por primera vez en la historia de un jabón y una pasta dentífrica a cada preso (siendo que aún hoy se les niega todo artículo de limpieza).

El gobierno y organismos de DDHH se plantean solucionar la cuestión con “inspecciones” preanunciadas, mientras a los presos se les rompen los habeas corpus en la cara, siguen las amenazas, y el gobierno no sabe cómo parar la catarata de denuncias en las unidades penitenciarias de la provincia (que incluyen casos de tortura seguida de muerte por parte del personal penitenciario). Lejos de ser un “hecho aislado”, esta es la cotidianeidad de la cárcel mendocina, por primera vez en la pantalla de los televidentes, tan insensibles a la tortura en la Mendoza de hoy como la mayoría de las organizaciones sociales, sindicatos y partidos.

En nuestras calles el accionar de las fuerzas represivas del Estado no se diferencia demasiado en su “política de derechos humanos”. Todos los días la Policía de Mendoza protagoniza nuevos casos de extorsión, encubrimiento, violación, tortura, robo, vejaciones, muerte y, cómo no, esta modalidad de secuestro legal denominado “averiguación de antecedentes” (que viola el Pacto de San José de Costa Rica y contradice a la Corte Interamericana) con todo lo que trae aparejado.



No seas cómplice con tu silencio de los abusos de las fuerzas del orden. Ante un ataque del aparato represivo del Estado es indispensable que te comuniques en forma urgente con los más cercanos y organizaciones sociales afines para actuar de inmediato.

Contra el código contravencional, la ley de requisas, la ley antiterrorista y la detención por averiguación de antecedentes.


¡No deleguemos nuestra seguridad a nuestros verdugos!

LA SOCIEDAD QUE QUEREMOS LA HACEMOS ENTRE TODOS



SOCIEDAD DE RESISTENCIA MENDOZA

viernes, 4 de febrero de 2011

Crónica de una presecución anunciada


2010, un año clave en la represión antianarquista


Lo que sigue no es un balance crítico del complejo año que se marchó. Nuestra intención es modesta, más bien deseamos reseñar y ordenar algunos hechos e hitos referentes a la represión al movimiento antiautoritario. No buscamos la victimización, ni la glorificación. Expondremos los datos para que cada acto, cada gesto de rebeldía y cada respuesta estatal, trasciendan su peculiaridad y sirvan, si es el caso, para mejor enfrentar a la Autoridad. Quedará pendiente el debate sobre las proyecciones y alcances, sobre la utilidad o perjuicio, de lo que aquí se reseñará. Al igual que el 2009, el año recién pasado será clave para la discusión sobre el insurreccionalismo criollo y sobre el modus operandi utilizado por el Estado para combatirle a él y a todos aquellos que se plantean en guerra contra el Orden imperante. Veamos.
La represión estatal no esperó un día para actuar y durante el “año nuevo” (2009-2010) sorprendió y persiguió al compañero vasco Asel Luzarraga que residía en Padre Las Casas (Araucanía) desde hace algunos meses atrás. La policía, como acostumbra, preparó un montaje casi perfecto, casi. A Luzarraga se le acusó de varios atentados explosivos en aquella Región y se dijo encontrar un extintor en su casa, obviamente, según la policía, para ser usado en alguna fechoría subversiva. Asel estuvo preso dos meses y luego padeció detención domiciliaria hasta que finalmente, en agosto, fue liberado por falta de pruebas.
En Santiago el 16 de Marzo, cuando ya gobernaba Piñera, luego de siete meses de prisión por el ataque a un cuartel de la PDI, Pablo Carvajal y Matías Castro salieron en libertad. Un mes después, el 12 de abril, Cristian Cancino (“Margarito”) corrió similar suerte tras haber sido detenido en Mayo de 2009, tras la muerte del Mauri. El 26 del mismo mes fue detenida Estela Cortez tras ser acusada de atacar la sede de la UDI en Antofagasta, permaneciendo en prisión hasta el 15 de Mayo. Un hecho para apuntar: en los tres casos anteriores los compañeros debieron asumir culpas para evitar permanecer más tiempo recluidos.
En esta reseña también corresponde destacar la situación de aquellos luchadores que alguna vez pertenecieron al marxista Movimiento Juvenil Lautaro, algunos de ellos hoy cercanos a grupos antiautoritarios. Hombres y mujeres criminalizados una y otra vez por las autoridades, la prensa y por algunos que se hacen llamar libertarios. El 3 de mayo y luego de ser capturado el 29 de marzo de 2009, salió libre Marcelo Dotte. A su vez, desde el 9 de ese mismo mes, la compañera Flora Pavez puede acceder al “beneficio” de las salidas dominicales. El 9 de julio atraparon a Juan Aliste Vega. Hay que recordar que desde fines de 2009 también están encarcelados Marcelo Villarroel y Freddy Fuentevilla. Más allá de la veracidad o no de las acciones que se les imputan, cabe destacar la constante campaña de difamación y la forma en que se ha prejuzgado a los exlautaristas aún antes de tener las pruebas a mano.
A mediados de Junio hubo cambio en el equipo represor y asumió la cabecera de la investigación sobre “el caso bombas” el Fiscal Alejandro Peña. Arreciaban las críticas a los anteriores funcionarios encargados de la pesquisa tras no obtener resultados a pesar de las más de 100 explosiones. Paralelo a ello, el diario La Tercera asumió implícitamente su rol como vocero de la Fiscalía Sur, preparando mediante periódicos reportajes y notas mentirosas, el escenario propicio para la posterior arremetida estatal.
Mientras se preparaba el gran golpe, ocurrió un hecho que no merece olvidarse o ser recordado simplemente como un dato curioso, risorio. El 6 de julio se “detuvo” a un tal Roberto Gajardo, apodado “el nazi”, joven emprendedor dedicado al rubro de la dinamita. Cobraba, dice la prensa, entre 80 y 100 mil pesos por cada bomba. Los anarquistas, por supuesto, eran sus clientes frecuentes. Basta el seudónimo y lo burdo del negocio, así como el hecho de no ser “conocido” por nadie, para concluir la falsedad del hecho. Pues de ser una persona y un caso real, nadie entiende por qué no fue juzgado junto a los 14 compañeros capturados en agosto. El Fiscal Peña tiene, ya lo sabemos, bastante imaginación.
Sin duda el episodio más grave del 2010 en cuanto a la represión antianarquista fue la detención simultánea de 14 compañeros y compañeras, acaecida el 14 de Agosto. Suceso que reúne en sí mismo todas las variantes de artimañas utilizadas por las autoridades para perseguir a quienes se enfrentan a ellas. Pruebas falsas, manipulación de “evidencias”, hipótesis de investigación absurdas, cerco mediático, criminalización automática, etcétera. En el colmo del absurdo, el Estado señaló que los 14 compañeros y compañeras pertenecen a una organización terrorista con líderes, ayudantes, financiamiento extranjero y una estructura creada para infundir terror en la población. Figura legal ésta última que hace posible la aplicación de la Ley Antiterrorista. Varios de los detenidos lo están por su pasado lautarista. Otros, por la fantasía mental de Gustavo Fuentes (“El Grillo”), tipo que intentó asesinar a Candelaria Cortez-Monroy, precisamente una de las compañeras perseguidas desde Agosto. Es la llamada Operación “Salamandra” y el Ministro Hinzpeter quiere todo el peso de la Ley sobre los antiautoritarios.
Pero la arremetida estatal no se contenta solo con la cárcel para los compañeros y compañeras, pues también incide directa e indirectamente en otras situaciones. Ya sea por el acoso, por la acción explícita de las autoridades, por la propia convicción, por la necesidad de evadir al Poder o por otras razones, varios centros sociales han dejado de existir. Espacios perdidos al igual que aquellos que se vinieron abajo con el Terremoto del 27 de Febrero.
Hoy, enero de 2011, hay menos okupaciones que a igual fecha del año anterior. Hay más de 10 compañeros tras las rejas y un proceso pendiente que incluye a varios más. Y eso sin contar con las investigaciones secretas que en este momento se desarrollan. Se meten en los correos electrónicos, escuchan llamadas, chequean amistades, etcétera. Por otro lado, hay dos compañeros prófugos de la Justicia chilena, Gabriela Curilem y Diego Ríos. Donde quiera que estén, que sus pies sean ligeros. Hay amigos y familiares movilizándose por la libertad de los compas. Hay urgencia de actuar y de estar pendientes. Hay necesidad de estar preparados, de tomar precauciones sin caer en la paranoia y el inmovilismo, es hora de ser más astutos que el dueño de la baraja.
Podemos compartir o no los planteamientos de varios de los compañeros perseguidos. Podemos estar de acuerdo o en contra. Pero la solidaridad no es solo palabra escrita y tal vez no debiera estar en discusión en este caso. Y no para que el apoyo mutuo sea manoseado como un simple cliché, como un deber folclórico. Aquí hay vidas y libertades en juego. Es, tremenda y simplemente, una de las tantas horas de prueba para la coherencia de cada uno.

Autor: Grupo anarquista El Surco
Publicado en: El Surco, Nº 23, enero 2011, Santiago, Chile

Abuso y brutalidad policial


A lo largo de la historia de la región chilena son numerosos los episodios relacionados con el abuso policial (civil y uniformado), especialmente, contra todos aquellos individuos que transgreden la ley (y moral) burguesa sobre la cual se sustenta la propiedad privada y el sistema de dominación en su conjunto. A comienzos del siglo XX los anarquistas, de estas tierras, arremetieron ácidamente -en su prensa- denunciando las bárbaras prácticas, no sólo de la Sección de Seguridad (policía civil antecesora de la PDI, Policía de Investigaciones de Chile), sino también, años más tarde, del Cuerpo de Carabineros de Chile (policía uniformada). En las páginas de sus periódicos fueron recurrentes las denuncias de tortura, vejámenes, humillaciones, allanamientos y aprehensiones arbitrarias (entre otras prácticas), contra luchadores sociales y revolucionarios perpetrados por la policía. Asimismo, los ácratas denunciaron sin titubear las arbitrariedades de los esbirros del poder contra los sectores obreros y populares, en el marco de conflictos socio-laborales y en la vida cotidiana. Abusos, abusos y más abusos. Individuos, provenientes en su mayoría de los sectores populares, que dotados de una autoridad ínfima hostigaban, incluso a sus padres y hermanos, resguardando la propiedad y el orden de los ricos, constituyéndose en mercenarios de éstos. A comienzos del siglo XX, fueron tantos los abusos de la policía, que incluso el poder no pudo hacer vista gorda, teniendo que re-disciplinar y castigar (¿violentamente?) a los uniformados y civiles por su falta de “patriotismo”. Así lo demuestran los archivos ministeriales del Estado. Violaciones (y agresiones sexuales), robos, saqueos, asesinatos, conatos en estado de ebriedad o ligados al comercio sexual, etc. situaciones en las cuales la policía se vio comprometida. Y no precisamente atentaban o robaban a los ricos, sino contra los que nada tenían, de forma prepotente y autoritaria. Hoy en día la situación no ha cambiado en demasía. Numerosos son los casos –y no sólo los más bullados- en que la policía ha arremetido violentamente contra los sectores populares. De hecho, entre el 1990 y el 2004 se presentaron más de 6.400 denuncias por “violencia innecesaria” en los tribunales militares, lugar donde son procesados los pacos represores.
Es más, en las poblaciones periféricas los pacos hacen y deshacen ante la mirada atónita (y de rabia contenida) de los pobladores. Secreto a voces son sus nexos con los narcotraficantes, que no tienen escrúpulos a la hora de venderles papelillos de mierda a niños y jóvenes pobres, coludidos y protegidos por ellos mismos. A fin de cuentas, es más funcional al sistema un drogadicto (y alcohólico) que un luchador social o un revolucionario que ha declarado abiertamente la guerra al sistema de dominación. Y para que hablar de las fechas conmemorativas en las poblaciones (11 de septiembre, 29 de marzo, etc.), en las cuales los pacos dan rienda suelta a su violencia sin medir consecuencias, mediante el uso de bombas lacrimógenas, balazos, golpizas y maltratos. No obstante, es necesario señalar, que los abusos no sólo son perpetrados para días conmemorativos o se constituyen como hechos aislados como nos quieren hacer creer los medios de comunicación de los ricos (véase a propósito: http://www.hommodolars.org/web/spip.php?article3738). En la población La Legua, de la Comuna de San Joaquín, los abusos de la policía son de larga data, a propósito de los pacos enfermos que jalaban “napolitano” (propelente de gas lacrimógeno) en las radio-patrullas o que carreteaban en la misma comisaría (la 50ª Comisaría de San Joaquín), para después torturar y vejar a quien se les cruzara en el camino. Dichas prácticas son pan de cada día a pesar del lavado de imagen que los altos mandos de la policía civil y uniformada, realizan cuando salen a la luz pública o son denunciados por los agredidos. Lavado de imagen en los cuales los medios de comunicación de los ricos juegan un importante rol, a la par con la criminalización de la protesta social. De hecho, al día siguiente de que los seis pacos de la Comisaría de La Legua, fueran dados de baja y procesados por la Justicia Militar (y no civil), por las torturas perpetradas contra Juan Alejandro Berríos, poblador de La Legua, los medios repetían insistentemente las “buenas obras” realizadas por carabineros -los días anteriores- y trasmitían las declaraciones del Prefecto de Carabineros que atribuía los excesos de los “funcionarios” a “pecados de juventud” señalando que eran “hechos aislados” o “puntuales” que empañaban la esforzada labor del cuerpo policial completo. Es más, programas como “Policías en Acción”, de Chilevisión, en formato docu-reality, editados (entiéndase recortados) con anterioridad a ser mostrados por la TV abierta, pretenden mostrar el “trabajo digno” y sacrificado de los pacos que arriesgan su vida “protegiendo a la ciudadanía”, generando además, paranoia social, en tanto nos muestran una sociedad regida por la ley de la selva, en donde se justifica el accionar de estas instituciones represoras por excelencia. Se avala y legitima su accionar. Demás está decir, que desde el fin de la Dictadura Militar la policía civil y uniformada sigue cumpliendo su rol de control social y resguardando el poder y orden de los ricos.

Autor: Pacoylaconchetumare
Publicado en: El Surco, Nº 23, enero 2011, Santiago, Chile.

miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Anarquía y lucha de clases?


Como anarquistas poseemos una serie de ideas y prácticas para hacer frente a los diversos problemas que la vida cotidiana nos plantea. Sin embargo, algunos de esos desafíos son hoy muy difíciles de solucionar, lo que nos obliga a entrar en constante contradicción con ciertas cuestiones momentáneamente irresolutas, como lo son el lidiar con un sistema de educación, salud, transporte y de vida en general, contrario a la libertad y a la solidaridad. Aún así, y a pesar de que hay cosas que temporalmente no po¬demos saldar, para nosotros resulta urgente, ineludible, sostener la intención constante de remediarlas desde una perspectiva que no signifique conculcar nuestras ideas. Es decir, exigiéndonos coherencia entre fines y medios.

Por otra parte, la rica heterogeneidad del medio libertario nos invita a estar en constante discusión con otras perspectivas. Discusión que creamos, alentamos y no eludimos (1). Y como la anarquía no puede ser un sistema cerrado de ideas, esto nos obliga a reconocer nuestros errores cuando existen, exponer nuestras perspectivas y a tener todo el derecho de equivocarnos. Pero hay algo en lo que no transamos aunque se nos tache de soberbios. Esto es, en esta búsqueda de coherencia entre los fines y los medios. Y por ella es que hemos combatido el clasismo en la anarquía.

Se nos ha mirado con desconfianza desde todos lados por no comulgar con el “clasismo” como herramienta emancipatoria. Y muchos ignorantes del real significado de nuestras ideas, han creído ver en nosotros a otro grupo más de “ultraliberales contrarrevolucionarios”. La simplificación les ha sido fácil, si no gritamos “arriba la clase obrera”, es porque somos pequeño burgueses o porque no sabemos un carajo donde estamos parados. Han visto solo lo que han querido ver.

Podremos tal vez estar equivocados, pero si el clasismo no nos parece afín es por una cuestión clara, no encontramos en él conciliación con la finalidad anarquista, esto es, con una sociedad libre, una sociedad sin clases sociales. En otras palabras, no pode¬mos buscar una sociedad así, valiéndonos de perspectivas clasistas, de igual forma en que no queremos luchar por una sociedad libertaria perteneciendo a grupos con características y prácticas autoritarias. Pues aquello sería tan aberrante como imponer la anarquía siendo dictadores. No hay que esperar a un mañana para crear una sociedad sin clases. ¿Por qué sostenernos en lo que buscamos destruir? El clasismo fue una herramienta bastante útil, lo reconocemos. Gracias a él se aglutinaron y plantaron cara al sistema infinidad de valiosas vidas. Se obtuvieron grandes victorias, etcétera. Pero el clasismo es una perspectiva limitada y excluyente de la finalidad universalista de nuestras ideas. Como anarquistas, buscamos la liberación del hombre y la mujer en su plenitud, no solamente la de algunos o sólo en relación con el lugar en el sistema de producción de cada uno.

Y la verdad es que nos importa poco que Bakunin y todos los santos de la anarquía hayan dicho otra cosa. El pasado está para problematizarlo, para no repetir errores, para sacar lecciones, no para sacralizarlo. Por cierto, no está demás señalar que desde inicios del siglo XX hubo anarquistas contrarios al clasismo, opacados abrumadoramente por los otros claro, pero los hubo.

En fin, no nos creemos poseedores de la verdad anarquista. Esta es nuestra sospecha, es la discusión que invitamos a contestar con altura de miras, con sobriedad.

Grupo Anarquista “El Surco”

1. Esto no es una respuesta, pero puede servir para continuar la discusión iniciada con el texto “contra el fetichismo obrero” escrita por un compañero de El Surco y respondida colectivamente por el grupo que hoy se autodenomina “Federación” comunista libertaria.

Publicado en: El Surco nº23, enero-febrero 2011, Santiago, Chile.

lunes, 3 de enero de 2011

Futuro Minado II

En el número anterior de ¡Libertad! trataba la temática minera partiendo de la crítica de Miguel Amorós a la sociedad tecnoindustrial. Teniendo como faro esas premisas, intentaré ahondar en la problemática socio ambiental de la implantación de la minería a cielo abierto, pero desde una óptica diferente, ya que el porque de esta nota surge como consecuencia de una solicitada aparecida en el diario Perfil firmada por la Cámara Argentina de Empresarios Mineros.

Nada es lo que parece

Bajo el pomposo título de “Un futuro sustentable para las próximas generaciones”, la cámara minera argentina desarrolla una sugestiva solicitada donde de manera general se mencionan las bondades de esta actividad.
Entre ellas define que: en Argentina, la minería aplica tecnología de avanzada; o que la minería trabaja en cooperación con las más diversas actividades económicas, protegiendo y conservando las cuencas hídricas a través de un trabajo especializado y competitivo a nivel internacional.
Durante varios domingos apareció a página completa con el objetivo de instalar la idea de los atributos de la minería y sus consecuencias sociales en la generación de empleo, polarizando su discusión entre aquellos que están a favor (gobiernos y grupos económicos) y aquellos que están en contra (asambleas ciudadanas, grupos ecologistas); o sea, entre buenos y malos; entre quienes tienen miras de progreso sostenido con proyección de futuro y grandeza nacional y quienes siempre encuentran algo para protestar, quejarse, patalear y cortar rutas.
Según los lobbistas mineros, la minería es la única actividad económica que tiene una norma ambiental propia ya que en todas las provincias, los proyectos mineros están sometidos a estrictas evaluaciones ambientales multidisciplinarias y a rigurosos controles. Sin embargo, y pese a esta situación que pretenden pasar como realidad, desde diferentes sectores se alzan voces cada vez más enérgicas contra esta actividad económica. Desde ¡Libertad! ya hemos dado constancia de como la industria minera expulsa habitantes y producciones locales, contamina con metales pesados el agua, el aire y la tierra y de cómo establece una relación desigual y nociva entre las empresas mineras y la naturaleza.
El capitalismo, como sistema relacional, es dañino por propia esencia ya que entiende como fin último de su razón de ser la idea de beneficio sin importar las formas.
Es inmoral por definición porque sólo entiende de relaciones entre consumidores/productores, y no entre personas. No existe la naturaleza o los ecosistemas, sino que para sus defensores alcanza con hablar de recursos naturales o materias primas. Todo progreso fruto de la acción del hombre es utilizado para aumentar el dominio y la vigilancia sobre las personas y los pueblos, por un lado, y para perfeccionar y aumentar su capacidad de control, rentabilidad y destrucción de la naturaleza y sus ecosistemas particulares.
El boom de la minería no es un hecho aislado sino, por el contrario, es un tema candente, presente desde la década de 1990 en la agenda política de cualquier gobierno provincial o nacional sin importar el matiz ideológico.
Sin embargo, es a partir de estos últimos años donde comienza a vislumbrarse la preponderancia del sector por iniciativa no sólo de provincias netamente mineras como San Juan o Santa Cruz, sino también por el lobby de multinacionales impedidas en sus países de origen pero no así en Argentina, donde han encontrado endebles marcos jurídicos y políticos de ambiciones personales importantes.
Es innegable que las innovaciones técnicas que se han originado en el sector minero desde hace algunas décadas han modificado radicalmente la actividad, y por lo tanto, también han sufrido cambios significativos las relaciones entre el hombre y su entorno más próximo, ya que se ha pasado de una minería de vetas subterráneas a emprendimientos a cielo abierto. Esta nueva manera de extraer el mineral utiliza, como bien resaltamos en el número anterior, grandes cantidades de cianuro.
De esta manera, y siguiendo los lineamientos de estudiosos de la materia como Vaughan, podemos afirmar junto a él que “en términos ambientales y sociales, ninguna actividad industrial es más devastadora que la minería superficial.”
¿Por qué este autor considera, junto a otros colegas, que la minería a cielo abierto implica un impacto importante sobre el medio circundante? Básicamente porque su implantación genera afectación directa sobre la superficie y el entorno. Porque origina contaminación del aire y de las aguas superficiales y freáticas. Repercute en la flora, fauna, poblaciones y microclimas, y, por último, porque modifica los suelos inutilizándolos.

La patria minera

La solicitada de la Cámara Minera no es un hecho aislado o fortuito, sino que forma parte de una política de seducción por parte de las empresas vinculadas al sector minero que han conformado, junto al estado nacional, el “Foro Argentina Oro” para promocionar la minería a cielo abierto ante el rechazo cada vez más visible de las asambleas contra la minería contaminante, que hoy son más de 300 interrelacionadas la mayoría de ellas a través de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC).
El Foro es promovido y defendido por la Barrica Gold, multinacional por excelencia en el tema minero, y por otras empresas tales como Skanska, Standard Bank, Osde, Air Canadá. A las que hay que sumarles las embajadas de Suecia, Corea, Canadá, Chile, Uruguay, México, Perú y Bolivia. De los gobiernos provinciales, cuentan con el aval y patrocinio de Santa Cruz, ESalta y San Juan, donde está instalada la Barrick Gold.
Nada es casual en el mundillo de las negocios ya que los principales accionistas de la Barrick Gold son también parte importante de las acciones de Anglo Gold Ashanti y de Goldcorp las dos empresas mineras multinacionales con asiento en las provincias de Santa Cruz y Catamarca en los yacimientos de Cerro Vanguardia, Cerro Negro y Bajo de la Alumbrera. A su vez, son los principales socios de las compañías petroleras instaladas en Malvinas y de la pastera Botnia, sobre el río Uruguay.
Una lectura superficial de estos datos pone de manifiesto la influencia decisiva de un puñado de inversores ingleses, norteamericanos y canadienses sobre los territorios y ecosistemas a lo largo de los 5000 kilómetros de pre-cordillera y cordillera. Y esta situación se magnifica si se tiene en cuenta que estos inversores, dueños del oro, el petróleo y el agua son a su vez parte de los directorios de multinacionales tales como JP Morgan, Exxon-Mobil, Microsoft, Walt Mark, Appel y el Grupo Rockefeller

Resistencias

Según propias definiciones, la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) “es un espacio de intercambio, discusión y acción conformado por asambleas, grupos de vecinos y organizaciones autónomas no partidarias ni vinculadas al aparato estatal. Nace con el propósito de articular y potenciar las diferentes luchas que han emergido en los últimos años contra el avance de los proyectos contaminantes y destructivos de la naturaleza, sus ecosistemas y poblaciones. Es, a la vez un espacio que asambleas y grupos se han dado a sí mismos, con la simple y básica convicción que la unión hace la fuerza. No tiene una existencia autónoma por encima de quienes la conforman. No existe un comité directivo ni de gestión, ni autoridades, ni voceros.
La complejidad del planteo “crecer o desaparecer” se mantiene y depende de quienes la conforman. La diversidad de individualidades es vital, de lo contrario el crecimiento se detiene. Se construye a sí misma en su encuentro, en su accionar, en su producción dinámica y colectiva de un mensaje que propone detener la destrucción de seres y ambientes considerados como un todo), revisar el modo hegemónico actual de producción y consumo, pensar nuevas formas de existencia y relaciones en el planeta.”
La UAC es la consecuencia, la “necesidad” que han encontrado diferentes grupos de personas en, por ejemplo, Andalgalá, Esquel, San Juan, Mendoza o La Rioja para resistir contra el avasallamiento de los proyectos empresariales de usurpación de territorio y contaminación de ecosistemas, avalados por el estado argentino. Es la manera más elemental y directa que han hallado para intercambiar pareceres, experiencias, errores y aciertos. Es la forma para resistir el hostigamiento, la persecución y la criminalización de la protesta social que el poder de turno despliega contra quienes deciden luchar.
En ella confluyen infinidad de pequeñas asambleas e individualidades ante la necesidad de profundizar la resistencia contra el modelo extractivo y contaminante superando la lucha ambiental, porque lo que está en peligro son los territorios, las poblaciones, los ecosistemas y las relaciones recíprocas entre el hombre y la naturaleza.
Perder el miedo al poder y sus formas es el primer escollo que han logrado superar, inmiscuirse en los problemas que afectan directamente la vida es lo que los cohesiona. Buscar alternativas, profundizar las luchas, extenderlas en el tiempo y radicalizarlas es el norte que muchos se han planteado al intentar romper la lógica de atomización y criminalización por parte de la clase política y las empresas mineras.
Este escrito intenta ser un aporte en esa dirección. En la idea de visualizar y difundir la lucha que cada vez con más fuerza toma cuerpo.

Autor: Gastón

Publicado en: Libertad! Nº 57, Enero 2011, Buenos Aires.

domingo, 2 de enero de 2011

Grupos libertarios y poder popular: Dinamitando el anarquismo desde adentro

(Boceteando una discusión pendiente entre nosotros/as)
La ausencia de espacios de intercambio, así como de mecanismos de discusión entre los y las anarquistas de América latina, precisa que cualquier tópico a ventilar sea precedido de una aclaración del lugar desde donde se origina la reflexión. La falta de continuidad orgánica, o movimientista si se desea, nos obliga a un cíclico eterno retorno, en donde no caben los sobrentendidos si lo que se desea es un real diálogo y confrontación de argumentos.

Este artículo desea cuestionar el uso del vocablo “poder popular” (PP) entre algunos círculos libertarios, sin pretender agotar una discusión que aún, salvo algunos escritos dispersos aquí y allá, no se ha dado con la necesaria rigurosidad, que debido al corto espacio tampoco será realizada aquí. Nuestra invitación a la deliberación debe comenzar con algunas aclaraciones. Quienes han venido promoviendo, en algunos países con más visibilidad que en otros, la utilización del término para sintetizar una presunta propuesta anarquista adecuada a los nuevos tiempos, lo hacen para diferenciarse de otros y otras libertarios que combaten como antagónicos, curiosamente con mucho más énfasis que al resto de la izquierda autoritaria. Según, este anarquismo de PP enfrenta a otro anarquismo que califican, siguiendo a Murray Bookchin, como “de estilo de vida”, y que caricaturizan como “dogmático”, “elitesco”, “encerrado en el pasado” y nucleado, mayoritariamente, en el denominado “insurreccionalismo”. No pretendemos negar que algunas iniciativas en el continente puedan aglutinar algunas o todas las características anteriores. Sin embargo si rechazamos con vehemencia que toda la variedad de las expresiones del movimiento libertario, desde el Río Grande hasta la Patagonia, pueda simplificarse única y exclusivamente en este maniqueísmo: el “anarquismo organizado” –como se autocalifican los cultores del PP- versus el “insurreccionalismo”.

En cambio el anarquismo con el que nos identificamos es aquel que -reconociendo la importancia de la participación en grupos de afinidad específicamente libertarios-, entiende que los valores anarquistas sólo podrán desarrollarse en un espacio dinámico de movimientos sociales, horizontales y autónomos, en conflictos concretos y reales por mejorar aquí y ahora las condiciones de vida de los oprimidos y oprimidas de cualquier signo. Y la intervención ácrata, junto a personas de otro pensamiento, no difumina nuestra identidad como anarquistas, por el contrario la potencia. Porque los valores –y no las etiquetas- que ha defendido nuestro movimiento a lo largo de la historia aspiran a ser vividos por cualquier persona con aspiraciones de justicia social y libertad, y no sólo por un grupo reducido de anarquistas convencido/as.

El viejo fantasma de la dictadura del proletariado

La propuesta anterior no es ni la mejor ni la única que complejiza la interesada polarización construida por los promotores rojinegros del PP: De un lado ellos, construyendo organización al lado del pueblo en una inédita y heterodoxa interpretación del anarquismo. Del otro, los anarquistas dogmáticos de café y biblioteca, encerrados en ghettos alejados de las masas, cuyas iniciativas aventureras solamente alimentan a la reacción. La caricaturización de la discusión en estos términos sólo esconde la propia superficialidad de las propuestas de los “anarquistas organizados”. Vayamos por partes.

El uso del término PP es una moda, en tiempos de presunto giro del continente hacia la izquierda por parte de gobiernos, entre comillas, “progresistas”. Por lo general, buena parte de la izquierda propone la creación del PP sin aclarar que cosa se está definiendo por ese término. En nuestros predios la confusión es aún mayor, pues se nombran cosas correctas utilizando el concepto equivocado. Antes decíamos que como anarquistas nos importan poco las etiquetas, sin embargo esta noción, como explicaremos, necesariamente adopta una significación que, precisamente, termina con hipotecar hacia la nada los valores que nos definen como antiautoritarios. Citemos el concepto que utiliza el CILEP de Colombia: “El poder popular es sobre todo potencia, porque anticipa el mundo futuro, porque en el presente manifiesta lo que está por venir. Esto último es muy importante, ya que de nada sirve construir una sociedad libre utilizando medios opresivos, jerárquicos y discriminadores” (http://www.anarkismo.net/article/12227). Como se podrá constatar la definición no descubre nada nuevo que no hayan dicho los anarquistas en el último siglo, sin embargo se esta describiendo aquello que antes se expresaba como “autogestión”, “acción directa”, “colectivismo” o cualquier concepto afín y específico del discurso libertario. La única razón para utilizar un término ajeno como propio es tender puentes y establecer alianzas con aquellas iniciativas que realizan un uso diferente de la expresión PP. El contrabando lingüístico se justifica en nombre de un supuesto “antidogmatismo”, sin embargo uno de sus objetivos es normalizar entre los anarquistas la utilización de conceptos y referentes provenientes de las organizaciones partidarias de izquierda. No es casual que el artículo del CILEP comience con una cita de Miguel Enríquez, fundador del MIR chileno.
En su precedente podemos constatar que las adjetivaciones no son fortuitas ni inocentes. El término PP es una actualización de lo que los autoritarios definían, antes de la caída del Muro, como “dictadura del proletariado”. El diccionario ruso de filosofía la definía como “resultado de liquidar el régimen capitalista y destruir la máquina del Estado burgués (…) El proletariado hace uso de su poder para aplastar la resistencia de los explotadores, consolidar la victoria de la revolución, conjurar a tiempo las tentativas de restaurar el poder de la burguesía y defenderse contra las acciones agresoras de la reacción internacional”. Esta explicación también pudiéramos hacerla nuestra, sin embargo si alguna cosa enfrentaron los anarquistas que nos precedieron fue precisamente a la dictadura del proletariado. Y buena parte de los argumentos utilizados pudiéramos rescatarlos para debatir hoy con los entusiastas del PP “libertario”. En “Estatismo y anarquía”, por ejemplo, Bakunin afirmaba: “De cualquier punto de vista que se encare ese problema, se llega siempre al mismo triste resultado, a la dirección de la inmensa mayoría de las masas populares por una minoría privilegiada. Pero esta minoría, dicen los marxistas, se compondrá de trabajadores. Sí, quizás de los que fueron trabajadores, pero que tan pronto se conviertan en jefes o representantes del pueblo, dejarán de ser obreros y contemplarán al pueblo laborioso desde la altura gubernamental; no representarán ya más al pueblo, sino que a sí mismos y sus pretensiones al gobierno del pueblo”.
Más recientemente el concepto de PP intentó desarrollarse durante la truncada experiencia de gobierno de Salvador Allende en Chile y posteriormente como propuesta de gobierno de iniciativas de izquierda, como por ejemplo la Venezuela de Hugo Chávez, en donde todas las oficinas y ministerios públicos se refundaron como “del poder popular”.

Los dos problemas del Poder Popular
Así como ayer la dictadura del proletariado tenía dos objeciones -¿Cuál dictadura? y ¿Qué proletariado?-, el PP encierra, de partida, un par de problemas: ¿De qué poder estamos hablando?, por un lado, y “¿quién define qué es lo popular?” por el otro.

Poder es una palabra polisémica, de diferentes significados. En primer lugar es una facultad, una capacidad de hacer, una habilidad para hacer cosas, el denominado “poder-hacer”. Por otra expresa una relación de dominio, un “poder sobre”. John Holloway explica el paso de un estadio a otro por la fractura del flujo social del hacer, lo cual lo transforma en su opuesto, el poder-sobre. Quienes reivindican el PP desde el anarquismo proponen la promoción infinita del poder-hacer sin aclararnos cómo se evita que no se transforme en poder-sobre. El marxista irlandés tampoco pudo explicarlo, por lo que escogió el camino anarquista: proponer cambiar al mundo sin tomar el poder. Y esto fue así porque poder es verbo y adverbio Como propuesta política el uso del término poder, como adverbio, tiene un único significado: relación de autoridad de unas personas sobre otras. Y si ayer el uso de la palabra “dictadura” sólo podía tener la consecuencia que tuvo, hoy la acumulación del poder, tenga el adjetivo que tenga, sólo tendrá un derrotero: la opresión.

En segundo lugar tenemos la propia definición de “lo popular”. El “pueblo” es una definición vaga e imprecisa que puede significar cualquier cosa. ¿Qué es popular y qué no? Supongamos que sea el nacer dentro de las clases más excluidas de la sociedad. Esta particularidad de origen ¿se mantiene para toda la vida independientemente de los roles que la persona ocupe y las acciones que realice? Ignacio Lula da Silva, de origen obrero, ¿es un presidente “popular”? O por el contrario popular ¿es sinónimo de aceptación por las mayorías? Por último esta mitificación de lo “popular”, como contrario a lo “elitesco”, mitifica a sus componentes como buenos por naturaleza. Y cualquiera que haya estado en un barrio o una favela sabe que su composición es tan diversa como la del resto de la sociedad: individuos potencialmente revolucionarios que conviven con otros claramente conservadores. Esta falsa confrontación, la del “poder popular” versus el “poder de las élites”, esconde la multiplicidad de relaciones de dominio que bien describe Foucault en “Microfísica del poder”.

Crisis de la izquierda, crisis del anarquismo

No es un secreto que la teoría y práctica revolucionario se encuentra en crisis en el mundo entero. De la confusión y ausencia de propuestas nuevas no escapa el anarquismo. Lo curioso es que algunas organizaciones libertarias presenten como novedosas estrategias que el socialismo autoritario han demostrado, durante diferentes momentos de la historia, como contrarías a la libertad y la justicia social. La promoción del PP por parte de iniciativas anarquistas las coloca a la zaga de organizaciones cuya táctica es la acumulación de fuerzas para la toma del poder político. Creemos que la mayor parte de los compañeros/as que han apostado por esta estrategia se encuentran confundido/as, sin referentes claros e ignorantes no sólo de la trayectoria de las luchas revolucionarias en el mundo entero. Sin embargo, es claro que en algunos emprendimientos concretos hay una intención de implosionar al anarquismo desde adentro, por parte de partidos políticos de izquierda autoritaria que, ante el descrédito por sus magros resultados históricos, necesitan rejuvenecerse adoptando una fachada seudolibertaria. Una cosa es ser cola de ratón de los partidos de izquierda, por muy “radicales” que se vendan, y otra muy diferente ser parte de las tensiones y enfrentamientos sociales con los poderes establecidos.

Es una tristeza que los aportes más interesantes en el fortalecimiento de conflictos y la promoción de las luchas populares en la región vengan de la mano de los sectores autodenominados autonomistas (Holloway, Colectivo Situaciones, etc), que precisamente han incorporado valores anarquistas a sus propuestas, afirmando que este resultado es parte de la “evolución” de su marxismo. Sin embargo, esta y cualquier crisis también son una oportunidad. Pero para superar este estancamiento, o el claro retroceso al que nos invitan los deslumbrados por el poder popular, hay que experimentar apasionadamente en la propia vida cotidiana y descifrar los enigmas y retos de nuestro tiempo. Aquí coincidimos con las palabras de nuestro querido y recordado Daniel Barret: “una creación social libertaria y socialista no puede concebirse como el resultado espontáneo de una nebulosa legalidad histórica ni como un designio caudillista ni como una operación de ingeniería bajo la forma de la planificación central ni como una casualidad ni como un advenimiento mágico: una sociedad libertaria y socialista sólo puede ser el fruto de una profunda decisión autonómica y de una interminable sucesión de luchas y de gestos que se forman en los pliegues de la conciencia colectiva”.

Autor: Rafael Uzcátegui
Publicado en: Libertad!, Nº 57, Enero 2010. Buenos Aires.

Contra el mercado: hacia una economía de lo concreto.

Desde el inicio de la crisis financiera que actualmente sacude a gran parte del mundo desarrollado, algunos políticos nacionalistas y populistas democráticos han puesto en boga la contraposición entre la “economía real de la producción” y la “falsa economía de la especulación y la burbuja financiera.” Según este razonamiento, existiría un capitalismo aceptable que estaría relacionado con la producción de bienes y servicios, y otro inaceptable (o de dudosa calidad moral) vinculado a la especulación financiera, las “hipotecas subprime” o los mecanismos bancarios generadores del crédito y creadores del dinero. Esta falsa dicotomía -tan cara a la “nueva izquierda latinoamericana” y a los adeptos al “Socialismo del Siglo XXI”- esconde la relación complementaria entre el sistema financiero y el complejo industrial, además de consagrar al aparato productivo como un sinónimo de virtud y laboriosidad, sin tener en cuenta la cruda realidad de la explotación del trabajador, la desigualdad en los ingresos, la imposición del trabajo asalariado como única forma admisible para el obrero (amenazado por el fantasma de la desocupación), la destrucción del medio ambiente, la producción para una sociedad consumista y que no tiene en consideración las necesidades de los verdaderos productores (los trabajadores, no los empresarios).
El capitalismo ha evolucionado y se ha adaptado a los cambios históricos. Desde los inicios de la economía liberal que se originó en la Inglaterra del siglo XVIII, pasando por la expansión imperialista hacia los mercados periféricos, la caída del patrón oro y la crisis financiera de los años 30, el surgimiento del Estado de Bienestar en sus diversas formas – la NEP soviética, el New Deal keynesiano, el auge del fascismo o el peronismo-, la adopción del patrón dólar, el retorno del neoliberalismo reaganiano, hasta la caída del mundo soviético y la globalización capitalista, con preponderancia de los organismos financieros por sobre el aparato productivo. En toda esta historia económica moderna hay un elemento preponderante -junto a la propiedad privada y el trabajo asalariado, y no menos importante que estos- cuya denominación se ha convertido en sinónimo de capitalismo: economía de mercado.
La economía de mercado es una condición sin la cual el capitalismo no podría existir. Según los economistas clásicos, fundadores del liberalismo, en un mercado libre -es decir, sin intervención externa (estatal o gubernamental)- los precios de las mercaderías se establecen según las leyes de la oferta y la demanda: cuando aumenta la demanda, aumentan los precios, y cuando disminuye la demanda, se reducen los precios. El mercado según esta teoría, tendería a la autorregulación, metaforizada con la imagen de la mano invisible. En contraposición a la teoría liberal, los discípulos de John Maynard Keynes sostienen que el mercado debe ser regulado e intervenido estatalmente, según la planificación económica gubernamental, aceptando un mercado regulado externamente. Este sistema de mercado con planificación e intervención ministerial es el sistema más difundido, y el que ha desarrollado más variantes a lo largo de la historia, adoptando la forma de peronismo, eurocomunismo, chavismo, laborismo, etc., según el caso histórico. Esta variante camaleónica defensora del “mercado social” hoy señala con el dedo al neoliberalismo, acusándolo de todos los males del capitalismo, como si ambas variantes no conformaran un sistema dual que se alterna en los ministerios de economía del mundo.
Desde la crítica anarquista no se ha tenido una posición uniforme con respecto al mercado. Los anarco-comunistas de todas las variantes y los anarcosindicalistas en general, han rechazado vigorosamente al mercado como una herramienta válida para el funcionamiento económico del comunismo libertario. En cambio, los mutualistas de Benjamín Tucker especialmente -aunque también algunos aspectos de la teoría mutualista proudhoniana- han conservado al mercado como el espacio virtual donde se realizan los intercambios económicos. Lo que eliminan los mutualistas es el beneficio o el fin de lucro, respetando “el derecho de cada uno al producto de su trabajo”. Consideran que en un mercado verdaderamente libre -sin un gobierno que intervenga - la competencia eliminará los monopolios. Proponen entonces un sistema de crédito libre que otorgaría dinero a quien lo necesite para emplearlo en la producción, que proporciona a cada uno la oportunidad de recibir dinero prestado sin interés, tendería a igualar los ingresos y a reducir las ganancias a un mínimo, y eliminaría de ese modo la riqueza lo mismo que la pobreza. Crédito libre y libre competencia en un mercado abierto, dicen ellos, tendrán como resultado la igualdad económica, mientras que la abolición del gobierno aseguraría la libertad igual.” (El ABC del comunismo libertario, Alexander Berkman).
Esta idea ha sido impugnada principalmente por Kropotkin, que veía la economía como una red de intercambio libre de bienes y servicios basada en principios solidarios, que eliminaría el fin de lucro y establecería un intercambio solidario. El valor del trabajo es imposible de calcular, ya que intervienen una multiplicidad de elementos que hacen imposible una asignación en cifras. Esto diferencia al comunismo anarquista del marxismo, que habla de “tiempo de trabajo socialmente necesario”. El valor trabajo aunque en verdad es inconmensurable, no obstante puede ponérsele precio, que estará sujeto a las variaciones de la oferta y la demanda. Como lo sintetiza Berkman, en su obra clásica: “El intercambio de mercancías mediante los precios conduce a la realización de ganancias, a aprovecharse y a la explotación; en una palabra, conduce a alguna forma de capitalismo. Si suprimes las ganancias, no puedes tener ningún sistema de precios ni sistema alguno de salarios o pago. Eso significa que el intercambio tiene que ser de acuerdo con el valor. Pero como el valor es incierto o no averiguable, el intercambio debe, consecuentemente, ser libre, sin un valor «igual», puesto que algo así no existe. En otras palabras, el trabajo y sus productos tienen que ser intercambiados sin precio, sin ganancia, libremente, de acuerdo con la necesidad. Esto conduce lógicamente a la propiedad en común y al uso colectivo.”
Si bien desde fines del siglo XIX hasta entrado el XX la producción teórica anarquista alcanzó su apogeo, lamentablemente, el retroceso mundial del anarquismo y del movimiento obrero a partir de 1930, produjo un hiato teórico en el análisis económico-social del movimiento anarquista. La economía mundial, junto al Estado y las sociedades humanas, han tenido dinámicos cambios y evoluciones que no siempre han sido analizados adecuadamente por los pensadores anarquistas, a veces a la saga de las modas intelectuales que imponían los estudiosos marxistas. Hoy se están haciendo intentos por superar esta carencia, retomando la senda de la investigación social y económica, a fin de proporcionar elementos de análisis para la acción, y apuntar a la construcción de una sociedad libre en todos los aspectos sociales, económicos y culturales. Estas iniciativas disímiles se reflejan en trabajos de economistas como Abraham Guillén, Michael Albert con su propuesta del Parecon, en la creación de centros de estudios como el Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA) o el Centre d’Estudis Llibertaris "Francesc Sàbat", por solo nombrar algunos ejemplos.
Con objeto de avanzar en esa dirección, intentaremos indagar en el pensamiento del brillante economista húngaro Karl Polanyi (1886-1964). De ideas socialistas democráticas, aunque no marxista, el pensamiento de Polanyi es sumamente original. Lejos de aceptar sus ideas políticas, no vinculadas al pensamiento anarquista, tomaremos algunos aspectos de su pensamiento económico compatibles con el anarquismo: su crítica a la sociedad de mercado (formuladas en su obra de 1944, La Gran Transformación); su propuesta de “economía incrustada” en la sociedad, y no separada de ella, como es la sociedad de mercado capitalista; la categorización del proceso económico en base a los conceptos de reciprocidad, redistribución e intercambio. Polanyi es considerado el fundador de la disciplina Antropología Económica, que se especializa en el estudio de las sociedades primitivas y las sociedades etnográficas.

Karl Polanyi y la economía de mercado
El mercado –según los economistas liberales- no puede ser afectado ni debe ser influido por las otras instituciones de la sociedad, las cuales deberán permanecer al margen, sin intervenir. Estos economistas clásicos han impuesto la idea de que la economía de mercado es producto de una tendencia natural del hombre al intercambio –que denominan presuntuosamente como homo economicus- y cuyo punto más alto de racionalidad es la economía de mercado. Allí los agentes individuales actuarían buscando maximizar sus beneficios dentro de las leyes de la oferta y la demanda. El comportamiento económico sería consecuencia de una propensión universal y natural del ser humano al comercio, es decir, a comportarse según la racionalidad capitalista.
Contrariamente a esta idea, en su obra La Gran Transformación, Polanyi sostiene que el capitalismo subordina todas las dimensiones humanas al aspecto económico, organizando las actividades productivas y distributivas en un sistema de mercado que controla la economía. Así, la economía de mercado no es la forma económica natural, ni la consecuencia de ninguna tendencia universal de los seres humanos al comercio. La economía de mercado sería un producto histórico moderno del Occidente europeo, surgido a mediados del siglo XVIII. El mercado se abalanzó sobre la economía y se apoderó de ella, convirtiéndose en la única expresión de la economía occidental. El mercado se impuso como modelo económico concomitantemente al surgimiento de los Estados nacionales, y a la expansión imperialista europea. Según Polanyi: "El laissez–faire no tenía nada de natural;...el propio laissez–faire fue por impuesto el Estado... el laissez-faire no era un cometido para el logro de algo, sino lo logrado"(…) "A esta paradoja se sumó otra; mientras que la economía del laissez-faire era el producto de una acción estatal deliberada, las restricciones subsecuentes al laissez-faire se iniciaron en forma espontánea." El propio liberalismo, que defendía el mercado autorregulado, era un producto de la planificación estatal. Los economistas liberales nunca dejaron de pedir la intervención estatal para contrarrestar la legislación sindical y las leyes antimonopólicas.
Para Polanyi, la economía de mercado y el estado-nación no son instituciones separadas, sino que constituyen la “sociedad de mercado.” El estado moderno se desarrolló conjuntamente con las economías de mercado y ambos han evolucionado complementariamente. El Estado transformó la sociedad y destruyó a las comunidades campesinas y la sociedad tradicional a fin de instaurar una economía capitalista competitiva. Por primera vez en la Historia la economía se separaba de la sociedad, y ésta quedaba en una posición subordinada a la primera. Todo se había convertido en mercadería: el trabajo, la tierra, los alimentos, las herramientas, el dinero, etc. El Hombre y la Naturaleza habían quedado a merced de las leyes de la oferta y la demanda, sacrificados en el altar del mercado. El fracaso de la economía liberal sumió al mundo en una crisis sin precedentes en la década de 1930, y la salida fue el intervencionismo estatal. El proteccionismo social fue una reacción a la desintegración social generada por el mercado libre. La gran transformación -la mercantilización absoluta de la propia sociedad- dio lugar a la dislocación social masiva, y a movimientos espontáneos de la sociedad para intentar protegerse. En este contexto se pueden comprender mejor las adhesiones de los obreros a los gobiernos populistas, fascistas-corporativistas, socialistas, nacionalistas y estalinistas, debido a que el Estado apareció frente a sus ojos ya no como el instrumento de gobierno y represión de la clase dominante, sino como el defensor de los intereses populares, como la encarnación de la comunidad. Ya conocemos actualmente las consecuencias de la intromisión del Estado en los asuntos de la comunidad, algo que Polanyi nunca percibió cabalmente.

La polémica con la economía formalista
El principal aporte de Polanyi a las ciencias sociales ha sido la contundencia con que desbarató el credo de los economistas en los principios universales de la racionalidad económica y en una teoría general de lo económico. Según postulaba el saber convencional, la economía es la ciencia que estudia el comportamiento humano como una relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos. Esta definición es lo que se denomina el paradigma formalista: el significado de lo económico es una relación derivada del carácter lógico de la relación medios-fines, en referencia a la posibilidad de elección racional de los individuos entre los distintos usos de los medios insuficientes (escasos). La calidad de lo económico implicaría un comportamiento universal de la especie humana, tendiente a la maximización de algún fin deseado (Burling, 1976). En la sociedad de mercado este comportamiento está orientado a la obtención del máximo lucro, es decir, los agentes individuales hacen sus elecciones maximizando sus ganancias según las leyes de la oferta y la demanda. En eso reside toda la racionalidad del pensamiento económico. En verdad, el paradigma formalista basado en los autores liberales de la economía clásica es una transpolación a todas las sociedades humanas del comportamiento ideal de los agentes económicos en un sistema de mercado formador de precios.

Todo el edificio de la economía moderna se basa en estos principios. El propio concepto de economía aparece separado de la noción de sociedad, como dos entidades perfectamente separadas. En este modelo, la economía ocupa un lugar central y determinante para con el resto de las prácticas sociales y culturales. Esta idea reduccionista de la centralidad de la economía sobre el cuerpo social fue un legado que el marxismo recibió del liberalismo, proyectando sobre la historia social el determinismo económico. Polanyi fue crítico de Marx y sus seguidores en este punto: las relaciones sociales no pueden ser subsumidas bajo las relaciones de producción. Con gran claridad Fernando Alvarez-Uría y Julia Várela puntualizaron la reprobación de Polanyi al paradigma formalista: “La crítica de la racionalidad económica, el cuestionamiento de un corpus técnico-científico de carácter formal y universalizante que pretende convertirse en la última ratio, es decir, en razón fundante de la producción y de los intercambios, constituye un punto de partida para evitar que las políticas sociales se vean supeditadas a los tecnócratas quienes, al divinizar los parámetros económicos, se convierten en los sumos sacerdotes del orden social. La tan manida retórica sobre la recuperación de excedentes, el crecimiento de la economía, e incluso «el milagro económico» o la modernización, funciona como una cascara vacía cuando se la desvincula de las poblaciones directamente concernidas y del modo como los distintos grupos sociales se ven afectados por esos parámetros macroeconómicos.”

Polanyi, un estudioso de las sociedades etnográficas, demostró que las motivaciones de lucro no son las que mueven al hombre a producir, y que tampoco se corresponden con un comportamiento universal de la especie. Por otro lado, en la sociedad capitalista, el mercado tiende a eliminar la decisión humana, reemplazándola por los mecanismos de leyes de oferta y demanda. Así, el supuesto “comportamiento económico racional” de los individuos, en realidad sería una ficción alejada de la realidad. Ya en la década de 1920, el etnólogo británico Bronislaw Malinowski había cuestionado la universalidad del homo economicus de los economistas clásicos, mientras que su contemporáneo francés Marcel Mauss en las su influyente obra Ensayo sobre el don sugería que “no está todavía todo clasificado en términos de compra y venta. Las cosas tienen un valor sentimental además de su valor venal, si hubiera valores que se pudieran clasificar solo como de este tipo. Tenemos otras morales, además de la del mercader” (1971, pág. 30). Fuera de los parámetros del mercado formador de precios, el paradigma liberal pierde toda su relevancia para el análisis económico.
Frente a este modelo, Polanyi va a proponer un paradigma sustantivo: “el significado substantivo de lo económico deriva de la dependencia del hombre, para su subsistencia, de la naturaleza y de sus semejantes. Se refiere al intercambio con el medio ambiente natural y social, en la medida en que este intercambio tiene como resultado proporcionarle medios para su necesaria satisfacción material” (Polanyi, 1976).

Lo importante pasa a ser lo concreto, lo real, la interacción humana con su medio ambiente para la satisfacción de las necesidades materiales. La economía es un proceso institucionalizado: los movimientos de producción, distribución y apropiación de los bienes y servicios se encuentran atravesados por valores culturales incrustados en instituciones no económicas. La economía aparece como un entramado de relaciones, una red que atraviesa a toda la sociedad y no es por completo separable de la sociedad que le da sentido. Esta concepción es perfectamente compatible con el ideal expresado por Kropotkin que representaba a la sociedad como “una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos y federaciones de todos los tamaños y grados, locales, regionales, nacionales e internacionales, temporales o más o menos permanentes, para todos los objetivos posibles: producción, consumo e intercambio, comunicaciones, servicios sanitarios, educación, protección mutua, defensa del territorio, etc.; y, por otra parte para la satisfacción de un número creciente de necesidades científicas, artísticas, literarias y de relación social.”

Más aún, la definición de economía que propugnaba Kropotkin, es una anticipación del punto de vista de Karl Polanyi. Todo el enfoque y la investigación del gran anarquista ruso trazada en Campos, Fábricas y Talleres, podría situarse dentro del paradigma sustantivista. También Kropotkin criticaba los enfoques de los economistas clásicos –a los que consideraba precientíficos- centrados en las variaciones de precios, la renta, los intereses del capital, etc. Asimismo, define a la economía como “una ciencia dedicada el estudio de las necesidades de los hombres, y de los medios de satisfacerlas con la menor perdida de energía, esto es, en una especie de fisiología de la sociedad. Pocos economistas, sin embargo, han reconocido hasta ahora que este es el dominio propio de la economía, tratando de considerar a su ciencia bajo este aspecto. El punto fundamental de la economía social, esto es, la economía de la energía necesaria pata la satisfacción de las necesidades humanas, es, por consiguiente, lo último que uno debe esperar hallar tratado en forma concreta en obras de economía.” Ambos autores intuyeron que el conocimiento de las sociedades primitivas posibilitaba un contraste con la sociedad capitalista del cual se podrían obtener enseñanzas para una recomposición de la sociedad en términos de igualdad y libertad, en armonía con el medio ambiente ecológico.

La idea kropotkiniana de la economía y la sociedad como imbricadas en una red de intercambios libres y recíprocos, tiene una fuerte impronta etnográfica -al igual que la obra de Polanyi- debido a que el ruso –geógrafo de profesión- basó los resultados de su obra La ayuda mutua, en sus investigaciones sobre la cooperación en las “sociedades primitivas.” En este mismo punto, Polanyi profundizará estas intuiciones y desarrollará un enfoque original, que se basará en tres formas de integración económica a las que contrastará entre sí para comprender las formas históricas que tomaron las relaciones económicas en las distintas culturas. Estas son la reciprocidad, la redistribución y el intercambio. Las analizaremos no para aplicarlas al estudio de la sociedad primitiva, sino a fin de confrontarlas con las formas de organización propuestas históricamente por el anarquismo.

Las formas de integración económica
Los términos reciprocidad, redistribución e intercambio no reflejan formas de comportamientos individuales, es decir, agregados conformados por la suma del accionar de las interacciones recíprocas individuales. Son formas social y culturalmente dominantes que tienen un efecto integrador gracias a dispositivos institucionales. Existen determinadas condiciones sociales previas subyacentes, que ponen a los comportamientos individuales en el contexto dominado por cada una de estas formas de integración. Esto explica en realidad por qué en un sistema económico “el comportamiento interpersonal no tenga los esperados efectos en ausencia de unas concretas precondiciones institucionalizadas” (Polanyi)

Por ejemplo, los regalos de cumpleaños o los depositados alrededor de un árbol de Navidad provienen de antiquísimas tradiciones de reciprocidad, pero por más extendidos que estén, no afectan ni un ápice a la sociedad capitalista. Cuando en una sociedad de mercado como la que nos domina se emprenden comportamientos económicos cooperativos, a veces en forma extendida, por fuera de las relaciones de mercado, estos no logran prosperar más allá de un umbral que si es atravesado, se deben acomodar a las reglas del mercado. Luego de la crisis del 2001 en Argentina el movimiento de fábricas recuperadas, las cooperativas y las organizaciones como el Club del Trueque tuvieron cierto auge; pero pronto tuvieron que acomodarse a las reglas del mercado. El caso del Club del Trueque fue el más destacado: creció en proporción geométrica con la crisis y la ausencia de dinero en efectivo y la caída del poder adquisitivo de la población, y para satisfacer a tantos participantes de las ferias de trueque hubo de acomodar mecanismos mercantiles formadores de precios, que resintieron la base de intercambio recíproco que daba sentido a la institución. Una vez que la crisis se moderó lo suficiente, el club se vació y prácticamente desapareció, con el sombrío mérito de haber fortalecido aquello que pretendía sustituir.

Veamos entonces las tres formas de integración económica que propuso Polanyi:
Reciprocidad: La reciprocidad implica que los movimientos de bienes y servicios se dan entre puntos correlativos de agrupamientos simétricamente dispuestos. Por ejemplo, en algunas sociedades etnográficas existe reciprocidad económica entre grupos simétricos de parentesco sólo si se dan estructuras simétricamente organizadas. Como lo explica el propio Polanyi:
“Un grupo que deliberadamente emprende la organización de sus relaciones económicas sobre bases de reciprocidad puede, para llevar a cabo su propósito, dividirse en subgrupos de miembros correspondientes los cuales puedan identificarse entre sí como tales. Los miembros del grupo A podrán entonces establecer relaciones de reciprocidad con sus contrapartidas del grupo B, y viceversa, Pero la simetría no se limita a la dualidad. Tres, cuatro o más grupos pueden ser simétricos con respecto a dos o más ejes; tampoco los miembros de los grupos necesitan ser recíprocos uno a uno, sino que pueden serlo con los miembros correspondientes de un tercer grupo con el cual mantienen relaciones análogas. […] Cuanto más estrechamente se sientan atraídos los miembros de la comunidad circundante, más general será la tendencia entre ellos a desarrollar actitudes recíprocas con respecto a las relaciones específicas limitadas por el espacio, el tiempo o de cualquier otra forma.” En este caso, los bienes circulan en sentido A-B-C-D-(…)-A, donde todo el sistema es solidario, aunque no de forma directa.

En sociedades de bandas y aldeas de hasta 200 miembros, donde todos se conocen entre sí, los lazos de intercambio son recíprocos. Se da porque se espera recibir en el futuro, y viceversa. De esta forma los seres humanos desde su más temprano amanecer estaban prevenidos contra los imprevistos de una mala cosecha mediante el simple mecanismo de ser siempre generosos. A mayor riesgo, más se comparte. O como sentencia Marvin Harris: “La reciprocidad es la banca de las sociedades pequeñas”. En el intercambio recíproco prima el desinterés, y la solidaridad se da por sentada. El reparto de alimentos se hace de forma equitativa entre las familias integrantes de la comunidad.

Según propone el antropólogo Marshall Sahlins, la reciprocidad en las sociedades tribales se expresa de muchas maneras, y tiene diferentes gradaciones. No implica de hecho un intercambio igualitario, tan solo reducido al aspecto material, un toma y daca calculado económicamente, sino que abarca un espectro que va dese la asistencia gratuita y el obsequio, al intercambio equilibrado; e incluso existe un tipo de reciprocidad negativa, es decir, la relación por mero interés y utilitaria, y su contraparte en el principio de la lex talionis y la vendetta, muy común en el derecho consuetudinario tribal.

Se puede, entonces, diferenciar entre: 1) Reciprocidad generalizada. Son transacciones de tipo altruista, donde la retribución puede ser o no devuelta en el corto plazo, incluso jamás retribuida. Las reglas de hospitalidad, asistencia a los enfermos y ancianos, la ayuda mutua entre parientes, no tienen la expectativa de una retribución material directa: “El lado social de la relación supera al material y, en cierto modo, lo encubre, como si no contara.” La obligación de corresponder está implícita, pero es indefinida en tiempo, cantidad y calidad: una madre que amamanta a su hijo no actúa esperando una retribución determinada. El receptor corresponderá si le es posible o si el dador lo considera necesario. Puede ser un continuo fluir en una sola dirección. Los integrantes más desfavorecidos de la comunidad que no puedan sostenerse a sí mismos son los típicos beneficiarios de este comportamiento social. 2) Reciprocidad equilibrada. Involucra intercambios directos con retribución inmediata, basados en una equivalencia de mutuo acuerdo. En la sociedad tribal se producen en arreglos matrimoniales entre los parientes de los novios, convenios de paz, trueques de productos y alimentos. En estas transacciones existe una retribución y un plazo de tiempo definido para realizarla; además, a diferencia de la reciprocidad generalizada, el vínculo social-afectivo no es muy significativo. “La gente actúa adherida a intereses económicos y sociales separados. El aspecto material de la transacción es tan importante como el social, y debe haber cierto ajustamiento más o menos exacto, ya que las operaciones deben compensarse. Así, la prueba pragmática es aquí una incapacidad de tolerar la circulación en una sola dirección: las relaciones entre las personas se rompen cuando una se retracta”. En otras palabras, el cálculo y la medida se adueñan de la transacción, pero sin la picardía de obtener ventaja a costa de la otra parte. 3) Reciprocidad negativa. Se trata de obtener una utilidad, obtener un beneficio a costillas de la otra parte, incluyendo el regateo, la trampa y la estafa. Los participantes tienen una relación distante, intereses opuestos e intentan maximizar su beneficio a expensas del otro. La relación es insolidaria, pero ayuda a mantener la cohesión social debido a que el accionar agresivo de un grupo hacia otro será pasible de una reacción del mismo tenor. En sociedades de miles de habitantes como los nuer de Sudán, el robo de ganado o el asesinato tendrán la devolución de la contraparte; la impunidad no es una característica de las sociedades etnográficas.

Estas formas de transacción se corresponden, según Sahlins, con la distancia social entre quienes la practican: “La reciprocidad generalizada prevalece en las esferas más estrechas, se debilita en las más amplias; la reciprocidad equilibrada es característica de las relaciones segmentarias intermedias, y la negativa es la forma de intercambio dominante en la esfera periférica, especialmente la intertribal.” La solidaridad se practica más intensamente según las circunstancias, ya que en épocas de carestía los suministros de víveres suelen compartirse sin especulación, se redobla la cooperación y la ayuda mutua es llevada más allá de lo normal. Solo en situaciones extremas (como las hambrunas o sequías) el sistema no soporta la presión y la solidaridad da paso al individualismo y el egoísmo.

En general, la reciprocidad se presenta en las comunidades articulada con la redistribución y el intercambio, aunque estos aparecen subordinados. La diferencia estriba en que una estructura de reciprocidad necesariamente se debe dar entre grupos simétricos e igualitarios, mientras que la redistribución precisa de un centro, asimétrico -diferenciado socialmente- del resto de la sociedad. Lo cual nos lleva al siguiente punto.

Redistribución: aquí los movimientos económicos de una comunidad fluyen hacia un centro de apropiación y luego retornan hacia el exterior; es condición imprescindible la existencia de un centro de almacenamiento y distribución. La asignación de los bienes y prestaciones de servicios se reúnen en una sola mano, que comúnmente en las sociedades originarias está asociada a un cargo de poder político (el cacique o jefe). Este recibe, almacena y luego redistribuye entre los miembros de la comunidad. La redistribución se ha presentado en sociedades muy diversas, desde tribus de cazadores-recolectores hasta las sociedades estatales antiguas del antiguo Egipto, Sumer, Babilonia y el estado incaico del Perú. Puede estar combinada con la reciprocidad y el intercambio a manera de métodos subordinados.

La redistribución posee propiedades de integración social, ausentes en la reciprocidad económica: su capacidad para aglutinar conglomerados poblacionales de mayor tamaño es notable. Como contrapartida, la redistribución tiende a disminuir la reciprocidad equilibrada, se generan posiciones de poder en el centro distribuidor y se centraliza el intercambio. En su exposición acerca del origen del Estado, Harris sugiere que inicialmente, la redistribución “servía estrictamente para consolidar la igualdad política asociada al intercambio recíproco”. Pero el intercambio redistributivo impulsaba la sobreproducción, ya que los líderes prestigiosos que se ubicaban en el centro consolidaban su autoridad engrosando los almacenes comunales a su cargo. Así, el poder político comenzó a asociarse a la riqueza económica en las sociedades primitivas. Era el Estado en su etapa germinal.

Intercambio: son movimientos económicos entre personas o grupos, en ambos sentidos dentro de un sistema de mercado formador de precios; los precios fluctúan con las variaciones de la demanda y la acción de la competencia. Entre los participantes del mercado la relación es antagónica, ya que la motivación de los participantes es la obtención de lucro. Como lo explica George Dalton: “es la organización del mercado la que obliga a los participantes a buscar una autoganancia material; todos deben vender algo con valor en el mercado para adquirir los medios materiales de existencia.”
Ya no se produce para el consumo, sino para el intercambio, a fin de obtener lucro, el cual a su vez estimula la sobreproducción. “Ante la sentencia del mercado el consumidor está condenado a la escasez y, por tanto, a una condena perpetua de duro trabajo. Ni se encuentra tampoco alivio en adquirir objetos. Participar en una economía de mercado es una tragedia inevitable: lo que empezó en insuficiencia terminará en privación. Porque cada adquisición es simultáneamente una privación -de otra cosa que podía haberse adquirido en lugar de la primera-. Comprar un objeto es privarse de otro” (Sahlins). Así, se crea la sociedad de mercado, donde la organización del mercado lo abarca todo y organiza la sociedad según sus principios. Por ejemplo, los trabajadores que venden su fuerza de trabajo en el mercado laboral, se trasladan a mercados de trabajo mejor remunerados en busca de mejores salarios, o en caso de que estos bajen. La población se distribuye y relocaliza según las fluctuaciones del mercado de trabajo. La sociedad pasa a estar en función del mercado.

Contra el mercado; contra el Estado
El mercado todo lo invade y ordena, todo lo subordina a su lógica. Lejos de generarse una competencia que motorice el progreso, el bienestar general en condiciones de igualdad y libertad, genera injusticia y desequilibrio social, pobreza, desigualdad y la subsunción de las fuerzas productivas y la clase trabajadora a la lógica de la eficiencia en la obtención de ganancias empresariales, la mercantilización de los valores y la moral social, igualando el valor económico de los bienes producidos por la sociedad al precio o valor de cambio. La intervención del Estado pretende corregir esto, pero nunca abandona la lógica del mercado.

El Estado de bienestar de Roosevelt o el peronismo en Argentina, por ejemplo, dan una preponderancia a la redistribución dentro de un modelo de intercambio. Se redistribuye lo que se recauda impositivamente, en teoría aumentando la inversión estatal en los sectores más desfavorecidos y de menores ingresos. Esta redistribución puede asumir la forma de planes sociales, planes “Trabajar”, seguros de desempleo, cajas de alimentos o la “Asignación Universal por Hijo”. El Estado se enquista en la sociedad como la “cosa pública”, frente a la avidez del sector privado. Pero el Estado en verdad se asume en defensa de aquello que destruyó previamente: la comuna social. El Estado como representante del bien público se convierte en empresario, impulsando las obras públicas, absorbiendo los sindicatos y las obras sociales y aumentando el grado de corporativismo del capitalismo.

El fracaso de la “utopía liberal”, que se ejemplifica en el modelo de la copa que rebalsa, es decir, la presunción de que cuando los capitalistas alcancen asombrosos beneficios, los restos del festín que caigan al suelo beneficiarán a los trabajadores y al resto de la sociedad, da lugar al modelo de “justicia social” donde el “gasto público” corrige las iniquidades del mercado. Pero la situación no es sostenible en el largo plazo, iniciándose un retorno pendular al liberalismo. La quimera del libre mercado en lo económico y la democracia en lo gubernativo sucumben frente a la verdad sempiterna: Los monopolios siempre se imponen, en lo económico o en lo político. Pero el monopolio está vigente tanto en el modelo neoliberal como en el asistencialista. En lo económico reinan las transnacionales, las grandes corporaciones industriales, los grupos económicos “nacionales”, las grandes financieras y los bancos; en lo político/social reinan el partido “nacional y popular”, el sindicato amarillo y sus obras sociales, los ministerios de trabajo, las negociaciones paritarias, la corporación periodística y las fuerzas de seguridad.

¿Cuánto vale la Gioconda?
En la sociedad de mercado todo tiene precio. En resumidas cuentas, podría decirse que ahí está la raíz de todos los males y la explicación al reduccionismo de los economistas, que en realidad estudian el funcionamiento del sistema de precios de las sociedades, el intercambio de bienes y servicios con precio a través del sistema de mercado, y a ello llaman pomposamente “ciencia económica”. Huelga decir que la economía no es una ciencia en absoluto, y que la casi totalidad de la producción académica sobre el tema son en realidad complicados estudios acerca un juego que inventaron los capitalistas. Las reglas de este juego (un Monopoly o un Estanciero de trágica complejidad) se basan en la archi-refutada “racionalidad de los agentes económicos”, en que el comportamiento de los seres humanos está orientado a la “maximización”.

Dentro de esta supuesta racionalidad del mercado, de este juego de la oferta y la demanda, el precio es la medida de todos los intercambios, pagos, materias primas y bienes producidos, inclusive del trabajo humano. Así, dentro de este punto de vista, una decisión como la de rescatar a los mineros chilenos en una mina derrumbada a 700 metros de profundidad es considerada antieconómica porque era más barato dejar morir a los mineros y pagar una indemnización, que gastar en el rescate millones de dólares. Sin embargo, el precio político hubiera sido muy alto, por lo que al rescatar a los mineros se maximizó el rédito político del gobierno chileno, frente a los costos materiales.

Veamos un poco la “racionalidad” de esta lógica mercantil: supongamos que en el mercado de cereales, 100.000 toneladas de trigo cuestan 100 millones de dólares. Y con este precio de cien millones se puedan comprar otros bienes equivalentes, según el precio del mercado: La Gioconda de Da Vinci, un avión de guerra de última generación, la descontaminación de un río, la indemnización laboral para 1000 pobladores afectados de cáncer por el establecimiento de una Central Nuclear. Según la “racionalidad de los agentes económicos”, son equivalentes en precio, por lo tanto son intercambiables. Es decir, se pierde lo mismo si se destruye La Gioconda o un avión de guerra, o mueren x cantidad de personas; da igual comprar cereales que aviones si equivalen en precio. Y que cualquiera de estos bienes y servicios sean iguales a unos cuantos miles de pedazos de papeles manoseados, creados por los bancos y emitidos por los Estados, que llamamos “dinero”. Como ya lo decía Marx, todo en el capitalismo es una mercancía. Y como las todas mercancías en la sociedad de mercado tienen precio, todo tiene precio, hasta nuestras vidas.

Hacia una economía de lo concreto
De las formas de integración económica que sucintamente hemos descripto, indudablemente el anarquismo se ajusta con una economía de reciprocidad que, como dijimos, generalmente se da combinada con alguna forma de redistribución. Para que esto sea posible, es necesario que las unidades sociales sean simétricas, iguales, libres y solidarias entre sí. En las sociedades etnográficas, las sociedades primitivas y sin estado, la redistribución y la reciprocidad se daban entre sus unidades sociales componentes, es decir, las aldeas, los clanes, las fratrias, las secciones de las tribus e incluso confederaciones tribales; estas realizan intercambios simétricos, por completo opuestos y absolutamente distintos a los intercambios asimétricos que se dan en las sociedades con jefaturas y las monarquías. También las típicas Federaciones respaldadas por el anarquismo clásico implican una descentralización y unidades simétricas; y también son compatibles con una estructura recíproca y redistributiva. Una economía anarquista, según las necesidades de sus miembros, deberá tener estructuras de redistribución en los casos en que sea necesaria una circulación de determinados bienes y servicios hacia un centro, para luego redistribuirlos hacia afuera. Esta circulación de bienes también coexistirá y estará atravesada por nutridas redes de reciprocidad entre los productores.

Estas formas de reciprocidad y redistribución se pusieron en práctica en las colectivizaciones durante la Revolución Española, aunque en un contexto donde aún el Estado no había sido eliminado. Se realizaron experiencias muy diversas, en algunos casos más cercanas al cooperativismo, en otros casos con un tipo de moneda interna para regular los intercambios dentro de una comuna (similar al mutualismo proudhoniano); en otras colectivizaciones se abolió el dinero y se acercaron a un sistema comunista; también hubo libretas de racionamiento y consumo en una organización de tipo colectivista. Y con los productores individuales que se resistieron a unirse a las colectivizaciones y en la circulación inter-colectividades, se utilizaron formas de intercambio acordadas libremente, en base a trueques o intermediadas con dinero. Lamentablemente estas redes de reciprocidad y redistribución fueron desmanteladas por los burgueses comunistas, harto preocupados en defender a la burguesía industrial y la propiedad privada.

Dentro de un sistema de redes y federaciones superpuestas, donde los productos circulan libremente en base a acuerdos entre los colectivos e individuos que forman parte del total de la sociedad, el único peligro inherente a la organización del sistema radica en el peso que adquieran los centros de redistribución. La redistribución puede derivar en autoritarismo, debido a que la concentración económica en un centro puede generar mecanismos de poder político y clientelismo, incluso en un sistema donde se haya abolido la propiedad privada y el mercado. No debemos desatender las experiencias que los antropólogos registraron en las comunidades con jefaturas incipientes:

“Cuanto más concentrada y abundante sea la cosecha y menos perecedero el cultivo, tanto más crecen las posibilidades de grandes hombres de adquirir poder sobre el pueblo. Mientras que otros solamente almacenaban cierta cantidad de alimentos para sí mismos, los graneros de los redistribuidores eran los más nutridos. En tiempos de escasez la gente acudía a ellos en busca de comida y ellos, a cambio, pedían a los individuos con aptitudes especiales que fabricaran ropa, vasijas, canoas o viviendas de calidad destinadas a su uso personal. Al final el redistribuidor ya no necesitaba trabajar en los campos para alcanzar y superar el rango de gran hombre. (…) De forma creciente, este rango era considerado por la gente como un cargo, un deber sagrado transmitido de una generación a otra con arreglo a normas de sucesión hereditaria. El gran hombre se había convertido en jefe, y sus dominios ya no se limitaban a una sola aldea autónoma de pequeño tamaño sino que formaban una gran comunidad política, la jefatura” (Marvin Harris).

Este peligro era el que intuían los militantes de la FORA que recelaban de algunos aspectos del anarcosindicalismo sobre el papel de los sindicatos después de la revolución. Aprensiones que en muchos casos les darían amarga razón durante la experiencia española. En las sociedades modernas, el paradigma más claro de un sistema dominado por la redistribución es el comunista (marxista-leninista). El Estado es el organismo redistribuidor por excelencia, si bien funcionan algunas redes de intercambio y reciprocidad al nivel de los individuos. En una economía comunista todos los habitantes son empleados del Estado; este sistema ha sido denominado como “capitalismo de Estado”, aunque por supuesto no existe un “mercado” que forme los precios. Los precios son fijados por el Estado según sus propios criterios. Unos aportan su fuerza de trabajo al Estado, y este brinda los servicios y reparte los bienes producidos. El Estado Socialista se convierte en una poderosa estructura de la que nadie puede quedarse por fuera, sin caer en la marginalidad. La misma lógica que se aplica para el sistema político, se aplica para el sistema económico. Esto no hace más que confirmar la proposición de Polanyi de que la economía y la sociedad (la cultura, la política, la religión, etc.) están incrustadas entre sí, y no es posible analizarlas por separado cayendo en el reduccionismo económico (como han hecho los liberales, y también en buena medida los marxistas).

Pero una economía anarquista también deberá cuidarse de que el sistema de reciprocidad termine subordinado a la esfera del intercambio, lo cual llevaría a un retorno del capitalismo. Esa es la gran debilidad de las propuestas mutualistas, que incluso conservan un sistema de precios y un mercado para el intercambio. No vamos a reproducir la crítica que se les ha hecho a los mutualistas (en especial de la escuela norteamericana de Tucker) por parte de los anarcocomunistas (como Berkman) y algunos individualistas. Pero sí dejaremos sentado que la única forma de integración económica compatible con el anarquismo es la reciprocidad, asociada a formas subordinadas de redistribución.

Además habrá que abandonar definitivamente cualquier forma de valoración por sistemas de precios. Una economía anarquista deberá centrarse en la satisfacción de las necesidades y no en el lucro. Los ejemplos de intercambio en base a las necesidades, simétricos y sin la finalidad de obtener una ganancia no solo son abundantes en la literatura antropológica y sociológica, sino en la sociedad moderna capitalista. Cuando los niños y las niñas compran figuritas para intentar completar un álbum, a medida que los van llenando lo más probable es que vayan acumulando un número creciente de figuritas repetidas. Entonces hacen lo más lógico, las intercambian con otros niños participantes desprendiéndose de las repetidas y obteniendo las faltantes. En ningún momento se genera un “mercado de figuritas”, se les pone precio o se obtiene un lucro en estas transacciones, sino que se dan en completa simetría, satisfaciendo las necesidades de los concurrentes e intensificando la solidaridad y la cooperación.

Como percibía el etnólogo Marcel Mauss en los intercambios primitivos, en una economía basada en el don (en lugar de la mercancía), los bienes que se dan no tienen precio, porque no tiene precio aquello que no está en venta. El trueque tiene un efecto redistributivo donde los dones que se intercambian son simétricos. Cuando los intercambios son asimétricos, se genera una “deuda” u “obligación” y el donante adquiere poder sobre el receptor, generándose las condiciones para el surgimiento de una jefatura o una relación clientelista. En las economías basadas en la reciprocidad y la redistribución simétrica, los intercambios maximizan el placer de dar y recibir, reforzando la solidaridad grupal, aminorando los conflictos, aumentando la cooperación y el desarrollo individual de las personas. En una sociedad con una economía de este tenor, el comportamiento egoísta se enfrentará a algún tipo de una sanción social: aquellos que pretendan beneficiarse del comportamiento altruista y solidario, sufrirán como contrapartida algún tipo de reciprocidad negativa.

La antropología, la etnología y la sociología modernas han desarrollado plenamente las intuiciones que Kropotkin, expuso en La Conquista del Pan, El Apoyo Mutuo y Campos, Fábricas y Talleres. Abandonar al mercado y al Estado, los dos pilares ineludibles de la economía capitalista moderna y la sociedad de mercado, no es una quimera ni el producto de fantasiosos teóricos anarquistas, sino una posibilidad concreta y viable, que contiene un sustento teórico científico ponderable. Los anarquistas no podemos desestimar la importancia de repensar nuestros presupuestos teóricos y nuestras propuestas, para alcanzar una sociedad libre e igualitaria. Bien claro está que las formas de explotación y opresión se sostienen no solo por el poder de las armas y la persuasión de los mass media, sino también por la validación académica universitaria y lo que se denomina “sabiduría convencional”. A fin de cuentas, la economía de los economistas de mercado no es más que una intrincada jerga tecnocrática y mentirosa, del mismo tenor que los disparates, extravíos y devaneos de la teología y la sabiduría religiosa.


Bibliografía:
Marvin Harris, Nuestra Especie. Alianza Editorial, Madrid, 1991.
Maurice Godelier, Antropología y Economía. Anagrama, Barcelona, 1976.
Marcel Mauss, Ensayo sobre el Don. Editorial Tecnos, Madrid, 1971.
Alexander Berkman, El ABC del Comunismo Libertario.
Karl Polanyi, La Gran Transformación. Ediciones La Piqueta, Madrid, 1989.
Karl Polanyi, El Sustento del Hombre. Mondadori, Barcelona, 1994.

Autor: Patrick Rossineri
Publicado en Libertad!, Nº 56 y Nº57, Diciembre 2010-Enero 2011, Buenos Aires.

viernes, 31 de diciembre de 2010

CONTRA “GAZOLINAZOS” A DERRUMBAR EL NEOLIBERALISMO MASISTA

Crece el sentimiento general de desconfianza y rechazo a este castigo
navideño denominado como “gasolinazo”. Que a pesar de que funcionarios del
gobierno lo traten de justificar y tildar de necesario, desde donde se vea
atentará principalmente y brutalmente contra la economía del pueblo
trabajador que es constantemente atropellado por experimentos económicos
insensibles del Capitalismo de Estado reformista y su cada vez más
evidente y maquillada economía neoliberal.

Los tecnócratas del gobierno alientan a no perder la calma después de esta
nivelación local a precio internacional de precios de los combustibles..
Nos dicen que es tiempo de reaccionar con la cabeza y no con el hígado. El
gobierno desnuda su insensibilidad y desafía nuestra paciencia con
declaraciones al mejor estilo de la derecha de antaño que con cifras frías
justifican los medios perversos que efectivizan en busca de los fines
macroeconómicos, que aseguran la estabilización de la economía boliviana,
esa economía que en los papeles(oficialistas) es un país de bonanza
económica y país saludable en su economía, un país de las maravillas que
merece la envidia de nuestros vecinos, un país que defiende la cifras
macroeconómicas pero niega la creciente pobreza y desempleo que golpea
cada vez con más fuerza. Y esto no nos extraña pues quienes manejan las
estructuras económicas de este gobierno se camuflan de Masistas y
revolucionarios pero son los mismos que manejaron muchos años la economía
liberal, que por entonces defendía a las corporaciones en desmedro del
pueblo, ahora defiende al Estado en desmedro de los trabajadores. Los
capitalistas, las dirigencias Masistas y las elites fascistas regionales
conviven en su bonanza económica, manejan el poder y tiran migajas en
épocas de elecciones al pueblo hambriento y desesperado, para comprar su
apoyo y servilismo.

La lucha es contra el contrabando nos dicen, suponiendo que así sea, se le
corta la subvención a los contrabandistas, pero quien fiscaliza a quienes
ahora administraran el dinero sobrante? Los mismos que jugaron a ser
jueces y parte de una repartija vergonzosa del dinero del pueblo? Este
proceso liderado por Evo Morales que muestra cada vez más su verdadera
vocación autoritaria y demagoga con declaraciones y pronunciamientos en
los que nos dicen que no hay porque hacer huelgas, marchas o bloqueos como
antes, pues ahora vivimos en un proceso de transición democrática y no hay
porque protestar, pues eventualmente los sueldos subirán para palear la
subida generalizada de los precios de los artículos indispensables para
vivir así como el costo de vida en general. Nos preguntamos, esa eventual
subida de los sueldos cuando será? Realmente sucederá? Y que pasara con
quienes apenas sobreviven pues no consiguen trabajo, quien les subirá sus
pocas monedas que eventualmente consiguen? Podremos confiar en que los
patrones suban los sueldos, aun cuando en la actualidad ni siquiera
respetan los derechos básicos del código del trabajo? Quien defenderá al
pueblo de la inflación de costos y la especulación? Y quien nos garantiza
que esta medida económica ahora si impactara en mejorías para los
trabajadores y no en casas y vacaciones para los dirigentes Masistas como
paso y pasa hasta ahora?

Creemos que este gobierno no solo no responderá a ninguna de estas
preguntas con sinceridad sino que en decadencia por sus propios errores
desvelara finalmente su incapacidad y su verdadera cara neoliberal y nos
demostrará una vez más que solo sirve para garantizar la emergencia y
consolidación de una nueva clase parasitaria que vive y disfruta gracias a
todo cuanto a nosotros como trabajadores el Estado nos arrebata, con
medidas económicas como las de este “gasolinazo”. En otras palabras Evo
Morales y el MAS refuerzan la noción de revolución pacífica con la misión
de que no existan reacciones del pueblo indignado que ve pasivamente que
las medidas gubernamentales nunca llegan a impactar en la vida cotidiana y
bolsillo del pueblo, que ve como son pocos los privilegiados en la nueva
burocracia Masista junto a dirigentes sindicales comprados que en vez de
hacer respetar los derechos colectivos de los trabajadores ante la
soberbia de los gobernantes, disimulan la realidad de que cada vez la
población explotada y oprimida esta peor, sin dignidad y con más problemas
para llegar a fin de mes sin hambrear y que al mismo tiempo los
explotadores y políticos afines a la línea oficialista se encuentran cada
vez más volcados en contra de su pueblo y con mas privilegios. Esperamos
que las bases sociales rebasen a los dirigentes que muy comprometidos con
su coima mensual y cegados por la pasividad doctrinaria olvidan que se
deben a sus bases y a su pueblo, que cuando los trabajadores nos
organizamos aquí nadie nos para, ni con armas ni con mentiras ni con
dirigentes corruptos…Ya muchos vividores parásitos que lucraban con la
política de la dominación y la jerarquía institucionalizada vieron de los
que somos capaces.

A movilizarnos, a organizarnos a demostrarles a los corruptos gobernantes
que los guerreros de la “guerra del gas” estamos aquí para rebelarnos
contra su tiranía institucionalizada que de revolucionaria y comunitaria,
no tiene nada. Ahora nuestra lucha no será por bajar presidentes, sino
para cambiar finalmente las estructuras políticas, sociales y económicas
en busca de que el pueblo siente las bases del poder popular comunitario,
autogestionario y federativo. A reapropiarnos de lo que nos pertenece, los
medios de producción. A ejercer la autogestión mediante un control real y
efectivo de las organizaciones populares, autónomas e independientes, para
que no se repita su “nacionalización” o “estatización” que hoy tras muchos
años de implementación demuestra su fracaso económico producto de la
burocracia y corrupción de las dirigencias que controlan la producción y
su generante económico.

“Contra la institucionalización de la Revolución: ¡Pueblo consciente,
combativo y autoorganizado!”

O.A.R.S. Organización Anarquista por la Revolución Social

Organización Anarquista por la Revolución Social
"Contra la Institucionalización de la Revolución:
¡Pueblo Conciente, Combativo y Auto-organizado!"


En facebook: Oars Bolivia
oars_lp@hotmail.com
www.oarsbolivia.blogspot.com