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martes, 12 de julio de 2011

Ilegalismo anarquista: ¡Valga la redundancia

Charla del compañero Gustavo Rodríguez, en el Centro Social Okupado “Casa Naranja”, realizada el domingo 3 de julio de 2011.

El título de nuestra charla podría parecer, ante la lectura neófita, un pleonasmo. Curiosamente, muchos de los que nos asumimos partidarios de la Anarquía, también consideramos que es una reiteración hablar de “ilegalismo anarquista”; sin embargo, esta particular etiqueta toma sentido si, y sólo sí, se registra la existencia de dos posicionamientos antagónicos en torno a la concreción de la acción directa –es decir, al momento en que llevamos a la práctica toda nuestra teoría–. Este antagonismo, tan lamentable como innegable al interior de nuestras tiendas, será la causa de tan peculiares “distinciones”. Por eso, para adentrarnos en el tema que deseamos emprender, tendremos que abordar la falsa dicotomía: “anarquismo legalista” Vs. “anarquismo ilegalista”. Y, lo planteamos como “falsa dicotomía”, precisamente, porque el denominado “legalismo anarquista” es una contradicción insólita. Desde el momento en que apelamos a la legalidad estamos negando el anarquismo. El anarquismo es ilegal o no es anarquismo. Esa es su esencia y su sentido. Su naturaleza. Por lo mismo, a veces nos parece algo tan obvio que olvidamos insistir puntillosamente en el carácter antiautoritario del anarquismo y, por lo tanto, consecuentemente antisistémico ¡Rabiosamente antisistémico! Estamos contra toda Autoridad. Esa es nuestra máxima. Por esa misma razón, los anarquistas, en el instante en que nos asumimos como tal, ahí mismo, estamos ubicándonos fuera de la ley. Cuando afirmamos –como anarquistas consecuentes– que estamos contra el sistema de dominación, que luchamos contra el ordenamiento social en su conjunto, estamos objetando su orden y las leyes que le socorren. Todas las leyes se han hecho y se harán para darle soporte jurídico a la opresión y a la dominación. Si estamos contra el Estado tenemos que estar forzosamente contra las leyes que lo amparan y justifican su existencia. Entonces, los anarquistas, somos ilegales porque somos anarquistas, es decir, por naturaleza. Eso, por mucha confusión que exista –producto de la intoxicación liberal que asecha nuevamente en estos tiempos–, debemos tenerlo muy claro. Y de ahí, debe quedarnos también muy en claro que, cada vez que utilizan ese eufemismo, siempre que recurren a ese terminajo de “anarquismo ilegalista”, están haciendo alusión al anarquismo insurreccional, a sus tácticas y a sus métodos y lógicamente, lo hacen de manera despectiva –con toda la mala leche–, señalándolo con el índice, desde el pulpito, desde el pretendido “anarquismo legalista”. O lo que es lo mismo, desde la negación del anarquismo. Aquí es muy oportuna esa máxima que se le atribuye a Camilo Berneri y que Bob Black popularizó en los ochenta del siglo pasado con otras palabras pero que, sin duda, evocaba la esencia de la frase original: “son esos anarquistas enemigos de la Anarquía.”

Antes de profundizar en la historia del denominado “anarquismo ilegalista”, habría que comenzar por hacer algo de recuento sobre esa postura incongruente –conceptual y prácticamente hablando– que aboga por un “anarquismo legalista” y, paralelamente, menosprecia, proscribe y excluye, el accionar consecuente de los partidarios y las partidaria de la Anarquía. Para poder entender el por qué y el cómo cobró vida en nuestras filas un término tan ambiguo y explicarnos el peculiar interés que existe y persiste en la utilización de semejante rótulo, tenemos que recurrir –una vez más– a la pregunta ineludible: ¿qué es el anarquismo? Como bien señala Bonanno: siempre es necesario retomar el discurso con esta interrogante, aunque estemos entre anarquistas. –muchas veces, justamente por estar entre anarquistas es que resulta inevitable este cuestionamiento– . Alfredo (Bonanno), nos expone que el empleo reiterado de esta interrogante se debe a que el anarquismo no es una definición que, una vez alcanzada, pueda guardarse celosamente en una caja fuerte y conservarse como un patrimonio del cual tomamos argumentos a manera de insumos cada vez que los necesitamos. Y tiene razón. Paradójicamente, hay quienes se reivindican “anarquistas” y sostienen lo contrario; es decir, conciben al anarquismo como una ideología y lo guardan a buen recaudo –en esa caja de caudales que nos mencionaba Bonanno– para “protegerlo”, como si se tratara de un credo. Esos dogmáticos del anarquismo entienden el ideal como una Biblia inamovible que les otorga un abundante arsenal de argumentos a los que pueden apelar en cada circunstancia que se les presente y así, eluden la realidad repitiendo sus sagradas oraciones hasta el infinito. Lo inaudito, es que esta visión distorsionada del anarquismo –ideologizada, para ser exactos– es compartida por ambos bandos de las denominadas corrientes primigenias pese a sus divergencias irreconciliables. Es decir, tanto para la corriente “esencialista”, emparentada con el liberalismo, como para la “historicista”, descendiente directa del marxismo, el anarquismo va asimilarse como una ideología. Esto, de cierta forma, nos explica porque cada vez que el anarquismo se aleja de la realidad de las luchas concretas –ya sea a consecuencia de los períodos de repliegue o por los momentos de reflujo del movimiento real de los oprimidos– reaparecen estos viejos fantasmas y se degenera en ideología. En otras ocasiones, hemos insistido en esto y no nos cansaremos de repetirlo: el anarquismo obtiene su propia especificidad teórico-práctica en el momento en que rompe drásticamente con sus raíces; ahí es que se gesta como tal, revelando su carácter parricida.

Lamentablemente, salvo escasas y honrosas excepciones, la inmensa mayoría de la historiografía libertaria ha sido escrita por personas ajenas al anarquismo y en su defecto, se ha elaborado un producto edulcorado y atinadamente “acomodado” por connotados personajes académicos, por lo general, adscritos a esas corrientes primigenias que, lógicamente, han continuado su marcha de manera paralela. Así, encontraremos un amplio y voluminoso listado de historiografía libertaria, oportunamente confeccionada desde las buenas conciencias del humanismo liberal o desde la perspectiva historicista y pretendidamente científica de claro sello marxiano. En el caso particular de la historiografía libertaria disponible en lengua castellana, nos toparemos con un repertorio de historietas “libertarias” realmente nauseabundo, fabricado a la medida de las concepciones moralinas de personajes de la calaña de Carlos Díaz –conocido cagatintas al servicio del Vaticano–, Víctor García y, hasta de Fidel Miró; quienes manosearon y acondicionaron a su antojo, otras historietas previas, inventadas por los Abad de Santillán y compañía. No menos “acomodados” están los textos de Buenacasa y Gómez Casa, empeñados en mostrar las cosas según su conveniencia. Ya ni hablar de la historiografía “oficial” donde abundan ratas de la catadura de Ángel Herrerín López –escribano a sueldo del gobierno que esté de turno en el Estado español– o Juan Avilés. Desde luego, de este lado del charco, también se cuecen habas, aquí mismo tenemos joyitas del tamaño de Roger Bartra y Arnaldo Córdova, sólo por mencionar algunos y bueno, me viene a la mente otro personaje vomitivo, a quien el Estado cubano encomendó la “noble” tarea de borrar al anarquismo de la historia insular, Abraham Grobart (Fabio Grobart). Por eso hoy, tenemos que dedicarnos a hurgar. Hay que escarbar… Hay que nadar y zambullirse en medio de toda esa historiografía libertaria y tomar con pinzas la información y confrontarla con otras fuentes, aunque lo que encontremos provenga del enemigo, de la prensa burguesa de la época. Increíblemente, la mayoría de las veces, encontramos mucho más información en esas fuentes antagonistas –en la prensa, particularmente–, sobre todo, nombres y hechos, olvidados o, convenientemente, silenciados e ignorados. Pasa lo mismo con la historia “oficial”, con los textos de Herrerín y cía, allí a veces se encuentran datos extraídos de los archivos policiacos. En esos textos, con pretendido rigor académico y regularmente etiquetados como “Historia Social”, también podemos hallar información valiosa. Estos cagatintas se han encargado de recuperar algunos nombres y de exponer determinados hechos, con la clara intención de descalificarnos de presentarnos como bandidos y terroristas. Pero, a falta de estudios objetivos, de ahí hay que sacar nuestras conclusiones.

Y bueno, un poco adentrándonos en el tema de nuestra plática, definitivamente, tenemos que decir que, cuando se hace mención del denominado “anarquismo ilegalista”, es decir, del anarquismo insurreccional, por regla general, se están refiriendo a un conjunto de estrategias anarquistas implementadas, principalmente, en Francia, Italia, Bélgica, Suiza y Estados Unidos, en las últimas dos décadas del siglo XIX y las primeras tres del siglo pasado. Este período particular de nuestra historia –que, en realidad, abarca un poco más, porque ya desde 1874, en el Congreso de Madrid, se recogen los pronunciamientos insurreccionales y se recomiendan las llamadas “represalias”– sin duda, ese período fungió como parte aguas, dando lugar a esa falsa dicotomía de la que hablábamos con anterioridad, aquella de “anarquismo legalista” Vs. “anarquismo ilegalista”. Este “parte aguas”cobró mayor fuerza a raíz de las polémicas furibundas ocasionadas en Francia a finales del siglo XIX en torno al caso Duval. La expropiación de un hotel de la calle Montceauc de Paris, realizadael 5 de octubre de 1886, por los anarquistas Duval y Turquais, integrantes del grupo “La Panthére des Batignoles”, trajo consigo, un debate irreconciliable poco después de que Clément Duval fuera detenido, no sin defenderse, hiriendo al inspector a cargo de su captura. Esta polémica pronto llegaría a las páginas del periódico La Révolte, dirigido por Kropotkin, convirtiéndose en tema de discusión obligada al interior del movimiento anarquista. Rápidamente aflorarían los juicios de valor. Así, aparecieron en escena los “legalistas” que abogaban por un anarquismo evolutivo y pedagógico que conseguiría sus aspiraciones de justicia y libertad a través de la propaganda escrita u oral y la organización de las masas, acusando de “criminales ajenos a las ideas” a quienes actuaban “fuera de la ley”. Sin embargo, Duval, dejaba en claro su postura en la carta que enviaría al juez instructor –permítanme hacer lectura de un fragmento de la misma– : “En mi hoja de prisión en Mazas, he visto escrito: Tentativa de homicidio; yo creo, muy al contrario que he obrado en legítima defensa. Verdad es que usted y yo no consideramos esto de la misma manera, teniendo en cuenta que yo soy anarquista, o mejor dicho, partidario de la anarquía, pues no se puede ser anarquista en la sociedad actual; sentado esto, yo no reconozco la ley, sabiendo por experiencia que la ley es una prostituta a quien se maneja como conviene, en ventaja o detrimento de éste o del otro, de tal o cual clase. Si yo he herido al agente Rossignol, es porque él se ha arrojado sobre mí en nombre de la ley. En nombre de la libertad yo le he herido. Soy, pues, lógico con mis principios: no hay, pues, tal tentativa de asesinato. Ya es tiempo también de que los agentes cambien de papel: antes que perseguir a los ladrones, que prendan a los robados.”–Fin de la cita– Con esta carta, no caben dos opiniones al respecto: Duval, dejaba en claro que era anarquista y que, como tal, obraba consecuente fuera de la ley. Con sus palabras recalcaba lo que comentábamos al comienzo de esta charla: “los anarquistas, somos ilegales porque somos anarquistas, es decir, somos ilegales por naturaleza”.

Clément Duval, comparecería frente al juez el 11 de enero de 1887, alegando en su defensa que la propiedad, asentada en sus leyes y otorgada como derecho burgués, era el robo y que quienes acumulaban fortunas apropiándose de las riquezas producidas colectivamente eran los verdaderos ladrones, no quienes, necesitados de sustento, tomaban en su provecho, por derecho a la existencia, lo que se les había arrebatado antes. Los alegatos de Duval, reafirmaban nuevamente los principios anarquistas frente a aquellos que intentaban desprestigiarle con su moralina burguesa. Al ser condenado a muerte, quedaba, a todas luces, sentenciado por anarquista. Por eso, no faltaron las voces valientes que le defendieran en nombre de la anarquía, como Luisa Michel, quién al grito de ¡Viva la anarquía! exigiera la unidad de todos los revolucionarios conscientes en la lucha contra su condena. Finalmente, ante las fuertes presiones ejercidas, le conmutarían la pena de muerte, sentenciándolo a cadena perpetua en la Guyana. De allí, lograría fugarse y trasladarse a Estados Unidos, donde se asentaría en la ciudad de Nueva York, gracias al apoyo y la solidaridad de los anarquistas italo-americanos, con quienes trabajaría en la edición de “L’ Adunata del Refrattari”. Esta publicación “refractaria” –como bien resalta su título–, sería uno de los medios anarquistas más aguerridos de su época en territorio estadounidense y serviría de asidero para la expansión de la consciencia refractaria y la conformación de un movimiento anarquista de clara tendencia insurreccional a lo largo y ancho de la geografía norteamericana. En esa misma tesitura refractaria del anarquismo insurreccional, se editarían infinidad de periódicos a finales del siglo XIX, en varios puntos de Europa, principalmente en Italia, Francia y España. Destacarían las publicaciones impresas en Barcelona, Valencia y Zaragoza, muchas veces editadas por anarquistas italianos refugiados en España.Títulos como “El Eco del Rebelde”, “La Cuestión Social”, “Penseiero e Dinamita”–redactado por el grupo de Paolo Schichi–, “La Revancha” –editado por Paul Bernard –, “La Revancha de Ravachol”, entre otros, ilustrarían la actividad del denominado “anarquismo ilegalista” a finales del siglo XIX.

Otro de los grupos anarquistas qué destacaría, por la puesta en práctica de la expropiación, a finales de la década del ochenta del siglo XIX, en la ciudad de París, sería el núcleo conocido como “Los Intransigentes”. Fundado por dos anarquistas italianos residentes en Francia: Pini y Parmeggiani. Vittorio Pini, reivindicaría la expropiación revolucionaria –contribuyendo al debate en torno a esta práctica–, poco después de su detención “accidental” como consecuencia de una solicitud de extradición interpuesta por el gobierno italiano. Cuando las autoridades francesas registraron su casa, encontraron un arsenal y la cuantiosa suma de 500 mil francos, lo que para 1889 resultaba ser una suma elevadísima. El hallazgo policial llevaría a los tribunales a Pini y algunos de sus compañeros de grupo.

La condena de Vittorio Pini a 20 años de trabajos forzados, resucitó la polémica, llegando nuevamente a ventilarse el debate en “La Révolte”. En sus páginas quedaría registrada la opinión de sus editores al respecto –permítanme nuevamente leer unos apuntes– “Pini, jamás actuó como un ladrón profesional. Es un hombre de muy pocas necesidades, que vivía sencillamente, pobremente incluso y con austeridad. Pini robaba para destinarlo a la propaganda, eso nadie lo ha negado. En el juicio, Pini se hizo responsable único de los hechos y defendió el principio anarquista del derecho al robo o mejor a la expropiación”. Fin de la cita.

Los casos de Duval y Pini, ponían sobre el tapete el tema de la expropiación revolucionaria, situándolo en el marco de la acción directa y las tácticas insurreccionales, por lo que se retomaría el debate en la Conferencia Internacional de París de 1889, sin que se alcanzaran acuerdos a manera de conclusión al respecto. Sin embargo, existían antecedentes que mostraban lineamientos claros en relación a la acción directa que –si bien no abordaban la expropiación de manera explícita–no dejaban lugar a dudas en cuanto al empleo de una amplia gama de tácticas que iban desde las represalias a la propaganda por el hecho, justificadas desde la óptica de la insurrección permanente. El Congreso Anarquista de Londres de 1881, da buena cuenta de ello. Por cierto –quiero hacer un paréntesis como nota anecdótica–, está ampliamente documentada la participación de un anarquista mexicano en el congreso de Londres del 81. Según los registros, dejó constancia del “necesario aprendizaje de la química para la elaboración eficaz de explosivos”. También quedaría documentada la infiltración de agentes policíacos en dicho congreso y su insistente interés en desprestigiar el mismo, presentándolo como una reunión de peligrosos “terroristas” internacionales.

La polémica entre quienes, reclamándose anarquistas, justificaban la expropiación y la propaganda por los hechos y las inscribían en la amplia lista de acciones directas válidas –mismas que identificaban como medios consecuentes con el fin– y, aquellos, que, igualmente reclamándose anarquistas, las condenaban, por “amorales” y “violentas”, trajo consigo el rótulo de “anarquismo ilegalista” que hoy nos ocupa y con éste, la profundización de las diferencias en torno a la acción directa o, a la manera de como ésta se concebía según el lente con que se mirase. Dicha polémica, lamentablemente, nos ha acompañado a lo largo de la historia y ha sido aceptada o, por lo menos, asimilada, como una “ambigüedad” de base, originada en las formulaciones primigenias del anarquismo y que, por tanto, deberíamos de arrastrar por los siglos de los siglos. Sin embargo, esta pretendida “ambigüedad” es falsa y se ubica –una vez más– en el manejo acrítico, en el acomodo amañado y oportuno de los términos y en el reforzamiento de esos parentescos de los que hablábamos al comienzo, de esas familiaridades apócrifas con las que el anarquismo no puede sino reafirmar la más determinante y violenta de las rupturas. Es el reflejo de las contradicciones arrastradas a partir de esa otra falsa “ambigüedad” que pretende perpetuarse en el anarquismo justificando su origen en las corrientes de pensamiento progenitoras –que mencionábamos– y que da lugar a la tesis de “los dos anarquismos”. Esto, ya lo hemos abordado en incontables ocasiones y hemos sido rotundamente determinantes, recalcando que, para nosotros, el anarquismo es un cuerpo viviente de teoría y práctica que se gesta a partir de una configuración abierta de pensamiento y acción, encarnada en un movimiento refractario, que cobra su especificidad en el instante que concreta ese divorcio, irreconciliable, con el idealismo liberal y trasciende las limitaciones de la visión economicista del marxismo mediante la reflexión –original e intransferible– en torno al sistema de dominación y la conformación de las clases sociales.

Durante las primeras tres décadas del siglo pasado, las tácticas y los métodos del anarquismo insurreccional volvieron a tomar fuerza. En los años previos a la Revolución rusa, va a extenderse y generalizarse su práctica, cobrando nuevos bríos la expropiación y la propaganda por el hecho. Por esas fechas, alcanzaría notoriedad en Francia el grupo de “Los trabajadores de la noche”, también conocido como “la banda de Abbeville”, por el enfrentamiento armado que se suscitara en esa ciudad entre integrantes de este grupo con la policía, tras una acción fallida, resultando muerto el oficial Pruvost Alexandre Jacob, mejor conocido como Marius Jacob, sería el eje articulador de este pequeño núcleo expropiador, en el que también participaba su madre y su esposa. Había sido detenido en posesión de explosivos tras una serie de expropiaciones menores que habrían conducido a las autoridades hasta él, siendo condenado a 6 meses de cárcel. Poco después sería detenido nuevamente pero. fingiría demencia evitando una sentencia de cinco años de prisión y le enviarían a un manicomio de donde se fugaría, refugiándose en la ciudad de Sète. Allí, comenzó a organizar su grupo con personas afines que, aunque no se reclamaran partidarios de la Anarquía, en los hechos compartirían sus principios mediante un acuerdo mínimo –otra vez, permítanme leer estas anotaciones–: “sólo se usarán las armas para proteger nuestra vida y nuestra libertad de la policía; se robará sólo a los considerados parásitos sociales -empresarios, banqueros, jueces, militares, nobles y al clero, pero jamás a aquellos que realizan profesiones nobles y útiles –maestros, médicos, artistas, artesanos, trabajadores, etc. Y se destinará un porciento del dinero recuperado a la propaganda de la causa anarquista”.

Acusado de más de un ciento cincuenta expropiaciones y del asesinato del oficial Pruvost, Jacob sería llevado a juicio en marzo de1905 en la ciudad de Amiens, enfrentando la posible condena a muerte en la guillotina. Durante el proceso, dejará bien claro en los tribunales los ideales que le inspiran –aquí lo tengo–: “He preferido conservar mi libertad, mi independencia, mi dignidad de hombre, antes que hacerme artífice de la fortuna de un amo. En términos más crudos, sin eufemismos, he preferido robar antes que ser robado”. Logró escapar de la guillotina pero lo sentenciarían, con 26 años de edad, a trabajos forzados de por vida en Cayenne. Tras 17 intentos de fuga de la Isla del Diablo y con poco más de 20 años de condena cumplida, regresaría a Francia. En 1936, atraído por la irradiación de la Revolución española, Jacob viaja a Barcelona con el propósito de luchar junto al movimiento libertario, presentando una estrategia de acopio de armamento para las milicias anarquistas. Sin embargo, ya no estarían Ascaso ni Durruti y, se toparía de bruces con el “anarquismo legalista” en el poder. Decepcionado con la realidad española sentenciaría de manera lapidaria: “¿Dónde están los anarquistas? En las fosas comunes. Traicionados en las retaguardias, se sacrifican en el frente”. Desde luego, esto no lo registraría Gómez Casa ni Víctor García.

También habría que mencionar entre los muchos grupos anarquistas insurreccionales que alcanzarían notoriedad en Europa a comienzos del siglo XX a otro núcleo francés conocido como “la banda Bonnot”, ya que iniciaría sus actividades por iniciativa de Jules Bonnot y un grupo de anarquistas insurreccionales nucleados en torno al periódico “ilegalista” L’Anarchie. En esos primeros años del siglo XX, se teorizaría sobre la expropiación revolucionaria y la propaganda por el hecho en un montón de publicaciones anarquistas insurreccionales que le otorgaban particular validez a estos métodos dentro de la amplia gama de tácticas insurreccionales.

Y bueno, de este lado del charco, también hay tela de dónde cortar aunque mucha de la historiografía esté igualmente acomodada, manoseada y edulcorada, en el mejor de los casos porque, cuando nos ponemos a rastrear este tipo de información nos encontramos que, evidentemente, muchas cosas se han silenciado y condenado al olvido. Pero bueno, hay que ir hilvanando la historia con lo que hay.

Cuando nos ponemos a rastrear por acá, encontramos los antecedentes del anarquismo insurreccional en Julio López Chávez, quien mantendría una intensa actividad expropiadora y beligerante entre 1867 y 1868, siendo fusilado en julio del 68, por órdenes del gobierno liberal de Benito Juárez. López Chávez o Chávez López –ya que algunos historiadores invierten sus apellidos por lo que no se sabe con certeza cuál era su nombre correcto, incluso hay documentos de la época, periódicos principalmente, donde le llaman Julián López Chávez, en lugar de Julio– Pero, bueno… quedémonos con Julio López Chávez, había sido discípulo de la escuela moderna, la Escuela del Rayo y el Socialismo, que fundara en Chalco, estado de México, Plotino Rhodakanaty, inspirado en las ideas de Fourier y de Proudhon, pero López Chávez, abandonaría rápidamente las ideas mutualistas y se convertiría en Bakunista. Reafirmando su pensamientodiría: –permítanme leer esta pequeña cita– “Soy anarquista porque soy enemigo de todos los gobiernos y comunista, porque mis hermanos quieren trabajar la tierra en común” (fin de la cita). Rhodakanaty, se distanciaría de su discípulo por estar en desacuerdo con el anarquismo insurreccional, ya que, desde su visión idílica y evolutiva, no reconocía la acción armada consecuente con el ideal libertario. Julio López se convertiría en una verdadera pesadilla para los hacendados, flagelando incansablemente a toda la clase acaudalada del área de Chalco y Texcoco, extendiendo sus acciones a Morelos por el sur, al este hasta San Martín Texmelucan y al oeste hasta Tlalpan. Expropiaba las haciendas de la zona pero en el sentido más extenso del término, es decir, no sólo saqueaba las casas de los hacendados llevándose el dinero, los objetos de valor, las armas y todos los caballos sino que, además, repartía la tierra expropiada entre los campesinos de la región. También realizó infinidad de asaltos a diligencias en la zona, ganándose la reputación de “bandido comunista”, que era como le llamaban los periódicos de la época. Su grupo llegó a contar con más de medio centenar de integrantes, extendiendo la consciencia refractaria entre los campesinos e indígenas de la zona. Después de su fusilamiento, la actividad expropiadora e insurreccional, continúo hasta 1870, no sólo en la zona original de operaciones sino, además, se extendió a Yucatán, al ser deportados a ese estado sureño varios de sus compañeros de acción. Quince de ellos serían fusilados en la ciudad de Mérida, el 24 de febrero de 1869.

También se extendería el anarquismo insurreccional a otros estados, quedando registrada la actividad insurreccional de tres compañeros de López-Chávez, en el estado de Chiapas, que estarían involucrados en las rebeliones indígenas de 1869 y en el asalto armado a las haciendas de la región. Ignacio Fernández Galindo, su esposa, Luisa Quevedo y, Benigno Trejo, excompañeros de Julio Chávez en la escuela de Chalco, participarían activamente en las labores de organización de la lucha y en la difusión de las ideas anarquistas y la propaganda por los hechos, entre los indígenas Tzotziles. Fernández Galindo, se encargaría de brindarles entrenamiento en el uso de las armas y dotaría de tácticas combativas a la revuelta. Las autoridades estatales harían frente violentamente a la insurrección, exigiendo que los “transgresores de la Ley” que “se rindan incondicionalmente y entreguen las armas y a los cabecillas de afuera que les han engañado y manipulado”. Por esas fechas, se publicó un cartel dirigido a los Indígenas rebeldes, que apareció pegado en todos los muros de las calles de San Cristóbal de las Casas, en el que se ilustra perfectamente los sucesos –Otra vez tengo que leer aquí en mis apuntes.. a ver–: “El presidente de la República ya sabe lo que ustedes están haciendo y por eso está muy enojado y aunque aquí tenemos mucha tropa y bastantes armas, dice que va a mandar bastante gente y entonces es seguro que ustedes acaban; porque esa gente que viene no los conoce a ustedes, y por eso no los quiere como nosotros los queremos […] pidan perdón al gobierno y presenten todas las armas que tienen para que crea que es verdad lo que ustedes dicen”.

Durante la denominada “revolución mexicana”, también se registrará la acción del anarquismo insurreccional, protagonizado por los miembros radicalizados del Partido Liberal Mexicano. Las figuras de Ricardo Flores Magón y Práxedis Guerreo, serán destacadísimas en ese período revolucionario; sin embargo, muchos anarquistas insurreccionales internacionalistas, no coincidirán con esa particular apreciación que le otorga rango de “revolución” a las contiendas de la época. Específicamente, esa sería la postura de los anarquistas insurreccionales italianos que, motivados por las crónicas apasionadas que publicara el periódico Regeneración y por las fervientes arengas de sus colaboradores en la ciudad de Los Ángeles, se trasladarían en 1917 al norte de México, con la intención de unirse a la lucha insurreccional libertaria. Entre esos anarquistas insurreccionales italianos estarían Sacco y Vanzetti, quienes viajarían a la ciudad de Monterrey –donde radicaba un grupo de anarquistas italianos que habían huido del reclutamiento militar en Estados Unidos, al estallar la Primera Guerra– interesados en sumarse a la “revolución anarquista”. Pronto se decepcionarían, identificando a la “Revolución” mexicana como una lucha por el poder entre bandos opuestos. Ese grupo particular de anarquistas italianos haría historia con sus expropiaciones y sus acciones de propaganda por los hechos, a lo largo y ancho de Estados Unidos. Era el grupo nucleado en torno al periódico anarquista insurreccional “Cronaca Sovversiva”, donde también colaboraban Sacco y Vanzetti. Esta publicación, redactada en italiano, se convertiría en el arma de difusión por excelencia del anarquismo insurreccional, entre los anarquistas italianos residentes en Estados Unidos. El grupo de los insurreccionales se ampliaría rápidamente, siendo denominado por la prensa burguesa de la época como “Los Galleanistas”, en alusión al editor del periódico, Lugy Galleani. En este grupo –que en poco tiempo se convertiría en una verdadera red con presencia en las principales ciudades estadounidenses–, destacarían por su notoriedad los conocidísimos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, Mario Buda alias Mike Boda, Nestor Dondoglio alias Jean Crones, Gabriella Segata Antolini, Lugi Bachetti, entre otros que no puedo recordar. Aquí tengo otros nombres de compañeros de este grupo anotados por aquí: Frank Abarno, Pietro Angelo, Carmine Carbone, Andrea Ciofalo, Ferrucio Coacci, Emilio Coda, Alfredo Conti, Roberto Elia, Luigi Falsini, Frank mandese, Ricardo Orciani, Nicola Recchi,Giuseppe Sberna, Andrea Salsedo, Raffaele Schiavina y Carlo Valdinoci.

Las contundentes acciones de estos anarquistas los llevaría a convertirse en el grupo revolucionario más perseguido por las autoridades federales en los estados Unidos. Sin embargo, otra vez el “acomodo” de la historia y no sólo de la historia “oficial” sino de la historiografía de factura libertaria, los condenaría a ser unos perfectos desconocidos, encargándose de silenciar todas sus acciones y de “desaparecer” sus textos, reflexiones y demás aportaciones teóricas. Con la excepción de Sacco y Vanzetti, a quienes el “anarquismo legalista” se ocuparía de dotar de una historia falsa que los convirtió en “mártires” del anarquismo. Como habrían hecho antes con los anarquistas de Chicago: “Los Mártires de Chicago”. Una vez más, las conocidas artimañas para ocultar la historia. En el caso de Sacco y Vanzetti sucedió igual. El argumento que se inscribía en una lógica estrategia de la defensa para que se les declarara “inocentes”, terminó convirtiéndose en la “historia oficial” de los hechos. Con la excepción del historiador libertario Paul Avirich que se ocuparía de profundizar en la actividad anarquista de esa época y un trabajo de Bonanno sobre el tema, el resto de la literatura publicada en torno al caso Sacco y Vanzetti, niega rotundamente su participación en la expropiación por la que terminarían siendo condenados. Realmente las expropiaciones eran realizadas constantemente por el grupo en el que participaban activamente Sacco y Vanzetti y los fondos recaudados mediante estas expropiaciones se usaban para continuar imprimiendo propaganda anarquista para financiar atentados, las llamadas represalias y para auxiliar a compañeros presos y desempleados o en algunos casos a sus familias. Los atentados estarán siempre enfocados contra el Estado, el capital y el clero, siendo objeto de sus ataques banqueros, industriales, políticos, jueces, fiscales, policías y curas.

Este grupo tiene incontables anécdotas –podríamos estar aquí el resto del día contándolas– pero hay varias acciones que merecen por lo menos una breve mención, como el atentado ejecutado el 24 de noviembre de 1917 contra el Cuartel de Policía de la Ciudad de Milwaukee, donde estalló una bomba de retardo poderosísima, con varios kilos de pólvora negra. El artefacto había sido construido por Mario Buda quien era el experto en explosivos del grupo –por cierto, también haciendo uso de sus habilidades, ayudaría a Luiggi Galleani, a confeccionar un manual de explosivos que circularía exitosamente entre los anarquistas insurreccionalistas y que aparentemente tradujera al inglés Emma Goldman– Y bueno, se supo que el plan fue ingeniosísimo ya que debido a la gran actividad anarquista de la época, las estaciones de policía estaban muy bien protegidas y además tenían grandes controles al momento de acceder a estos recintos; por lo que el grupo para poder introducir la bomba en el cuartel, la colocó primeramente en los cimientos de una iglesia de la ciudad y le pasaron la información a un personaje que sospechaban era informante de la policía. Rápidamente el escuadrón de explosivos se movilizó y retiró la bomba de la iglesia, trasladándola a la estación de policía, pensando que había fallado el mecanismo de activación. Minutos después de comprobar que el artefacto se encontraba en las instalaciones, lo hicieron detonar matando a nueve policías y una víctima civil. Y bueno, con el atentado lograron matar dos pájaros de un tiro porque no sólo cumplió su objetivo, sino que además, les permitió desenmascarar al soplón. Otro atentado que merece ser mencionado, es el realizado por Nestor Dondoglio en la ciudad de Chicago en 1916. Dondoglio era un cocinero de origen italiano que se hacía llamar Jean Crones, al enterarse que se planeaba realizar un gran banquete en honor del arzobispo de esa ciudad, el arzobispo Mundelein, con la asistencia de un nutrido grupo de la jerarquía católica, se presentó como voluntario diciendo que quería donar sus habilidades y obsequiar sus exquisitos platillos a los comensales, envenenado alrededor de doscientos invitados al agregarle arsénico a la sopa. Ninguna de las víctimas murió porque en su afán por eliminarlos, Dondoglio utilizó demasiado veneno lo que provocó inmediatamente vómitos en las víctimas, logrando expulsar el veneno. Sólo moriría, dos días después del envenenamiento, el cura O´Hara, párroco de la iglesia de St. Matthew en Brooklyn, Nueva York, quien había sido capellán en el patíbulo de la prisión de Raymond St. Dondoglio, inmediatamente después del atentado, se trasladó a la Costa Este, donde fue escondido por un compañero de grupo hasta su muerte en 1932.

Por esas fechas, sobran ejemplos del accionar anarquista insurreccional, con infinidad de expropiaciones y acciones de propaganda por el hecho. La condena a muerte de Sacco y Vanzetti, serviría de detonante para incrementar las acciones. En La Habana, Montevideo y Buenos Aires, también explotarían incontables bombas en protesta por el crimen de Estado. En Argentina y Uruguay, también dejarían su huella los anarquistas insurreccionales practicando la expropiación y la propaganda por el hecho. Destacarían por su notoriedad Severino Di Giovanni y sus compañeros de grupo. También el núcleo de Roscigna, Uriondo, Malvicini y Vázquez Paredes. Tanto en Argentina como en Uruguay se continuó realizando expropiaciones y acciones de propaganda por los hechos hasta nuestros días. En el pasado reciente, destacan también entre los compañeros expropiadores el negro Fiorito, Amanecer Fiorito, y nuestro Urubú, que muriera a manos de la policía en una expropiación fallida. En Chile también tienen una larga historia los anarquistas insurreccionales, con acciones de expropiación y propaganda por el hecho, que igualmente llega a nuestros días, con pérdidas lamentables como la de Maury y este compañero que recién le estalló el artefacto en las manos –Luciano–, si, exactamente Luciano.

Aquí en México, la expropiación ha sido y es una práctica recurrente aunque, por regla general, no se reivindique. Bueno, con la excepción de Acción Anarquista Anónima de Tijuana que sí ha reivindicado expropiaciones en sus comunicados. Tampoco podemos olvidar, a manera de homenaje y reivindicación, al compañero Mariano Sánchez Añón, de origen aragonés, exilado primero en Francia –cuando tuvo que huir de Mas de las Matas, su pueblo natal–, tras la insurrección anarquista de diciembre de1933 y, después, se refugiaría por acá en México, tras el triunfo del fascismo franquista. Llegaría a estas tierras a bordo del Ipanema, junto a su compañera Armonía de Vivir Pensando, entrando por el puerto de Veracruz. Inmediatamente sería reubicado en una finca en Santa Sabina, Chihuahua, donde lo enviarían a trabajar como jornalero por sus orígenes campesinos y su experiencia agropecuaria. Pero, Sánchez Añón, no renunciaría al ideal anarquista y continuaría en México con su actividad revolucionaria. Rápidamente, comienza a organizar a los peones en donde laboraba contra la explotación a la que estaban sometidos y le dispara al encargado de la finca, dándole muerte. Buscado por la policía, tendrá que trasladarse a la ciudad de México junto al compañero Francisco de Diego Salas. Por acá, fundarán un grupo de acción, integrado por cinco compañeros españoles que se negaban a renunciar a las ideas anarquistas y a la acción revolucionaria, como les exigía el gobierno de México, como requisito para otorgarles asilo. Participarían en varias expropiaciones hasta la fallida operación de la Cervecería Modelo.

Mariano Sánchez Añón, sería cobardemente vilipendiado por la Federación Anarquista del Centro y las pretendidas “Juventudes Libertarias” de San Luis Potosí, quienes publicarían un comunicado condenando la expropiación a la Cervecería Modelo y, acusando de “gánsteres” a los compañeros españoles exilados que participaron en dicha acción.–Aquí tengo el comunicado pero, igual si desean, pueden leerlo en línea, este comunicado se encuentra alojado en el sitio de la Biblioteca Virtual Antorcha– Desde luego, la expropiación de la Modelo, así como el propio Mariano Sánchez Añón y sus compañeros de ideas, recibirán también la condena de algunos de los libertarios españoles refugiados por acá, los denominados “bomberos” –lógicamente porque apagaban el fuego cada vez que era necesario– los connotados “santones” del exilio inmovilista, entre los que se contaba uno que otro “cincopuntista”, como Fidel Miró.

Curiosamente, cuando los compañeros nos pidieron que presentáramos este tema, que preparáramos esta plática, encontramos un archivo valiosísimo que está sin ordenar pero que tiene mucha información qué bien valdría la pena sacar a la luz para que se conozcan las actitudes antagónicas de esos “dos anarquismos”. Les hablo del archivo del Comité Técnico de Ayuda a los Españoles en México (CTAE). Este “comité” tiene la peculiaridad de haber sido creado por Juan Negrín, el jefe del gobierno republicano, a modo de continuación del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles, fundado en Francia, con el financiamiento del Gobierno de la República. Presidido por José Puche, el grupo se mantuvo en contacto con varias Secretarías de Estado y con el propio Lázaro Cárdenas, para coordinar la llegada de los refugiados, el arribo de los vapores Sinaia e Ipanema. Después continuaría con su particular labor, digamos… de “enlace”, con el gobierno mexicano; también se encargó de suministrar subsidios individuales, alojamiento y alimentos, préstamos para emprender negocios. El Comité fundaría, con capital del Gobierno de la República, la Financiera Industrial Agrícola, con ese financiamiento, abrirían la Empresa Vulcano, la Editorial Séneca, el Instituto Luis Vives, la Academia Hispano-Mexicana, el Colegio España y otros colegios en los estados. Se puede encontrar algo de esto en Internet a raíz de las memorias publicadas del exilio español pero el archivo existe y tiene muchísima información. Lo más sorprendente es la participación de varios anarquistas en este comité, encargados de rendir “informes” frecuentes de la actividad anarquista por estas tierras. Ahí encontrarán varios reportes de Ricardo Mestre, Fidel Miró y Adolfo Hernández, precisamente sobre Mariano y otros compañeros, en los que se les tilda de “violentos”, “tarados de la guerra”, “atracadores” y “bandoleros”. En fin…

Pues, definitivamente en nuestros días, las expropiaciones revolucionarias siguen siendo un vehículo imprescindible de financiamiento para las actividades anarquistas, tanto para la realización de acciones como para la edición de propaganda anarquista, libros, publicaciones, etc. En regiones como Grecia e Italia, donde el anarquismo insurreccional tiene gran actividad, destacan muchísimos compañeros y compañeras que, constantemente, van a parar a prisión por expropiaciones fallidas. Alfredo Bonanno, Pipo Staicy, Christos Stratigopoulos y Yiannis Dimitraki, estos últimos aún continúan en prisión, víctimas, además, del silencio y la condena del “anarquismo legalista”. También siguen tras las rejas por expropiación los compañeros Claudio Lavazza, Giovanni Barcia y Gilbert Ghislain, anarquistas insurreccionales italianos, presos en el Estado español. Además, están encarcelados por expropiación los compañeros españoles Giorgio Rodríguez, Juan José Garfia, este último está en la cárcel desde 1987. Y un montón de compañeros y compañeras que ahora no recuerdo sus nombres. También en Chile y Argentina.

Por eso, cuando abordamos el denominado “ilegalismo ácrata”, lo hacemos señalando el tamaño gigantesco de esta incongruencia pero, además, reconociendo que con ese eufemismo se están refiriendo al anarquismo insurreccional y entonces, tenemos que reafirmar la vigencia y la objetividad de la propaganda por el hecho y la expropiación, tácticas éstas que reconocemos como prácticas consecuentes con nuestros principios, apropiadas para los momentos de repliegue y retroceso del movimiento real de los oprimidos y para los períodos de reflujo, rearticulación y acumulación de fuerzas. Pero, precisamente por eso, no debe reducirse nuestro actuar a la acción por la acción misma, sin ideales ni principios que la reafirmen, sino como consecuencia directa de esos principios y esos ideales llevados a la práctica. Por ese motivo, no coincidimos con los compañeros que, como Miguel Amorós, a pesar de ser contundentemente críticos con el falso anarquismo “legalista” y la farsa de la organización ficticia sostenida exclusivamente con la propaganda oral y escrita, caen en el lugar común de aseverar que el anarquismo en general –en su totalidad– sufrió una metamorfosis en la que abandona la táctica insurreccional y se transforma en una ideología ajena a las luchas reales.

Si bien es cierto que en el período que denominamos “anarquismo en transición”, acto seguido a la derrota del anarco-sindicalismo español, se produjo una ideologización en amplios sectores del anarquismo, una degeneración ideológica –al abandonar todo contacto con la realidad y refugiarse en las ideas abstractas de las corrientes primigenias–. También es cierto, que todo el liberalismo “libertario”, inmediatamente después de la Revolución francesa, pujó incansablemente por el abandono de las prácticas insurreccionales y por la degeneración ideológica en la que hoy se encuentran sumidos, sentando las bases de ese liberalismo humanista y filantrópico que aún predican desde los sagrados templos del anarquismo “oficial”. En ese mismo costal, no se puede echar a quienes, consecuentemente y acorde con las circunstancias impuestas por un contexto de retroceso de las luchas, continuaron en pié de guerra contra la dominación, con las tácticas y los métodos correspondientes a ese período de decadencia del movimiento real y de dispersión y retroceso de las luchas. El propio Amorós, ha reconocido en sus múltiples críticas al anarquismo insurreccional, que en condiciones de repliegue y retroceso de las luchas, la organización mínima es la única posible y también, ha subrayado la imposibilidad de la ofensiva contra el sistema de dominación en pleno retroceso de las luchas. Entonces nos preguntamos ¿cómo no pueden reconocer que ha sido precisamente en esos períodos de decadencia y retroceso que, limitados por las circunstancias, se han puesto en práctica otras formas de lucha refractarias con el objetivo de no darle la menor tregua al enemigo?

Al no aceptar el reformismo ni los procesos evolutivos ni la actitud contemplativa del “anarquismo” legalista, nos situamos frente a la disyuntiva de quedarnos cruzados de brazos a espera de que estén dadas las condiciones “objetivas y subjetivas” o, articular e impulsar otras acciones refractarias que nos mantengan vivos, en pié de guerra y no den tregua al enemigo, no de un solo segundo de paz al sistema de dominación.

Consideramos que reconocer las tácticas y los métodos que corresponden a cada período de lucha es imprescindible para elaborar una crítica unitaria. Estamos convencidos que mientras no se propague la consciencia refractaria, no se logrará la recomposición del movimiento real de los oprimidos y mientras no se concrete esto, no podremos extender las luchas y alcanzar la insurrección generalizada. Esos, son los ingredientes indispensables para hacer reventar en pedazos este viejo mundo que habitamos y concretar la destrucción total del actual sistema de dominación pero no nos detendremos a esperar por la maduración del proceso revolucionario, no esperaremos ni por la Revolución y tampoco nos preocupa mucho si ésta se concreta o si jamás se verifica, porque las revoluciones conocidas –desde la francesa hasta nuestros días–, han degenerado, todas, en procesos reformistas, autoritarios y dictaduras que únicamente han ayudado al fortalecimiento del Estado. Nuestra lucha es y será por la liberación total, por la Anarquía. No nos conformamos con menos ¡Gracias!

*Charla de Gustavo Rodríguez, en el Centro Social Okupado “Casa Naranja”, Tlanepantla, estado de México. Domingo 3 de julio de 2011.

Publicado en: http://www.kaosenlared.net/noticia/ilegalismo-anarquista-valga-redundancia

jueves, 12 de noviembre de 2009

Vivir la Anarquía

En la noche del jueves 1ro de octubre, apenas faltando unos minutos para que iniciara el día 2 ―fecha fatídica, símbolo indiscutible de represión y barbarie, en México― un entrañable compañero me comunicó que, en horas de la mañana, había sido detenido nuevamente Alfredo Maria Bonanno. Esta vez en la ciudad de Trikala, al norte de Grecia.
La detención ocurrió poco después de una exitosa expropiación a una sucursal bancaria en pleno centro de la ciudad helénica. Con 46,900 Euros en la bolsa, Alfredo y su compañero, de ideas y acción, Christos Stratigopoulos, lograron huir del lugar en auto. Lamentablemente, Christos fue interceptado en un retén policial y Alfredo, fue capturado en el hotel donde se hospedaba en posesión del dinero y la pistola. Desde el primer momento de la detención, Christos se hizo responsable de la acción, exonerando a Alfredo, por lo que fue acusado de robo armado, mientras que Alfredo sólo se le imputan cargos por “complicidad”. Tras nueve horas de audiencia, ambos fueron condenados a “prisión preventiva”, sentencia que, según la legislación griega, puede alcanzar hasta dieciocho meses de cárcel. Actualmente se encuentran presos en la Prisión de Amfissa, en condiciones de hacinamiento.
Alfredo María Bonanno, redactor responsable de las revistas Provocazione y Anarchismo, desde la década de los ochenta; con más de veinte volúmenes e infinidad de folletos a su haber,(1) sin duda, es el teórico más importante del anarquismo contemporáneo. Conocido en nuestras tiendas por sus elaboraciones en torno al proyecto insurreccionalista y sus aportaciones metodológicas. Entre sus libros destacan Poder y Contrapoder, La dimensión anárquica, Teoría y Práctica de la Insurrección, La destrucción necesaria y, Afinidad y organización informal. Asimismo, son de resaltar entre su amplia producción de folletos, La tensión anárquica, Otra vuelta de tuerca del capitalismo y El placer armado, este último fue prohibido en Italia, por lo que le condenaron a 18 meses de cárcel, acusado de “apología a la violencia y subversión”.
Volvería a visitar la cárcel en 1989, al ser detenido junto al compañero Pippo Stasi, durante una expropiación frustrada por la policía a una joyería en Bergamo. Esta vez, permanecería dos años en prisión al ser reducidas todas las condenas por decreto gubernamental, en un intento por nivelar las diferencias en la impartición de justicia resultante de la aplicación del nuevo Código Penal. Para Alfredo y Pippo, esto sólo sería cuestión de “buena suerte” y una excelente oportunidad de “reintegrarse a la lucha”.(2) A mediados de noviembre de 1995, se desata en Italia una cacería de brujas anti-anarquista. La operación represiva estaría dirigida por el fiscal Antonio Marini y sería tristemente conocida como el “Proceso Marini”, rebasando los límites de la infamia. Entre los artilugios del fiscal estaría la invención de la ORAI (Organización Revolucionaria Anarquista Insurreccionalista); fantasmagórica organización que pondría tras las rejas en 1996 a sesenta y ocho anarquistas, entre ellos Alfredo María Bonanno, acusado de ser el autor intelectual e ideólogo de dicha organización. La farsa, supuestamente quedaba sustentada en el folleto de su autoría "Nueva vuelta de tuerca del capitalismo", en el que, según la fiscalía, se encuentra sintetizado el “programa fundacional” de la organización insurreccionalista. El "proceso Marini" culminaría el 20 de abril de 2004, con la condena de once de los compañeros detenidos. Bonanno, sería uno de ellos, sentenciado a seis años de cárcel por “apología y propaganda subversiva” entre otros “delitos”.
Alfredo, nació en la ciudad de Catania, Sicilia, en 1937. A los 13 años de edad tuvo su primer acercamiento con el anarquismo; encontrando un movimiento totalmente polarizado. Por aquellas fechas, se hallaba fuertemente dividido entre “puristas” y “revisionistas”. En el primer grupo, se concentraba la mayor parte del anarquismo italiano, organizados al interior de la FAI (Federación Anarquista Italiana); el segundo, se constituía en torno a la corriente que encabezaba Pier Carlo Masini, con rígidos planteamientos en pro de la “unidad táctica”. Esta corriente, señalada como “revisionista marxista” era una escisión al interior de la FAI, dirigida por Masini y animada por jóvenes que provenían más del antifascismo que del movimiento anarquista propiamente dicho, algunos de ellos integrantes de Gioventù Anarchica. Fue por esos días que Pier Carlo Masini, llegará a Catania a impartir una conferencia; en ella llamó a la conformación de un movimiento disciplinado, orientado y federado, que impulsara al proletariado y fuera su vanguardia; obsequiando entre los presentes L’ Impulso(3) a modo de presentación . Poco después, durante el Encuentro de Frascati, celebrado el 12 de marzo de 1950, el grupo de Masini se separaría de la FAI, al no ser admitidos en dicho encuentro, y se constituiría como los Gruppi Anarchici di Azione Proletaria (GAAP). Pero, no sería hasta 1953 en el “Congresso Nazionale di Civitavecchia” que se produce la ruptura definitiva entre los gaapistas y la FAI. A partir de entonces los GAAP perderían fuerza y se consumirían, pasando a engrosar diferentes organizaciones de la izquierda autoritaria y demostrando sus verdaderas intenciones.(4)
Ante esta dicotomía burda, al interior del especifismo italiano, la mayoría de los jóvenes optarían por deslindarse, separándose de Gioventù Anarchica. Al no sentirse identificados con ninguna de las corrientes en pugna, constituirían un sinfín de grupos nombrados según la región o ciudad a la que pertenecían (Milano I, Bologna I, etc.), diferenciándose así de la los GAAP y de la FAI.(5) Estos jóvenes, volvían su mirada a la historia del anarquismo y recurrían a las prácticas de la organización informal y la acción directa, haciendo a un lado el “anarquismo de laboratorio” (y de salón) de la FAI y, al bolchevismo “libertario” de los Grupos Anarquistas de Acción Proletaria. Sin proponérselo, daban los primeros pasos hacia el camino que, diecisiete años después, conduciría al abandono del nefasto “anarquismo en transición”.(6)
Retomando las prácticas anárquicas y consecuentes con sus teorías, la espropriazione pronto se convertiría en el medio ideal para estos núcleos autónomos de jóvenes quienes, mediante la praxis, comenzaban a difundir su ideal. De esta forma se apropiaban de los medios necesarios para editar sus publicaciones y también, concretaban los materiales para el ataque directo al Estado-capital y sus representantes. Así, algunos de estos grupos de afinidad, decidirían recaudar los fondos requeridos para celebrar el primer Campeggio Anarchico Giovanille. De esta manera, entrarían en contacto con José Lluis Facerías, quien estaba refugiado en Italia por esas fechas con el seudónimo de Alberto y apoyaría con entusiasmo el proyecto que, bajo su impulso, no tardaría en concretarse como “Campeggio Anarchico Internazionale”. Facerías, aunque en teoría se asumía anarcosindicalista y acérrimo defensor de la organización centralista, en la práctica reivindicaba la expropiación y la acción directa y como método organizativo recomendaba el grupo mínimo de afinidad. Así es como, junto a otro compañero español, conforma un grupo de acción integrado por 2 jóvenes de Génova y un turinés, que logra una exitosa expropiación en detrimento del Banco de Turín. A esta acción le seguirían infinidad de expropiaciones a lo largo y ancho de la bota itálica que harían posible el primer campamento y los subsiguientes.(7) Sin duda, Facerías influenciaría de forma determinante en los jóvenes anarquistas italianos de la década de los cincuenta, entre ellos a Alfredo María Bonanno.(8)
A sus 73 primaveras, con más de cincuenta años dedicados, en pensamiento y acción, a la Anarquía, Alfredo María Bonanno, continúa en la lucha, consecuente con la praxis que predica y su proyecto de vida: VIVIR LA ANARQUIA. Por ello, en ciertos sectores “oscuros” de nuestras tiendas se le condena y, peor aún, se le silencia. No cabe la menor duda: Alfredo, es una amenaza, no sólo para el clero y el Estado-capital que combate cotidianamente con dientes y uñas. También es una amenaza para el “oficialismo libertario” y un flagelo para la reacción inmovilista que se disfraza con su camiseta negra desde la comodidad del Status Quo, llamando a la inacción y depositando sus “esperanzas” en la evolución eterna y parsimoniosa de la Humanidad. Alfredo vive la Anarquía, no la abandona al laboratorio ni ―mucho menos― la limita al pasado reduciéndola a la conmemoración de efemérides y a la pasiva lectura de los libros de historia.
Hoy, aquí y en todas partes, urge la SOLIDARIDAD con Alfredo y Christos. No la solidaridad mojigata de las Carmelitas Descalzas en Comunión con la Santa Anarquía, la SOLIDARIDAD DIRECTA con nuestros compañeros de lucha, con nuestros hermanos de ideas. Esa SOLIDARIDAD DIRECTA que hace temblar a los poderosos y aterroriza a los “incluidos”. Esa SOLIDARIDAD ANÁRQUICA que estremece al Estado-capital cada vez que se concreta. Esa SOLIDARIDAD que nos invita a destruir el presente porque nuestros corazones habitan el futuro. ¡Demostremos que de este lado del Atlántico también vivimos la Anarquía!
Gustavo Rodríguez. México, Octubre 2009

Nota: Los abogados defensores de Alfredo María Bonanno, han solicitado a las autoridades griegas que se le conceda “prisión domiciliaria” por razones de salud. En estos momentos se coordinan jornadas de solidaridad a beneficio de los compañeros, tanto en Grecia, como en la mayoría de los países donde se registra presencia activa anarquista. También se ha creado un Fondo de Solidaridad con Alfredo y Christos, que puede contactarse a través de la dirección de correo electrónico: smolikas2@gmail.gr

Se pueden efectuar donaciones a la cuenta corriente de Eva, la compañera de Christos:
ΙΒΑΝ, GR0801103590000035978574115. A nombre de: TZIOUTZIA EVANGELIA, de THEMISTOKLIS, especificando: para Alfredo y Christos.
Para enviar cartas de apoyo, dirigirse a:
Alfredo Bonanno y Christos Stratigopoulos.
FILAKES AMFISSAS (Cárcel de Amfissa)
TZAMALA 27,
33100 AMFISSA, GRECIA.


Ensayos de Alfredo María Bonanno traducidos al castellano:

• Autogestión. Campo Abierto Ediciones. Madrid, 1977.
• Anarquismo y elecciones. Editorial Síntesis. Barcelona. 1979
• No podréis pararnos. La lucha anarquista revolucionaria en Italia. (Selección de textos). Ediciones Conspiración y Editorial Klinamen. Barcelona, 2005.
• El placer armado
• La tensión anarquista
• Enfermedad y capital
• Movimiento ficticio y movimiento real
• Destruyamos el trabajo
• Unas breves notas sobre Sacco y Vanzetti
• Nueva vuelta de tuerca del capitalismo
• El proyecto insurreccional
• Crítica a los Métodos Sindicales
• Por una Internacional Antiautoritaria Insurreccionalista

No podréis pararnos. La lucha anarquista revolucionaria en Italia. (Selección de textos). Ediciones Conspiración y Editorial Klinamen. Se encuentra disponible en formato PDF en: http://www.editorialklinamen.org/archivos/libros/nopodreis.pdf
Textos en inglés en:
http://theanarchistlibrary.org/category/collaborative-tagging/alfredo-m-bonanno
Todos sus libros, folletos y artículos, en italiano en:
www.edizionianarchismo.net
Algunos de sus textos también han sido traducidos al alemán, croata, francés, griego, inglés y ruso.

Notas:

(1) Su obra consta de veintitrés libros editados y seis en preparación, además de dieciocho folletos impresos, en conjunto sus textos, versan en torno a la Anarquía, el poder, la religión y, la autonomía individual, entre otros temas. En particular, hace énfasis en el proyecto insurreccional anárquico y su metodología.

(2) Vid, carta de Alfredo Bonanno y Pippo Stasi, al término de la condena. Disponible en: http://alphabetthreat.co.uk/elephanteditions/provocazione/textarticles/gladtoseeyou.txt
(3) L’Impulso, había comenzado a publicarse en septiembre de 1949, como Órgano del Comité Interregional para un movimiento orientado y federado. Vid, Téllez, Antonio. La guerrilla urbana I. Facerías, págs. 273-275. Ruedo Ibérico Ediciones, París, 1974.

(4) Su máximo líder, Pier Carlo Masini, se pasó a las filas del Partido Comunista Italiano. L’Impulso, se publicó hasta abril de 1957, cuando el GAAP se fusionó definitivamente con el “Movimiento della Siniestra Comunista” que tenía su propio órgano oficial “Azione Comunista”. Ibidem. p. 274.

(5) Id.
(6) Cuando hablamos de anarquismos “clásico”, “de transición” y “post-clásico”, tratamos de ofrecer una idea de secuencia y periodización, a partir de las teorías desarrolladas por Rafael Spósito (Daniel Barret), absolutamente necesarias a la hora de analizar el desarrollo del anarquismo, sin que ello implique, como apunta Spósito, que así se agote ―ni mucho menos― la comprensión de sus entramados teóricos e ideológicos.

(7) Téllez, A, Op cit. p. 279.

(8) Bonanno, Alfredo María, A mano armata, Pensiero e Azione -14, Edizioni Anarchismo, Trieste. 2009.