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viernes, 28 de octubre de 2011

Venezuela: del desengaño a la indignación






¡ INDIGNADOS DEL MUNDO, UNÍOS !

Desde el Norte del África musulmana hasta Chile y Grecia se ha extendido la protesta contra el sistema capitalista por toda Europa conmovida por la crisis mundial y las acampadas que hoy llegan al corazón de los EEUU reclamando democracia lo muestran con lujo de detalle sin que los medios privados lo globalicen. Esto nos revela que más allá de la religión y de las banderas políticas no sólo se lucha contra un sistema excluyente que privilegia a una ínfima minoría, sino que esta minoría puede también pertenecer a una casta política identificada en la teoría con postulados revolucionarios, y en la práctica, tener los mismos privilegios que la minoría capitalista y burguesa de las seudodemocracias neoliberales. ¡A poner las barbas en remojo!¿Quién dijo que los indignados viven sólo en países capitalistas? Sin aupar a la derecha de los países sudamericanos, ni fortalecer sus más profundas necesidades de disolver los movimientos revolucionarios que hacen vida en nuestros países, estamos completamente convencidos que dentro de las naciones progresistas existen contradicciones tan profundas y dolorosas que hacen temer una revuelta insólita frente a populares líderes emblemáticos del continente. Esto quiere decir que no hay fronteras para reclamar contra la impunidad, la corrupción, la burocratización, el nepotismo, el clientelismo y demás patologías de los partidos políticos (de izquierdas o derechas) que elevan las banderas de la justicia social y ejercen una “dictadura política” aguas abajo. 

Teóricamente elaboran sendos estatutos y líneas estratégicas que hablan, señalan y critican esto mismo que decimos aquí arriba, pero en la práctica fortalecen viejas conductas partidocráticas estableciendo una dinámica de “cerco” interno y desarrollan impunemente el “secuestro” del partido revolucionario con miembros en sus burós nacionales, regionales y municipales que son exactamente lo contrario de lo que proponen los estatutos y principios mismos del partido.

¿Qué hacer? Indignarse y rebelarse ante esta falsa democracia que elige por cooptación “bates quebrados” como líderes políticos, y excluye de los cuadros medios y altos a los verdaderos revolucionarios campesinos, obreros, estudiantiles. Militantes que han dejado su vida en pos de un ideal quedan rezagados, a la intemperie, marginados, execrados por una cúpula partidista roja rojita (por fuera) pero que en el fondo es más puntofijista que los mismos adecos del pasado. ¿Cómo lo comprobamos? Basta conocer la nómina de los cargos del ejecutivo y el legislativo a nivel nacional. Contradicciones como esta son las que están dejando crecer en el seno de nuestros partidos “revolucionarios” la indignación que va a estallar y será capitalizada por el enemigo y todo ello frente a nuestras narices.

¿Quién duda en Venezuela que en cada Municipio existen y persisten estas y otras contradicciones que hacen de la vida cotidiana un infierno? ¿Chávez ignora este cáncer que hace rato viene haciendo metástasis en el seno del partido que él mismo dirige y preside? ¿Ignoran nuestros más insignes líderes políticos esta terrible realidad interna? ¿Quiénes han asimilado las líneas estratégicas (5) que señalan estas y otras contradicciones ético-políticas? ¿Hasta cuándo vamos a cerrar los ojos o mantener la cabeza enterrada como el avestruz?

Sistemáticamente los “privilegiados” recogen en su entorno a una corte de aduladores en puestos claves del ejecutivo, legislativo, y los demás poderes del Estado. Exhaustivamente organizan su “poder popular” que va a llenar las sillas de los eventos, todos comiendo del gobierno, todos amarrados por las necesidades que tienen para poder vivir.

El Estado se convierte en el Gerente de los Recursos Humanos, y entonces los disidentes, los que critican los que se oponen a las mortales enfermedades morales del sistema ya mencionadas anteriormente quedan sin empleo, sin conexión política, sin poder expresarse y sin poder. Excluidos y desarticulados, ven disolverse ante sus propias narices una oportunidad de cambios profundos. Ven imponerse categóricamente reformas que simulan ir “construyendo” el socialismo de todos los días, pero en verdad ¿qué se está construyendo?

El modelo que debe morir y no termina de hacerlo está matando al modelo que tiene que vivir y no termina de nacer. El cadáver insepulto (de la partidocracia puntofijista) cada día goza de mas buena salud (en la partidocracia “socialista”) de la 5ta república.Lo decimos hoy a un día de la megamanifestación mundial de mañana 15 de Octubre y no creemos haber descubierto el agua tibia. También en Venezuela Bolivariana y Revolucionaria estamos indignados y no tememos defender nuestros derechos y nuestras ideas, como tampoco tememos ser identificados por estos “adecos de rojo” que gobiernan detrás de Chávez, porque nadie nos quita lo bailado. 

Sabemos muy bien que no estamos solos sino DESARTICULADOS , que nos imponen un silencio porque“le entregamos al enemigos armas y recursos”,“no camarada, no es el momento de criticar, estamos en plena campaña electoral”, “esperemos que gane Chávez y después vamos contra los corruptos”, y un rosario de premisas como estas han GASIFICADO al movimiento dentro del partido y viceversa. ¿Dónde están los líderes del partido capaces de aceptar las críticas que desenmascaran las conductas contrarrevolucionarias de los mismos líderes y su entorno?

Indignados también hay dentro de nuestro proceso revolucionario y es tan sonoro su silencio que aturde. Desde lo más profundo de las entrañas del pueblo va creciendo como un terremoto social una fuerza que va a romper las cadenas del despotismo. 

El que tenga oídos que oiga la indignación de los revolucionarios anónimos que pululan en los 335 municipios del país. El que tenga ojos que vea cómo lenta pero ineludiblemente van a acampar en las plazas Bolívar reclamando contra ese 1% de privilegiados convertidos en una casta social controlando todos los tentáculos del Estado, del poder, de los poderes.

Va a llegar el momento en que la realidad va a poner en la misma balanza oficialismo y oposición y sin medir en las aparentes diferencias “ideológicas” romperá el dique de la tolerancia y no habrá enfermedad de Chávez que frene, y no habrá elecciones presidenciales que pare, y no habrá “momentos históricos” que posterguen más la protesta de una comunidad organizada de indignados socialistas contra los vicios capitalistas dentro del partido, de las instituciones, gobiernos y Estado y funcionarios que en la práctica siguen fortaleciendo la CONTRARREVOLUCION.

La rebelión que hoy vemos en la tele en Chile, España, Bélgica, EEUU, Canadá, Grecia, Bolivia, y otras ciudades del planeta no deben ser “criminalizadas” por el Estado y su gobierno de turno y los medios. Estas rebeliones pueden degenerar en guerra civil como en Palestina, Libia, Siria, Yemen, y lo que ocurre solapadamente en México y Colombia con el “narcotráfico”, guerras civiles administradas por los gobiernos neoliberales para sostener la impunidad y toda clase de injusticia social.

Aquí en Venezuela ya vivimos un “27 de Febrero de 1989” contra la impunidad dentro de un gobierno neoliberal liderado por los corruptos de la 4ta República, bueno que no nos extrañe ver en un futuro no lejano otro levantamiento contra la impunidad y el nepotismo, la corrupción y el despotismo, el burocratismo y el reformismo de nuestro propio gobierno caminando (o cojeando) hacia el socialismo.

La indignación es una rabia interna que va cobrando fuerza y que no nos vengan a decir que todo es producto de la CIA, el Pentágono y el FBI, que desde luego capitalizan, infiltran y aprovechan y sacan el mejor partido de toda revuelta mundial, también es cierta la INDIGNACIÓN global frente a la realidad que dolorosamente tenemos que soportar a diario en nuestra vida cotidiana más allá de las banderas ideológicas, políticas religiosas económicas y sociales. Nada. Hay descontento hay frustración, hay indignación y repetimos que no hay fronteras para este sentimiento que se vuelve cada día más global y planetario. Sabemos que muchos tomarán esta y otras reflexiones como argumento para confundirnos con “cruzatalanqueras”, “escualidismos”, y demásnombres con la intensión de ESTIGMATIZAR nuestra critica. Que no nos extrañe que sean los mismos “camaradas”, “compatriotas” y “compañeros” de lucha los que sientan en el fondo que le están tocando la yaga que duele, los perros que ladren…Nosotros repetiremos las palabras de Don Quijote: “…ladran los perros Sancho, señal que cabalgamos!”. Finalmente los proletarios del mundo hoy son los indignados y por eso convocamos a la unión global contra los privilegios de una minoría (de izquierda y de derecha). Y que los escuálidos no vayan a confundirnos nosotros sabemos muy bien que ellos fueron durante más de medio siglo la casta privilegiada del neoliberalismo venezolano. Que hoy se hayan infiltrado dentro del proceso es un problema interno a resolver antes de que sea ya demasiado tarde. 


¡Indignados del mundo: uníos!
¡Venceremos!

Autor: Mario Forti

viernes, 10 de junio de 2011

El retorno al pragmatismo “socialista” de los 70: De la guerra de Vietnam al culebrón venezolano

Me gustaba la literatura pasada de moda: latín de iglesia, libros eróticos ignorantes de la ortografía, novelas de nuestras abuelas, cuentos de hadas, libritos infantiles, viejas óperas, estribillos bobos, ritmos ingenuos.

Arthur Rimbaud

La década de los 70 del siglo XX fue, sin que quepan dudas al respecto, la de mayor expansión stalinista; no sólo en términos de territorios gobernados por esa invocación sino también en aquellos otros más etéreos pero igualmente importantes que guardan relación con una maciza influencia intelectual. No es extraño, por lo tanto, que la misma se recuerde con devoción por parte de quienes ven en ella el escenario privilegiado de realizaciones y promesas que luego sufrieran una drástica y dolorosa interrupción. Es sabido, sin embargo, que no es posible volver atrás y ni tan siquiera recuperar en un contexto distinto y con décadas de retraso aquel elemento del pasado evocado con mayor nostalgia. No obstante, es exactamente eso lo que celebraba y proponía Atilio Borón hace cinco años en polémica librada con Luis Hernández Navarro a propósito de las evaluaciones que les mereciera el Foro Social Mundial (FSM) realizado en Caracas en enero de 2006: “Hernández Navarro manifiesta su preocupación porque, según su entender, en el Foro prevaleció la propaganda anti-imperialista ortodoxa sobre la heterodoxia propia de las anteriores ediciones del FSM. ‘El pensamiento de izquierda de los setentas’, asegura, ‘ha renacido y se está comiendo otras expresiones del pensamiento crítico’. […] qué tiene de malo el renacimiento del pensamiento de izquierda de los setentas. ¿Que se ‘coma’ a otras expresiones del pensamiento crítico? Si se las pudo comer debe ser porque no eran tan rigurosas y críticas como se suponía, o porque carecían de esa capacidad para ‘abrir nuevos horizontes’ emancipatorios como muchos pensaron. Por otra parte, si la reinstalación de temas como el estado, el poder, el imperialismo y el socialismo son obra de la izquierda setentista pues, ¡enhorabuena!, porque se trata de asuntos que jamás debían haber sido postergados y que, al hacerlo, lesionaron gravemente la capacidad de los movimientos contestatarios para luchar eficazmente contra sus enemigos.”[1] De tal modo, Borón nos anunciaba en sus propios términos el revival de la izquierda stalinista en su versión de los años 70 del siglo XX, animado tangencialmente en América Latina por la “revolución bolivariana” y complementado a nivel mundial por cosas tan curiosamente significativas como los triunfos y accesos gubernamentales en Nepal y en Chipre o la exótica proclamación del poder soviético en dos aldeas estonias.[2] Y no se trata de desmerecer la importancia de los temas en los que Borón se justifica –el Estado, el poder, el imperialismo y el socialismo– sino de proclamar que éstos no pueden tener ya la misma formulación que tuvieran décadas atrás dando a problemas nuevos soluciones viejas y a las preguntas de hoy las respuestas de antaño. En este sentido, el revival stalinista bien puede ser calificado desde el inicio como un movimiento teórico-político regresivo.

A todo esto, sólo cabe continuar este desarrollo respondiéndonos antes cuál es exactamente el elenco de este revival; al menos en el campo latinoamericano o, cuando mucho, en los algo más vastos territorios de las lenguas ibéricas: operación evidente por sí misma, pero que nos permitirá precisar sin mayores objeciones el campo de protagonismos cubiertos por el presente análisis. Una definición puramente nominal nos diría entonces que allí revistan los residuos orgánicos del bloque soviético –los viejos partidos “comunistas”, para ser más claros–, increíblemente algunas fracciones del trotskismo[3], la proclamada pero no practicante herencia de las guerrillas guevaristas hoy nucleadas en el Encuentro Conosur[4], los remanentes más o menos exóticos del maoísmo y aquellas variedades a las que cabría calificar de proto-stalinistas; y todo ello sin que falten a la cita algunos cultores “antediluvianos” del stalinismo puro y duro, en deslumbrado recuerdo de sus próceres, como Enver Hoxha.[5]Obviamente, nos estamos refiriendo a las distintas denominaciones del leninismo stalinista. Habrá que decir, entonces, que por stalinismo entendemos muy sintéticamente a aquella derivación (o “desviación”, según algunos teóricos trotskistas) del marxismo-leninismo que se concretó fundamentalmente en tanto práctica orientada a la conquista del poder por parte de una hipotética vanguardia clasista organizada en un partido jerárquico y centralizado de “revolucionarios profesionales” que luego será monopólico y excluyente incluso de las fracciones internas; un partido pensado para monitorear las aproximaciones sucesivas hacia la conquista del poder por medio de estrategias de “acumulación de fuerzas” en torno al “enemigo principal” y una conquista del poder entendida como la instauración de una “dictadura del proletariado” y ésta a su vez como el preámbulo inexorable y como condición imprescindible de una construcción “socialista” que siempre hubo de consumarse a través de la estatización y la planificación centralizada.[6] Esta concepción fue la que sucumbió sin recuperación posible en esos pocos años que –tratando de situar tentativamente un comienzo y un final– van entre la asunción de Gorbachov al frente del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y la propia desaparición de la URSS; y ésa es la concepción que hoy se pretende reanimar como si la crisis sólo hubiera dado por tierra con la casa matriz pero sin haber rozado en nada a sus múltiples y variadas derivaciones.

Uno de los grandes problemas del revival, sin embargo, es que el propio Stalin resulta inseparable de la casa matriz; algo que es inocultable para aquellos resucitadores que no pueden menos que apelar a la gesta originaria para su eventual oxigenación. Y es por eso que todas sus apelaciones tienen el inconfundible aroma del movimiento nostálgico. Es así que no puede encontrarse otra cosa que la monótona repetición de los esquemas de origen, como cuando Raúl Calvo Trenado afirmaba sin demasiados rubores y con ejemplar sinceridad: “Quedaba definitivamente asentado el concepto de partido como vanguardia organizada a la conquista del poder desenmascarando las tendencias conciliadoras y oportunistas que habían convertido los partidos socialdemócratas en máquinas electorales que representaban (si acaso) al proletariado para jugar a la negociación parlamentaria cuando el electoralismo debe ser utilizado sólo cuando interese como caja de resonancia.” (subrayados nuestros). Y lo hacía, para colmo, en el contexto de un artículo que hasta en el título recurre a una metáfora completamente extemporánea y con casi un siglo de retraso; como si las revoluciones del futuro debieran ser entendidas una vez más como el asalto de aquel Palacio de Invierno que de por sí ya funciona como una figura retórica poco lograda sobre la naturaleza del poder.[7]

Para Calvo se trata de comenzar de nuevo el mismo ciclo desde su más lejano comienzo sin reparar demasiado en condiciones históricas abrumadoramente diferentes ni tampoco en el fracaso apabullante de la experiencia previa: otra vez más se contemplará el mundo a la vista del Palacio de Invierno; errática pero eficaz metáfora de la toma del “poder político”. Borón, algo más prudente y quizás hasta “posibilista”, se encarga de “actualizar” el desfase y se conforma con el retorno de la izquierda de los 70.[8] Sin embargo, la lógica del revival es la misma y, si en aquel entonces, la función emblemática de las inminencias “socialistas” fue cumplida a satisfacción plena por la guerra de Vietnam, ahora ese papel se le asignará al culebrón venezolano liderado por el “comandante” Hugo Chávez y conocido como “revolución bolivariana”..

En efecto, la guerra de Vietnam fue el símbolo revolucionario más fuerte y más representativo de los años 60 y 70 del siglo pasado y no hay duda que el retiro de las tropas norteamericanas admitió en su momento ser interpretado no sólo como una derrota ocasional sino prácticamente como el final de sus insolencias belicistas y como el correspondiente comienzo del triunfo “socialista” a nivel mundial. Aquel heroico pueblo del sudeste asiático se batió sin medias tintas con la principal potencia militar de la época –que casualmente sigue siéndolo todavía en el siglo XXI– y se consumó como el ejemplo a emular por la izquierda revolucionaria en estas latitudes latinoamericanas: “crear dos, tres, muchos Vietnam es la consigna” decía Ernesto “Che” Guevara en su Mensaje a la Tricontinental de abril de 1967 y ése fue el horizonte de su propia inmolación. La “revolución bolivariana”, mientras tanto, no es vista exactamente como su réplica textual pero sí se le adjudica una función similar: constituirse en estas latitudes latinoamericanas en el vector de vanguardia en el derrumbe y la sepultura de los Estados Unidos y, por ende, en tanto la antesala del “socialismo”; un “socialismo” que ya no se reconocerá estrictamente como leninista en cuanto a sus invocaciones teóricas básicas sino que habrá de presentarse como el “socialismo del siglo XXI”.


La conducción de la “revolución bolivariana”, tal como se ha insinuado, no es leninista; y no sólo no lo es por descuido sino que no lo es expresamente y por deliberada convicción. No obstante ello, lo interesante del caso es que concita en torno suyo las expectativas leninistas de casi todos los pelos y casi todos los colores. Esto ha sido así por cuanto las reflexiones leninistas propiamente dichas la perciben, entre otras cosas, como la superación de una situación previa en el campo popular que producía urticaria a los sobrevivientes de la concepción difunta. Veamos lo que nos recetaba Claudio Katz, en el marco de su arremetida contra el “autonomismo”: “Desde mediados de los 90 la prédica autonomista tiene buena recepción en América Latina. Sus teóricos son atentamente escuchados y sus propuestas prácticas despiertan gran interés. Pero este escenario ha comenzado a cambiar con la aparición de nuevos gobiernos nacionalistas y de centroizquierda. El ascenso de Lula, Kirchner y Tabaré, el afianzamiento de Chávez, el resurgimiento de Fidel y la gravitación de López Obrador modifican el cuadro que favoreció la expansión de las tesis libertarias”[9]¡Más claro, imposible! El “autonomismo” latinoamericano volvía a agitar los viejos fantasmas que tanto preocuparan al autoritarismo “comunista” –el anarquismo, el consejismo, el extraparlamentarismo– y entonces el antídoto no puede elaborarse en otro laboratorio que no sea el de la toma del poder del Estado y el ejercicio del gobierno. Y, al igual que lo que ocurría con Borón, para Katz también se trata de satirizar y de anular las experiencias renovadoras –reunidas arbitrariamente todas ellas bajo el rótulo de “autonomismo”– con la mira puesta en la recuperación de las estrategias de la izquierda setentera: “La izquierda puede retomar el legado de los 70 si reconstituye su proyecto socialista”.[10] Parece ser que el legado irrenunciable al que Claudio Katz apela y llama a rescatar de manera puntual, no es otro sino el fatídico pragmatismo “socialista” que caracterizó a los años setenta, justificando las más infames traiciones en nombre de “la razón de Estado” en el contexto de la denominada “Guerra Fría” como telón de fondo. Todos los indicios apuntan a que ese pragmatismo “socialista” cobra vida en nuestros días en la Venezuela “bolivariana”.

Repitámoslo: la conducción de la “revolución bolivariana” no es leninista, pero alcanza y sobra con su consolidación en la titularidad del Estado, con una tenaz y “amenazante” prédica “anti-imperialista” de su parte y con proclamar su intencionalidad “socialista” para que casi todos los leninistas de tomo y lomo la contemplen de allí en adelante ya no con indulgencia sino con especial embeleso y como la consumación de los vaticinios más reiterativos de su recuperado determinismo histórico. La “revolución bolivariana” será así, a falta de algo mejor, la expresión y la reactualización “realmente existentes” de la izquierda setentera y el Vietnam de los comienzos del siglo XXI. Ha llegado el momento, pues, de aproximarnos al culebrón venezolano, al pragmatismo del “socialismo del siglo XXI”; y nada mejor que comenzar con un somero repaso de los argumentos de sus amanuenses más comprometidos. Empecemos, entonces, con Albert Escusa, uno de los más acérrimos defensores del revival del pragmatismo “socialista”

Albert Escusa se cuida celosamente de reconocerse como stalinista stricto senso y bien podría ser clasificado como uno de los más notorios exponentes de lo que hemos denominado “cripto-stalinismo”; incluso aunque ocasionalmente muestre cierta “preocupación” por desmarcarse de alguno de los más notorios tics de dicha concepción. Ello no le impide rendirle el tributo correspondiente a una de las piedras miliares del stalinismo: el pragmatismo “socialista” y es así que nos dice lo siguiente en alusión a la cobarde deportación de Joaquín Pérez Becerra: “En el caso de la deportación de Joaquín Pérez encontramos unas motivaciones similares a otros procesos revolucionarios que se han visto obligado a firmar tratados internacionales desiguales y humillantes realizados bajo la presión injerencista, las amenazas y chantajes, y a veces, desgraciadamente, sin que ni siquiera puedan mediar tratado legal alguno que ampare tales medidas, injustas desde el punto de vista humano y legal, pero quizás inevitables desde otros aspectos que pudieran ser infinitamente más importantes. Afirmaciones del estilo «una revolución nunca debe hacer tal o cual cosa» son muy bonitas ante la galería pero no ofrecen soluciones concretas ante los problemas reales, como tampoco aquella famosa ley que dice que «no se pueden transigir con los principios»: ¿a qué se consideran «principios», a la protección individual de una persona sobre el interés del pueblo de Venezuela o a la protección de este mismo pueblo ante una coyuntura nacional e internacional muy dura? Lamentablemente, muchas veces hay que escoger entre una opción u otra” (subrayados nuestros). Para remate enmarca estas afirmaciones en un artículo que desde el comienzo –en el propio título– ya apela a las descalificaciones a priori, dando por hecho que todo aquel que se atreva a cuestionar las decisiones tomadas por “los dirigentes que los pueblos reconocen legítimamente como suyos” es portador de una “doble moral” e ipso facto se ubica en el seno de “la izquierda bienpensante”. Pero, en el mismo texto, Escusa se excusa y sitúa el revival del pragmatismo “socialista” en su justo territorio: “la década de 1970”.[11] Desde allí intenta satanizar e invalidar las críticas revolucionarias y las somete bajo un mismo rótulo, quedando todas agrupadas caprichosamente como “doble moral de la izquierda bienpensante”, en evidente recuperación del pragmatismo “socialista” del stalinismo setentero.

En el desafortunado artículo, Escusa aprovecha y, de paso, ratifica –con la misma óptica maquiavélica–, la justificación de incontables traiciones del gobierno cubano a luchadores revolucionarios en el transcurso de la “incuestionable” conducción del ex presidente Fidel Castro y nos receta en cuatro apretados renglones, a manera de sentido mea culpa, la oprobiosa extradición de casi un centenar de luchadores revolucionarios: “Recordemos cuando, a finales de la década de 1970, el gobierno cubano, acosado por una campaña internacional que lo acusaba de complicidad con el terrorismo, decidió extraditar a todos los que secuestraban aviones por motivos políticos y los dirigían hacia La Habana: tales secuestros finalizaron en el acto.”[12] De un plumazo evita entrar en detalles, no nos ofrece números y elimina nombres, rostros, historias… Sin embargo, consideramos importante, justo en este momento y ante los reiterados ejemplos de pragmatismo “socialista” ahora ejecutados por el gobierno bolivariano de Venezuela, recordarle a Escusa y cía., el lamentable derrotero de tortura y cárceles sufrido por aquellos combatientes por la libertad gracias a ese pragmatismo “socialista” que él con tanto ahínco defiende.

Bastaría entonces con presentar el caso del compañero Lorenzo Kom’boa Ervin, luchador afroamericano ex Panteras Negras, que desviara un avión a Cuba el 25 de febrero de 1969 al ser buscado por el FBI por sus actividades revolucionarias, preso en la Isla y deportado a la extinta Checoslovaquia donde “extrañamente” fue localizado por agentes del FBI, arrestado y extraditado a Estados Unidos de Amerikkka; allí recibió un juicio racista en una localidad perdida del estado de Georgia y fue condenado a cadena perpetua. Tras una intensa campaña internacional de la “izquierda bienpensante” –esa que no quiere “salirse de lo políticamente correcto, del izquierdismo de apariencia radical pero desprovisto de esencia real”.–y por motivos de enfermedad, sería excarcelado 15 años después. Otro caso notorio –por lo obsceno de su esencia– sería el de los luchadores mexicanos “refugiados” en Cuba y el nefasto rol jugado por el castrismo castrense en contubernio con la dictadura del “Revolucionario Institucional”. Las famosas “recogidas” y los traslados a la Isla de la Juventud de estos revolucionarios cada vez que el asesino de Tlatelolcovisitaba la Isla y era recibido y alabado como “compañero Luis”. Cabría reseñar, además, los reiterados “castigos” a los indomables que se negaban a ser cómplices de esas “vacaciones” pactadas y hacían hasta lo imposible por salir de Cuba e incorporarse a la lucha. Tal es el caso de Alberto Sánchez y sus compañeros de la Liga de los Comunistas Armados de Monterrey –miembros después de la flagelada Liga Comunista 23 de Septiembre–, quienes desviaron en 1972 un avión de Mexicana de Aviación a La Habana, exigiendo que los acompañara la compañera Edna Ovalles, herida y presa por las autoridades mexicanas, junto a otros seis desaparecidos. Al llegar a La Habana fueron sometidos a juicio militar en la prisión de La Cabaña y enviados a realizar trabajos forzados en Valle de Picadura junto a viejos comunistas y revolucionarios de la lucha contra la dictadura de Batista, presos y castigados por “disidentes”. La odisea de estos revolucionarios y sus intentos de abandonar la Isla para continuar la lucha, involucraría a Hilda Guevara –hija del fallecido “Che” Guevara y, para esas fechas (1973), esposa de Alberto Sánchez– por lo que se le negaría primero, la actualización de su pasaporte en la embajada mexicana de La Habana y, después, la salida de la Isla. Así podríamos continuar relatando la historia de la infamia y enumerando una nutrida lista de sucesos similares como la ignominiosa entrega a las autoridades españolas –que el mismo Escusa cita– de miembros del “Comando Aralar” de ETA, refugiados en la embajada cubana de Madrid en noviembre del año 2000. Pero esto también tiene excusas para Escusa, porque si no se acalla toda esta afrenta puede ponerse “en peligro las relaciones bilaterales entre dos países y [con ello] cause un grave daño a la revolución y al pueblo de Cuba”.

Para Albert Escusa la detención y extradición de Joaquín Pérez Becerra; la encarcelación y deportación de los guerrilleros colombianos Nilson Navarro, Priscila Ayala Mateus, Oswaldo Espinosa Barón, Carlos Julio Tirado y Carlos Duban Pérez –a quienes reconoce como “desafortunados”–; y, seguramente, la detención y probable extradición de Julián Conrado, “como máximo” debe ser calificado de “triste error político”[13]. Punto y se acabó ¡Fin del tema! Sin duda, pésima parodia de la guerra de liberación vietnamita, de las pifias de la revolución cubana, del “comunismo de guerra” y hasta de la Nueva Política Económica (NPE), la “revolución bolivariana” se consume entre desplantes mesiánicos, traiciones, parasitismo estatal y corrupciones por doquier, un proyecto que avanza a golpes de caprichos e improvisaciones y cuyo rostro más deleznable en términos estructurales consiste en la apresurada formación de una nueva élite dominante a la que con acierto se ha dado por llamar “boliburguesía”. Pero ejerce el poder político centralizado, la teatralización y la promesa; todo lo cual parecería bastar para continuar provocando el acompañamiento solidario así como justificar el revival del pragmatismo stalinista y hasta su razón de ser: un entusiasmo no carente de de oscilaciones dignas de un electrocardiograma y de contradicciones en las que habrá que reparar necesariamente para registrar a cabalidad la situación.

Pero estos “desastres” no tienen por qué parecer raros puesto que el problema no radica en los sucesos de superficie sino en las propias bases tácitas o explícitas de razonamiento y elaboración. En efecto, la trasposición mecánica, caprichosa y arbitraria de los rasgos de un ciclo histórico que ya concluyó junto con sus protagonismos, nociones e instrumentos básicos, no puede dar lugar a otra cosa que a un desbarajuste irresoluble de aparentes contrasentidos como éste que nos ocupa. Se trata de los nuevos apóstoles del stalinismo contra los sobrevivientes, pero siempre girando en torno a la disputa del poder absoluto o de las parcelas y migajas que quedan libradas al juego político correspondiente a la orilla del camino. En definitiva, si hay algo que es ajeno a todo esto, eso es nada menos que el problema y el drama de la libertad y del socialismo; esos acertijos fundamentales que siempre espantaron (y espantan) al stalinismo y que el leninismo no supo resolver en el tramo histórico que le correspondió como suyo y que menos podrá hacerlo repitiéndose a sí mismo en los patéticos espasmos del extemporáneo revival del pragmatismo “socialista”. Sea como sea, los años 70 ya no volverán y no admiten segundas versiones: en este marco sólo podemos esperar y sufrir la estética decadente del culebrón venezolano[14] y que éste nos muestre a todas luces sus radicales inconsecuencias y las flagrantes condiciones de imposibilidad de su pleno despliegue.

Gustavo Rodríguez

San Luis Potosí

A 3 dejunio de 2011



NOTAS:

[1] Los comentarios de Atilio Borón a las opiniones de Luis Hernández Navarro están contenidos en “El Foro de Caracas: la otra mirada”, recogido en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=27284. Estas disquisiciones de Borón no deberían resultar extrañas a todos cuantos conozcan el papel de guardián del templo que éste se ha asignado frente a todo cuanto huela vagamente a novedad. Para comprobarlo, ver también "¿Posmarxismo? Crisis, recomposición o liquidación del marxismo en la obra de Ernesto Laclau", en Tras el búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo; CLACSO y Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires-México, 2000

[2] “Dos aldeas estonias proclaman el restablecimiento del Poder Soviético” en la dirección http://www.kaosenlared.net/noticia/dos-aldeas-estonia-proclaman-restablecimiento-poder-sovietico.

[3] Salvo honrosas excepciones –como es el caso de LIT-CI, la FT-CI y algunos connotados intelectuales que se reivindican de esta tendencia– encontraremos con sorprendente frecuencia un grado extremo de cripto-stalinismo al interior de las diversas y numerosas microfracciones trotskistas; esta aparente incongruencia puede quedar aclarada si nos remitimos a la matriz del trotskismo: la teoría leninista.Poco importa, entonces, que en ocasiones, los textos escritos por Lenin contradigan los hechos que generó; poco importa, por ejemplo, que Vladimir Ilich no hubiera teorizado realmente sobre el “partido único” sino el cuadro organizativo que resultó de su actuación. Siendo así, debe entenderse en este contexto por “teoría leninista” no al conjunto de sus trabajos escritos sino a la elaboración conceptual sedimentada con posterioridad a su muerte y justificada en los hechos históricos que protagonizó; un sedimento del cual, naturalmente, aquel conjunto forma parte, incluso con sus flagrantes contradicciones entre deseos y realidades, como aquellas suscitadas a raíz de la imposición de la Nueva Política Económica (NPE), ratificada por el propio León Trotsky en el X Congreso del Partido Comunista Ruso. Ése será para nosotros el “leninismo realmente existente” pero, desde luego, no es el tema que nos ocupa.

[4] El Encuentro Conosur es un espacio de intercambio de organizaciones vinculadas a la lucha armada en el período anterior como el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-Santucho) de Argentina o el Frente Patriótico Manuel Rodríguez de Chile y también de agrupaciones de formación más reciente como Fogoneros de Uruguay. Su constitución se remonta al primer encuentro realizado en Santiago de Chile en octubre de 2006.


[5] Ver, por ejemplo, “1908, Nace Enver Hoxha, líder de la revolución socialista albanesa” en http://kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=50215 y la reproducción del discurso de ruptura del partido de Hoxha con el kruschevismo en http://www.marxists.org/espanol/enver/1960nov.htm.

[6] Repárese en que esta definición está intentando situar al stalinismo fundamentalmente como una práctica política: la de Stalin, por supuesto, y también la de quienes luego se justificaron en él.

[7] Raúl Calvo Trenado en “Sigamos asaltando Palacios de Invierno. 90 Aniversario de la Revolución Rusa”; disponible en http://kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=44453. En otro orden de cosas, reconocemos que se nos puede objetar que muchas de las citas que realizaremos no se apoyan en autores demasiado creativos o relevantes, como es el caso del mencionado Raúl Calvo Trenado. Sin embargo, esto es precisamente un hecho porque la pobreza teórica del revival tampoco permite contar con un bagaje de referencias que sea realmente significativo.

[8] Tan es así que el artículo de Borón le pareció excesivamente tímido a autores como Malime, quien aboga, en su comentario “La otra mirada de Atilio A. Borón”, por una reedición en toda regla de la internacional comunista. Ver. el artículo en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=27445.

[9] La cita ha sido extraída del trabajo de Claudio Katz “Los problemas del autonomismo”, alojado en la dirección http://lahaine.org/index.php?blog=3&p=7650. Dicho trabajo está fechado en mayo de 2005 y es por eso que en la enumeración de gobiernos que han puesto proa hacia una transformación “progresista” no se menciona a los de Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega, Fernando Lugo o la Señora Kirchner ni al candidato Ollanta Humala, mientras que las menciones sí existentes a “los ex presidentes Lula, Kirchner y Tabaré” hoy día no las sostendría como ejemplo de sus dichos ni el propio Katz. El gobierno de Chávez, mientras tanto, es otro tema y de eso es precisamente de lo que estamos hablando.


[10] Claudio Katz en “Centroizquierda, nacionalismo y socialismo”, ubicable en la dirección www.rebelion.org/noticia.php?id=11980.

[11]Albert Escusa en “El linchamiento de Hugo Chávez: Heinz Dieterich, los presos políticos y la doble moral de la izquierda bienpensante”; disponible en http://www.kaosenlared.net/noticia/linchamiento-hugo-chavez-heinz-dieterich-presos-politicos-doble-moral- Somos conscientes que, una vez más, no nos apoyamos en autores demasiado creativos o relevantes pero, como ya dijimos, la pobreza teórica del revival del pragmatismo “socialista” no nos ofrece mayores opciones.

[12]Id. ib.

[13]Íd. Ib.

[14]Qué bien podría intitularse “Muchas gracias amigo, usted lo merece hermano”, como atinadamente nos sugiere Ingrid Storgen.

Publicado en:
http://www.kaosenlared.net/noticia/retorno-pragmatismo-socialista-70-guerra-vietnam-culebron-venezolano

Dietrich y el “socialismo” del siglo XXI

–De la “ultima ratio de la evolución anti-capitalista” a la última Coca-Cola del desierto

No hay nostalgia peor que añorar
lo que nunca jamás sucedió.


Joaquín Sabina

De nueva cuenta Heinz Dieterich Steffan, sale al mercado y trata de vender su formulita: el “socialismo del siglo XXI” y nada mejor que recetárselo a los enfermos crónicos. Si bien tuvo resultado en los “socialismos” debutantes latinoamericanos y logró consolidarlos disimulando el inmenso abismo entreprédica y práctica –la larga e imparable serie de errores que hoy desemboca en la alianza “táctica” del chavismo con el paramilitarismo colombiano–, ahora puede ser bien efectivo para reanimar un muerto: el “socialismo” castrense castrista. Veamos lo que nos dice a manera de diagnóstico, en el marco de sus alabanzas a “la revolución más profunda que Karl Marx contemplaba” y que él identifica en la “Revolución post-soviética, post-castrista (fidelista) o post-Stalin” que lleva a cabo Raúl Castroen la Isla caribeña: “El modelo de transición que Raúl pretende instalar descansa doctrinariamente sobre Oliver Cromwell y Friedrich List, e históricamente sobre las experiencias de China, Singapur y la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin. Es un modelo de transición binario. Solo puede tener dos desenlaces: el capitalismo salvaje o el Socialismo del Siglo XXI”[1] (subrayados nuestros).
Consideramos imprescindible, para profundizar en la concepción dieterichniana de “socialismo del siglo XXI”, echar un rápido vistazo a las ideas contenidas en su libro homónimo. Ahí encontraremos que nos dice lo siguiente: “El conflicto entre los que tienen y acumulan y aquellos que no tienen y son empobrecidos, no se resolverá por teleconferencia y filantropismo de los ladrones globales sino sólo por la conquista del poder” (subrayado nuestro).[2] O, en otras palabras, el problema sí se resolverá gracias a las convocatorias de masas presenciales en la plaza pública para escuchar por tiempo indefinido al mismo orador y también gracias al filantropismo de quienes ostenten el poder; encargados por propia voluntad y libre determinación de desparramar el bien y la justicia en los más alejados confines del planeta. Dieterich además plantea una suerte de inconfesable retorno a aquel punto teórico abracadabrante que se sitúa a una distancia aproximadamente equidistante del optimismo iluminista, del evolucionismo y de un positivismo que no encuentra modo de ocultarse detrás de sus palabras. Así, nos espeta sin anestesia que tanto los adelantos científico-tecnológicos como el conocimiento de “las variables que determinan la evolución de la sociedad” ponen a disposición –ahora sí– el “reino de la libertad” en tanto es posible apropiarse de los dos elementos clave del enigma humano: ¡“su genoma y su sistema neuronal”! De tal modo, un Dieterich regocijado y pletórico de inminencias socialistas, continúa con su derroche de esperanzas: “En la medida en que entendamos científicamente cómo funciona este sistema, su comprensión en términos nebulosos (cualitativos) -como humor, depresión, memoria, trauma, inteligencia, etcétera- cederá el lugar al conocimiento objetivo de sus potenciales y límites, proporcionando las bases para un planteamiento realista sobre las posibilidades de la sociedad futura.[3] El “socialismo” de Dieterich, pues, ya no tiene nada que ver con esos “caprichos” cualitativos y neblinosos que caracterizan a la mente humana sino que bien pueden ser tratados en términos estadísticos y de laboratorio. ¿No tendrá esto algo que ver con aquellos dislates de Lenin en persona cuando asociaba el “socialismo” con la electrificación? No se trata de romper con Lenin, entonces, sino de complementarlo con los últimos adelantos de la ciencia: “¿Quiere decir esto, que lo que Marx, Engels, Lenin y otros socialistas desarrollaron, es obsoleto para la actualidad? ¿Que ya no puede aportar nada su obra? No, por supuesto que no. Sería como afirmar que Newton es obsoleto, porque existe Einstein. Para determinadas tareas de la realidad, las enseñanzas de estos próceres revolucionarios siguen siendo vigentes; pero, para otras nos faltan los Einstein, Planck, Heisenberg y Gell-Mann del socialismo teórico” (subrayado nuestro).[4]
Pero, he aquí que el “socialismo del siglo XXI” que pregona Dieterich no acaba de romper, como sí lo había hecho Marx, con una de las claves del capitalismo: el trabajo asalariado. La concepción de Dieterich sobre el salario queda explicita en los siguientes términos: “En pocas palabras: el salario equivale directa y absolutamente al tiempo laborado. Los precios equivalen a los valores, y no contienen otra cosa que no sea la absoluta equivalencia del trabajo incorporado en los bienes. De esta manera se cierra el circuito de la economía en valores, que sustituye a la de precios. Se acabó la explotación de los hombres por sus prójimos, es decir, la apropiación de los productos del trabajo de otros, por encima del valor del trabajo propio. Cada ser humano recibe el valor completo que él agregó a los bienes o a los servicios.”[5] Aparentemente lo dijo primero Quevedo y es seguro que luego lo confirmó Antonio Machado: los necios confunden valor y precio. Es así que el galimatías de Dieterich nos dice que los valores sustituyen a los precios pero que de todos modos ambos serán equivalentes, de donde se deduce que el fin de la explotación no es mucho más que una justa paga del trabajo; el que, por cierto, no perderá su condición asalariada y, por lo tanto, subordinada a quien realice por la vía y del modo que sea la fijación del monto correspondiente independientemente de que se le llame precio o valor. Esa paga se medirá en horas y da la impresión que esas horas son las formadoras reales de los precios en estricta equivalencia con el trabajo incorporado en los bienes. Así, el “socialismo” de Dieterich no se evalúa según las relaciones de convivencia –una tontería “subjetiva”, al parecer– sino que sólo podrá ser sopesado mediante un cronómetro. ¡Bravo!: ¡que alguien nos proteja de la “ciencia”, que afortunadamente de la ignorancia podemos protegernos solos!
Pero Dieterich tiene bastantes más cosas que decirnos sobre el “socialismo” del siglo XXI: “Hoy, como en el siglo XIX, la superación del subdesarrollo en condiciones de una economía global neocolonial, sólo es posible con la estrategia de desarrollo proteccionista empleada por Alemania y Japón; después por los tigres asiáticos y en América Latina, por Cárdenas, Perón y Vargas. Esto con una diferencia vital: ya no se puede aplicar sólo a nivel nacional. El espacio mínimo para su exitosa implementación es un mercado y un Estado regional que pueda defender ante Estados Unidos y la Unión Europea el bloque proteccionista latinoamericano que permitirá el desarrollo de sus industrias, el rescate del campo, la conservación de sus recursos naturales, el fomento de las ciencias y tecnologías de punta y la defensa de una identidad propia.”[6] Dicho en otros términos, la estrategia de construcción del “socialismo” del siglo XXI –sobre todo teniendo en cuenta las familiaridades históricas que es posible trazar en esta región del mundo– no es otra que la de los conocidos populismos del siglo XX; los mismos que casualmente compartieran la inspiración provocadora de las políticas de “liberación nacional”, refrendadas por el Congreso del PCUS de 1956 y una vez superado el período correspondiente a los frentes anti-fascistas.[7] Y el hecho de que Dieterich nos hable de un “Estado regional” y no del Estado-nación cambia poco y nada las cosas pues el proyecto populista de alcance continental también era parte de las orientaciones de la época; muy particularmente en lo que respecta al general Juan Domingo Perón.
Estas disquisiciones de Dieterich en realidad no hacen más que introducirnos a su propuesta política en tiempo presente. Por lo pronto, es importante destacar que el “socialismo” no es otra cosa que una promesa a cumplir en un futuro impreciso: “Plantear la implantación del socialismo regional hoy como alternativa a la balcanización o la anexión neoliberal a Estados Unidos, no sería más que un deseo. Porque es evidente, que un proyecto político sin programa y sin sujetos sociales, es una quimera.” (cursiva en el original)[8] ¿Y cuál es el dichoso programa?: “(El) Capitalismo proteccionista de Estado”; nos contesta Heinz, entusiasmado.” Lo cual se fundamenta de este modo: “La única estrategia de desarrollo que en la historia moderna ha sido exitosa para salir del subdesarrollo neocolonial (…). Esta estrategia fue inventada por el país de la revolución industrial, Gran Bretaña, a finales del siglo XVIII. Los alemanes –que vieron de cerca el avance de la industria, prosperidad, ciencia y poder inglés– temieron convertirse en un país subdesarrollado y una neocolonia económica de Inglaterra y, para impedirlo, copiaron la estrategia del capitalismo proteccionista de Estado para convertirse pronto en la tercera potencia mundial. Cincuenta años después, los japoneses, quienes corrieron el mismo peligro que los alemanes, adoptaron la estrategia inglesa-alemana y se transformaron en la segunda potencia del mundo. En este siglo, los ‘tigres asiáticos’ siguieron el mismo ejemplo y con ello, superaron el subdesarrollo, la miseria y la dependencia.” (cursiva en el original)[9] O, más aún: “Una economía nacional moderna en América Latina sólo es viable si se sustenta sobre cuatro columnas estructurales o polos de crecimiento: 1. las pequeñas y medianas empresas (PYMES); 2. las corporaciones transnacionales nacionales (CTN); 3. las cooperativas y 4. las empresas estratégicas del Estado. Esta verdad debe constituir el punto de partida de toda teoría y planificación económica en América Latina. Sin embargo, el tema es tabú porque contradice los intereses de Washington, de Japón y de la Unión Europea.”[10] La claridad de Dieterich es rotunda y sólo los ingenuos parecen no haberse percatado: el “socialismo del siglo XXI” no es más que un largo peregrinaje que termina no en la apropiación colectiva de los recursos productivos sino en un trabajo asalariado “justamente” retribuido y comienza –conquista del poder mediante, aunque ya ni siquiera en manos del “partido del proletariado”– por las políticas del “capitalismo proteccionista de Estado”; la consabida estación transicional de la cual nunca se sabe muy bien cuánto habrá de durar ni cómo se habrá de salir.
Si, en los hechos y según su principal expositor, el “socialismo del siglo XXI” ha quedado reducido en sus comienzos al “capitalismo proteccionista de Estado”, su realización más estridente en la Venezuela bolivariana no resulta ser mucho más que su grotesca caricatura. En efecto, el gobierno del “comandante” Hugo Rafael Chávez Frías no ha demostrado ser más que una parrafada de impronta militarista que, ampliamente favorecida por la acumulación financiera procedente de los altos precios internacionales del petróleo y luego de un oportuno aprovechamiento del descalabro del sistema de partidos venezolano, supo mantener su atractivo electoral y su predicamento “izquierdista” fuera de fronteras a partir de políticas de corte asistencialista sabiamente sazonadas con una estruendosa retórica “anti-imperialista” y una limitada y polémica pero innegable proyección continental de su liderazgo.
La retórica “anti-imperialista” de la ópera bufa “chavista”; sustituye en el plano emotivo a las realizaciones propias del “capitalismo proteccionista de Estado”. Porque ¿de qué “capitalismo proteccionista” puede hablarse en un país que se ha mostrado especialmente generoso con la inversión extranjera, que ha transformado en sociedades mixtas aquello que ya estaba nacionalizado y cuyo principal socio comercial es precisamente Estados Unidos?[11] ¿qué “capitalismo proteccionista” es éste que no tiene ninguna estrategia productiva reconocible y que ni siquiera ha accedido a niveles razonables de sustentabilidad alimentaria o diseñado políticas de promoción industrial que le permitan reducir su alta dependencia de las importaciones? ¿qué “capitalismo proteccionista” puede ser el de un país que sufre los embrujos de varios mega-proyectos delirantes y que no obstante sólo se ha mostrado especialmente diligente en términos de una inversión concreta cuando se trata nada menos que de la modernización tecnológica de sus fuerzas armadas? En Venezuela no hay, entonces, ni siquiera el “capitalismo proteccionista de Estado” que ha pergeñado Dieterich como el comienzo de la larga marcha hacia el “socialismo” del siglo XXI, pero sí hay a cambio un “anti-imperialismo” declamatorio que ha colocado a Chávez como paladín de un enfrentamiento de tonalidades apocalípticas aunque no sea más que en el plano verbal mientras en los hechos se presta a hacer el trabajo sucio y a extender el Plan para la Paz, la Prosperidad y el Fortalecimiento del Estado (vecino), mejor conocido en la región como Plan Colombia. Eso, hoy por hoy, lo reconoce hasta el propio Dieterich.
Pero desde la óptica dieterichniana lo importante no es la imposible exhibición de logros “socialistas” en la trayectoria “revolucionaria” sino esa insólita reputación con categoría de espejismo que intenta transformar al “socialismo del siglo XXI” en la nueva puesta en marcha de la historia hacia su destino manifiesto. Entonces, si desde fines de los 80 del siglo pasado la debacle del “socialismo real” sumió en el mayor de los desconciertos a esos vastos contingentes de izquierda que en él depositaban con entusiasmo o de mala gana su fe en el futuro, el “socialismo del siglo XXI” no podía dejar de funcionar como una recuperación y un renacimiento de esa imperiosa necesidad de creer.
En tal sentido, Dieterich reconoce en la Isla de los hermanos Castro a un cliente potencialmente urgido. El discurso “socialista” del gobierno de La Habana ha agotado su credibilidad. El fin del proteccionismo de Estado decretado en el recién concluido VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, cambia de manera radical las reglas del juego. Los drásticos límites al ya precario “asistencialismo”; la reafirmación de la explotación asalariada –ahora, además, desde el sector privado–; la creciente inversión extranjera –que ha convertido en sociedades mixtas a muchas de las empresas nacionalizadas desde la década del 60–; y la ausencia de una estrategia productiva que al menos pudiera concretar la sustentabilidad alimentaria o disminuir la dependencia de las importaciones, ponen grotescamente de manifiesto los próximos pasos de la conducción “raulista”. En efecto, el camino está trazado. No es casual el veredicto dieterichniano: “Raúl Castro se encuentra, quiera o no, en el papel histórico de Deng Tsiao Ping, de tener que superar la crisis terminal del modo de producción soviético, so pena de colapso de la Revolución. No cabe duda, que Raúl es el único en la isla que puede realizar esa tarea. Es un revolucionario y comunista que tiene la audacia y el pragmatismo necesarios para salir de la dramática situación de precolapso del sistema. Y es el único que tiene suficiente poder para reemplazar el modo de producción soviético. Pese al idílico discurso oficial sobre reformas y profundización del socialismo, la verdad cubana es clara y excluyente: O es Raúl Castro, o es un Gorbachev con apellido cubano.” Justo antes de emitir su juicio, Dieterich se esmera y hace verdaderos malabares dialécticos para justificar el viaje en círculo: “El Partido Comunista de China evitó ese fin [en referencia al final del “socialismo” soviético] mediante la política de “apertura y reforma” (1978), conducida por el veterano de la Larga Marcha, Deng Hsiao Ping. Sobre la base de los grandes logros del periodo de Mao Tse Tung, ese modelo de transición ha sido muy exitoso. Combina elementos del sistema soviético de planificación protosocialista y del monopolio de poder político unipartidista, con mecanismos económicos del capitalismo. El resultado es una configuración de dualidad de poderes, que es dinámica e inestable. Se trata de poderes antagónicos temporalmente obligados a coexistir en una fase de acumulación de fuerzas. Como en Cuba, no se sabe el desenlace final de esta transición. Pero, a diferencia de Moscú, el modelo evitó el estrepitoso colapso del sistema y le proporcionó al Partido Comunista una moratoria histórica”[12] (subrayado nuestro). Como es obvio, desde la perspectiva de Dieterich lo importante no reside en el fortalecimiento de las autonomías sino en el monopolio del poder político: la clave de bóveda de la construcción “socialista” del siglo XXI. Cuba, sin que quepan dos opiniones al respecto, posee más de medio siglo de experiencia en el tema. Dieterich sabrá venderle la última Coca-Cola del desierto.

Gustavo Rodríguez

San Luis Potosí

A 6 de junio de 2011 .

NOTAS:

[1]Ver. Heinz Dieterich Steffan,La Revolución de Raúl Castro; disponible en:http://www.kaosenlared.net/noticia/la-revolucion-de-raul-castro

[2] Ver. Heinz Dieterich Steffan, El socialismo del siglo XXI, pág. 11 (edición en pdf, disponible en algún momento en la página web www.rebelion.org)
[3]Ibíd.; pág. 27.

[4]Ibíd.,; pág. 38.

[5] Arno Peters, de acuerdo a la mención realizada por Heinz Dieterich en Op. Cit., pág. 40.
[6] Heinz Dieterich; Op. Cit., pág. 66.

[7] Al respecto, es especialmente curioso que en nuestro continente el incipiente anticipo teórico de esta estrategia se encuentre nada menos que en León Trotsky en persona, según la particular interpretación de una corriente trotsko-nacionalista argentina cuyo principal exponente fuera Jorge Abelardo Ramos. Ver, a propósito del tema, Por los Estados Unidos de América Latina, passim; selección de textos prologada por Dionisio Villar, Editorial Coyoacán, Buenos Aires, 1961.
[8] Heinz Dieterich; Op. Cit., pág. 69.
[9] Ibídem., pág. 70.

[10] Ibídem., pág. 71.

[11] Desde una óptica anarquista, el mejor análisis sobre el carácter engañoso y de doble faz del “anti-imperialismo” bolivariano se encuentra en el libro de Rafael Uzcátegui “Venezuela, la revolución como espectáculo”, disponible en: http://issuu.com/ellibertario/docs/revespectaculo_web
Ver también del mismo autor “Globalización a paso de vencedores”, radicado en www.nodo50.org/ellibertario/descargas/.
[12]Dieterich, La Revolución de Raúl Castro; Op. Cit

Publicado en: http://www.kaosenlared.net/noticia/dieterich-socialismo-siglo-xxi

jueves, 4 de febrero de 2010

Puntualizaciones sobre Chomsky, los Castro, Chávez…


Mi artículo “Chomsky en bufón de Chávez”, publicado primero en el Boletín Cuba Libertaria y reproducido luego en inglés, francés, italiano y alemán en diferentes web, no ha sido del agrado de cuantos siguen viendo en los Castro, Chávez, etc., los adalides del socialismo y del antiimperialismo de hoy en día. Y ello pese a las evidencias cada vez más obvias de lo que realmente son el “socialismo” y el “antiimperialismo” de esos histriónicos caudillos populistas.

Por supuesto que era de esperar estas reacciones; pues no hay mayor ceguera que la producida por la adhesión a hombres providenciales. La historia está llena de casos paradigmáticos de cegueras colectivas de este tipo: el de los Hitler, Mussolini, Stalin, Mao, Perón y Evita, por no remontar muy lejos. Cegueras colectivas que sólo la historia y el cambio generacional disiparon. No seré pues yo quien intente devolver la visión a quienes no quieren ver. El tiempo, la historia les obligará a ello, aunque… tampoco se puede afirmar de manera categórica ; pues es suficiente con ver a los admiradores del “socialismo real” que aún quedan por ahí. Y ello pese al derrumbe del muro de Berlín, al “capital-comunismo” chino, etc.

Lo que no me esperaba, lo sorprendente, ha sido una cierta crítica… Una “crítica” que no cuestiona el fondo de mi reacción, ante la bufonada de Chomsky, sino la forma… Pues, en cuanto al fondo, esta “crítica” reconoce que esos líderes, “los Castro, Chávez, Lula y Morales”, constituyen “una mezcolanza seudo izquierdista”, además de ser “sedicentes antiimperialistas”. Una “crítica” sorprendente…No sólo por este reconocimiento y por desear “una sociedad sin explotación social” y “sin tutela de ninguna minoría encima de las masas y sin el control de éstas”, sino porque hace suya la visión socialdemócrata de la “necesidad de los trabajadores de ampliar la superficie de la jaula en que estamos”. Ampliar en vez de destruirla. Y ello justificado porque Chomsky dijo en noviembre de 1996, a los estudiantes de Historia de la Universidad de Sào Paulo, que “la disminución del Estado mengua el espacio en que se puede ejercer la influencia pública” y que esto “no es un objetivo anarquista”. Un Chomsky presentado como un encomiable “compañero de viaje” del anarquismo, aunque también se nos insiste en no olvidar que “Chomsky no está afiliado a un grupo anarquista, si bien está cerca de los IWWW de los EE.UU.”

Es pues esta sorprendente profesión de fe socialdemócrata, la que se nos aconseja asumir desde curiosos planteamientos “anarquistas”, la misma que me incita a hacer unas puntualizaciones sobre Chomsky, los Castros, Chávez, etc. No sólo por lo cuestionable de la justificación chomskyana del Estado sino también por lo que esa “crítica” pretende justificar realmente con ella : el silencio frente a conductas que están contribuyendo hoy, como las similares de ayer, a castrar las aspiraciones revolucionarias de las masas explotadas y a desacreditar la idea misma de socialismo como proyecto social emancipador. Conductas que aplican a la letra eso de “ampliar la superficie de la jaula” y de hacer del Estado el eje de la vida pública, con el resultado que ellas dieron en el pasado y que están dando en el presente, y que cada uno juzgará en función de su conciencia social y política.

En consecuencia, y por parecerme obvio, mis puntualizaciones se centrarán en la responsabilidad del hacerse cómplice de este silencio. Por supuesto, la responsabilidad de Chomsky por no denunciar hoy estas conductas, las mismas que ayer denunció en contextos inclusive más revolucionarios, y también nuestra propia responsabilidad, en tanto que anarquistas, si por miedo a “herir a los trabajadores, sobre todo latinoamericanos, que mantienen cierta confianza en direcciones y líderes que nos parecen ni fiables ni serios”, nos callamos y no decimos lo que pensamos sobre ese populismo pretendidamente revolucionario. Lo que piensan y dicen ya, con valentía y honestidad que les honra, numerosos marxistas no dogmáticos en el mundo entero y en la propia Cuba y Venezuela.

La caución chomskyana al populismo seudo revolucionario

El hecho de ser Chomsky uno de los intelectuales estadounidenses más críticos de la democracia, pretendidamente existente en los EE. UU., y de la política imperialista de los gobiernos norteamericanos, no le exonera de ser igualmente crítico con la ausencia de democracia en regímenes tanto o más autoritarios que el yanqui. Además, el antiimperialismo de Chomsky no puede ser un antiimperialismo de conveniencia, debe serlo de convicción. Como lo era en el pasado, cuando fustigaba, por las mismas consideraciones políticas y éticas, tanto al norteamericano como al soviético. Una equidistancia honesta, moral y consecuente con sus ideas de justicia y libertad para todos. De ahí que fuese escuchado y se convirtiese en referencia ética y política para cuantos rechazaban esas dos caras de lo inaceptable : la explotación y la dominación.

Entonces, su crítica no era maniquea. Lo que reprochaba a un campo no lo justificaba en el otro. No había parcialidad ni retórica de circunstancias sino exigencia de verdadera coherencia entre medios y fines. Tanto en un lado como en el otro. No era pues cuestión de su moral y la nuestra, como lo pretendían los que denunciaban y condenaban la pena de muerte en los USA y la justificaban en la URSS o al revés. Chomsky no era entonces ni de éstos ni de aquéllos. Al contrario, denunciaba a los que practicaban esta doble moral, y éste es el Chomsky que debería seguir siendo si no ha renegado de lo que fue en el pasado. El Chomsky que, a la pregunta del por qué había dicho que Lenin y Trotzky fueron los peores enemigos del socialismo en el siglo XX, peores que Hitler, Mussolini, Chang-Kai-Chec, Truman o Churchill, respondió : “Contrariamente a los que usted menciona, Lenin y Trotzky fueron enemigos del socialismo por varias razones. Primero destruyeron sistemáticamente Rusia, desmontando y prohibiendo las organizaciones socialistas y demás organizaciones populares, que aparecieron durante el periodo de entusiasmo revolucionario, antes de que Lenin y Trotzky se amparasen del poder. Segundo, lo hicieron en nombre del “socialismo” y así sabotearon el socialismo, no solo en Rusia sino también en el mundo entero. La tiranía antisocialista instituida por Lenin y Trotzky fue transformada mas tarde en una monstruosidad absoluta por Stalin”.

¿Serán hoy los Castro, Chávez, etc., más consecuentes con el ideal socialista que lo fueron entonces los Lenin, Trotzky, etc. ? ¿Son las “organizaciones socialistas y demás organizaciones populares” las que deciden en sus países o son los Castro, Chávez, etc., los que lo hacen ?

La responsabilidad de Chomsky es por esta inconsecuencia, por este silencio ; pues qué sentido tiene decir, tras dejarse fotografiar con el caudillo Chávez y agradecerle su socialismo del siglo XXI, que en el país hay “enorme corrupción, elementos de caudillismo- la tradicional plaga latinoamericana”, al final de una visita de 48 horas a Venezuela. Y no digamos de su visita a Cuba, dejándose fotografiar con Castro, otro caudillo, poco tiempo después de que éste hubiese hecho fusilar a unos jóvenes negros simplemente porque habían querido escapar de la “jaula”, que era y sigue siendo Cuba, sin haber matado ni herido a nadie. Sí, ciertamente, el número de fusilados en Cuba está muy lejos del de los fusilados en Rusia por los chekistas… Pero, al menos para mí, matar a esos jóvenes negros es tan odioso e inaceptable como lo fueron los miles de asesinatos chekistas. Además de responder a la misma lógica del terror. Y eso es algo que Chomsky no debería haber olvidado, ni siquiera a los cerca de 80 años que debía tener entonces.

Además, no ha dicho Chomsky : “El anarquismo, por lo menos como le comprendo, es la tendencia del pensamiento y de la acción humana que busca identificar las estructuras de autoridad y de dominación, a llamarlas para que se justifiquen desde el momento en que se demuestra que son incapaces de hacerlo y trabajar para rebasarlas. Formas de opresión que antes eran apenas reconocidas y aun menos combatidas no son hoy en día consideradas como tolerables. Es un éxito y no un revés del anarquismo.”

La caución del silencio

Por las mismas razones por las que Chomsky se creyó obligado a repetir lo que había dicho de Lenin y Trotzky, y con el mismo derecho que él se otorgó para decir lo que pensaba sobre las conductas de esos dos personajes durante la revolución rusa, yo seguiré denunciado a los Castro, Chávez, etc., de ser también enterradores de las aspiraciones emancipadoras de sus pueblos. Pues no sólo es lo que pienso sino lo que piensan y no paran de repetir los militantes asociativos y sindicalistas revolucionarios que defienden la autonomía de las organizaciones socialistas y demás organizaciones populares en esos países. No sólo por el incumplimiento de las promesas hechas al pueblo y la represión judicial contra los sindicalistas obreros y campesinos que exigen tal cumplimiento sino por la criminalización de la lucha social, como lo hacían y lo siguen haciendo los regímenes burgueses.

El hilo conductor y el objetivo de esta forma de gobernar, supuestamente “progresista”, son los mismos que en el pasado, cuando los gobiernos aplastaban las rebeliones populares con represión militar. Sólo que ahora la estrategia de dominación promueve el control de la insubordinación por los propios ciudadanos y ciudadanas convertidos en brazo ejecutor de las políticas de contención estatales. De ahí la implementación de las Misiones (Venezuela), los programas Socio-país (Ecuador), la Red Solidaria (El Salvador) o Familias en Acción (Colombia), como el Bono Juancito Pinto (Bolivia), o la Bolsa Familia (Brasil), o el programa Tekopora (Paraguay), o el bono Mi familia Progresa (Guatemala), o también el programa Oportunidades (México), entre otros, como estrategias de intervención y control social. Además, claro está, de los “Comités de Defensa de la Revolución”, los famosos CDR cubanos.

Y todo ello para que las transnacionales puedan continuar sin problemas laborales mayores la explotación de los recursos naturales de estos países dentro del mismo modelo desarrollista de la globalización capitalista neoliberal. Y eso pese, o gracias, a los encendidos discursos antiimperialistas y antioligárquicos de los Castro, Chávez, etc.

Lo asombroso es el silencio de ciertos intelectuales de izquierda ante estas actuaciones que consolidan y ratifican el liberalismo político y económico, que, como en el pasado, sólo beneficia a la burocracia y a los sectores de la burguesía cercanos a los que gobiernan. De esa izquierda que antes era crítica, radical, iconoclasta con los discursos del poder, y que ahora, por apoyar, suscribir y adscribirse a los proyectos políticos de los denominados gobiernos progresistas, ha arriado la bandera de la crítica social e intenta justificar lo injustificable : la demagogia y la corrupción. Una connivencia que va más lejos que el simple silencio, pues, en su afán de impedir el debate, la crítica y la discusión en el seno de la izquierda en el continente y en el mundo, recurren a lo de siempre : la calumnia, la descalificación y el insulto.

Así, mientras se guarda silencio, un silencio que es complicidad, el continente entero está girando hacia lo que ya algunos socialistas auténticos llaman el “posneoliberalismo”, aunque también se le podría llamar la forma “democrática” del “socialismo” chino. Y es así como una transición, que efectuada por gobiernos abiertamente neoliberales habría sido traumática, se produce sin mayores tensiones gracias a estos gobiernos -que también podemos llamarles ya “posneoliberales”. Gobiernos que, además de acentuar los procesos extractivistas, productivistas, de privatización territorial y criminalización social a favor de las transnacionales y las burguesías de la región, están poniendo a tono el continente con las exigencias económicas y las injusticias laborales de la globalización capitalista. A lo que se debe agregar la pérdida de credibilidad ética de las izquierdas latinoamericanas por lo comprometidas que están en la corrupción, las estafas, los latronicios y el clientelismo.

Ante tal situación, y con la misma voluntad que Chomsky demostró en su momento para hacer frente a los que, para callarle, le acusaban de contribuir, con sus críticas del falso “socialismo real”, al reforzamiento del discurso contrarrevolucionario del campo pro yanqui e inclusive insinuaban de que él estaba a sueldo de la CIA de ese tiempo, yo seguiré impertérrito denunciando (y apoyando a cuantos denuncian) estas nefastas derivas del ideal emancipador. Derivas propuestas e implementadas por Caudillos y movimientos populistas, demagógicos, falsamente e histriónicamente revolucionarios. No sólo porque es falso que al hacer esta crítica se dé armas a los enemigos de la revolución, la verdadera, la del pueblo y no la de los burócratas, sino porque esta crítica es necesaria, fundamental, para que el pueblo laborioso pueda recuperar su autonomía y vuelva a luchar por una transformación social que ponga fin a la explotación y dominación que soporta desde hace tantos siglos.

No obtendrán pues mi silencio. Y menos aún con calumnias, amenazas o críticas autosuficientes. No sólo porque lo considero un deber -como Chomsky entonces- sino también porque a esas calumnias y amenazas puedo oponer mi historial, mi biografía, en el terreno de la lucha contra el imperialismo y todas las formas del Poder, y a esas críticas autosuficientes los hechos históricos.

Además, ¿por qué me callaría, si son muchos los marxistas críticos que, como yo, se indignan y se manifiestan contra la “cínica retórica de la resignación”, coincidiendo con los anarquistas en que “el socialismo no puede concederse desde arriba” y que, para resolver los problemas de su construcción, “la libertad más amplia, la más amplia parte de la población es necesaria" ? ¿Por qué lo haría, si esta coincidencia, entre anarquistas y marxistas críticos, en actualizar la necesidad de recuperar la autonomía para los movimientos sociales y en rechazar los planteamientos dogmáticos y doctrinarios en el combate contra el capitalismo y el Estado es un hecho esperanzador ? No por convencimiento y fidelidad ideológica sino por conclusión lógica de lo que nos enseña la historia y la vida de cada día.

Efectivamente, como lo reconocen estos marxistas críticos “a lo largo de todo el siglo XX, mucha agua ha corrido bajo los puentes de las revoluciones”… Como también es verdad que “a lo largo de las experiencias sociales y de las investigaciones antropológicas, los enfoques teóricos del Estado se han enriquecido y profundizado”, desmitificando el fetichismo del poder al evidenciar “la genealogía de las relaciones de poderes”. Además de que “las retóricas liberales del Estado mínimo o del repliegue del Estado no hacen sino resaltar con más relieve el núcleo duro de sus funciones represivas y su papel eminente en la puesta en pie de los dispositivos del biopoder”. De ahí que, “si el tejido de las relaciones de poder hay que deshacerlo, y si se trata de un proceso a largo plazo, la maquinaria del poder del Estado hay que romperla”.

Y si a esto le agregamos la denuncia de “las ilusiones parlamentarias”, del “cretinismo parlamentario”, y de todas las ortodoxias revolucionarias, ¡cómo no confiar en el encuentro de todos los heterodoxos de las ideologías, supuestamente manumisoras, en el combate contra el Capital y el Estado !


Autor: Octavio Alberola

Publicado en: Boletín Cuba Libertaria Nº 14, París, enero de 2010.