Total de páginas visitadas

domingo, 25 de julio de 2010

El Error de junio: La comedia mediocre del leninismo cubano

A propósito de un artículo de Pedro Campos

(A Rafael Spósito, in memoriam)

“Libertad sin Socialismo es privilegio e injusticia; Socialismo sin Libertad es esclavitud y brutalidad.”
M. Bakunin

En el transcurso del presente mes (junio, 2010) han proliferado de manera significativa los artículos de «colaboración-crítica» desde el «dentro-contradictorio» y los llamados a la «cohesión revolucionaria» y al «diálogo sin sectarismos», así como las invitaciones en busca de consensos -entre las filas revolucionarias- hacia la impostergable transición al Socialismo en Cuba, en el contexto de un innegable ambiente tibiamente crítico que ha venido cobrando fuerzas al interior de ciertos sectores que aún mantienen una devoción confesa al gobierno de los hermanos Castro y a su partido único y excluyente.

Añejas acusaciones desde nuevas formulaciones

Llama extremadamente la atención que en estos momentos cruciales afloren viejos señalamientos recargados y reelaborados en nuevas enunciaciones para rotular, desde la crítica tímida y de reciente factura, los mismos puntos que, con cincuenta años de antelación y de manera mucho más contundente expusieron los libertarios desde la Asociación Libertaria de Cuba (ACL)1, a través de un manifiesto2 donde se denunció, a comienzos del año 1959, con autonomía de criterio e incuestionable lucidez, el creciente «centralismo estatal» camino de un «ordenamiento autoritario»; no sin antes recordar el papel protagónico de los anarquistas cubanos en la lucha contra la dictadura del presidente-General Fulgencio Batista. En el mismo documento, se acusa la estrategia obscena desarrollada por el Partido Comunista de Cuba (PCC), con miras a «recabar la hegemonía que […] durante la era de dominación batistiana […] gozaron». En igual tesitura, el Solidaridad Gastronómica del 15 de febrero de 1959, mediante otro Manifiesto a los Trabajadores y al Pueblo en general, advierte, ante las imposiciones verticales a favor de mantener en sus puestos dirigentes a toda la jauría de cuadros del PCC al servicio de la dictadura batistiana y de remover de las filas del proletariado a los orientadores anarcosindicalistas, que « […] Es imprescindible que sean los propios trabajadores quienes decidan la inhabilitación sindical de sus pasados dirigentes, pues de hacerlo de otra forma, sería caer en los mismos procedimientos que ayer […] combatiéramos»3. El editorial del 15 de marzo de 1959 de la misma publicación libertaria, condena sin tapujos «los procedimientos dictatoriales […] acuerdos y mandatos desde arriba que imponen medidas, quitan y ponen dirigentes.»
Asimismo, incrimina a los «elementos incondicionales […] en las asambleas, que sin ser miembros del organismo sindical, levantan el brazo a favor de una orden de los dirigentes.». Y, acto seguido, se describen algunas de las técnicas de intimidación puestas en práctica para alcanzar la hegemonía: « […] se llenan las salas asamblearias de milicianos armados que constituyen una flagrante coacción, no se respetan los preceptos reglamentarios […] se llega a cualquier tipo de procedimiento para mantener el control de los sindicatos.»4
Desde luego, como bien reza el refrán «nunca es tarde si la crítica (dicha) es buena» pero lo cierto es que no sólo llegan tarde sino son poco “dichosos” los planteamientos desde donde parte esta corriente de críticos timoratos que lanza llamados de auxilio en clave Morse digitalizada. Es curioso que ahora se repitan las críticas de antaño y que además se acepte a plena luz que «Esta nociva práctica sectaria continúa hasta nuestros días» y se afirme que «En Cuba, hoy, se aprecia con total nitidez el carácter reaccionario del sectarismo en esas acciones que crean divisiones, resentimientos y obstaculizan el avance socialista. », sin embargo, se elude reconocer que estos mismos señalamientos fueron expuestos en los propios albores del proceso revolucionario desde una crítica decididamente comprometida con el Socialismo y la Libertad. También se evita examinar a profundidad el meollo del conflicto.
Como acertadamente señala el compañero Ramón García Guerra «La cuestión exige problematizar a fondo las consecuencias de las políticas. Exigiría, además, definir a quiénes éstas benefician y a quiénes perjudican […] La crítica actual especula con el malestar popular mientras apela al sentido común. Saben que los estados de incertidumbre hacen infelices a las gentes. Como una solución al dilema, ahora nos ofrecen una vuelta a los momentos en que todo parecía funcionar bien en la sociedad (curiosamente la solución llega de aquellos que imaginan obtener ciertas ventajas con el retorno al pasado). La reacción opuesta sería fomentar el inmovilismo ante las exigencias de cambio en la sociedad. Significa esta política otra manera de especular con el sentido común. Entonces se apela a los miedos. Somos al final rehenes de sueños y miedos colectivos que impiden imaginar otras realidades sociales posibles. Entonces, la crítica que hacemos busca convertir el malestar en conciencia que facilite el cambio […]»5
Del mismo modo se plantea la defensa de una alternativa que esbozan a manera de «visión», misma que no pretenden imponer a nadie «sino divulgarla, debatirla y buscar la manera de que forme parte de las soluciones; pero sectariamente se rechazan su discusión y difusión en los medios masivos oficiales»6, ignorando que desde los primeros pasos de la Revolución fue puesto a consideración de la sociedad cubana un entramado de cuestionamientos y alternativas de calado mucho más profundo y no sólo fue rechazado sino aplastado con lujo de violencia y ensañamiento.
Quizá, esta “ignorancia” responda a esos “miedos colectivos que impiden imaginar otras realidades sociales posibles” que nos imprime García Guerra.
Claro que no es necesario tener conocimiento previo de cuántas iniciativas se intentaron en el pasado para emprender nuevas alternativas socialistas frente a la barbarie reaccionaria del sectarismo que aún perdura después de cincuenta y un años de absoluta hegemonía. Sin embargo, sí consideramos requisito de vital importancia el estudio escrupuloso de la historia del movimiento social-revolucionario, no sólo cubano sino del movimiento socialrevolucionario internacional, para no repetir errores o sucumbir ante los mismos peligros y/o desviaciones.
Sería muy lamentable que esta preocupación genuina de los libertarios cubanos, se transfigure de nueva cuenta en etéreos recursos polémicos y se nos vuelva a diagnosticar «ansias de protagonismo escénico », «comportamientos políticos arribistas » e «inclinación a la rentabilización política»7, haciendo gala de cierta perversidad congénita y/o de un analfabetismo ideológico crónico.

Identificando a los emisarios y ubicando el domicilio remitente

Al comienzo de este texto llamaba la atención sobre la proliferación –acrecentada de forma particular durante el presente mes de junio (2009)- de artículos, propuestas, ataques y respuestas, confeccionadas desde la “colaboración-crítica” y el “dentro-contradictorio”, de la mano de reiterados llamados a la “cohesión revolucionaria” y al “diálogo sin sectarismos” hacia la impostergable transición al Socialismo en Cuba.8
Cabe señalar que en este sinnúmero de “mensajes” (más allá de las firmas y/o el anonimato) se localizan de manera puntual dos emisarios, con agendas políticas contrapuestas pese a ciertas analogías del discurso y la similitud de objetivos.
Se detecta, a primera vista, la presencia de dos fracciones en pugna con idéntico domicilio remitente:
1.- La vanguardia histórica del Partido Comunista Cubano, de claro corte stalinista, mayoritaria y octogenaria; en funciones públicas de alto nivel y/o en reserva bajo el “plan pijama” y, 2.- El impulso reformista de una nueva generación de militantes del Partido Comunista Cubano y de cuadros cercanos a esta institución, de inspiración trotskista, minoritaria, que oscila entre los 40 y 60 años de edad, miembros de nivel medio o medio-bajo de la élite gobernante cubana9.
También hay que ubicar en las proximidades de esta tendencia a un grupo de intelectuales mucho más heterodoxo que comulga con un amplio abanico de doctrinas políticas, en los límites de la socialdemocracia sueca y el “comunismo” italiano de Refundación, pasando por la Izquierda Unida española y aterrizando en el “socialismo” bolivariano del Siglo XXI de manufactura chavista.
Si bien es cierto, como señala el compañero Armando Chaguaceda, que esta primera fuerza prefiere la opción, actualmente en curso, de «la hibridación de comunismo cuartelario y políticas capitalistas (en sus versiones estatal y neoliberal)10», más en la tónica de las reformas “C o c a”11 implementadas por el presidente-General.
El segundo grupo, opta por la Quinta Internacional Socialista Participativa y propone como “solución” las Propuestas Programáticas para un Socialismo Participativo y Democrático (SPD), «presentadas desde dentro de la revolución y el Partido Comunista»12.
Desde luego, si fuéramos a optar por el mal menor, sin el más mínimo cuestionamiento, nos adheriríamos a esta fracción.
Pero ese no es el caso. Aunque sabemos de antemano que es factible entablar un debate (y hasta un diálogo) con los representantes de esta corriente reformista -de hecho desde hace algunos años mantenemos una polémica abierta que, además, me atrevería a calificar de fraterna, dependiendo más de la personalidad del interlocutor que de las ideas que profesa-, reconocemos gruesas contradicciones en sus planteamientos que, inevitablemente, generan reticencias.
Aún así -insisto- registramos una abismal diferencia entre estos portavoces del SPD, cargados de buenas intenciones, sin lugar dudas y, los abueletes cuartelarios. A esta corriente reformista no se les puede imputar un solo asesinato, una delación, una condena, una golpiza, una traición; en cambio, los stalinistas cuartelarios han sido los protagonistas directos de cuanta infamia se ha cometido en Cuba durante los últimos 77 años. Sin embargo, vemos con asombro cómo se alistan -tal vez de manera involuntaria, por inercia o por miedo- a repetir los mismos “errores” que en el pasado cometiera su casa matriz.

Descifrando los mensajes

Tan sólo reparemos en esta frase de Campos13, para ahondar someramente en estas reticencias que comentaba con anterioridad: « […] más que nunca es necesaria la cohesión entre las filas revolucionarias, sin que por ello cese la lucha de ideas en su seno por hacer avanzar el socialismo» (el subrayado es nuestro). E inmediatamente, dos párrafos más abajo, afirma: « […]Los enemigos del diálogo, del intercambio y el entendimiento; los partidarios de agudizar las contradicciones, siempre se opondrán a este tipo de movimientos y buscarán torpedearlos para más encono y agravamiento de las tensiones», equiparando a “los partidarios de agudizar las contradicciones” -es decir, a los revolucionarios sociales conscientes de su rol- con “enemigos del diálogo, del intercambio y el entendimiento”.
Cualquier análisis medianamente racional nos lleva a concluir que estamos frente a una gigantesca incongruencia y nos exige cuestionarle a Campos semejante maroma dialéctica, por lo menos mediante la formulación de un par de interrogantes: a.- ¿Cómo pretende “la cohesión entre las filas revolucionarias, sin que por ello cese la lucha de ideas en su seno por hacer avanzar el socialismo” sin agudizar las contradicciones ni agravar las tensiones propias de la lucha entre excluidos e incluidos? b.- ¿Con quién procura dialogar y alcanzar un entendimiento sin agudizar las contradicciones ni agravar las tensiones?
En el mismo texto señala, a modo de punteo preciso, que: «Hace tiempo se viene insistiendo en la necesidad de acabar de establecer el nuevo consenso sobre la sociedad en que el pueblo cubano desea vivir, la cual no puede ser impuesta, sino resultante del intercambio entre todos los revolucionarios y con todos los cubanos honestamente interesados en el bienestar de la nación […] Cuba debe cambiar en muchos aspectos y muchas modificaciones habrán de hacerse para perfeccionar el sistema político a fin de lograr una verdadera democracia participativa y decisoria, como demanda una sociedad que pretenda construir el paradigma socialista nunca alcanzado […] El pueblo cubano vive decenios de inseguridad, sometido a infinidad de indefiniciones y multitud de regulaciones de todo tipo impuestas por los distintos niveles de la burocracia, que obstaculizan la vida del cubano común, sin saber cuál va a ser el rumbo que seguirá el gobierno, sin poder hacer planes a mediano y largo plazo, dependiendo de cambiantes coyunturas y decisiones de las que no participa […] Si no se asume, con todas sus consecuencias que el sistema burocrático de propiedad estatal, trabajo asalariado y centralización de las decisiones y el excedente, heredado del estalinismo ya fracasó y por tanto debe ser cambiado, no simplemente actualizado, el único avance garantizado es… hacia el hundimiento. Lo demás, como postergar indefinidamente el VI Congreso, no informar públicamente los planteamientos del pueblo, no realizar una discusión en el seno revolucionario y otros movimientos, sólo pueden ser interpretados como la intención de ganar “tiempo”, a la espera de que un milagro reviva el “modelo”...de desastre. Se socializa y democratiza el sistema o se derrumba.
Ya muchos revolucionarios cubanos han expuesto ideas al respecto. Y no culpen luego al imperialismo. El burocratismo, y muy especialmente el sectarismo dogmático predominante en las esferas de la dirección del partido y el gobierno, están impidiendo el diálogo sincero y comprometido en el seno revolucionario […] En Cuba, hoy, se aprecia con total nitidez el carácter reaccionario del sectarismo en esas acciones que crean divisiones, resentimientos y obstaculizan el avance socialista. […]». Y, sin embargo, concluye: «[…] Algunos quieren que abandonemos la política de colaboración-crítica con el gobierno-partido y asumamos el enfrentamiento. No voy a calificar sus intenciones y métodos gastados, cada cual sabrá sus razones, pero no vamos a prestarnos a campañitas que puedan siquiera parecer fuera de la Revolución o contra ella. Todo cuanto hagamos será siempre desde el dentro-contradictorio. En lo personal, con ella y a partir de ella, moriré o viviré […]».
De más está aclarar que no tengo motivos para dudar que Campos en realidad desea que el cubano de a pié se apropie enteramente de su destino y participe democráticamente del debate para “establecer el nuevo consenso sobre la sociedad en que el pueblo cubano desea vivir”, mismo que no puede ser impuesto “sino resultante del intercambio entre todos los revolucionarios y con todos los cubanos honestamente interesados” en un cambio de forma y de fondo.
Lo que despierta mis suspicacias es que, no obstante (después de haber llegado hasta aquí), Campos termina sumido en una proposición insostenible; porque toda posibilidad de que la gente cubana haga suyos los conflictos en curso y decida, libre y autónomamente, la sociedad en la que quieren vivir, transcurre inexorablemente por el abandono de la política de colaboración con el régimen y la superación del gobierno-partido. Acciones que presuponen la necesidad de emancipación socio-humana para el pleno disfrute de la Libertad. Esa Libertad que no se agota en las libertades burguesas que donairosamente reconoce la Declaración Universal de Derechos Humanos ni cabe en las estrechas urnas de ningún circo electoral sino que solamente se concreta con la capacidad individual y colectiva de decidir la propia vida, libre y autónomamente, sin relación de dominación alguna que la coopte. Y ello, obviamente, nada tiene que ver con prestarnos a “campañitas” contrarrevolucionarias como insinúa Campos.14
Esto, sin que me quepa un ápice de duda, lo sabe perfectamente la corriente que integra Campos. Tal vez, al final del camino, todo pueda reducirse al inconveniente de las disparidades en los tiempos de maduración ideológica. Pero lo definitorio al respecto aún está por decirse.

Localizando el (o los) destinatario(s)

En términos genéricos, pueden identificarse dos destinatarios a quienes van dirigidos estos mensajes, sin que importe demasiado reparar en distinciones sobre el “color” de la fracción que los emite.
Ambas caras del Partido dirigen sus SOS en dos sentidos, unos hacia el exterior y otros de carácter endógeno: En el exterior, los destinatarios son sus pares en busca de apoyo estratégico.
Necesitan armas y parque (aunque sean teórico-ideológicas) que les auxilie para librar esta guerra fratricida en que se enfrentan. Alzarse con el Poder del partido, depende de ello. Lo que no distinguen estos contrincantes es la inutilidad de semejante lucha. El Partido Comunista Cubano es un inmenso elefante blanco varado en una piscina. Por mucho que chapotee está destinado a ahogarse, ya sea si se aferra a continuar nadando hacia ningún lugar o si decide beberse toda el agua que le oprime. La fuerza y la utilidad del Partido radicaban en la enorme (y desaparecida) potencia imperialista que les avalaba.
El oro de Moscú les permitió mantener todos los puestos que ostentaban con Batista y comprar cuantos ministerios, direcciones y grados militares, consideraran necesarios para asegurarse la supervivencia y el control hegemónico. Las toneladas de armas y los millones de barriles de petróleo a cambio de azúcar y carne de cañón en operaciones militares, aseguraban la prosperidad del confortable virreinato
“socialista” en plena “guerra fría”.
No es por casualidad que Abraham Grobart (Fabio), uno de los más fieles servidores del Komintern en la Isla, le ofreciera el Secretariado General del Partido (Primer Secretario) al “compañero” Fidel en 1975, durante el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. De no haber tenido tanto que ofrecer jamás hubiesen sobrevivido a una revolución burguesa de claro carácter nacionalista, mucho más próxima (ideológicamente hablando) a los postulados nacionalsocialistas italianos y al populismo revolucionario de Perón, que a los legados marxistas. Desde luego, el pragmatismo leninista les llevaría a bucear en la historia y justificar la paternidad común (Georges Sorel) de ambas ideologías (fascistas y leninistas).
En el interior, los mensajes tienen un único destinatario: el presidente-General.
Ambas fracciones coinciden en la búsqueda de reconocimiento y se ofrecen como “gestores” proponiéndose como vehículo de salvación ante la inminente implosión.
Unos pretenden venderle “lo bueno por conocer” y los otros -desde sus roídas pijamas o en los puestos de confianza- procuran continuar brindándole “lo malo conocido”; producto probado y calado que le ha permitido la perpetuidad en el Poder a los provectos hermanitos por más de medio siglo. En resumen, lo único que parece unificar a las fracciones del Partido es la búsqueda de reconocimiento y la continuidad en Poder, para ello se prestan a auxiliar al presidente-General. Tanto los representantes del SPD como los defensores a ultranza del stalinismo cuartelario se aprestan a tender la mano con la mascarilla de oxígeno que reanime el régimen: El oportunismo es inherente al leninismo.
El viejo Marx tenía razón cuando sostuvo que la historia, en caso de repetirse, regresaba en forma de comedia aquello que alguna vez fuese tragedia.
Indudablemente, los leninistas cubanos ya tienen lista para escena una comedia mediocre y aspiran ha realizar su segunda representación. Una vez más se disponen a traicionar al movimiento social revolucionario, al conjunto de los trabajadores y al pueblo en general, sólo que en esta ocasión el calendario se adelantó dos meses.

El panorama pese a todo alienta

Estas fueron las palabras, cargadas de ánimo y optimismo, con que concluía aquel editorial de Solidaridad Gastronómica de enero de 1959, que mencioné al comienzo de este texto, donde se acusaba el «centralismo estatal» y el evidente «ordenamiento autoritario» que empezaba a tomar cuerpo bajo la dirección de los hermanos Castro con el auspicio de los stalinistas cuartelarios. Cincuenta y un años más tarde estas palabras pueden volver a cobrar significado, si y sólo si, se alcanza la “cohesión”15 de todas las filas revolucionarias más heterodoxas y se concreta el “diálogo sin sectarismos” no con los jerarcas del régimen sino entre los socialistas anti-autoritarios en busca de alternativas al capitalismo; si y sólo si, se logra el consenso entre TODOS los luchadores incansables por la impostergable transición al Socialismo en Cuba.
Bakunin, estuvo tempranamente en condiciones de otear los desvíos y deformaciones que sobrevendrían si no compaginábamos adecuadamente las porciones de Socialismo y Libertad. Aquella sentencia lúcida que enunciaba que “Libertad sin Socialismo es privilegio e injusticia; Socialismo sin Libertad es esclavitud y brutalidad”, adquiere gran pertinencia después de conocer en carne propia los estragos del leninismo bajo el capitalismo de Estado de los regímenes cínicamente bautizados bajo el eufemismo de “socialismo realmente existente”.
Jamás lograremos “el paradigma socialista nunca alcanzado”, con abstracciones y malabares dialécticos o, acomodos semánticos y declaraciones bien intencionadas.
Si realmente deseamos construir una verdadera democracia directa, autogestionaria, participativa y decisoria, fundada en el Socialismo y la Libertad, debemos atender a exigencias políticas bien delimitadas, que no pueden conducirnos a otro derrotero que no sea el cese de la amenaza represiva institucionalizada.
Dicho de otra forma: si realmente queremos extender la democracia directa e incitar a la participación popular, no hay otra alternativa que la instauración de un amplio régimen de libertades edificado sobre el consenso popular y la cohesión de las fuerzas motrices del socialismo antiautoritario.
Esto está en nuestras manos y no en las del presidente-General o cualquier otro jerarca reaccionario. Y sólo será posible mediante la abolición de las prohibiciones sociales y la derogación de las leyes y decretos represivos; a través del reconocimiento y respeto de las libertades individuales y colectivas (libertad de reunión, de expresión y movimiento); suscitando la autogestión de las colectividades obreras y campesinas; promoviendo la libertad sindical y la autonomía de los sindicatos, federaciones y confederaciones obreras y campesinas; rechazando toda exclusión -queremos una Cuba, diversa y múltiple, donde quepan muchas Cubas- y, construyendo una nueva sociedad sin oprimido s ni explotados, basada en la Libertad, la Igualdad, la Solidaridad, el Apoyo Mutuo y el respeto a la ecología, a la biodiversidad y el amor a la Tierra.
Como propone el Movimiento Libertario Cubano (MLC), en los “Seis Puntos Básicos de Consenso para un Cambio Social”, sugeridos a modo de “agenda mínima de convergencia” tendiente a un cambio social hacia el Socialismo en Cuba y “con el objetivo de consolidar discernimientos y estrechar la coordinación antiautoritaria, dentro y fuera de Cuba”, en aras del fortalecimiento del creciente movimiento socialista participativo y libertario.
Como afirmara, con esa sagacidad que le caracterizaba, nuestro entrañable Spósito: «No hay ni puede haber en esto operaciones fantásticas y una vez más habrá que repetir lo tantas veces dicho: una creación social libertaria y socialista no puede concebirse como el resultado espontáneo de una nebulosa legalidad histórica ni como un designio caudillista ni como una operación de ingeniería bajo la forma de la planificación central ni como la automática derivación del desarrollo tecnológico ni como una casualidad ni como un advenimiento mágico; una sociedad libertaria y socialista, en Cuba como en cualquier otra parte, ahora tanto como en cualquier otro momento, sólo puede ser el fruto de una profunda decisión autonómica y de una interminable sucesión de luchas y de gestos que se forman en los pliegues de la conciencia colectiva. O también, para decirlo en forma más sencilla, en Cuba habrá autogestión y por ende socialismo, sólo si lo quiere y lo decide la gente y no porque así lo disponga generosamente alguna resolución desde las alturas […]».16
Mientras tanto, no habrá participación popular ni democracia directa, mucho menos arribaremos al paradigma social nunca alcanzado, porque éste no ha de consumarse por obra y gracia de las buenas voluntades de la corriente de intenciones que integra Campos. En su defecto, tendremos “más de lo mismo” y continuaremos anclados en la patética espera de los designios de Cronos. En el transcurso habrá que soportar los dictados desde la cámara hiperbárica de las “reflexiones del Coma Andante” per saecula saeculorum y las especulaciones cotidianas en torno a las tan anunciadas reformas del presidente- General. Ojala mañana no tengan que arrepentirse los portavoces del “error de junio”.

Por el Socialismo y la Libertad.

San Luís Potosí, México,
25 de junio de 2010.
Autor: Gustavo Rodríguez
Publicado en: Cuba libertaria
Notas:

1. revolucionario de 1920 a 1940, agrupados dentro de la Federación de Grupos Anarquistas de Cuba
(FGAC) y Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), acordaron celebrar una asamblea a comienzos de la década de los 40 con el propósito de reagrupar en una sola organización el esfuerzo libertario, disolviéndose ambos organismos (FGAC y SIA), con el fin de constituir un nuevo agrupamiento denominado Asociación Libertaria de Cuba. (ALC). Cfr. Fernández, Frank, El anarquismo en Cuba, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid 2000, Pág. 73. A mediados del año 1960 los militantes de la ALC fueron encarcelados o exilados. Ex miembros de esta asociación constituirían en el exilio, en el año de 1961, en la ciudad de Nueva York, el actual
Movimiento Libertario Cubano (MLC).
2. Vid. Solidaridad Gastronómica, Año X. Número 1, La Habana, Enero 15, 1959, pp. 6-7.
3. Firmado por el Secretariado de Asuntos Sindicales de la ALC, con fecha 18 de enero de 1959 y, publicado en Solidaridad Gastronómica del 15 de febrero de 1959. Cfr. Solidaridad Gastronómica, Año X. Número 2, La Habana,
Febrero 15, 1959, pp. 7 y 11.
4. Vid. “Hacia dónde va el movimiento obrero”, Solidaridad Gastronómica, Año X. Número 3, La Habana, Marzo 15, 1959, Pág. 2.
5. Ramón García Guerra en ”Contra el silencio de la flecha”, disponible en http://www.kaosenlared.net/ noticia/por-verdadero-socialismo-cuba
6. Pedro Campos en “Cuba. Diálogo sin sectarismos: necesario para la cohesión revolucinaria”, disponible en http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-dialogo-sin-sectarismos-necesario-para-cohesion-revolucionaria
7. Roberto Cobas en “Cuba y el compromiso con su proyecto socialista más allá del anarquismo de la polémica” en http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=39087
8. Vale aclarar que, con el objetivo de facilitar su estudio, he integrado en un mismo paquete artículos de análisis y virulentos ataques anónimos, bajo orden cronológico como único criterio de unidad, con la finalidad de resaltar el incremento de estos “intercambios” en el transcurso de este mes.
9. Para corroborar esta afirmación sólo hay que reparar en los puestos ocupados por algunos de sus más destacados exponentes (más allá de que hayan o no “caído en desgracia” en algún momento de sus carreras) : Pedro Campos ocupó cargos diplomáticos y también fue Investigador Jefe de Proyecto en el Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana; Roberto Cobas fue especialista del Instituto de Investigaciones del Transporte; Soledad Cruz fue embajadora cubana ante la UNESCO; la difunta Celia Hart fue directora del Museo “Abel Santamaría”, entre otros.
10. Chaguaceda Armando, La Campana vibrante. Intelectuales, esfera pública y poder en Cuba: balance y perspectivas de un trienio (2007-2010), Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, Universidad Veracruzana,
Xalapa, Veracruz, Abril 2010, Pág.41.
11. Co:Cosméticas hacia dentro y Ca: Capitalistas hacia fuera.
12. Campos Pedro, Op cit.
13. Ibíd.
14. Id.
15. No la “unidad” aparente que esconde la subordinación a un pensamiento único y hegemonizador,
como atinadamente subraya Pedro Campos.
16. Spósito Rafael (Daniel Barret), De Fidel a Raúl: La Cuba de los Politi-Castros, Montevideo, 2009, Pág.170. De su libro en preparación “Cuba: El dolor de ya no ser.

viernes, 9 de julio de 2010

¿Dónde se es?: Paisaje y arraigo

La idea del anarquista como un sujeto desarraigado es una no­ción que debe revisarse perma­nentemente. El amor a la patria es una cosa, amar un paisaje es otra.

Este periódico se reconoce oriundo de la Región Chilena, si hemos utili­zado esta idea es porque nuestros compañeros del la primera época de El Surco también se referían así al contexto territorial desde donde escribían. Porque no creemos en el concepto de Chile como un República (de esas que a uno le enseñan en el colegio), para nosotros, lo que se hizo acá fue trazar líneas imaginarias sobre una región del globo terráqueo.

Desde esta aparentemente sutil diferencia, proyectamos las palabras venideras, donde queremos comentar con respecto a ciertos nociones del anarquista como un sujeto desarraigado, es decir, una persona que no es de aquí, ni de allá (diría Facundo Cabral), incapaz de establecer lazos emocionales con un territorio, por el hecho de no creer en la patria, repúblicas o estados.
Es claro que esta idea está cargada de una concepción errónea de lo que significa anarquía, el que escribe se considera un internacionalista, en la idea de que como Homo sapiens nos tocó poblar un mismo planeta y aquello nos conecta como espe­cie. No obstante, hay un paisaje que me es propio, hay una combinación de elementos atmosféricos que recuerdo con nostalgia cuando estoy lejos: plantas, olores, sonidos y casas, es un todo que no podría describir ni pintar, construido desde la experiencia y con el cual he desarrollado lazos afectivos y emocionales que lo convierten en único.

Conviene invocar en este las palabras del geógrafo cultural Yi Fu-Tuan: “Un paisaje es, ante todo, una composición. Revela grandes y pequeñas armonías, la mayoría de las cuales les resultan invisibles a las personas que ha­bitan en él y deben atender sus necesidades inmediatas”1 .

La cita se refiere a una jerarquía de armo­nías, no especifica, pero es claro que estas armonías son creadas por quien vive el paisaje. Nuestra concepción de un paisaje acotada a su dimensión visual es errónea por simplista, el paisaje es una experiencia, y como tal es multisensorial. Así, todos nues­tros sentidos se disponen hacia el paisaje, reconociendo armonías (que no deben ser necesariamente bellas) como puede ser un olor en relación a un sonido, o un sabor en función de un color.

Como fetichistas de la historia, no podemos dejar de lado la relación entre el individuo y el paisaje que se genera desde la interac­ción en el tiempo, ésta carga el paisaje de vivencias sobre las que volvemos cada vez que lo visitamos. Aquella esquina deja de ser una intersección y se convierte en el ne­fasto lugar donde nos caímos de la bicicleta, aquel árbol abandona su follaje actual, para nosotros solía ser más pequeño.

El arraigo pasa necesariamente por esas relaciones: Uno es, donde ha sido, suena redundante, pero lo que queremos expli­car es que la posibilidad de reconocerse, es mucho mayor en los lugares donde hubo una conexión entre el espacio y la persona. Mantengamos caliente la idea de “experiencia”.

Cuando nos dicen “ama a tu patria”, se nos pide verter un sentimiento íntimo sobre una molde abstracto. En lo personal, me es imposible proyectar amor en algo que no concibo, para mi esto de las líneas que no se ven y las banderas son sólo construccio­nes de otros que me han impuesto. Por ser impuestas, no puedo sentir aprecio sobre las mismas.

No sucede lo mismo con un paisaje, este genera placer porque existe un vínculo (arraigo), que cueste definir lo que más gusta de un paisaje, no quiere decir que no tengamos claro lo que compone dicho conjunto, sólo explica lo difícil que es poner en palabras una experiencia. Así entonces, estamos dispuestos a sentirnos parte de un territorio, lo importante es tener claro cuánto se está dispuesto a sacrificar por este territorio (entendiendo como territorio el emplazamiento físico sobre el que se construye un paisaje).

Para ejemplificar este sacrificio, prefiero hablar desde un yo: ¿Estaré dispuesto a matar por mi derecho a un territorio? La verdad la pregunta suena extrema, pero creemos que en el fondo esa es la consigna que sustenta las guerras. Suelo hacerme esta pregunta cuando miro por la ventana de la pieza, reconociendo esos detalles íntimos, sutiles despojos de realidad que he hecho míos. La verdad querido lector, es que no tengo una respuesta definitiva.

Todo lo que está ante nosotros, no nos pertenece, a pesar de ser nuestro (una cosa es poseer, otra cosa es ser dueño). Por lo tanto no tiene sentido morir defendién­dolo, sin embargo, todos los sentimientos vertidos nos van a impedir entregarlo así como así, tiene mucho de injusto el sentirse desplazado.

La patria es una multiplicidad de paisajes, muchos de los cuales no son más que una postal para nosotros, por lo mismo creo imposible sentirse arraigado en Chile, como podría uno sentirse arraigado en un espacio personal. A pesar de que los paisa­jes que amamos se proyectan desde Chile. La gran diferencia está en que el territorio es una posibilidad de arraigo, la intención de sentir que se puede ser en un lugar, es algo personal, va con nosotros y por lo tanto puede aplicarse a voluntad sobre el territorio que nos plazca.

No hay que creer en esa consigna patriotera que transforma un objeto abstracto en una suerte de “madre”, nosotros, como humanos, podemos sentirnos cómodos incluso en los lugares más inhóspitos, eso depende de la voluntad de arraigo.

Si le pusieron un nombre al territorio que va desde las cordillera al mar, eso me es indiferente, para mi puede tener múltiples nombres, según mi estado de ánimo.

Entonces uno comprende por dentro esos versos conocidos del compañero Pezóa Velis:

“Entonces, muerto de angustia,
ante el panorama inmenso,
mientras cae el agua mustia,
pienso.”

Citas:
[1]. Tuan, Yi-fu, Escapismo, formas de evasión en el mundo actual; trad. Karen Muller. Península, Barcelona, 2003. Pág. 161

Autor: Rako
Publicado en: El Surco Nº 17, Chile

Unidad y Autonomía

Existe una discusión dentro de los movimientos libertarios, casi tan vieja como el propio anarquismo y que nada sabe de fronteras, una tensión continúa entre la búsqueda de la unidad y la sana necesidad de la libertad y autonomía individual y grupal. No pretendo dar con una fórmula mágica, pero si plasmar aquí unas simples reflexiones que tal vez puedan aportar algo y que si no simplemente pueden quedar en el olvido como tantas cosas que se dicen o escriben. Lo escribo expresamente pensando en el momento que viven los movimientos libertarios en este pedazo alargado de tierra que alguien decidió llamar Chile, pero seguramente podrá ser entendido por anarquistas y libertarios de cualquier otro lugar del globo.

En especial me motiva a ello el grado de descalificación que alcanza a veces una discusión entre visiones del anarquismo que debiera ser tan natural como sana y enriquecedora. No sé si, cuando pensamos en las acciones, lógicas, tácticas, estrategias… que desarrollamos lo hacemos pensando en un fin a alcanzar, en un resultado o al menos en un avance en alguna dirección concreta. Si es así, que debiera ser lo más lógico, deberíamos tener siempre presente que lo realmente importante es ese fin que perseguimos y no la acción, lógica, táctica o estrategia en sí misma que empleamos en pos de ese fin. De modo que lo segundo, la acción, la táctica, debiera estar siempre abierta a la evaluación regular, a replantearse, a no ser considerada irrenunciable, un dogma, como el fin mismo, y por tanto abierta a cambio, en caso de que el resultado obtenido con dicha estrategia a lo largo del tiempo no sea el que se buscaba, no nos haya acercado lo más mínimo al fin o incluso se observe que nos aleja de él o nos estanca irremediablemente. Esto nos debiera dar, en cualquier caso, mayor flexibilidad a la hora de valorar (que es lo que deberíamos hacer en lugar de juzgar, que para eso ya existe un estamento que teóricamente desearíamos suprimir) las acciones o estrategias de otros grupos que teóricamente persiguen el mismo fin, puesto que entenderíamos que, igual que nosotros hacemos con nuestros métodos, ellos lo hacen con los suyos, que todo está abierto a crítica constructiva y, sobre todo, a autocrítica, que no existe en el método nada absoluto y que las estrategias sólo se muestran acertadas o erróneas en la práctica concreta y a lo largo del tiempo, y no apriorísticamente sobre un papel o un manual. Que ciertos métodos pueden ser útiles en una coyuntura adecuada y sin embargo hacer retroceder más que avanzar, ser un obstáculo, en otras.

Si con lo que todo libertario sueña es, más o menos esquemáticamente, con una sociedad radicalmente distinta, basada en la ausencia de autoridad, en el apoyo mutuo, el consenso y la horizontalidad, es difícil pensar que caminamos hacia ese sueño descalificando encarnizadamente a quienes están en el mismo lado de la lucha, a quienes teóricamente comparten un mismo fin, aunque con distinta lógica. Si entre nosotros actuamos así, si tan difícil resulta el consenso entre anarquistas, ¿cómo pensamos que en una sociedad futura quienes hoy viven en base a parámetros diametralmente opuestos serán capaces de consensuar nada con nosotros? Esa sociedad que llevamos en nuestro corazón debemos construirla a diario desde ese corazón mismo, debemos vivirla en nosotros. Sólo así se irá haciendo posible y será creíble para otros. Y que nadie entienda aquí que personalmente doy por buenos todos los métodos, todas las acciones, todas las lógicas, todas las estrategias. Personalmente no creo que el fin justifique los medios. Pero no me parece éste el lugar ni el momento para posicionarme personalmente. Cada uno debe reflexionar sobre su praxis y los resultados de ella y obrar en consecuencia, estoy muy lejos de sentirme juez de otras personas con el mismo derecho a acertar o equivocarse, a replantearse a diario, tomar un camino u otro según su propia reflexión, maduración de las ideas, formas de sentir la vida y la acción.

Dicho todo eso, voy ya sin más vueltas al tema que quería abordar: la unidad y la autonomía. Dándole vueltas a ese eterno dilema, pienso que uno de los errores, desde mi punto de vista, más habituales es plantearse el tema como una cuestión de opuestos. Pensar que la unidad anula la autonomía o que la autonomía impide la unidad. Pienso que en el momento que vivimos, tanto en América Latina como en Europa, aunque las realidades puedan parecer muy distantes, la unidad es más necesaria que nunca, por múltiples motivos. El primero de todos, que estamos ante un momento histórico en el que sería posible noquear definitivamente el sistema económico, político y social que lleva siglos sometiéndonos, y eso es difícil de conseguir desde acciones aisladas sin un sentido común y, sobre todo, sin unos objetivos y una propuesta clara. Pero, ¿unidad a costa de maniatar la autonomía, la libertad, la sana espontaneidad individual o grupal? No creo que eso sea tan necesario y de hecho me parecería un empobrecimiento, una renuncia a la propia base del anarquismo.

La cuestión es que es bien posible funcionar en ambos sentidos. Pienso que es a todas luces necesaria una coordinación, un entendimiento y un apoyo mutuos, una dirección común y, para ello, acciones, tácticas y estrategias comunes entre todos aquellos que soñamos con otro tipo de relaciones humanas, laborales, familiares, vecinales, vitales, entre estudiantes, trabajadores, cesantes, ecologistas, mujeres (personalmente considero una de las luchas más vitales la que sitúe definitivamente a la mujer en un plano de igualdad real con el hombre), okupas, pueblos originarios y cuantos grupos y sectores humanos estén sometidos o en lucha; un campo para la reflexión común, el consenso y la acumulación de fuerzas para hacer avanzar entre todos cada uno de los terrenos en los que la lucha es necesaria, en los que recuperar la sociedad, la economía y la política para los propios interesados, para el pueblo, para los actores reales de la vida, es imprescindible. Para ello, en base a mi reflexión, sería un gran avance contar con un espacio común bajo unas señas de identidad unitarias (por decirlo de alguna manera, un nombre y unas señas de identidad comunes, una “marca”) que sirva de paraguas para cuanta organización, grupo de afinidad, colectivo o individualidad desee, y en cuyo nombre se realicen sólo aquellas acciones que, persiguiendo objetivos concretos entre todos acordados y en una dirección por todos marcada, sean asumidas por todos quienes se integren en él. Sería también lógico que, en cada campo de la lucha, primara la voz de los colectivos directamente afectados y que conocen en mayor profundidad las problemáticas concretas y lo que en su terreno puede ser acertado o contraproducente. Es difícil que un/una estudiante de Derecho sepa mejor que un/una obrero del metal la estrategia que conviene en el sector metalúrgico, y viceversa, por poner ejemplos claros, aunque seguramente ambos puedan aportar desde sus saberes ideas útiles a los otros.

Al mismo tiempo, cada organización, grupo de afinidad, colectivo o individualidad debería poder guardarse el derecho a actuar de forma autónoma, en su propio nombre y sin la cobertura de ese conglomerado unitario, en aquellos campos o a través de aquellos métodos que no quepan en ese consenso. No sólo el derecho a actuar libre y autónomamente, sino también el derecho a no informar de acciones o estrategias que consideren por diversas razones que no deben ser difundidas. Por supuesto, el espacio para la crítica a las acciones, estrategias o lógicas autónomas debería quedar siempre abierto, puesto que la discusión permanente sobre lo que aporta o entorpece al conjunto, siempre con la vista puesta en el fin, y no en los medios como fin en si mismos, es siempre imprescindible y ayuda a que nadie pierda de vista el horizonte, cegado por la excitación de la propia práctica y sobre todo por el ego que a menudo se alimenta, aunque sea de forma inconsciente, a través del protagonismo que dan algunas prácticas.

La cuestión es: ¿quién toma la iniciativa para convocar a dicha unidad a organizaciones, colectivos, grupos de afinidad e individualidades hoy en día tan dispersos e inmersos en luchas cotidianas que con frecuencia se dan mutuamente la espalda? Con voluntad todo es posible.

Autor: Asel Luzarraga.
Publicado en: Revista El Surco Nº 17, julio de 2010, Chile.

lunes, 5 de julio de 2010

Contra el fetichismo obrero


Apuntes para superar la terminología marxista entre los anarquistas.



"Mira qué fácil es todo, cuando está bien explicado, me han dicho que el mundo es la lucha entre los buenos y los malos.
Que está la clase explotada y enfrente la explotadora y la lucha entre los dos bandos es el único motor de la historia.
Cualquiera que sea un currante, por el mero hecho de serlo, está de nuestro lado y merece nuestro respeto.
Por contra están los ricos, que son siempre los culpables de todo lo malo que ocurra y de todo lo malo que pase.
Y yo pienso que esta forma de no pensar es una mierda que impide ver los problemas tal como son, la realidad tal como es.
Simplificarlo todo así, sólo nos puede conducir a darnos contra una pared y creernos que eso es resistir"

(Producto Interior Bruto)

Hay entre los que se reclaman revolucionarios hay un cierto grado de sacralización de las figuras del obrero, del sindicalismo, de las masas y de la idea de lucha de clases. Si uno plantea la transformación social sin centrar el análisis en estos sujetos, conceptos y espacios, se estaría cometiendo herejía. Entre más “popular” vista el individuo o su organización, más genuinamente revolucionario es. Si no te llenas la boca con “proletariado”, “lucha de clases” otras palabras del mismo tono y no centras la acción cotidiana en ellas, ya no eres uno de ellos. A lo sumo serás un ambiguo postmoderno, un infantilista irresponsable o, derechamente, un reaccionario. Por supuesto, esta situación no es ajena a los llamados anarquistas. Y a mi entender esto se debe a que no nos hemos sabido librar completamente de la herencia analítica, estética y discursiva de los paradigmas revolucionarios marxistas de los sesenta, setenta y ochenta. El anarquismo criollo no ha superado del todo el trauma del izquierdismo que alguna vez reemplazó su lugar en el combate anti-estatal (MIR, FPMR, MJL). Hablo de trauma porque el rebrotar de la actividad libertaria en los noventa encontró huérfano al “movimiento anarquista” de referentes locales de su propia ideología (extintos hace tiempo), lo que llevó a muchos, explícitamente a veces, inconscientemente en otras, a acercarse a los modelos de análisis marxistas, a adoptar su estética, su memoria histórica y, lamentablemente, a copiar en ciertos casos sus modelos de organización. Las consignas, las demandas, los 29 de Marzo y los 11 de Septiembre, son los ejemplos más visibles de este proceso.

El recuerdo de los que combatieron y murieron por la libertad y el de las experiencias subversivas de otras vertientes ideológicas es sumamente importante si buscamos en ello herramientas para el hoy, pero es contraproducente cuando rememorar se vuelve un porfiado ejercicio para traer fórmulas del pasado que ya no resisten al presente. Por mucho que se le enrostre al marxismo la burocratización y el autoritarismo en cada una de sus experiencias históricas, cuestión irrefutable por lo demás, no vemos un vivo atrevimiento ni la intención a lo menos de cuestionar y cambiar tajantemente las herramientas de investigación sociológica que ellos emplean y que nosotros no abandonamos aún.

El principal problema que veo en esto es que por no cuestionar las claves de análisis del marxismo y sus terminologías, concluimos encerrándonos en sus mismas lógicas estrechamente economicistas en donde la revolución depende de las estructuras de producción, excluyéndose del estudio (y combate) las múltiples aristas del sistema de dominación que no necesariamente se vinculan al trabajo asalariado. A saber, la cultura, la política, el inconsciente colectivo, las diferencias étnicas y etcétera. Según los marxistas todo esto depende de los modos de producción (estructura y superestructura), entonces si trasformamos la economía, cambiaremos todo lo demás. (1) Y para modificarla hay que tomar el control político del Estado con la consiguiente y macabra dictadura del proletariado, que no es más que la dictadura del Partido Comunista. Pero para nosotros quienes sostenemos que no hay igualdad ni libertad en donde existen jerarquías y control policiaco, ninguna dictadura es deseada. Y aún en el caso de que trasformemos la economía suprimiendo en el proceso la estructura orgánica del Estado (instituciones, espacios y capacidad de control), aquello no importa una relación directa con la modificación del pensamiento individual. Es más fácil hacer notar a alguien que su jefe lo explota a explicarle que deje de creer que su compañera es su propiedad, que el peruano o el argentino no es su enemigo o que se puede vivir mejor sin autoridad alguna. Por muy comunista que sea la economía, no hay revolución alguna si no hay un cambalache categórico de las estructuras mentales. Y la economía no determina las cosmovisiones, sino una serie de factores que tienen que ver primordialmente con las experiencias particulares de cada ser. (2) La cuna no determina tu lugar en la lucha, eso sería creer que la distribución de mentalidades en el orden actual es como generalmente lo fue en la edad media europea. Un obrero puede ser tan enemigo de la libertad como su patrón. ¡Falsa conciencia! -nos gritan los marxistas y quienes creen en sus metodologías: como los poderosos controlan la cultura, modifican las aspiraciones de los obreros y los hacen renegar de los “verdaderos” intereses de su clase, pero cuando llegue el día –nos advierten- en el que todos los trabajadores se hagan la idea de que son una gran unidad histórica y de que juntos deben hacer la revolución anteponiendo sus intereses a los de las clases hegemónicas, se acabará la falsa conciencia y la sociedad de clases. Bonita ilusión, decimos, que no considera siquiera las dinámicas de la sociedad moderna en donde los roles se confunden anulando las divisiones nítidas entre los diversos actores sociales.

Hoy, un siglo y medio después de cuando se trazaron las ideas genéricas del materialismo histórico, tiempo en que todas las estructuras de dominación se han perfeccionado y sofisticado sobremanera, urge cuestionar todo aporte teórico desde esas vertientes. Y no se trata de destruir por destruir, por cierto.

Apremia también cuestionar el modelo de “explotados y explotadores”, pues ya no hay sociedad –y nunca la hubo- dual. Las redes de poder y los conflictos en sus entretejidos son muchísimo más complicadas que un simple encontrón entre burgueses malvados y proletarios descamisados. En todo individuo hay un opresor, en todo trabajador hay un capitalista, en todo militante hay un militar: es preciso acabar con todos.

Si bien el anarquismo tuvo una época en que su relación con el mundo de las organizaciones de trabajadores era estrecha, innovando orgánicamente y aportando de diversas formas a sus luchas contra las redes de poder económico y estatal; su cuerpo teórico concibió ideas de redención que sobrepasaban los márgenes productivos. La idea era la transformación integral del individuo y con él de la sociedad toda. No te liberas en cuanto a tu clase, sino en tu calidad de ser. Ni opresores ni oprimidos, he ahí la cuestión primera.

Volviendo a la necesidad de superar al materialismo histórico en el campo anarquista me resulta preocupante el afán de muchos de “reafirmar el carácter de clase del anarquismo”. Haré referencia a un artículo de la revista plataformista Hombre y Sociedad, pero insisto en que esto no solo está presente en dicha corriente. No criticaré punto por punto sus postulados que, asumo, están inspirados de buena fe, aunque no concuerde con la mayoría de ellos. Pero sí me interesa ejemplificar el problema con éste, un típico caso de matrimonio entre anarquismo y fetichismo obrerista, en donde abundan los términos “proletariado”, “dialéctica”, “conciencia de clase”, “masas”. Aunque, como veremos, la similitud no sólo está en las palabras, sino también en las claves de lectura de la realidad. Espero no distorsionar el sentido del texto, como ocurre casi siempre cuando se cita para debatir, pero creo que este párrafo habla por sí sólo. Dicen desde H&S para combatir a los detractores de su tendencia:

“Así la resistencia a la plataforma aparece como la resistencia a dar el salto de un anarquismo abstracto, marginal, a ser parte activa en la lucha de clases, a hacerse parte de las dificultades reales que experimentan los movimientos sociales, por temores virginales a lidiar con la política real, se trata del temor natural que produce esta idea de que el anarquismo es sólo una posibilidad que hay que hacer parir, además del miedo al dolor y al trabajo que éste implica necesariamente” (3) (la negrita es mía).

¡Ay de nosotros los abstractos, los marginales y ajenos a las reales dificultades, los de vírgenes temores, los miedosos al dolor y al trabajo! Pero más allá de la arrogancia evidente, y de la ignorancia respecto a los costos que implica desarrollar la anarquía en otras formas, lo que me urge referir sobre este artículo es el porfiado tema de la lucha de clases. En donde no se concreta un cuestionamiento a la terminología marxista sino que, sirviéndose de ella, se permiten definir entre anarquismos concretos y abstractos. Personalmente valoro todo trabajo que se haga para mermar el sistema de dominación, cuanto más diversos mejor, y me agrada la preocupación por hacer más efectiva la presencia de las prácticas y valores libertarios en la sociedad, como supongo a la gente de H&S, pero me parece peligroso que se alimenten del materialismo histórico sin hacer al mismo tiempo una crítica profunda (más allá de los lugares comunes: antiburocracia, antipartidismo, etc.) de sus estrechos marcos economicistas. ¡La vida social es mucho más compleja que las relaciones con el malvado capital! Antes que el capital está la autoridad, y no hablo solo de las fuerzas evidentes del Estado o sus edificios y símbolos (Ejército, carabineros, cárceles, escuelas, edificios administrativos), sino –y principalmente- de aquella red de creencias que hacen de él una fortaleza aparentemente inexpugnable. Creencias como aquella hegemónica –y pilar de la dominación- que nos advierte que no se puede vivir sin autoridad. Y a esa máxima no la acabaremos únicamente con piedras y bombazos, ni con huelgas ni grandes manifestaciones. Aunque todo sirve, por cierto.

Y como soy un convencido de que las formas de combatir los mil rostros de la dominación pasan por multiplicar mil espacios de respuesta y contraofensiva, no puedo dejar de cuestionar aquella creencia (que también empieza a abundar entre los ácratas) que invita a distanciarse completamente de la lucha económica por considerarse funcional al orden. En esa lógica, por ejemplo, el sindicalismo vendría a ser otro instrumento más de dominación.

Veamos un caso. En el nº 53 de la publicación anti-plataformista Libertad! de Buenos Aires apareció un artículo firmado por Patrick Rossineri que sintetiza esta idea (4). Coincidimos en su análisis, más no en las conclusiones. Ante la pregunta de si acaso es posible o deseable para los anarquistas horizontalizar y autogestionar los sindicatos, el articulista remata negativamente, aunque deja en claro la necesidad de fortalecer entidades anarcosindicales, el trabajo en los barrios y con los no sindicalizados, con los cesantes. Bien dice Rossineri que el sindicato está inserto en el sistema de dominación en tanto reproduce al mismo en las estructuras jerárquicas de su funcionamiento interno, así como en su disponibilidad a las subvenciones estatales. Y es cierto que el sindicato es hoy un organismo autoritario y pancista, sólo preocupado en demandas inmediatas de caracteres gremiales y restringidos a su particular radio de acción. Ya no existe la huelga política, la huelga solidaria, como otrora cuando por ejemplo los gremios paraban sus labores para apoyar a otros sindicatos o reclamar la libertad de los presos políticos. Pero, a nuestro juicio, que el sindicato esté amarrado a la estructura de poder no implica negar la posibilidad para un anarquista de luchar en él. Requerimos transformar todos los espacios en los que nos desenvolvemos ¿por qué éste no? Y esto tampoco significa claudicar, hay que combatir a los politicastros, a los legalistas y todo dirigente sindical debe ser objeto de desconfianza en tanto autoridad, pues la delegación y la sumisión muchas veces visten ropajes simpáticos. El sindicato es una herramienta como tantas otras y además se ha mostrado útil para detener el abuso patronal en no pocos casos. Creo más bien que el problema pasa por no hacer del sindicato y el sindicalismo la panacea. Por su parte el anarcosindicalismo es una solución parcial y limitada a la burocratización del sindicato legal y partidista, pero no es en sí mismo la solución al general sistema de dominación.

La gesta libertaria trasciende nuestro lugar en el sistema de producción y el entretejido de relaciones salariales en el que sobrevivimos. Hasta acá llegamos hoy. El llamado es a cuestionar el uso indiscriminado y acrítico de la terminología y las claves de análisis marxistas entre los anarquistas, y para sugerir cuidado sobre su antípoda antieconómica. Y es que el anarquismo no depende de las estructuras de producción, pero tampoco puede desentenderse de las mismas. Pero y en todo caso, no es la verdad anarquista la que habla hoy, sino la limitada opinión de uno de los miles que se reclaman como tal. Provocar a la reflexión es la idea.

Citas:
[1]. A pesar de las reformulaciones y “actualizaciones” del pensamiento marxista, por ejemplo con el rescate de los aportes sobre “hegemonía” de Gramsci (opacado por largo tiempo en A.L. por Althusser y compañía), estas ideas continúan intactas. Entre otros véase, Marta Harnecker, Los conceptos elementales del materialismo histórico, X edición, Siglo XXI, Santiago, 1972.
[2]. Incluso los mismos historiadores marxistas lo han notado, aunque no se note en las directrices de sus partidos. Estúdiese los aportes de E. P. Thompson y su “Formación de la clase obrera en Inglaterra”, Editorial Crítica, Barcelona, 1989.
[3]. El artículo referido es “A propósito de las resistencias a “La Plataforma”: Contribución a un anarquismo de masas.”, Hombre y Sociedad, nº 24, Invierno 2009, Santiago, p.15.
[4]. “El sindicato como herramienta de domina¬ción”, Libertad!, nº 53, Octubre-Noviembre 2009, Buenos Aires.

Autor: Manuel de la Tierra
Publicado en: El Surco Nº15 - Chile

lunes, 14 de junio de 2010

Arquitectos mediáticos


“La neutralidad frente al mundo, frente a lo histórico, frente a los valores, refleja simplemente el miedo que tiene uno de revelar su compromiso. Este miedo, casi siempre, resulta del hecho de los que se dicen neutros están “comprometidos” contra los hombres, contra su humanización.”
(Paulo Freire)

“El problema principal de la comunicación consiste en saber si se han cumplido las condiciones de recepción. ¿Tiene quien escucha el código para decodificar lo que estoy diciendo? Cuando se emite una “idea preconcebida”, el problema está resuelto. La comunicación es instantánea porque, en un sentido, no existe. Es solo aparente.”
(Pierre Boudieu)

No es la primera vez que desde las páginas de ¡Libertad! se aborda el tema de lo mediático y su incidencia en la construcción social, pero considero oportuno insistir en la problemática de pensar y reflexionar el rol de la comunicación/información, tomando como punto de partida el papel protagónico que los medios tienen en el día a día. Y para hacerlo, parto de las frases de Paulo Freire y Pierre Bourdieu, que sin ser estudiosos de las teorías de la comunicación, sí han sabido resumir en esas dos frases algunas cuestiones básicas que encierran los conceptos en cuestión.
La repetición mecánica de ideas genera, entre otras cosas, que se las adopte como verdades infranqueables, naturalizándolas acríticamente como capital simbólico. Esta naturalidad no hace más que vaciar de contenido los conceptos que puedan servir al momento de explicar temáticas de incidencia social. ¿A qué viene todo esto?
Es común leer en diferentes análisis de la relación medios de información/sociedad, utilizar el concepto de “desinformación” en oposición al de “información”.
Este abordaje ha sido palpable en lecturas de diferente tinte social, sin pretender por ello priorizar unos en detrimento de otros ya que cada uno de ellos incide particularmente según los intereses que genere o modifique. La idea preconcebida de que los medios masivos “desinforman” corre del eje dos aspectos fundamentales de la estructura informativa: 1- que los medios son constructores de realidades, y no meros reflejos sociales; y 2- que son grupos económicos (o parte de ellos) que mercantilizan la información según sus propios intereses.
De esta manera, partir del concepto de “desinformación” para entender el funcionamiento de los medios es un error teórico ya que permite que éstos se escuden en la posibilidad del error, suavizando su incidencia en lo mediático y vaciando de carga simbólica su discurso. Resumiendo: los medios no desinforman, por el contrario, construyen realidad, poniendo en el tapete aquellos temas que mejor les sirvan para su beneficio.
El recurrente tema de la violencia en la sociedad y sus análisis ciudadanos despojados de sus causas sociales es uno, entre muchos ejemplos, que sirven para poder entender el funcionamiento de los medios. Primero se estigmatiza y polariza el problema: por un lado se habla de “pibes chorros”, “lacras”, “malvivientes”, “insensibles” o “pacos”; por otro, de “honrado ciudadano”, “buen trabajador”, “padre de familia”, “buen amigo”. Se establecen como normas dos instancias separadas e inconexas entre sí, como si ambas no formaran parte de la misma situación. Las causas del problema se ocultan, las particularidades se generalizan y se bombardea mediáticamente hasta instalar el hecho como un problema de índole inmediata y determinante. Y ya sabemos qué sucede cuando los medios instalan un tema como “el tema” (sino pensemos rápidamente en titulares como: “secuestros Express”, “los problemas del campo y el artículo 125”, “creciente inseguridad”, “ola delictiva”, “la maldita policía” “countries e inseguridad”, etc).
Es indudable que hoy no se puede negar la influencia que los medios de información tienen en la cotidianeidad social. Esta incidencia es producto, entre otras cosas, de la capacidad de creación simbólica que poseen. Desde esta óptica es que el argumento de “desinformación” como un opuesto a la relación de información pierde sustento. De esta manera, los medios en tanto discurso práctico fomentan y facilitan modelos de construcción simbólica, recepción, opinión y (pseudo) participación. “A partir de que en los medios se viven como en la realidad, la vida llega a ser ficción. La contemplación pasiva de imágenes, elegidas por otros, sustituye el vivir y el determinar los acontecimientos en primera persona. El espectáculo de los medios consiste en la recomposición de los aspectos separados en el plano de la imagen. Todo aquello de lo cual la vida carece se reencuentra en ese conjunto de representaciones. El espectáculo reúne lo separado, en tanto y en cuanto está separado. En la sociedad del espectáculo hasta las experiencias más íntimas – el amor, la pasión, la sexualidad, el odio, el juego, la aventura – se viven a través de la vida de otros: deportistas, actores, héroes, galanes y personajes mediáticos. Esa separación – entre la capacidad de experimentar y comunicar de los sujetos y las experiencias mediatizadas – es el contenido ideológico de los medios de comunicación. Para la mayoría de los consumidores mediáticos, buena parte de las experiencias vitales se viven mediadamente; son lo otro de sí, el amor es vivido como el amor de otro, el juego es contemplar el juego de otros y así sucesivamente. (Fernández y Zarowsky)


Publicado en: Libertad! Nº 55, mayo-junio 2010, Buenos Aires.
Autor: Gastón

viernes, 21 de mayo de 2010

¿Por qué hay protesta social en Venezuela?

* Para quienes – por desconocer la situación local, por estar fuera del país o por aceptar la versión oficial - se desconciertan o sorprenden ante el auge del malestar colectivo y las luchas populares (2.893 manifestaciones de calle desde octubre-2008 a septiembre-2009; 1.763 en el mismo lapso de 2007 a 2008), les presentamos algunas razones para entender la conflictividad social en Venezuela.


[[La mayoría de las cifras aquí presentadas pueden verificarse (con amplia indicación de fuentes originales) en el Informe PROVEA 2008-2009, accesible en www.derechos.org.ve. Otro datos han sido tomados de la prensa y son factibles de localizar vía Internet.]]


I

Se evidencia el fracaso de la política agroalimentaria actual al ver como las importaciones del sector han pasado de 1.626 millones de dólares en 1999 a 7.477 en 2008. Para garantizar el abastecimiento de alimentos subsidiados, ese último año el gobierno debió adquirir afuera el 57,9 % de lo que requirió. Así, hemos pasado de un patrón de importación de alimentos de 75 dólares por persona al año en la década de los 90, a $ 267 en la actualidad.

Pero no es sólo que dependamos más del exterior para nuestra comida, sino que padecemos de una inflación en el sector de alimentos que en 2008 fue de 46,7 %, y en 2009 estuvo por encima del 36 %. Esta escalada de precios de ningún modo se compensa con los limitados aumentos de salario mínimo, ni tampoco con la distribución de alimentos subsidiados vía MERCAL, ya en
franca agonía por causa del desabastecimiento y la corrupción.

Dado lo anterior, la reciente devaluación afectará dura e inmediatamente nuestro consumo alimentario, en consecuencia directa de una estrategia gubernamental que ha descansado en la capacidad de compra del Estado y no en desarrollar la producción, nada distinto a lo que ha sido norma histórica del rentismo petrolero en Venezuela. ¡Luchemos porque no seamos los de abajo quienes paguemos el costo de los errores, la imprevisión y la corrupción del poder!

II
Aún contando con ingresos nacionales mayores a los percibidos en cualquier otro período de nuestra historia, la situación de pobreza y exclusión que persiste para amplios sectores de la sociedad venezolana ha agravado la violencia urbana desde que este gobierno asumió el poder. Mientras en 1998 tuvimos una estimación nacional de 4.550 homicidios, el saldo fue de 14.568 en 2008; o visto desde otro ángulo: la población creció un 19,1 % en ese decenio, mientras la tasa de homicidios subió en 320,1 %.

Es público y notorio que tanto la boliburguesía como los “chivos gordos” del gobierno y el PSUV cuentan con abundantes espalderos (pagados con recursos oficiales) que los protegen, mientras los demás debemos encerrarnos en nuestras casas para no ser víctimas de malandros o policías. Sobre esto último, unas cifras tenebrosas: en 2008 hubo 205 homicidios atribuibles a evidentes violaciones del derecho a vida por parte de los cuerpos represivos del Estado (2/3 de los casos vía ejecuciones), mientras que bajo la sospechosa excusa de “resistencia a la autoridad” se dio cuenta de 1.820 muertes.

En tal ambiente de violencia desaforada cada día se enlutan más familias venezolanas, lo que no incomoda para nada a un gobierno que impúdicamente atribuye ese clima a una “sensación de inseguridad creada por los medios de difusión opositores”, mientras sus esfuerzos se concentran en eternizarse en el poder y en convencernos de la infalibilidad del “Mi Comandante-Presidente”.

III

A quienes han gobernado Venezuela en estos 11 años les ha sobrado tanto dinero como verborrea de su amor por el pueblo, pero su fracaso en atender el problema social básico de la vivienda ha sido descomunal. En el lapso 1999-2008 se han construido en total 300.939 nuevas viviendas (incluyendo al sector público y al privado), cifra absolutamente insuficiente cuando el propio Estado estima que el déficit habitacional actual sería de unas 3 millones de unidades habitacionales, por lo que sería necesario construir 300.000 viviendas por año.

Pero en lo que si han sido diligentes los caciques de la “revolución bonita” es en resolverse sus propias exigencias por viviendas de postín, y allí están para probarlo los “town houses” y “pent houses” de los que disfrutan en urbanizaciones de lujo de las ciudades venezolanas. Con semejante ejemplo en las alturas, no es de extrañar la gruesa cifra de denuncias sobre corrupción e incapacidad entre la burocracia media y baja que debería resolver las demandas de la colectividad por un techo digno y propio para vivir.

Esta situación ha generado un creciente caudal de bronca popular: entre octubre de 2007 y septiembre de 2008 ocurrieron 457 manifestaciones de calle referidas al tema, cifra que pasó a 588 protestas colectivas de octubre de 2008 a septiembre de 2009. La respuesta del supuesto “gobierno popular y revolucionario” ha sido criminalizar estas acciones, llegándose a la sanción carcelaria o judicial (58 detenidos en el último lapso, de los que 23 quedaron en régimen de presentación a tribunales), o más grave aún, a la represión armada (67 heridos y un asesinato a manos de los cuerpos represivos).

IV

El carrusel de nuevos jefazos a cargo, de ofertas de voluminosos recursos y de anuncios programáticos grandielocuentes desfila repetidamente ante nuestros ojos, pero la situación de la salud pública sigue en franco retroceso, lo cual se constata en cualquier observación medianamente completa que se haga en el área, a pesar del empeño de los entes públicos por negar u ocultar la información que están obligados a proveer, o por pretender desacreditar a quien se salga del libreto que repite la propaganda oficial.

Pero la realidad es terca, de modo que el mismo gobierno que por boca del Ministro T. El Aissami amenazó el 16/12/08 con “caerle a zapatazos por mentirosos y embusteros” a los redactores de un informe que documentaba la profunda crisis que padecía la publicitada Misión Barrio Adentro, tuvo que reconocer el 20/09/09 por boca de su Presidente que 2.000 módulos de ese programa carecían de personal médico (sobre un total de 3.478 módulos). Eso por no atreverse a mencionar otras situaciones gravísimas, como la denuncia de que sólo el 4 % de lo invertido en equipamientos para esta. Misión tiene el soporte adecuado de facturas.

Tan o más alarmantes que la situación actual son las soluciones prometidas. Por ejemplo, otorgar el monopolio de la contratación de los seguros HCM para quienes laboran a la orden del Estado, a una empresa donde el mandamás es nada menos que el tristemente célebre Orlando Castro. Ante anuncios como éste, la opción es clara: ¡o protestamos o nos hunden!

V

Si algo deja al desnudo la farsa de 11 años de proclamada revolución es el caudal de problemas que afectan a la clase trabajadora. Se maquillan cifras o se aplican mecanismos tramposos de contratación temporal (por ejemplo, vía las Misiones o en las cooperativas y “empresas socialistas”), pero los analistas económicos más consistentes indican que la tasa de desempleo real estaba a fines de 2009 en 12 % de la Población Económicamente Activa, a pesar de que la cifra oficial sólo reconoció 8 %. Entre quienes trabajan, 44,9 % lo hace en el sector informal de la economía, con todas las desventajas que ello representa.

Agréguese a lo anterior que, desde 2009, el ingreso salarial venía siendo insuficiente para satisfacer las necesidades de consumo (aún las esenciales, que conforman la llamada Canasta Básica), lo cual reconocían hasta las estadísticas oficiales y se comprobaba en la vida cotidiana. La caída se hace más aguda con la macro-devaluación de enero de 2010, que termina de desmontar el cuento de que teníamos los salarios más altos de América Latina.

Esos y muchos otros problemas han multiplicado las expresiones de descontento laboral como no había ocurrido bajo este gobierno. Entre octubre-2008 y septiembre-2009 se reportaron 983 acciones de protesta obrera, que en cerca de 80 % fueron de trabajadores al servicio del Estado. La respuesta oficial fue calumniar y criminalizar, llegando a la violencia represiva contra 43 protestas, con el resultado de más de un centenar de lesionados y el asesinato de dos manifestantes el 20/01/09 en el Edo. Anzoátegui, sin olvidar que 33 trabajadores y activistas sindicales fueron víctimas de medidas judiciales por participar en estas acciones.

VI

Según datos del Observatorio Venezolano de Prisiones, la violencia dentro de las cárceles del país originó 366 muertos y 635 heridos en el año 2009, lo que en 11 años de gestión de este gobierno da una suma de 4.030 fallecidos y 12.036 heridos, en su mayoría por uso de armas de fuego. Estas cifras dejan claro por qué las prisiones de la revolución bolivariana se han ganado el triste mérito de ser consideradas entre las más sanguinarias del mundo.

Tal brutalidad homicida es posible en modo importante gracias a las mafias de traficantes de armas y otras “mercancías” al interior de los penales, compuestas por efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana y de la ahora llamada Dirección Nacional de los Servicios Penitenciarios del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia. Ese sucio negocio ha florecido contando con la indiferencia, incapacidad y/o complicidad de los 17 Directores de Servicios que han desfilado por el cargo desde 1999.

Ejemplo de la calaña de esos burócratas es la actual ocupante de la Dirección, quien ante la masacre que en enero de 2010 causó 10 muertos y 19 heridos en “La Planta” de Caracas, con cínica desvergüenza atribuyó estos hechos a que en las cárceles como en las familias existían problemas entre sus miembros, lo cual producía discusiones y las cárceles eran un reflejo de las familias, para cerrar con broche de oro acusando a parientes y visitantes de los reclusos de ser los responsables de la introducción de armas. Por si interesa, esta funcionaria con postgrado en Criminología, pelo pintado, escolta y Blackberry se llama Consuelo Cerrada…

Publicado por :El Libertario (Caracas) en www.nodo50.org/ellibertario

lunes, 29 de marzo de 2010

¿Decrecimiento o apuntalando el capitalismo?

En los últimos años ha ido tomando fuerza entre los economistas y los ecologistas, un nuevo concepto, el decrecimiento, como respuesta a la tremenda crisis económica, medioambiental y social que está sufriendo el planeta Tierra, producto del rampante Capitalismo globalizado.
Asistimos, una vez más, a un supuesto callejón sin salida del Capitalismo (y decimos supuesto pues en más de una ocasión, en los últimos 100 años, se ha señalado el inmediato fin del Capitalismo, sin que hasta el momento hayamos podido asistir a sus exequias), y ante esta realidad, se ha articulado una nueva teoría económica que se basa en cambiar la tendencia hacia el crecimiento infinito del Capitalismo por una simplicidad voluntaria; esta teoría se le conoce bajo el término de decrecimiento, siendo uno de sus principales baluartes el economista Serge Latouche (se puede consultar sus libros, La apuesta por el decrecimiento o en una versión resumida, Pequeño tratado del decrecimiento sereno.)
Los partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales de izquierdas, han dejado de lado la emancipación del proletariado como bandera de lucha, a favor de enarbolar un nuevo estandarte, el ecológico, como ariete contra el Capitalismo. De esta manera, el obrero ha sido sustituido por la naturaleza; se ha pasado de la revolución proletaria a la lucha ecológica, seguramente motivado este cambio por el propio desarrollo del mundo occidental en donde la explotación humana por el capital, ha quedado difuminada bajo unas supuestas mejoras en las condiciones de trabajo y un Estado del bienestar. Sin embargo, ¿eso significa que haya desaparecido la base del Capitalismo: la explotación, la apropiación de los bienes, el egoísmo particular expresado en el lucro privado? Ni mucho menos pues todo esto estará vigente en tanto exista el propio Capitalismo, de ahí que conceptos que pretenden criticar al Capitalismo sólo desde una óptica ecológica, están condenados al fracaso, como ocurrió con la idea tan “revolucio-naria” como fue el desarrollo sostenible, convertido durante años en la panacea de todos los males del Capitalismo y que finalmente ha sido asimilado por los economistas más conservadores y las grandes corporaciones, existiendo incluso una World Business Council for Sustainable Development (Consejo Mundial de Empresas para un Desarrollo Sostenible), al cual pertenecen en España, entre otras compañías respetuosas con el medio, Repsol YPF, Acciona o Telefónica (a nivel mundial, destacan DuPont, Bayer, Ford, Coca Cola, SINOPEC, BP, Sony o la Kuwait Petroleum Corporation). Esto demuestra bien a las claras que, mientras no se ataque la raíz del problema sino se intente atenuar algunas de sus consecuencias, el Capitalismo mantendrá su vigencia, reforzándose incluso pues los grandes depredadores mundiales pueden mostrar una cara amable, ecológicamente responsables.
Esta misma situación se dará con el decrecimiento, que pretende poner coto al Capitalismo, reduciendo el consumo (¿o tendríamos que decir consumismo?) aunque manteniendo sus fundamentos. Reducir el consumo, reducir la producción pero, ¿con qué objetivo? Con el fin de permitir un desarrollo homogéneo del Capitalismo a lo largo del globo, acabar con la depredación occidental de los recursos naturales del resto del planeta y posibilitar un desarrollo armónico de esos países del Tercer Mundo, como si estos, en su proceso de industrialización, caminaran por sí mismo por otra senda distinta a la que transitó Inglaterra, Francia o Alemania, por sólo citar unos casos, en los siglos XIX y XX. La falacia de este planteamiento lo hallamos en China, en donde su tránsito hacia el Capitalismo está repitiendo la misma terrible explotación del ser humano y degradación del medio ambiente que en la denominada Revolución Industrial, hecho que no puede ser explicado, como han querido hacer los ideólogos del Capitalismo, por la existencia de un régimen político dictatorial que no respeta los derechos humanos (sólo habría que ver los distintos regímenes políticos existentes en Europa y Norteamérica en el momento de su desarrollo industrial para percatarnos que la explotación es consustancial al Capitalismo, independientemente del sistema político en el cual se desarrolle.) Copiemos un párrafo de Serge Latouche en referencia al desarrollo económico de China, que refleja perfectamente los planteamientos que subyacen tras el concepto de decrecimiento:
“En cualquier caso, el destino del mundo y de la humanidad reposa principalmente sobre las decisiones de los dirigentes chinos. Ante el hecho de que sean conscientes de los desastres ecológicos actuales y de las amenazas muy reales que pesan sobre su futuro (y el nuestro), ante el hecho de que sepan que los costes ecológicos de su crecimiento anulan o sobrepasan los propios beneficios en una contabilidad ecológica (pero quienes perciben los dividendos no son los mismos que pagan los costes), ante todo esto, combinado con una tradición milenaria de sabiduría bien distanciada de la racionalidad y de la voluntad de poder occidentales, cabe esperar que China no vaya hasta el final del callejón sin salida del crecimiento que nosotros estamos a punto de alcanzar.” (Pequeño tratado de decrecimiento sereno, p. 84 El destacado es nuestro)
Obviamente, si el futuro de la humanidad y el fin de la depredación del medio, depende del misticismo y no de la acción racional contra los verdaderos males que causan esta situación, asistiremos a muy pocos cambios hacia la verdadera libertad del ser humano. Como si fuera una cuestión de creencias y no de pruebas fehacientes, los defensores del decrecimiento mantienen que este atacará la acumulación y, por lo tanto, acabará con el Capitalismo. Sin embargo, ¿en algún momento se pone en tela de juicio la propiedad privada y su injusto reparto? No hemos visto ninguna crítica a la apropiación individual ni se plantea una colectivización de los bienes; sólo se cuestiona la sobreproducción, generalmente especulativa, que esquilma los recursos con mayor velocidad de lo que es capaz de reprocesar la naturaleza. ¿Se cuestiona el sistema político basado en la jerarquía y privilegios personales? Simplemente no; al contrario, se asume que este cambio hacia el decrecimiento se puede realizar desde las mismas estructuras del poder, reiterando el viejo principio esgrimido por los partidos obreros que decían que entrar en el terreno del reformismo político no suponía degenerar los principios de transformación social revolucionaria (¿Hace falta poner ejemplos de lo falso de esta afirmación? Véase todos los partidos socialistas y comunistas y su acción política a lo largo del siglo XX). ¿El dogma de fe del beneficio es socavado? No; parece que este, el lucro, es aceptado sin más, como algo natural y no como una construcción social, y por lo tanto, si es un elemento intrínseco al ser humano, se transforma en incuestionable. Si el lucro personal se mantiene, si permanece la propiedad privada, nada impide que, buscando satisfacer ese mismo lucro, por muy local que sea el desarrollo económico (parece que esta es la panacea a todos los males, la piedra angular sobre la que se sustenta el decrecimiento), se potencien estructuras jerárquicas y que unos tengan todo y otros nada. A lo sumo, el programa de decrecimiento sólo plantea una política tributaria que internalice los verdaderos costes económicos de la producción y el consumo. ¿Se acaba con la explotación del ser humano por el ser humano? Nada de eso; al contrario, parece una cuestión secundaria en sus análisis, máxime cuando se acepta la existencia de jerarquías y privilegios personales.
“Esta reconquista del tiempo libre es condición necesaria de la descolonización del imaginario: concierne a los obreros y a los asalariados tanto como a los ejecutivos estresados, a los patrones acosados por la competencia, y a los profesionales independientes que se ven acorralados por la compulsión al crecimiento. De adversarios pueden pasar a ser aliados en la construcción de una sociedad de decrecimiento.” (Pequeño tratado…, p. 112 El destacado es nuestro)
Todo pasa, simple y llanamente, por un cambio en la forma de pensar, como si esto conllevara el fin de la explotación, el lucro personal o el egoísmo individual. De esta manera, por no se sabe qué principios, ser más respetuoso con el medio conllevará el fin de la explotación del ser humano. Como se puede apreciar, aunque como análisis de la realidad los defensores del decrecimiento llevan a cabo un certero diagnóstico de la situación del Capitalismo, al no querer cuestionar las bases del mismo, están incapacitados para plantear una verdadera alternativa social y menos llevarla a la práctica, resolviendo esta contradicción simplemente haciendo depender los cambios en transformaciones en el modo de pensar.
Otra vez asistimos a un nuevo parche del Capitalismo, un parche que redunda en los mismos errores cometidos en el pasado, como es llevar la crítica al nivel ecológico dejando de lado la sociedad. En tanto en cuanto no se ataque a la explotación y se articule una nueva sociedad basada en la igualdad y el reparto de los bienes, el Capitalismo no sólo mantendrá su vigencia sino que incluso, con planteamientos como el decrecimiento, verá fortalecidos los pilares sobre los que se sustenta al hacer recaer el problema sobre la conciencia individual y no sobre la estructura económico y social en la que nos vemos obligados a vivir.
Alexis Rodríguez
NOTA DE PARRHESÍA: Nosotros, en líneas generales no estamos de acuerdo con lo expuesto por el compañero Alexis Rodríguez, en su artículo “¿Decrecimiento o apuntalando al Capitalismo?”
El tema en cuestión fue anteriormente abordado por la compañera Lucrecia en su artículo “Crecimiento rima con estreñimiento”, publicado en el Nº 4. Por la complejidad del tema, su creciente importancia y actualidad, suponemos que no será ésta la última vez en que se aborde el tema en cuestión, y en el futuro será una de las problemáticas centrales de toda la sociedad.
Evidentemente la diferencia que tenemos consistiría básicamente en que el compañero enmarca estrictamente el problema del crecimiento, consumismo, destrucción del medio ambiente, etc, dentro del modo de producción y de relación social del sistema capitalista, y en cambio, creemos que el problema del crecimiento supera los límites del sistema capitalista. De no existir el capitalismo y encontrarse la humanidad en un sistema más solidario, el problema generado por el crecimiento no desaparecería necesariamente.
El conflicto esencial aparece al preguntarnos si el planeta, finito, soporta un crecimiento infinito. Si el planeta puede soportar más de 6000 millones de habitantes, con tendencia a ser cada vez más y con un nivel de consumo de bienes y servicios más o menos compatibles con la dignidad humana, o si por el contrario, ya somos muchos y debemos pensar seriamente en el decrecimiento.
Como compatibilizar, por ejemplo, la necesidad creciente de nuevas tierras para la explotación agrícola-ganadera, ya que existe una población creciente que debe alimentarse, y el uso de las nuevas tecnologías en agricultura y ganadería que incrementan la productividad y son altamente contaminantes, con la necesidad de proteger los bosques y selvas autóctonas, que son la garantía de biodiversidad, son el pulmón verde que purifica el aire del planeta, evitan el recalentamiento global y evitan también la erosión, las inundaciones y las sequías.
Es correcto lo que señala el compañero Alexis cuando menciona que las teorías del decrecimiento están siendo desarrolladas por economistas provenientes del reformismo-ecologismo-progresismo y que parecerían un intento por apuntalar el capitalismo, tanto el economista citado por el compañero Serge Latouche en su obra “La apuesta por el decrecimiento” como también otro, tal vez, más conocido y más cercano a posturas progresistas como Clive Hamilton en “El fetiche del crecimiento”, y no son estos los únicos.
Veamos por ejemplo en la revista Silence autora del libro “Objetivo decrecimiento” donde plantea la “reducción planificada del crecimiento económico de los países ricos, ese 20% de la población mundial que consume el 80% de los recursos”, propuestas de una candidez propia de quienes no conocen la esencia del Capitalismo.
Es cierto que todo esto no puede resolverse, ni siquiera abordarse seriamente si la humanidad no supera el paradigma capitalista, pero también sería ingenuo pensar que el problema del crecimiento desaparecería mágicamente una vez superado el capitalismo.
Agradecemos mucho la colaboración del compañero Alexis Rodríguez y quedamos siempre dispuestos a la discusión franca y sincera aunque sea a la distancia.

Publicado en: Parrhesia, Nº 8, Bahia Blanca, marzo de 2010.
Autor: Alexis Rodríguez

viernes, 12 de marzo de 2010

El culto goebbeliano de la mentira

Mucho se ha debatido acerca de si es posible establecer verdades definitivas, así como enunciarlas desde un punto de vista subjetivo. La filosofía, la epistemología, la historiografía y otras disciplinas han dedicado extensas páginas a estas cuestiones, y no es nuestra intención entrar en tan intrincado problema. Sin embargo, aunque la condición de “lo verdadero” y “lo objetivo” ha provocado encontradas pasiones, la condición de “lo falso”, es decir, la mentira, ha obtenido un cierto consenso, con excepción de algunos pensadores posmodernos como Baudrillard.

Todas las culturas tienen una cierta actitud de reprobación hacia la mentira. Si bien existen las salvedades para algunos casos (mentir para salvar la vida propia o de un tercero, las mentiras piadosas, mentirle al enemigo), las acciones de un sujeto mentiroso son motivo de repudio y suelen ser consideradas actos contra la moral. La cuestión de la mentira fue brillantemente abordada por Jean-Paul Sartre en El ser y la nada, afirmando sobre el punto: “La esencia de la mentira implica en efecto, que el mentiroso esté completamente al corriente de la verdad que oculta. No se miente sobre lo que se ignora; no se miente cuando se difunde un error del que uno mismo es víctima; no miente el que se equivoca. El ideal del mentiroso sería, pues, una conciencia cínica que afirmara en sí la verdad, negándola en sus palabras y negando para sí misma esta negación.”

Uno de los más grandes mentirosos de la Historia contemporánea ha sido Joseph Goebbels, el ministro de propaganda de Adolf Hitler, a quien se atribuye la frase “miente, miente que algo quedará.” Desde los medios masivos de comunicación (radios y periódicos) de la Alemania nazi se difundía una realidad inventada, deliberadas mentiras a fin de ocultar la debacle que se avecinaba cuando la fortuna de la guerra les era esquiva a los alemanes, se escondía la realidad de los campos de exterminio y se daban noticias triunfalistas cuando los rusos ya estaban en las puertas de Berlín. La realidad se abrió paso impiadosa, y finalmente, contradiciendo el vaticinio de Goebbels, nada quedó de tanta mentira nacionalsocialista. Los engañadores nazis fueron derrotados por otra gavilla de embusteros, estalinistas y capitalistas.

Alejados de estas grandes epopeyas y contiendas de la Historia, los argentinos somos espectadores de una batalla de mentirosos, de dimensiones más modestas, pero no carentes de un sentido trágico. El gobierno peronista -el “gobierno popular” según su propia valoración- está abiertamente enfrentado a la corporación periodística, a las grandes empresas de los medios de comunicación y monopolios de la información: cadenas de radio, televisión de aire, cable y satelital, periódicos, revistas, portales de Internet, etc. La causa principal, aunque no la única, es la Ley de Radiodifusión que impulsa el gobierno, que vulneraría algunos intereses del empresariado. Esta batalla ha adquirido un carácter mediático, donde ambos contendientes no discuten los problemas que verdaderamente los enfrentan, sino que han adoptado una táctica diferente, la cual consiste en intentar volcar a su favor a la opinión pública. En realidad, es un torneo de mentiras entre ambos bandos. Quien mienta mejor y de forma más verosímil, será el triunfador. Examinemos en qué consiste este espectáculo de la mentira al cual asistimos diariamente.

El gobierno kirchnerista no ha sido no ha sido más mentiroso que los gobiernos anteriores, pero tampoco menos. Más allá de las mentiras electorales y de gobierno clásicas, es decir, todo aquello que se prometió hacer y no se hizo (generación de empleos, salariazos, acabar con la corrupción, mayor presupuesto en educación, salud y vivienda), o de todo aquello que se hizo y no se reconoce ninguna responsabilidad (crímenes, represión, estafa del “corralito”, empobrecimiento de los trabajadores, etc.), el kirchnerismo ha utilizado métodos espurios para disfrazar los datos del INDEC, y presentar una realidad estadística acorde a sus objetivos políticos. En la Argentina de los Kirchner no existe una suba del costo de vida, cada vez hay menos pobres y la economía no para de crecer. Todo lo contrario a la realidad que percibe la gente, y a otras mediciones que no han incorporado los novedosos métodos sociométricos de Guillermo Moreno y sus secuaces.

El gobierno se afirma sobre un discurso esquizofrénico: el ministro Aníbal Fernández hace gala de su bonhomía al negarse a reprimir los piquetes que cortan las rutas, pero su policía asesina a mansalva a un joven de 17 años en el recital del grupo Viejas Locas, secuestra a 2 jóvenes de Villa Soldati que aparecen muertos un mes después, reprime silenciosamente en las villas y barrios marginales (noticia que ignoró la prensa), mientras desde las comisarías de todo el país se manejan los suculentos negocios del narcotráfico, el robo de automóviles y la prostitución y trata de blancas. El trabajo sucio lo dejan para Mauricio Macri, un rival político cuya vocación represora y delatora se ensaña sobre el sector más débil de la población. Quienes viven en la calle son víctimas de los asaltos de la neofascista UCEP, una repartición que debería utilizar camisas pardas para estar a tono con las ideas y el bigote de su mentor.

En cuanto a capacidad de embuste, Macri no va a la zaga del gobierno nacional. Luego de disolver a la UCEP, a causa del costo político de sus arbitrariedades, se ha comprobado que ha continuado funcionando clandestinamente, para “mantener limpias las calles”. El oportunismo de este cínico empresario polítiquero lo ha llevado a defender el matrimonio entre homosexuales, cuando apenas meses atrás había declarado a los medios que consideraba a la homosexualidad una enfermedad. El escándalo del espía Ciro James, lo llevó a negar que había conocido a este personaje, aunque se ha comprobado que esta era otra de sus mentiras, ya que James actuaba como se seguridad privada en el club Boca Juniors cuando Macri era su presidente.

En su enfrentamiento con el Grupo Clarín, cuya campaña antigubernamental le hizo perder las últimas elecciones a los Kirchner, el gobierno se tomó revancha decretando que el fútbol iba a ser transmitido “para todos” revocando las exclusividades del grupo empresarial, que se llevaba la parte del león. La presidenta Cristina Fernández anunció la medida comparando el “secuestro de los goles” con las desapariciones de la dictadura militar; una burla rayana con la imbecilidad. De nuevo la mentira: disfrazar como un acto de justicia un simple ajuste de cuentas. Clarín acusó el golpe, y por arte de magia comenzó una serie de notas sobre los casos de desnutrición infantil en el norte argentino. Lo paradójico del asunto es que Clarín utilizó la verdad para atacar al gobierno, y así demostró su propia condición mentirosa, ya que hasta entonces había ocultado concientemente la información sobre la desnutrición. Es decir, las informaciones que brindan las empresas periodísticas son seleccionadas conscientemente por los editores, según sus objetivos y sus alianzas político-económicas.

Clarín ha llegado al extremo de publicar estadísticas erróneas para atacar al gobierno, convirtiéndose en un émulo del INDEC, pero de signo opositor. Por otro lado, dedica gran parte de la programación de TN y Canal 13 al problema de la inseguridad, mostrando los rostros sollozantes y adoloridos de los familiares de las víctimas, presentando “una realidad a la colombiana” y reclamando mayor represión, tan solo para responsabilizar al gobierno. Luego del show del terror, la programación de Canal 13 pasa a la frivolidad de Marcelo Tinelli, un empresario menemista (además de conductor televisivo) que utiliza su repugnante programa como trampolín contra los Kirchner, respondiendo a las directivas del grupo a que está subordinado. Más allá de las responsabilidades que le puedan caber a cada organismo, lo reprochable es la manipulación de la información de un grupo de poder económico, para ejercer presión sobre otro grupo de poder político que utiliza su autoridad gubernativa para responderle.

El grupo Clarín junto con La Nación, el grupo Francisco de Narváez (América TV) y el grupo Haddad (Canal 9, Radio 10 e Infobae), han sido los principales opositores a la Ley de Medios con que el gobierno pretende desarticularlos (con el pretexto de combatir los monopolios informativos y democratizar el espacio informativo). Luego de una campaña propagandística donde se consideraba la Ley un ataque ala libertad de prensa, se soltaron patrañas tan ridículas como que con la nueva ley “no se iba a poder elegir la música” que pasaban las radios, cuando los oyentes radiofónicos jamás han tenido semejante derecho o facultad. O como si los oyentes, televidentes y lectores que “consumen” información, tuvieran actualmente algún poder de decisión sobre el contenido de lo que se publica y edita. Paradójicamente, quienes han hecho de su profesión “el sacerdocio de decir siempre la verdad”, son junto al gobierno (y la oposición política) los principales artífices de la mentira. El nivel de mendacidad es tal que desde el grupo Clarín se agita constantemente el fantoche de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que según ellos la presentan “es una organización sin fines de lucro dedicada a defender la libertad de expresión y de prensa en todas las Américas.” Esta organización de la que nadie había escuchado hablar antes de la sanción de la ley, en realidad es una corporación de empresarios y de grupos económicos periodísticos que defienden la “libertad de empresa”. Ni siquiera en su propia denominación hay un mínimo de veracidad.

El gobierno nacional y las corporaciones periodísticas han hecho de la mentira su forma de comunicación. El gobierno cuando miente hace recordar a la novela de Orwell 1984, porque acomoda las estadísticas de la realidad a una realidad ficticia que solo oculta la tragedia de un pueblo explotado, embrutecido y reprimido. Las corporaciones y empresas periodísticas presentan una realidad editada en un laboratorio al estilo Matrix, vendiendo su mercadería (la información periodística) de acuerdo a sus intereses de poder; beneficiando a sus aliados y atacando a sus enemigos. Se erigen en defensores de la libertad de expresión, cuando son los defensores de la libertad de presión y la libertad de empresa. Construyen una realidad ficticia, forman la opinión pública e influyen sobre el electorado, ese es su poder.

Las mentiras pueden sostenerse durante mucho tiempo, aunque finalmente su esencia quede al descubierto. La realidad argentina no es diferente a la norteamericana o la venezolana. Entre el Estado y las corporaciones no hay diferencia: son fabricantes de mentiras, émulos y cultores de Goebbels. Esperemos que tengan un fin acorde a su mentor.

Publicado en: Libertad! Nº54, enero-febrero 2010, Buenos Aires.
Autor: Patrick Rossineri